lunes, 19 de marzo de 2012

El mundo invisible: ángeles y demonios.

Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles..." Colosenses 1:16-17.

La población humana mundial es hoy de 7 mil millones de personas y según la doctrina católica, basada en los dichos de uno de sus apóstoles, Mateo 18-10, hay un ángel celestial por cada uno de los nacidos en la tierra. Allí este visionario apóstol nos asegura, tal vez porque lo supo de buena fuente, quizás de algún soplón de alguno de los siete cielos, o bien porque así se lo dijo su propio ángel guardián, que "cada persona al nacer se le asigna un ángel para ayudarle en su caminar a la salvación eterna, este ángel nos acompaña hasta que nos lleve de vuelta al Padre el día de nuestra muerte"”.

Esto nos traslada a pensar si creemos los dichos de Mateo, que por lo tanto en nuestro entorno, cerca suyo, alrededor de cada transeúnte, viajero y humano vivo, ronda en forma invisible pero en actitud vigilante un ser espiritual, una especie de guardia de seguridad divino, que matemáticamente suman al igual que los habitantes de la tierra 7 mil millones de Ángeles de la Guarda, dedicados exclusivamente al servicio personalizado nuestro, supuestamente para cuidarnos y protegernos del demonio y canalizar nuestras vidas hacia la salvación del alma.
Lamentablemente, no hay ninguna estadística comparativa confeccionada por los representantes de Dios en el planeta, que nos señale si estas extraordinarias providencias adoptadas por el Gran Hacedor para desestabilizar a su eterno enemigo en la tierra, -ya que si lo expulsó de los cielos y según la doctrina eclesiástica el diablo tampoco mora en los infiernos, no podría sino estar aquí con nosotros-, que nos diga si esta preocupación divina hacia sus hijos preferidos hechos a su imagen y semejanza y el Gran Plan Celestial que nos tiene preparados y que ya lleva varios milenios de rodaje, tiene índices positivos. Más no debe ser así, ya que si nos fiamos del tenor de las noticias de las páginas policiales de todos los periódicos del mundo y de los sucesos que a diario nos estremecen por la bajeza y crueldad humana de todas las condiciones sociales, pareciera ser que Dios y sus ángeles, supuestamente defensores del bien, pierden día a día terreno en esta batalla del mundo invisible.

Esto es desconcertante, especialmente para los creyentes del ámbito "judeo islámico cristiano", que de los miles de credos religiosos existentes, son los únicos que creen en este tipo de seres invisibles en la actualidad, pues a ojos vistas su campeón se quedó en las promesas y su contrincante, ese demonio cornudo y maligno, que jamás ha dicho ni una palabra al respecto le está propinando paliza tras paliza.
En el Apocalipsis se relata la lucha de Satanás contra el ejército de Dios comandado por el Arcángel Miguel siendo Satanás descrito como un dragón rojo de siete cabezas y diez cuernos. A partir de estos relatos, Satanás o el Diablo ha sido relacionado con todo lo malvado y dañino en esta tierra, representa la oscuridad y es responsable por el dolor y la miseria humana. Su principal tarea a partir del momento de su expulsión del reino de Dios ha sido la de tentar a la gente para hacerla caer en pecado; sin embargo, contrario a lo que se piensa, Satanás no habita en el infierno pues aún no ha llegado el juicio final en el cual sería castigado, él y sus demonios tienen libre acceso a la tierra y están entre los humanos causando según estas religiones gran daño. Apocalipsis:12:9: "Y fue lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña á todo el mundo; fue arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él".
Efectivamente el vulgo y muchos creyentes piensan que Satanás es el Gran Administrador del Infierno y que este averno sería el lugar de su residencia habitual, el reino donde impera cómo amo y señor indiscutido, pero los escritos son muy claros para explicar que ello no es así. Todavía Satanás y sus ejércitos de ángeles rebeldes y los demonios que fueron según la Biblia juzgados por Dios siguen igualmente activos porque aún no se ha realizado el Juicio anunciado en su contra. Ap 12,12; Mt 8,29; Lc 8,31.
Por tanto los Ángeles Caídos aún son los gobernadores del mundo de las tinieblas. (Ef 6,12; Dn 10,20) Y aún hoy en la actualidad Satanás anda por la tierra (Ap 12,12; Mt 8,29); Lc 8,31; "...velad; porque vuestro adversario el diablo, ...anda alrededor buscando a quien devorar. (1ª Pedro 5:8) “...). "Todavía Satanás puede si quiere, ir tranquilamente ante Dios para acusar a los fieles o enrostrarle alguna conducta". (Job 1,6-12; 2,1-7; Ap 12,10.
 
Y ello no podía ser de otra manera, porque quienes confeccionaron el mito de Dios, sabían perfectamente que si no había un demonio suelto a quien echarle la culpa de todos los males, un Dios no tendría sentido.
Toda la doctrina del Dios Único judío y luego la del Cristo Dios del Nuevo Testamento compartiendo el trono con Dios Padre y el Espíritu Santo, doctrina reinventada muchos siglos después como una segunda saga de la Torá, y luego trescientos años más tarde de consolidado el cristianismo y cuando nadie se lo esperaba esa tercera parte, ahora a cargo del mundo islámico, donde otra vez el Dios Padre de Israel, que ahora se llama Alá, vuelve a ser el Único Dios omnipresente en la edición de El Corán, una especie de libre interpretación del Viejo y Nuevo Testamento más algunos libros apócrifos, se basa en que Dios es infinitamente sabio, bueno, poderoso, justo Juez y creador de todas las cosas.

Sin embargo, si no tiene un archienemigo, alguien que se haga cargo del lado oscuro de las cosas, él tendría que cargar con las maldiciones de una humanidad que vive inmersa en vicios, pecados y desamor al prójimo y su culto habría sido de muy poco alcance.
No obstante lo anotado y pese a que se evita que las ideas conflictivas de pasajes bíblicos salgan a la luz, de hecho en los Libros de Isaías, Job, Eclesiastés y Deuteronomio, hay párrafos muy contundentes donde Dios es mostrado derechamente como el creador del bien y del mal de este mundo, y no cómo se busca difundir, solo el defensor del bien en permanente lucha con su diabólico opositor y emperador del mal, una de sus creaciones favoritas y otro de sus múltiples errores.
Por tanto Dios no puede matar a Satanás.

Y a riesgo de parecer sin el poder que proclama que tiene sobre todas las criaturas, solo lo juzga oralmente  y lo expulsa del cielo, que en aquél entonces estaba limitado al Edén y en una maniobra dialéctica impresentable de los escribas bíblicos y esos ancianos judíos que escribieron la primera parte del Génesis, Satanás y sus demonios son condenados a vagar por el mundo, según el cristianismo, hasta el Juicio Final. Es decir, cuando se cumpla lo que la escritura menciona como la segunda venida de Jesús, que no es otra cosa que el mismo destino que se fija para toda la humanidad. En resumen, Dios le aplica al demonio y a los humanos la misma ley. Otra amenaza que viene a ser algo así cómo: “Hey don Satán y señores humanos, espérense hasta el Día del Juicio y ahí verán lo que les espera.

(A este respecto la religión judía, que no reconoce en Jesús al Mesías ni menos que sea hijo de Dios, sigue esperando la Primera Venida, que será anunciada por el verdadero Mesías del Pueblo de Dios. Este Mesías llevará al milenio que Isaías y otros profetas han descrito. Y en el Islam, en su corriente mayoritaria, se mantiene la visión de que Jesús fue reemplazado por un duplicado que se parecía a Jesús y que fue este duplicado el que fue crucificado y el Jesús real fue elevado al cielo y salvado por Alá, donde está esperando para descender en "los últimos días" cuando la corrupción y la perversidad sean abundantes en la Tierra. Entonces emprenderá una batalla en contra del falso Jesús y del anticristo (Dajjal), romperá la cruz, matará a los canallas y llamará a toda la humanidad al Islam).

Es decir, aquí hay una estratagema, un trabalenguas, un lenguaje engañoso para ocultar esta desidia de Dios o su incapacidad manifiesta para eliminar a Satanás. Se dice que lo juzga y que después vendrá el juicio donde lo condenará a morar toda la eternidad en el infierno. Pero todos sabemos que los pasos a seguir en cualquier juicio son justamente al revés. Primero se hace el juicio, luego al tenor de los antecedentes se juzga y finalmente se condena.
Acorde a la Biblia, Dios realmente no lo juzga sino solo lo amenaza, porque según las mismas escrituras el Demonio sigue vivito y coleando en el mundo junto a sus huestes sin que haya perdido ninguna de sus prerrogativas ni poderes y ni ha sido, como muchos creyentes ingenuamente creen, desterrado en el infierno. Solo fue expulsado del cielo, que en ese entonces era como la Casa de Dios y por lo tanto tal acción es como si uno impidiera recibir en su hogar a un sujeto despreciable, o por quién, no se tiene ninguna simpatía.

Como cualquiera puede establecer con solo reflexionar un poquito, este Dios no tiene cojones para detener la acción de Satanás para sacarlo de circulación, para impedir que siga actuando, para eliminar su maldad y defender a los humanos. Y no lo hace ni jamás lo hará, porque si así ocurriese, el culto a este Dios y lo que es peor el poco respeto que queda por la organización eclesial, por esa Iglesia que se arroga ser su representante, desaparecería a poco andar, pues tanto a la deidad y todo el aparataje de su reino invisible cómo a estos monjes caradura, les caería encima el mismo axioma bíblico con que el que hacen estereotipo a quienes quieren ningunear: "“Por sus obras los conoceréis". Sin diablos a quienes culpar de la maldad humana, todos los dardos apuntarían al único creador de todo lo existente, creador por tanto de la maldad y el odio, de los crímenes y desgracias que asolan a la raza humana.
Curiosamente, ya sabemos que el tal Satán, o Lucifer, era desde el principio de los tiempos el ángel favorito de Dios. Y no solo eso, en Ezequiel 28,14 se dice que Lucifer era el querubín protector, el que cubría (Ex 25,20) el Arca de Dios en el cielo (Ap 11,19). Ezequiel dice que los querubines llevan la gloria de Dios (Ez 9,3; 10,18) y que están muy cerca del trono de Dios Ez 10,1; 1,26). Ello indica que Satanás, antes de su rebelión, fue un querubín ungido, el primero y el mejor de todos, que estaba muy cerca de su trono, siendo portador de su gloria. Y ya sabemos por los mismos Padres de la Iglesia y los Apóstoles y todos aquellos "expertos del mundo invisible", que los querubines son los representantes de la creación para adorar a Dios; Satanás como el supremo sacerdote de los querubines, era entonces el más cercano, querido y de mayor poder de todos los ángeles del cielo, el hijo de Dios.
Satanás era perfecto desde el día en que fue creado (Ezequiel 28,15). Además de Ezequiel 28, Isaías 14,12 nos ayuda también a comprender el origen de Satanás. Nos dice que era el Lucero, hijo de la mañana. Igual que ese lucero matutino era llamado la principal estrella, Lucifer era el líder de todos los ángeles. Su origen era maravilloso, pues hijo de la mañana significa que él existía desde el comienzo de la creación de Dios. Dios se sentía orgulloso de su creación perfecta.

Así fue según las Escrituras, hasta que se produjo el quiebre en el mundo invisible y hubo una guerra en el cielo, al parecer no prevista, calculada ni adivinada por Dios, lo que significa que también su poder es limitado, sin visión de futuro para prever el destino de las cosas y seres que dice haber creado.
Tal quiebre es explicado por el catolicismo a los creyentes y otros cristianos, con una interpretación amañada de las escrituras, asegurando que Satanás miente a Eva y Adán y hace que ellos desobedezcan a Dios, achacando un pecado de orgullo y un arrebato de maldad que de pronto invadió a esta criatura tan perfecta y principal asesor de Dios.
Sin embargo esta explicación es muy parcial y la interpretación de los hechos señalados no se ajusta a lo que cualquiera entiende al leer los versículos pertinentes donde se narra el suceso. Veamos lo que dice el Génesis:
2:9 Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.
2:16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;
2:17 Más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.
3:1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
3:2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;
3:3 Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.
3:4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; 3:5 Sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.
3:6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella
3:7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos.…
Esta lectura es muy decidora. Dios, egoísta y celoso (Exodo 20:5) y por tanto bastante imperfecto,   no quiere que los muñecos humanos recién creados tengan discernimiento y distingan el bien del mal. Y les prohíbe acercarse, tocarlo o comer de sus frutos diciéndoles que si lo hacen morirán.
Ya tempranamente en los primeros párrafos de Génesis esta idea aparece y nos revela este egoísmo de Dios: "No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; pero vivirá ciento veinte años". (Génesis 6)
Siendo la interpretación de esta frase según los eruditos, que Elohim, (nombre que se da a Dios en la Biblia hebrea) no deseó que permaneciera para siempre su espíritu (esencia de vida) en el hombre; ya que con ello éste viviría mucho más de lo que él deseaba, o viviría para siempre. Dios no quería otro ser inmortal y tampoco con discernimiento propio, distinguiendo el bien del mal, como su primera creación, los ángeles.

Lucifer, que se había abanderado en la polémica surgida entre los ángeles con la reciente creación del hombre, de si estos debían o no tener la misma perfección que ellos, se inclinó por la postura que el hombre debía ser perfecto desde el principio, en contra de la idea de Dios de irlo haciendo por escalas. Por ello es que les dice que no morirán si comen tales frutos. Y que por el contrario comiéndolos distinguirán, como Dios, la diferencia entre el bien y el mal.

Adán y Eva comen del fruto y generan la cólera de Dios, que los expulsa del Edén y los maldice, y con ello a todo el género humano. Y en el plano angélico rechaza a quienes quieren la perfección del hombre encabezados por Lucifer, generándose una guerra que duró varios milenos donde Luzbel combate apoyado por un tercio de los ángeles del cielo en contra de los dos tercios leales a Dios, siendo vencidos finalmente en esta primera batalla (Ap 12,4.9; Jd 6; 2 Pe 2,4).
Curiosamente, en esta disputa como se puede apreciar, quien miente es Dios. Les dice a Adán y Eva que morirán y ello no ocurrió a pesar que comieron del fruto prohibido. Además esta cantidad de apoyo al favorito de Dios que se confiesa a regañadientes, no es poca cosa. Si pensamos en cualquier cifra de tres tercios, un tercio es una cantidad importante y es extraño que estos millones de ángeles que lo componen, de pronto se hayan vuelto malvados por el hecho de sostener una idea. Por querer al hombre dotado de las mismas virtudes que tenían los ángeles, la primera creación de Dios, es decir inmortales, invisibles, espirituales, sobrenaturales y sin alma.
Nos sumamos a los estudiosos y expertos que interpretan en este acto una actitud personal de celos del Dios de la Biblia judía para con su Ángel Satán que le robaba protagonismo y se atrevió a desafiar su voluntad. A esto hay que agregar que en realidad existen dos grupos de ángeles caídos.

Aquél tercio que siguió a Luzbel y que ahora son denominados demonios y aquellos que no lograron acompañarle y fueron hechos prisioneros con posterioridad, al descubrirse que también estaban en desacuerdo con Dios y confinados en cadenas. (suena curioso que un espíritu pueda ser encadenado).
De éstos, la Biblia no proporciona datos para estimar su cantidad, pero sin duda no eran pocos y por ende serían los ángeles rebeldes más de un tercio. Sobre la exacta cantidad de Ángeles existentes Enoc, el profeta visionario, nos dice que en su viaje misterioso al cielo donde ve a los ángeles en toda su gloria infinita. "Vi cien mil por ciento mil, diez millones por diez millones, una multitud innumerable e incontable estaba frente a la gloria del señor de los espíritus. Y llegué a conocer sus nombres, pues el ángel que estaba conmigo me lo reveló." (primer libro de Enoch 40.1).

La versión de las escrituras es que Dios no perdonó a estos últimos ángeles que pecaron sino que los arrojó al infierno y los entregó a prisiones de oscuridad donde están reservados para el juicio. (2 Pedro 2:4.) "Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propio hogar, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día" (Judas 6). Es claro entonces entonces que existen demonios confinados y demonios activos. El líder de ambos grupos es Satanás, quien es llamado el Príncipe de los demonios (Mateo 12:24). (¿será´posible retener en prisiones privadas de luz a seres espirituales?) (¿cuál sera la naturaleza de las murallas o barrotes que impiden ser atravesados por ésta materia sutil e invisible de los ángeles?)

Ahora en el universo, en la burbuja sobrenatural del mundo invisible en que se nos trata de hacer creer, y para los despistados que juran que los demonios son criaturas horripilantes nacidos de la negrura, es necesario aclararles que hay dos categorías de ángeles: los buenos y los malos. No hay diferencia alguna entre ángeles y demonios pues fueron creados todos por el mismo Dios. Los llamados demonios no son sino simplemente aquellos ángeles rebeldes caídos, que en vez de obedecer a Dios, ahora obedecen a Satán. La diferencia entre Dios y Satán, es que solo Dios creó a los Ángeles y a los demonios. Satanás no ha creado ninguna criatura.

Las escrituras dicen que Satán era el Angel más bello de la creación, sin embargo el odio exacerbado y el fanatismo religioso de los primeros cristianos lo asociaron a seres inmundos y grotescos, representándole con pezuñas, cuernos y de intenso color rojo, tal vez en su ignorancia al pensar que vivía quemándose en el fuego del infierno.
De este acto nació la palabra satanizar, (Satán, nombre hebreo del demonio; en hebreo Satán significa “adversario, enemigo”) en el sentido de tratar de convencer a otros que tal idea o tal persona es mala, exacerbando defectos, llevandolos incluso a la caricatura ridícula; hacer que alguien o algo sea temido como un compendio de maldades o defectos.

Pero en esta disputa, importa rescatar que Lucifer estaba a favor del hombre perfecto, igual o superior a los arcángeles y con claro discernimiento y que no solo enfrentó valientemente a Dios y a una mayoría de ángeles sino que le dijo la verdad a Adán y Eva. Que no morirían y así fue. Y les dijo otra verdad. Que distinguirían el bien del mal y dejarían de ser como animalitos de exhibición en el Huerto de Dios.
Esta acción es lo que se conoce como la primera mentira de Dios, al decirles a Adán y Eva que al comer del fruto prohibido morirían. (Gén.5:3): "Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set." 5:4 . "Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas". 5:5 . "Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió".

Por tanto, Dios y las dos terceras partes de los ángeles leales encabezados por Miguel, el que seguía en poder y perfección a Lucifer, crearon un hombre inferior a los ángeles. Recordemos el poder sobrehumano de éstos, cuando según la Biblia solo dos ángeles provocaron la destrucción ardiente de Sodoma y Gomorra y uno solo mató a 185.000 soldados del ejército asirio y un tercero mató de una sola vez, por orden de Dios, a todos los primogénitos de Egipto.

¡Y qué su apariencia es humana, real y tangible es indudable!, pareciendo personas normales y corrientes, ya que como se describe en algunos pasajes bíblicos comen, se cansan, duermen y se lavan los pies, e incluso como en el caso de los Grigori, tienen sexo; tanto que el profeta Abraham confundió a tres de ellos por vecinos y el mismo Lot, que hospedó en su casa a los seres sobrenaturales que destruyeron Sodoma y Gomorra, no notó nada extraño en ellos. En todo caso, en esta leyenda cristiana todo indica que Lucifer tenía buenas razones para disentir de Dios, entidad dictatorial y caprichosa, quien tenía un comportamiento colérico, errático y vengativo.
Baste recordar que además de expulsar a Adán y Eva del Paraíso y castigar a toda su descendencia, la cual no puede volver a ingresar a él hasta el fin de los días, decidió también exterminar mediante el diluvio a todo ser viviente de la faz de la tierra; permitió que su pueblo elegido sufriese 400 años de esclavitud en Egipto; exterminio de un ejército egipcio, mediante su inmersión en las aguas del Mar Muerto: Éxodo 14:21-28; Judas: 1:5 ; Genocidio de 14,700 personas por medio de una plaga mortal: Números 16:49; Genocidio de 24,000 personas por medio de otra plaga mortal: Números 25:9 ; Aplastamiento con grandes trozos de granizo de un número indefinido de hombres: Josué 10:10-11. Asesinato de los “hombres más robustos” de Israel: Salmos 78:21-31.

Castigo con sequía a Israel por 3 años consecutivos a causa de un acto de Saúl: 2 Samuel; 21:1; órdenes de masacrar a “viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres hasta que no quede uno...” Exequiel: 9:4-6; Genocidio con epidemia de 70,000 hombres de Israel: 1 Crónicas 21:14; innumerables asesinatos de cientos de miles de hombres mujeres y niños, de diversos pueblos, sádicamente atacados por epidemias de lepra, ceguera, hemorroides y otras plagas mortales con la que se gozaba de aniquilar a quienes no hacían su voluntad y una centena de barbaridades parecidas descritas con lujo de detalles en los escritos bíblicos.
Estamos describiendo por tanto a un ser sádico, de claros instintos criminales y peligrosa enajenación, que casi acaba con el pueblo de Israel, el que curiosamente no solo le teme, sino que los que quedaron vivos y sus descendientes, terminan por alabarle y seguirle ciegamente, adorarle y rendirle pleitesía, proclamándole en una especie de sadomasoquismo, como un Dios amoroso, clemente, piadoso y de bondad infinita.

Todo ésto, contenido en la Biblia o Antiguo Testamento, tenido como única verdad por judíos, cristianos y musulmanes, que desde luego no ignoran tales atrocidades, las cuales están expresadas hasta la saciedad por sus más connotados Patriarcas y Padres de la Iglesia, sin contar con sus actuales seguidores, que hacen vista gorda de esta personalidad homicida de su deidad a quien ensalzan permanentemente en rezos y oraciones, y qué que junto a las promesas de vida inmortal que su doctrina promete, existen castigos, fuego eterno, infiernos y torturas sin fin para sus almas una vez muertos, obstáculos casi insuperables, que solo serán resueltos en el día de la Gran Tribulación, donde otra vez este energúmeno y sus ángeles obedientes, escogerán y salvarán según los escritos bíblicos muy pocos, solo unos miles de entre toda la humanidad, para llevárselos a los mentados cielos idílicos a comer maná-miel. El resto, ya está notificado que solo le esperan sufrimientos que no cesarán jamás.

En ISAÍAS: 2:19: leemos: "Y meteránse en las cavernas de las peñas, y en las aberturas de la tierra, por la presencia espantosa de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando se levantare él para herir la tierra".
En 2 SAMUEL12:11: "Así ha dicho Jehová: He aquí yo levantaré sobre ti el mal de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré á tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista de este sol".
En EZEQUIEL: 5:17: "Enviaré pues sobre vosotros hambre, y malas bestias que te destruyan; y pestilencia y sangre pasarán por ti; y meteré sobre ti cuchillo. Yo Jehová he hablado". SALMOS:64:7: “Mas Dios los herirá con saeta; De repente serán sus plagas.”

Sin embargo y queremos ofrecer estos datos como contraste cultural, Satanás, es ponderado por estas religiones y sus seguidores como el maldito responsable de todas las iniquidades que padece la humanidad. Todo adjetivo es poco para endosarle vicios, crímenes, sadismos, mala leche, enfermedades y todo aspecto negativo y contrastante. El bien y el mal, el yin y el yang, arriba y abajo, la oscuridad y la luz, vida y muerte, son los claroscuros que representan Dios versus Satanás, llevando este último por supuesto la peor parte.
No obstante en el Libro Sagrado, en esta Biblia de los judíos que es la misma para cristianos y musulmanes, las únicas iniquidades que se relatan son las que hemos expuesto en un apretado resumen y que corren por cargo del inefable Dios.

De Satanás, esta alimaña inmunda que recoge todo lo maligno existente en el universo,  incríblemente sólo hay UNA MENCION  en la Biblia, que remarca su iniquidad. La encontramos en Job: 2:7 y dice que ha sido responsable de una “Provocación de una molesta sarna corporal a Job".

El resto de menciones que de él se hacen en todas las escrituras solo dan por hecho que es el malo. Veamos: APOCALIPSIS:12:9: "Y fue lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña á todo el mundo; fue arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él".
ZACARÍAS:3:1: “Y mostrome a Josué, el gran sacerdote, el cual estaba delante del ángel de Jehová; y Satán estaba a su mano derecha para serle adversario”.
2 CORINTOS:2:11: “Porque no seamos engañados de Satanás: pues no ignoramos sus maquinaciones”.
2 TESALONESES: 2:8-9 “Y entonces será manifestado aquel inicuo, al cual el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; A aquel inicuo, cuyo advenimiento es según operación de Satanás, con grande potencia, y señales, y milagros mentirosos...”
JUAN 8:44 . “Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. Él, homicida ha sido desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”.
Es decir, en verdad la Biblia ofrece todas las pistas para quienes realmente desean dilucidar el mensaje que contiene, para establecer a quienes son creyentes de estas mitologías y leyendas, quién de estos personajes principales es el Bueno y cuál el Malo, tal cual ocurre en el cine y los guiones de las películas. Siempre la trama de los filmes de acción, tienen un malvado. A los espectadores les corresponde, según su inteligencia y sagacidad, descubrir cuál es.

A su vez, el cielo ha ido poco a poco cambiando de lugar y representa un oasis plácido que viene a ser una especie de recompensa por los sufrimientos padecidos en la tierra y la constancia en el servicio al Dios. Antiguamente y casi como en la creencia del Olimpo de los dioses griegos, el cielo cristiano estaba al alcance de la mano. Dios hablaba con voz de trueno desde la cúpula del cielo desde donde sentado cómodamente en su trono, observando el comportamiento de los humanos y si algo le molestaba, les gritaba desde allí mismo su molestia o les lanzaba la calamidad que en ese momento asaltaba su divino cerebro, una tormenta, algún rayo que les destruía el granero o una subida del agua de los lagos que destruía sus cosechas. O bien, desde algún monte donde paseaba, envuelto en una nube espesa, sostenía diálogos amistosos con alguno de sus favoritos.

Si estaba enojado, rayos y truenos salían de la nube, espantando a sus siervos. A veces su indignación subía de tono, cuando sospechaba que los humanos intentaban invadir sus dominios, como ocurrió con el episodio de la torre de Babel, donde sencillamente confundió todos los idiomas de la tierra, porque tal torre ya casi penetraba en el cielo. Si estaba ocupado en otras cosas, durmiendo la siesta, mandaba a uno de sus ayudantes, que curiosamente tenían nombres comunes, Gabriel, Miguel etc. Estos mensajeros o bien iban personalmente a dejar el encargo, sin importar las distancias que debían recorrer o hablaban con disimulo tras una zarza, a través de una pared y otros métodos sofisticados, para anunciar algún nacimiento, una enfermedad y otros detalles.
Aburrido de estas intromisiones y de que le quitaran su tiempo para solucionar cuestiones domésticas creó varios cielos estableciéndose en el más lejano. Cada uno de estos cielos, según las tradiciones y leyendas de los sabios judíos y cristianos, se encuentran encima del otro, alrededor de la tierra y en forma de esferas concéntricas.

Dejamos constancia que la Biblia habla de tres cielos. (2 Corintios 12:2) El primer cielo es donde la atmósfera y las nubes se localizan, desde dónde viene la lluvia, e.g., Gén. 7:11. El segundo cielo es el espacio exterior, hogar de los planetas y las estrellas, e.g., Sal 8:3. Y el tercer Cielo está donde está ubicado el trono de Dios, e.g., Sal. 11:4.
Cómo puede apreciarse, los escribas de la Biblia de la antigua cosmología judía, poco sabían de lo que pasaba en estos recintos sagrados y menos de Astronomía.

En el apócrifo libro de Enoc se habla de siete cielos. Este Libro de Enoc es un libro intertestamentario de la Biblia de la Iglesia Copta, que no es aceptado como canónico por las demás iglesias cristianas a pesar de ser parte de la Septuaginta comúnmente llamada Biblia de los Setenta y generalmente abreviada como LXX, que fue el texto utilizado por las comunidades judías de todo el mundo antiguo más allá de Judea, y luego por la iglesia cristiana primitiva, de habla y cultura griega. Junto con la Biblia hebrea, constituye la base y la fuente del Antiguo Testamento de la gran mayoría de las Biblias cristianas

El primero de estos cielos de Enoc llamado Shamayin o Wilon, viene a ser el nivel más bajo y cercano a la tierra, lo que constituye un factor de protección durante el día, ya que en la noche el cielo se descorre como una cortina dejando ver la maravilla de las estrellas. Allí moran los ángeles guardianes de la nieve, el hielo, nubes y rocío y los ayudantes encargados de subir y bajar a diario la mencionada cortina celestial. También hay un caudaloso río por el cual en lugar de agua fluye fuego. Para San Pablo, que tuvo la suerte de viajar hasta allí siglos después, en sueños o visiones naturalmente, que era la forma en boga en la antigüedad, ésta es la Tierra de Promisión, en la que cada árbol da al año doce cosechas con frutos variados. Según él, este cielo brilla siete veces más que la plata. A este curioso lugar destinó Dios a los primeros y más rústicos y aburridos habitantes del planeta, como Adán y Eva y su descendencia, que están en eterna espera para que el Día del Juicio Final se decida su futuro. El soberano de este cielo es el arcángel San Gabriel. Este es uno de los tres principales arcángeles de las religiones “judía, cristiana e islámica” y considerado según la tradición bíblica además de Mensajero de Dios como el Ángel de la Muerte por los cristianos.
En el Islam Gabriel es igualmente considerado un Mensajero por cuanto fue quien reveló a Mahoma El Corán y se le conoce como Yibril. Más para el Islam, Azrael es uno de los nombres que recibe el Ángel de la Muerte. También llamado Abou-Jaria por los musulmanes y Mordad entre los persas, quien tiene por misión recibir las almas de los muertos y conducirlas para ser juzgadas.

Según cuenta la tradición, Dios envió a cuatro de sus arcángeles para buscaran polvo de las cuatro esquinas de la tierra para crear a Adán a su imagen y semejanza. De los cuatros arcángeles enviados –Michael, Israfel, Gabriel y Azrael-, solamente Azrael pudo cumplir el recado y trajo ante Dios el polvo del cual creó a Adán. Por esta acción, Dios le dio a Azrael la misión de ser el ángel encargado de separar el alma o espíritu de los cuerpos de los seres humanos; de esta forma Azrael se convirtió en el Ángel de la Muerte. Azrael es pues conocido como el Ángel de la Muerte entre los judíos y musulmanes, y es la derivación del nombre árabe Izrail, el cual aparece en el Corán y significa “Quien a Dios ayuda”. También se mencion en el Corán como Malaikat Al-Maut, que es una traducción literal de “Angel de la Muerte”. Otros nombres son Azrail, Ashriel, Azaril, Azriel, y Ozryel, e incluso aparece en los escritos del hereje cristiano Marción, donde es mencionado como el Ángel de la Ley.
Luego fundó Raquia, el segundo cielo donde se encuentran también en espera los Ángeles Caídos, ese grupo de ángeles que fueron hechos prisioneros en la guerra celestial y que no alcanzaron a sumarse a las huestes de Lucifer, quienes se encuentran encadenados y en una oscuridad total. El soberano del segundo cielo es el Arcángel Rafael. Allí estarían también Enoc y Moisés. En la tradición islámica en ese cielo moran también Juan Bautista y su primo Jesucristo. Este último se llama allí Isa ibn Maryam, que es su nombre de profeta del Islam, donde Jesús es el predecesor más importante de Mahoma, pero no Dios, ni hijo de Dios. Moisés habría pasado además por este cielo cuando visitó la Morada Divina, teniendo su encuentro con el ángel Nuriel. (Uno de los ángeles más pequeños, ya que se dice que el tamaño de los ángeles supera al sistema solar. El arcángel Rafael es uno de los tres arcángeles cuyo nombre aparece en la Biblia (Tobías 12:6, 15) "Yo soy Rafael, uno de lo siete ángeles que están delante de la gloria del Señor y tienen acceso a su presencia"; los otros son San Miguel y San Gabriel.

El tercer cielo, Sagun o Shehaquim, que también es llamado Gehena, tiene unas enormes puertas de oro macizo Su soberano es el ángel Anahel y en ese lugar vive el llamado Ángel de la Muerte islámico Azrael, existiendo presunciones e indicios que al Norte de este cielo se localiza el Infierno, preparado por Dios para alojar allí a Satanás cuando se le condene por toda la eternidad. El salmo 90 señala que el Paraíso se encuentra a la derecha de Dios y el Infierno a su izquierda. Todas las almas íntegras llegan allí tras la muerte y reciben su recompensa. Por eso en este cielo hay comodidades tales como las abejas divinas, que colectan en el sur el maná-miel que es el alimento celestial que posteriormente es molido por dos poderosas piedras molares. De estas últimas proviene el nombre de Shehquim, que en hebreo significa piedra molar. Para todos aquellos que se han preguntado si los espíritus comen o no, esta sería una respuesta. Según Enoc todos los seres celestiales y aquí se incluyen por lo tanto ángeles buenos y malos, los que viven en los siete cielos e incluso aquellos soterrados en las cárceles celestiales y el propio infierno, reciben a diario su ración de maná-miel.

El cuarto cielo o Sebhul, conocido también como Machanon, se describe como el lugar de la Jerusalén celestial, con el Templo Sagrado y el Altar Divino. El apóstol Pablo según se describe en la Biblia, dice que era toda de oro macizo y la rodeaban doce murallas y dentro había doce torres de gran belleza. También habla que hay cuatro ríos, uno de miel, el Fisón; otro de leche, el Eufrates; otro de aceite, el Geón; y otro de vino, el Tigris. Según Enoc, en el cuarto cielo se encuentra el Paraíso, con el Árbol de la Sabiduría, cuyos frutos confieren el saber a quien los come. En Zebhul circulan movidos por los vientos, los grandes carruajes donde están el sol, la luna y las grandes estrellas. El soberano de este cielo es el arcángel Miguel.
El Machon o Maón es el quinto cielo de la desesperanza destinado para los Grigori, que fueron un grupo selecto de 200 ángeles enviados por Dios a la tierra en el comienzo de la humanidad y conocidos en la Biblia, en el Génesis y algunos de los llamados Libros Apócrifos como Observadores y como los Hijos de Elohim. Estos ángeles, según el Libro de Enoc no cumplieron cabalmente las misiones que les encargó Dios y en cambio enseñaron algunas ciencias prohibidas a los hombres como la Astrología, la Adivinación y la Magia así como técnicas para producir armas y el arte de la guerra.
Este nombre es mencionado en el libro apócrifo de Enoc, y más tarde en la literatura judía. De acuerdo con el libro de Enoch, Azazel era el líder de los Grigori. Azazel es particularmente significativo entre los grigori porque fue él quien enseñó a los hombres cómo forjar las armas de guerra así como enseñó a las mujeres cómo hacer y utilizar los cosméticos.
Pero el colmo ocurrió cuando percatándose de la belleza y atributos de las mujeres terrestres tuvieron relaciones con ellas, resultando de tal unión una raza de gigantes conocida como los Nefilim. Tales noticias se dice que desencadenaron la furia de Dios y su decisión de enviar el diluvio para exterminar los Grigori, los hijos de los Grigori y las mujeres: los Nefilim.
Con el tiempo las enseñanzas de Azazel crearon tal iniquidad entre los hombres que Dios decidió destruir toda la vida en la Tierra con una gran inundación, salvando solamente a Noé, la familia de Noé, y a siete parejas de cada especie de animales "limpios", y un par de cada especie de animales "sucios", de los cuales escaparon a la destrucción viviendo durante un año en elArca de Noé que Dios le mandó construir.
En el norte del quinto cielo, detrás de una grieta por la que asciende humo y llamas, se localiza una prisión celestial. En ella según algunas teorías de connotados teólogos y sabios cristianos, pena el Coro Décimo de los ángeles que aguarda allí su juicio. En el sur por el contrario, los ángeles cantan toda la noche sin interrupción, solo callan al alba para que Dios pueda oir las alabanzas de su pueblo en la tierra. El soberano de Machon es Sandalfón hermano de Metatrón, o bien el ángel Samael. Se dice que este cielo es la morada de Aarón, hermano de Moisés y de los ángeles vengadores.
 
El sexto cielo de la dualidad es conocido como Makhon o Zebul. Es el único gobernado por dos ángeles : Sabat lo gobierna durante el día y Zebul por la noche. En él viven siete querubines que cantan alabanzas a Dios y siete aves fénix. En Zebul hay una casa grande del saber, una Academia donde los ángeles aprenden todo sobre la humanidad, el tiempo y el cosmos. También se dice que aquí los ángeles estudian astrología. Según Enoc, de quien nadie duda que si visitó estas extrañas regiones del mundo invisible, en este cielo estudian los ángeles en grupos y tienen a los arcángeles como profesores. Este cielo frío, con bajas temperaturas, granizo, hielo y nieve, recibe también el nombre de Makhon (en hebreo, «residencía»). El príncipe del sexto cielo es el arcángel Zadquiel. En este cielo se guardan todos los infortunios de la humanidad. Es aquí donde habita el Angel Guardián del Cielo y de la Tierra.

Por último, el séptimo cielo o Araboth es donde vive Dios y su Corte Celestial, permanentemente arropados por el Espíritu Santo y servidos como se debe por una legión de ángeles principales. En este cielo más elevado se encuentra el trono de Dios y en torno a él, los ángeles que siempre permanecen a su vera: querubines, serafines y tronos. El príncipe de Araboth es el arcángel Miguel. Se dice que las almas de los que aún no han nacido esperan allí a su nacimiento.
Los humanos, según mi personal impresión, en verdad no nos percatamos ni creemos en esta lucha entre el bien y el mal entre Dios y el Demonio, que ocurre aquí en la tierra ante nuestras propias narices, a cada momento y en cada lugar. Nada vemos de estas legiones que luchan encarnizadamente en cada esquina, en medio de partidos de fútbol, en las galerías comerciales, en los campos y las ciudades, en el llano y los montes. Cada guerra que se precie debe ser organizada y contar con oficiales y tropas y cada una de las facciones en lucha sufre necesariamente bajas.
Pues bien, extrañamente, teniéndose en cuenta que estamos hablando de una conflagración de tipo global que no ha cesado en la tierra desde la aparición misma del hombre, nunca se ha sabido que se haya encontrado los restos sea de un soldado ángel o mercenario demoníaco y el único indicio que podríamos mencionar lo constituyen unas cuantas plumas que según el catolicismo se habrían desprendido de un ala del Ángel San Gabriel, y que se guardan hoy como un tesoro sagrado en las arcas vaticanas, donde suele ir el Papa a venerarlas.

No decimos adorarlas, a pesar que es un sinónimo, porque la Iglesia aprecia y señala la sutileza no compartida por muchos, que adorar no es venerar y que por ello esa veneración que hace de sus innumerables reliquias, de los iconos y estatuas de sus santones y vírgenes, medallitas y otros, no son por ello idolatría, sino solo veneración. Se hincan ante ellas, es cierto, les rezan y les piden asistencia ante Dios, pero no las adoran. Realizan procesiones y llevan estatuas paseando por la ciudad en medio de vivas y oraciones. La gente se inclina ante estas efigies, se humilla y hace mandas y peticiones, pero eso no es adoración, es veneración. Las llevan como amuletos en prendas de vestir, en estampas y libros de rezos, compran medallitas y cruces de oro que se cuelgan al cuello y en la Iglesia y sus casas hay cuadros y efigies donde suplican favores, pero eso no es idolatría, es solo simple veneración.
Y esta idea de que podríamos encontrar restos de armas de combate no es una especulación, porque de hecho la Biblia describe y relata ángeles guerreros provistos de espada y luchando con adversarios. En el Libro de Enoc, éste dice que los ángeles tienen una Academia donde son instruidos por los Arcángeles y todos los ángeles que vio Enoc en dicha Academia tenían el mismo rostro y vestían igual, afirmando que los coros inferiores son representados principalmente como guerreros equipados con lanzas, hachas y espadas, haciéndonos sospechar que fueron creados en serie, bajo un mismo molde, tal cual robots.

Y en las descripciones que se hacen respecto al quehacer de los ángeles, se dice que una de sus ocupaciones es que estos luchan y batallan intensamente contra los demonios en sangrientos enfrentamientos. El hecho es que jamás se ha encontrado armas, ropas o enseres de estos guerreros ni nada que nos diga que esta lucha es en verdad real y no una fenomenal mentira. Pero claro, la explicación es que son espíritus, espíritus del diablo y espíritus de Dios; y por más que haya 140 mil millones de estos seres trabados en descomunal batalla aquí en la tierra, se nos dice que hay que comprender que los espíritus no se ven, no se sienten y sobre todo que son inmortales. Es decir, estamos jodidos, no podemos buscar indicios.

Extrañamente, esta es la primera premisa para la búsqueda de cualquier hecho que suscite dudas y que se quiere esclarecer: probar que el hecho es cierto. En esto de los seres espirituales nada podemos probar, solo hay que creer, tener fe y confiar en quienes nos dicen que el mundo invisible existe, y que en él hay un mundo paralelo silencioso que a pesar que no deja rastros, que nadie ha visto, está no obstante poblado por millones y millones de seres extraterrestres, sobrenaturales, dotados de fantásticos poderes de traslación instantánea, rayos de la muerte, capaces de salvar nuestras almas, brindarnos consuelo y vida eterna, allí en los territorios de Dios, donde en sucesivas capas milagrosas se registran siete cielos, cada uno de ellos provistos de maravillas, donde pululan los profetas y santos de la antigüedad y del mundo moderno, se pasean apaciblemente los Papas de la Iglesia fallecidos, todos ellos buenos y santos y los inmolados en nombre de la fe de las sangrientas y crueles guerras santas que han diezmado a la humanidad.

Hay trozos de cielo privados, sin acceso para todos sus habitantes sino sólo para algunas de sus celebridades, donde podemos encontrar quizás con suerte, como le pasó a Mahoma en su maravilloso viaje turístico llevado por el Arcángel Gabriel, o a Pablo, ese extraño y postizo autoapóstol que no conoció a Cristo en vida, que no fue uno de sus discípulos y que en tal tiempo era un cruel servidor y soplón del Estado Romano para ajusticiar a cristianos y judíos, sin importar que él mismo lo era, toparse con Isaac o el profeta Abraham junto a sus camellos, o divisar entre cortinas doradas al mismo Jesús en ameno diálogo con su madre María, o quizás en la zona oscura con María Magdalena, la cual por supuesto ha sido alejada de los cielos.

Desde luego para los cristianos allí en estos cielos no están los judíos, los musulmanes ni aquellos representantes de otros credos paganos y herejes que hay o existieron en el mundo real; tampoco los disabilitados ni los esclavos negros y paganos que no conocieron a Dios, ni los ateos u otros agnósticos que rechazan sus ideas o se mofan de la santa Madre Iglesia, ya que siendo culpables del pecado original, deberán esperar como todos el Fin de los Tiempos en el Purgatorio, sin importar que hayan sido buenos.
 
El hecho es que a todas luces nuestra estupidez humana, nuestra corta visión y escasez de facultades nos impiden darnos cuenta de nada de lo que ocurre en este mundo invisible, pletórico de espíritus elevados que flotan por el espacio infinito, seres de luz que alumbran el destino de la humanidad, que hablan con Dios, que le ayudan en su Obra, que organizan las batallas celestiales, que se preocupan de nuestro destino y cada cierto tiempo transmiten a pastores e indigentes, a drogadictos y desequilibrados mentales, mensajes en forma de profecías, sea que se los diga la Virgen María, el mismo Dios, Jesucristo su hijo, el Espíritu Santo o cualquiera de estos fantásticos personajes, sean alados o de propulsión espiritual, que navegan cruzando los espacios siderales y se trasladan desde su hábitat invisible y quizás lejano, a traernos noticias, aconsejarnos y cuidarnos.
Más, por fortuna todo lo que sabemos, que es bastante y sobre lo cual hay millones y millones de escritos al respecto, lo hemos ido conociendo porque existen unos seres maravillosos y desde luego privilegiados, que al igual que Mateo el Apóstol, saben, intuyen, adivinan, tienen visiones, sueñan o escuchan voces dentro de sus cerebros que les dicen como es la cosa allí en este mundillo paralelo, etéreo y sublime.
El Papa por supuesto es el primero de ellos, él es infalible y lo que diga en cuestiones de fe ello es así, después vienen las dignidades sacerdotales y hasta los humildes curas de pueblo, son los encargados de traernos estas noticias excepcionales del mundo invisible y sus criaturas mágicas. Ellos son los portavoces y contactos escogidos, quienes tienen la verdad de lo que ocurre y quienes en un acto de gran generosidad nos transmiten en sus sermones, homilías y conferencias qué cosas son del agrado de Dios, cómo debemos servirlo, qué debemos creer y dónde y cuánto debemos cotizar para caminar por el camino recto.

Y ello es muy lógico, porque no habiendo evidencia histórica seria y documentada alguna, de la existencia de los seres que menciona la Biblia cristiana, ni constancia de las leyendas de la Biblia judía, ni menos de los hechos milagrosos o vidas ejemplares de algunos de sus santos que en general han sido inventadas o retocadas por sus biógrafos, es imposible que tengamos una guía para saber que tales excentricidades ocurrieron realmente.
Sólo hay que recogerse a lo que la Iglesia denomina tradición cristiana, que son sus propios escritos a través de los tiempos, arreglados y modificados una y otra vez en la "Casa de las Falsificaciones", como por siglos se conoce al Vaticano, como es fácil establecer y por supuesto debido a ese otro engendro o técnica de lavado cerebral al que llaman La Fe. Esta última puede explicarse muy fácilmente. Si el Papa dice que el Sol es ahora la Luna, los creyentes deben repetir a coro. Si, el sol es ahora la Luna. Y basta. Eso sería la mentada Fe cristiana.

Cualquier materia que rebatamos a un creyente, pastor o sacerdote tiene su explicación y se afirma, no en la historia, ciencia o investigaciones antropológicas, sino en algún dicho de la Biblia. Capítulos y versículos salen rápidamente a relucir, que explican científicamente hechos donde iluminados pastores y ancianos de épocas remotas, según estos escritos, dijeron, mencionaron, soñaron, o tuvieron una aparición o algún tipo de trastorno mental que provocó alguna visión o alucinación, que a través de los tiempos los fanáticos han convertido con esta fe ciega y sorda que los domina en una verdad monumental.

Eso que dijeron tales personajes al desgaire hace decenas de siglos, tal como cualquier cosa que usted o yo decimos a cada rato, debe creerse que es así porque está en la Biblia. Y nosotros, debemos conformarnos con el dicho de ese campesino o pescador iletrado e ignorante de una época de gran atraso cultural, de sociedades agrícolas que sucedieron a la Edad de las cavernas y que probablemente nunca nacieron ni vivieron en esta tierra, y que si así fue, seguramente jamás pensaron, reflexionaron o dijeron tales palabras, que la Biblia y sus escribas a través de muchos siglos han puesto paciente y ladinamente en sus labios.
Las religiones en general y en particular aquellas que como el cristianismo primero, con sus ramas católica y protestante y luego el Islam, se colgaron del libro sagrado de los israelitas, han tratado durante todo el periplo de su existencia de administrar ese mundo inexistente, poblado de seres irreales y de fantásticas locuras mágicas a la que llaman el mundo invisible, por la sencilla razón, que en este supuesto plano de la espiritualidad etérea y paralela, no tienen que demostrar nada y todo aquello que prediquen no puede tener contestatario porque ellos se han atribuido su legítima, única y total representatividad.
Por tanto pueden decir las inconsecuencias más abismantes, que desafían el raciocinio humano y rebajan el nivel de la inteligencia de los habitantes del planeta, asegurando que este mundo dual es más importante que el mundo real, que no solamente existe y dentro de él todas esas extrañas criaturas como los dioses, vírgenes, espíritus santos y los inefables ángeles alados que combaten contra los demonios, sino que quienes dudan de tal aseveración "carecen de ojos espirituales", "se niegan a ver  estas verdades tan manifiestas" y que por lo tanto...son candidatos seguros a quedarse fuera de LA VIDA ETERNA.
 
¿Y qué pruebas presentan? ¡ Ninguna! Solo manejan el viejo y manido cuento de las religiones paganas antiguas, de que hay que agradar a los dioses con ofrendas, con oraciones y sacrificios, para aplacar su ira y ser aceptados en su reino espiritual. Fácil receta para lo que no se necesita estudiar mucho, digo para comprender que hay gente que cree en cosas que no ve ni oye.  Pero claro, habrá muchos que dirán que una de las características de los curas, chamanes, sacerdotes o monjes especialmente católicos es estudiar para titularse como Teólogos, por supuesto en sus propias universidades Católicas, ya que estas disciplinas están fuera del saber universal.

Pero ello es algo de fácil explicación. Si no lo hicieran, cómo explicarían sus sacerdotes tanta sandez, fantasías y contradicciones de su caprichoso Dios apocalíptico; encontrar el “significado simbólico” a tantas declaraciones cretinas y desatinadas de sus prohombres, santos, patriarcas y doctores de la iglesia; explicar cómo Dios, la Iglesia y sus santos relegaron a la mujer casi en comparación con las bestias y su misogenismo está presente en todo el Libro Sagrado por siglos; ni siquiera hay mención de un solo ángel mujer.
Asegurar estrambóticamente cosas tan ilógicas y faltas de realidad cómo que en una entidad hay TRES DIOSES EN UNO SOLO; qué Jesús nació de una mujer humana virgen, sin relación sexual ni embarazo, que nació a su vez inmaculada, que lo era antes de nacer y que sigue siéndolo en el cielo dónde al igual que su hijo ascendió por los aires; creer ciegamente en milagros y maravillas, todos ellos dando crédito a visiones y alucinaciones de gente a todas luces enfermos mentales; tornar tantas supersticiones y supercherías en algo cotidiano de dónde se extraen parábolas y enseñanzas. Cómo explicar los millones de asesinatos durante quince siglos realizados en nombre de Dios por los sicarios del Vaticano, esos monjes de la Inquisición, y convencer a la gente, como dicen sus sabios y doctores modernos que sólo fueron un par de miles los llevados a la hoguera santa.

Y finalmente uniformarse en las formas y técnicas dialécticas y sofísticas, de acallar toda duda razonable y lógica, extirpando la raíz de una de las características más reconocibles de la raza humana como es su poder de raciocinio, para reemplazarla por la más oscurantista de las técnicas de lavado cerebral sobre sus creyentes, convenciéndoles a negarse a utilizar su inteligencia y raciocinio natural y remplazarlo en cambio por ese acto irracional del Acto de Fé.
Sin hablar del chantaje y temor a un Dios que vigila y castiga, amenazas de perdición del alma y oportunidad de vida eterna y particularmente tratar de convencernos de la idea inaudita, que sólo la Iglesia puede ayudarles intermediando directamente ante la divinidad gracias a su poder de golpear directamente “las puertas del cielo”, facultad que Dios les dio sólo a ellos, junto a la de administrar los bienes y fortuna de la congregación, que para agradar a Dios debe crecer a diario, para lo cual todos deben cotizar el diez por cientos de sus ingresos.
 
Qué son capaces de absolver en nombre de Dios todos los pecados. Qué a cambio de dinerillos u otros bienes tienen poder para acortar los sufrimientos de los parientes que están en “lista de espera” en el Purgatorio. Qué domingo a domingo en cada iglesia católica del mundo, (las demás iglesias de otras religiones afines están jodidas) Cristo se personifica en el milagro de la comunión. Aparece en cuerpo y espíritu y misteriosamente se entremezcla con las láminas de pan que hacen las monjitas y que llaman ostias y con el buen vino que los ricachones regalan al párroco.
Y en un acto de magia pura, se subdivide en una miríada de cristitos, que van a parar al aparato digestivo de los fieles. Por supuesto la porción más grande de Cristo va a depositarse al estómago del sacerdote oficiante, que devora la ostia más voluminosa que digiere con ayuda del vinito puesto generosamente en un copón de vino de oro, consagrado desde luego.

¿Para qué? - ¡Para que la gente siga creyendo en milagros, para mostrar el poder mágico del sacerdote, único ser en el mundo que puede hacer tal magia. Justificar una iglesia que cobra por sus servicios espirituales, por el bautizo e ingreso de recién nacidos sin voluntad propia a sus registros de miembros; por sus sacramentos, casamientos, misas fúnebres, acceso a sus cementerios exclusivos y discriminatorios. Por todo esto y otras cosas que no hay espacio de enumerar, pues es claro que estos chamanes deben estudiar bastante y conocer los trucos y artilugios, las frases y menciones correctas para contra argumentar sobre tantos flancos débiles, supercherías y carencias doctrinales!
Para hacer crecer este temor deben referirse una y otra vez al demonio, ese maligno ser que lucha a brazo partido con los ángeles y la Iglesia y sus monjes y monjas, que hacen intentos heroicos por salvar el alma de los fieles. Satanás pesca las almas y tira de ellas, los ángeles y los curas la toman del otro extremo y la aferran al cuerpo del cristiano. Nadie sino alguien que estudiara mucho esta ridiculez podría contestar coherentemente para que querría el Diablo sacarle a esta buena gente el alma del cuerpo si no tiene Infierno donde caerse muerto.

Claro que hay que partir viendo primero si existe el alma, otro engatusamiento que proviene del mundo invisible y que la ciencia y el saber humano aún no ha detectado en nuestro organismo. Los creyentes y a sus credos les conviene decir que existe, ya que si no fuera así el maldito no tendría que tironear. Y Dios se quedaría con sus cielos deshabitados.

¿Qué podría hacer el Demonio, este Ángel tan vitupereado con 7 mil millones de almas más otros tantos millones de los que han muerto antes?. Y sobre todo si la gente está viva.
¿Para llevarse el alma dónde? Podría comprenderse mejor este intento que el alma fuese peloteada por Dios y su pandilla, o Satán y sus secuaces, cuando uno estira la pata y el alma se supone nos abandona. Ese sería buen momento para agarrarla y apretar cachete.

Pero si uno está con vida, disfrutando de una fiesta por ejemplo y viene el diablo y te roba el alma, o te la compra o te hace alguna proposición que no puedes rechazar, ¿qué pasa? ¿Te quedas sin alma?
Debe ser espantoso quedarse sin alma en medio de una fiestoca animada.
 
De otra manera, ¿qué tanto problema se hace Dios con las almas si a casi todas las que ha conseguido, las tiene cociéndose a fuego lento celestial, encadenadas en zonas oscuras y pensando colocar muchas más en el infierno, ese sitio creado por Él para los humanos?

Por lo que se desprende de las lecturas bíblicas casi no hay habitantes en los cielos, solo ángeles y los santos y patriarcas antiguos que se salvaron de la ira de Dios y ahora pasan el calvario de estar cantando a todas horas y rindiéndole pleitesía a su soberano. Cuidándose de no causar su enojo, sino pasarán directo al infierno vecino.

Y aterrizando las cosas. ¿Cuál es en verdad la oferta de Dios? Nos tiene a todos espantados con las predicciones apocalípticas de sus evangelistas. Cómo no temer a esos ángeles, que más bien parecen demonios cómo los cuatro jinetes del Apocalipsis, cabalgando por la tierra y destruyendo todo a su paso, con bestias que se comen todo lo que se mueve y pestes que diezmarán a toda la humanidad.

Cada uno de estos jinetes celestiales, que ya dijimos parecen haberse parido en el más terrible de los infiernos, tiene solo características asesinas. Ni un átomo de piedad hay en sus ojos vacíos; son robóticos e insensibles al sufrimiento humano y derechamente descerebrados como los zoombies, pues su misión es aniquilar a justos por pecadores. ¡Cómo se aprecia aquí el estilo de Dios, que ya anticipó esa sed de sangre matando y sembrando el terror cuando estuvo en la tierra!

Esta doctrina de convencer por el terror se ve que ha sido provechosa para las religiones pero es a su vez muy peligrosa, porque cuando la gente entiende que todo ello es una falacia, tal doctrina cae en el olvido. En el mundo real años ha, la gente temía al marxismo porque sus apologistas decían que se basaba en destruir todo lo realizado por el capitalismo, para desde la ruina y las cenizas construir el nuevo mundo del socialismo.
Con la doctrina católica sucede lo mismo. Dios y sus Ángeles inmisericordes, asegura la Biblia, vendrán un día cualquiera, como un ladrón en la noche y matarán toda criatura viviente y destruirán totalmente su mundo, los mares se abrirán y desde el cielo seremos bombardeados por aerolitos incandescentes.
¿Por qué y para qué? Al parecer, porque Dios quiere nuestras almas igual que el Diablo. Pero no las quiere a todas, solo algunas que le interesan, tal vez un 0,1 por ciento de las existentes, en verdad las escrituras dicen que solo irán al cielo con Cristo 144.000. (revelacion cap 7 versiculo 4 : "Y oí el número de los que fueron sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, sellados de toda tribu de los hijos de Israel"
El resto se irá al Infierno, porque sería una utopía que después de este Argamedón quedase nadie vivo o a salvo de la furia asesina de esos espantajos de Dios que cabalgarán por la tierra. En ese día aciago, también Satanás será llevado al Infierno.
Eso me huele a un trato entre enemigos. El 99,9  por ciento de las almas, que serían de los pecadores se irá al Infierno ahora ocupado por Satán, que por supuesto irá de Mánager. El 0,1 por ciento, se irá con Dios a sus cielos. Vaya cosa.

viernes, 27 de enero de 2012

Sabios que no son tan sabios


Comentábamos en el artículo anterior, que la Edad Media sumergió a la humanidad en una etapa oscura, retrógrada, pacata y falsa, donde los adelantos científicos y culturales alcanzados fueron dejados de mano y reemplazados por filosofías y concepciones confesionales erradas o disparatadas, que obligaban a la sociedad medieval a hacerlas suyas so pena de ser declarados herejes, privarles del status de cristiano y ser condenados a la tortura física o ser asesinados ellos y sus familias, por medios totalmente salvajes y deshumanizados como eran el desmembramiento del cuerpo, el empalamiento, la horca, la guillotina o la hoguera.

Ya decíamos que en tales tiempos especialmente en la Europa occidental, la hegemonía del cristianismo y en particular el poder adquirido por la Iglesia Católica y su extremo conservadurismo ideológico, hizo perder o sumir en el olvido los tratados científicos de la antiguedad clásica por el solo hecho que la jerarquía eclesiástica obtusamente se resistía a estudiar los escritos griegos, sino solo aquello que viniera en latín, y las traducciones existentes en este idioma eran muy pobres. Por lo tanto, lo que se conoce ostentosamente como ciencia medieval se refiere solo a los pocos avances que realizaron los monjes mal llamados "sabios" en el campo de la filosofía natural, consistente en las explicaciones que estos mismos "sabios medievales", con sus escasas luces y la vista fija en la Biblia se dieron, para explicar los fenómenos del universo, estudios y teorías, casi todas tendenciosas y dogmáticas que hoy, debido precisamente a su inconsistencia y poco alcance sino total inexactitud, son consideradas absolutamente obsoletas y sin aplicaciones prácticas.
Esto es preciso entenderlo meridianamente. No hay ningún aporte valedero de los sabios católicos en esos quince siglos de historia de la humanidad, salvo tonteritas del campo teológico, que solo sirven para mencionarlas como anéctotas bizarras. Y los que hay y que la Iglesia se adjudica como sus prohombres, corresponden justamente a ex eclesiásticos, hombres cultos e inteligentes, que al exponer sus ideas, fueron perseguidos, condenados y la mayoría quemados en la hoguera santa por herejes, como es el caso de los monjes Roger Bacón y Giordano Bruno, por nombrar algunos de las decenas que fueron inmolados por diferir de la Iglesia.

Roger Bacon (1214-1294), filósofo, científico, alquimista y teólogo franciscano inglés, conocido como Doctor Mirabilis, doctor admirable, que es considerado uno de los primeros pensadores que propusieron el método científico, poniendo en crisis la escolástica, que era la corriente teológico-filosófica dominante del pensamiento medieval.
Cayó en desgracia y fue acusado por la Inquisición de brujería y encarcelado por la Orden Franciscana en 1278 en Ancona por su difusión de la Alquimia árabe y sus protestas por la ignorancia e inmoralidad del clero, permaneciendo diez años encarcelado y privado de contactarse con el mundo exterior, sólo pudo comunicarse con sus colegas intelectuales mediante cartas.
En sus escritos, pedía una reforma de los estudios teológicos. Proponía poner menos énfasis sobre cuestiones filosóficas menores, como el Escolasticismo. Rechazó el seguimiento ciego de las autoridades precedentes, tanto en el campo en el estudio teológico, como en el científico. Lamentó la corrupción de las sagradas escrituras e instó a los teólogos que tenían fama de sabios, a estudiar las lenguas en sus fuentes originales. Urgió a todos los teólogos a estudiar intensamente todas las ciencias y añadirlas a su pobre curriculum universitario. Su frase más famosa fue "la matemática es la puerta y la llave de toda ciencia".
Giordano Bruno, (1548-1600) fue un astrónomo, filósofo, religioso y poeta italiano. Sus teorías cosmológicas superaron el modelo copernicano proponiendo que el Sol era simplemente una estrella, así como que el universo había de contener un infinito número de mundos habitados por seres inteligentes. Fue condenado por herejía por la Inquisición Romana y quemado en la hoguera en 1600.
Al oír la sentencia dijo a los inquisidores "Es posible que vuestro miedo al sentenciarme, sea más grande que el mío al ser sentenciado". En la soledad de su calabozo, poco antes de ser quemado escribía: "Tengo 52 años. Quizás hubiera podido prolongar mi vida otros 20 años de haberme sometido a la voluntad de la Iglesia como otras veces ya lo he hecho. Tendría que admitir como verdaderos los errores de los teólogos, pedirles perdón, solicitar su absolución. !No! esta vez me mantendré firme en mis convicciones".

Por tal razón esta Edad Media, en sus períodos de Edad Media Antigua, Edad Media Clásica y Edad Media Tardía, que duró desde el siglo V al XV dominada estrictamente por la Iglesia romana y sus "sabios", todos ellos eclesiásticos, se conoce como Edad de las Tinieblas, denominándose también como época de "barbarismo", de gran "ignorancia", "oscuridad", o período "gótico", "noche de mil años" o tiempos "sombríos", calificativos absolutamente consecuentes, que por mucho que los pensadores cristianos, teólogos, historiadores, sociólogos y filósofos posteriores, más la cúpula vaticana, herederos por antonomasia de tales sabihondos de mentirijillas, hayan hecho esfuerzos persistentes en los siglos posteriores hasta el presente, por tender un espeso velo sobre el proceso medieval, tergiversando y entregando explicaciones espúreas de tan terrible realidad, nunca lo han logrado.
Y una de las razones que colaboró a fijar en la memoria colectiva este baldón oscuratista, quizás tan poderosa como el desdeñamiento que se hizo de la ciencia y la razón para buscar explicación a los fenómenos atingentes a la naturaleza y al hombre y preferir en cambio la guía de doctrinas, tradiciones y mitos enraizadas en religiones y dioses, fue el apego de la jerarquía eclesiástica por las formas más primitivas de superstición popular ligadas a la magia y brujería.

Y ello porque la brujería, que engloba sinónimos como hechicerías y maleficios malignos, es y ha sido una forma de superveniencia de los ritos y creencias paganas anteriores al cristianismo, que a pesar que jamás ha dejado de tener latencia en el seno de todas las religiones, precisamente por el elemento fantástico y mitológico que conlleva, constituyó la razón del éxito del monoteismo, al combatirlas sangrientamente y concentrar la fe en un solo sentido, reemplazando en cierto modo el cúmulo de supercherías por una sola, la religión única que las contenía a todas, pero modigerándolas, encauzándolas y entregando una explicación cosmogónica a sus seguidores para preferirla.
Resultó pues un grave contrasentido, que siendo las supersticiones fuertemente reprimidas por el cristianismo desde Cristo hasta bien entrado el siglo V, constituyendo el Corpus de la doctrina católica, entregándole estabilidad y credibilidad a la Iglesia y sus patriarcas, de pronto aquello que se combatía y negaba pasó a ser incorporado como parte fundamental del credo, permitiendo el resurgimiento de la doctrina demoníaca, la idolatría y los brujos y con ello, el reconocimiento tácito de la Iglesia, que en esta larga lucha entre el dios todopoderoso y su eterno enemigo, el demonio estaba resultando vencedor.
Ya antes del siglo V, desde el inicio del cristianismo y también en la antiguedad clásica, esta creencia en la existencia de brujas era compartida por la sociedad. La Lex Sálica o Ley Sálica, de origen merovingio que principalmente trataba sobre compensaciones monetarias y leyes civiles, en tiempos del rey Clodoveo (476- 496), decía:
“Una bruja que haya comido carne humana y sea convicta, pagará ocho mil denarios.” El Código de Carlomagno por otra parte, decretaba la prisión para encantadores y brujos no arrepentidos. Entre los personajes que creían en su existencia tenemos a Beocio, el autor de “La Consolación de la Filosofía”; Beda, monje copista inglés, y desde luego el inponderable San Isidoro de Sevilla. Pero esta obsesión con los demonios y las brujas llegó a su cenit cuando el propio Papa de la época Inocencio VIII, con su famosa Bula de 1484, declaró: “Ha llegado a nuestros oídos que miembros de ambos sexos no evitan la relación con ángeles malos, íncubos y súcubos, y que, mediante sus brujerías, conjuros y hechizos sofocan, extinguen y echan a perder los alumbramientos de las mujeres”. "Y con sus encantamientos, hechizos y otros execrables embrujos y artificios, enormidades y horrendas ofensas, han matado niños que estaban aún en el útero materno". .."lo cual también hicieron con las crías de los ganados; que arruinaron los productos de la tierra, las uvas de la vid, los frutos de los árboles; más aun, a hombres y mujeres, animales de carga, rebaños y animales de otras clases, viñedos, huertos, praderas, campos de pastoreo, trigo, cebada y todo otro cereal; estos desdichados, además, acosan y atormentan animales de carga, rebaños y animales de otras clases, con terribles dolores y penosas enfermedades, tanto internas como exteriore; impiden a los hombre realizar el acto sexual y a las mujeres concebir..."

Este mandato del Papa prestando credibilidad a tales imbecilidades y supersticiones, obedecido por reyes y emperadores e incorporado como ley en sus Estados, dió inicio al período de terror mas brutal de la historia humana, con la sistemática pesecución, acusación, tortura y ejecución sumaria por parte del Santo Ofico y sus monjes inquisidores a todos aquellos que fueran encontrados culpables de aquello que San Agustín había descrito como "una asociación criminal del mundo oculto".
El Papa comsionó a los teólogos e inquisores Kramer y Sprenger para que escribieran el resultado de sus estudios, resultando ello en el Malleus Maleficarum, “martillo de brujas”, descrito con razón como uno de los documentos más aterradores de la historia humana. La demonología que el Malleus Maleficarum contenía, presuntamente servía para identificar los poderes de brujas y brujos, sus vínculos con el diablo y las relaciones sexuales de las brujas con los incubos y de los brujos con los sucubos.

Ello dió pábulo a una histeria colectiva que significó la muerte de millones de personas a través de toda Europa. Algunos estudiosos estiman que entre las mujeres hubieron tal vez 9 millones de ejecuciones, todas acusadas de servir al Príncipe de las Tinieblas y no solo fue la Iglesia Católica quién ejecutó tal barbarie sino que además se sumaron a esta caza de brujas su contraparte protestante, quienes hicieron gala de un entusiasta y fanático empeño por quemar en la hoguera santa el mayor número de brujas en el período conocido como Contrarreforma. La misma Biblia aconsejaba: "No dejarás que viva una bruja".

Es importante entender que la prepotencia eclesiástica y la soberbia de la Iglesia de su pretendido saber, provenía de su vida monástica. Mientras la Europa se debatía en guerras y afrontaba plagas que mermaban la población y provocaban profundo desaliento en la sociedad y la clase política se debatía en confusiones socio políticas, básicamente provocadas por sus gobernantes poco preparados para la conducción de sus pueblos, los conventos, monasterios y retiros cristianos fueron los únicos enclaves donde existía un rígido estudio de los libros y escrituras sagradas, junto a reglas durísimas de sacrificios, flagelaciones y renunciamientos para consolidar el celibato, estudios que dogmáticamente daban más prioridad a la fé y a los escritos bíblicos destinados a la salvación de las almas, que al desmenuzamiento o investigación rigurosa de los fenómenos y desafíos que presentaba la naturaleza.

La iglesia había adoptado como verdad oficial las ideas de Tolomeo, astrónomo griego del segundo siglo que vivió en Egipto. Tolomeo había declarado (equivocadamente) que nuestro planeta era el centro del universo. Sin embargo en su teoría había algo correcto, él creía que la tierra era una esfera, tal cual lo habían deducido antes otros sabios de la antiguedad.
Entre otros Aristóteles, quién más de 300 años antes del nacimiento de Cristo, había determinado que el planeta debía ser una esfera después de un eclipse. Él explicaba que sólo un orbe podía proyectar una sombra circular sobre la Luna, claro está que él también, como varios científicos de esa época era partidario de la teoría que la tierra era el centro del Universo.

La religión oficial del segundo siglo aceptó el concepto geocéntrico de Tolomeo, seguidor de Aristóteles, pero finalmente sus teólogos rechazaron su creencia de que la Tierra era esférica porque la Biblia decía lo contrario.
En verdad Tolomeo, basándose en la física de Aristóteles en la cual no tenía cabida una rotación de la Tierra sin que ésta resultase violenta y convulsa, adoptó el modelo de que las estrellas se movían en la noche porque se encontraban encerradas en unas esferas cristalinas giratorias, perfectas y transparentes. Siglos después, como todo en la Edad Media, el modelo geocéntrico de Tolomeo seguía firmemente apoyado por la Iglesia, de tal forma que ayudó a frenar considerablemente el progreso de la astronomía durante los siguientes mil años.
Los teólogos no obstante, a pesar de estar de acuerdo en cierto modo con la teoría de Tolomeo, escogieron basar su doctrina al respecto, apoyando las absurdas afirmaciones geográficas de Topographia Christiana, un tratado del monje egipcio Cosmas Indicopleustes (547), quien decía que el Arca de la Alianza representaba el conjunto del universo, argumentando en su base teológica que la Tierra era plana, un paralelogramo encerrado por cuatro océanos, tal cual Dios le había explicado una vez a Moisés en el Monte Sinaí cuando le ordenó cómo construir exactamente el Tabernáculo.

El Tabernáculo era tanto para los profetas como para los apóstoles según Cosme, una copia fiel del Universo, la imagen misma del mundo visible y por tanto no era extraño para los antiguos judíos que el mundo se pareciera a una tienda de campaña con una base rectangular, con un techo abovedado con el apoyo de pilares. Se acompaña el dibujo de Cosme que aparece en Topografía Cristiana, de su creencia de cómo era la tierra en su interpretación literal de la Biblia.
En total desacuerdo con todos quienes creían en las antípodas, defendía a brazo partido lo que decían las escrituras respecto de una tierra plana, idea sobre la que trabajó muchos años y al igual que muchos fundamentalistas de la época se negaba a creer en la existencia de una parte habitada del mundo separado de la cristiandad por un cinturón tórrido cerca del Ecuador. La teoría de una región, que se encuentra en algunos de los escritos paganos de los antiguos griegos y más tarde en escritos de Macrobio, Isidoro y otros continuadores del pensamiento pagano, eran para él imposibles por dos razones. En primer lugar, la región sería inhabitable debido al calor abrasador. En segundo lugar, los habitantes no podrían ser descendientes de Adán, ya que no tuvieron relación con los únicos supervivientes del Arca de Noé. Indignado, decía: "no se sonrojan al afirmar que hay personas que viven en la superficie inferior de la tierra. . . Pero si uno desea examinar más detalladamente la cuestión de los antípodas, fácilmente se encuentra con que son fábulas de viejas. Porque si dos hombres en lados opuestos colocando las plantas de los pies de cada uno contra cada uno, tanto si deciden estar en la tierra o el agua, el aire o el fuego, o cualquier otro tipo de cuerpo, ¿cómo podrían ser encontrados en posición vertical? No hay duda que uno se encontraría en posición vertical natural, y el del lado contrario cabeza abajo. Estas nociones se oponen a la razón y son ajenos a nuestra naturaleza y condición".

En 1543 el clérigo y astrónomo polaco Nicolás Copérnico, después de muchos años de estudio, más de 25, presentó su tésis que situaba al sol como centro del universo, en donde los planetas, incluida la Tierra, trazaban sus órbitas alrededor del Sol, quedando la tierra degradada a la categoría de un planeta más. Esta teoría fue rechazada inmediátamente por la Iglesia. Para los intelectuales de la edad Media este concepto fue un balde de agua fría y la Iglesia llamó a Copérnico a rendir cuentas sobre tal disparate. Después que Copérnico presentó la prueba a los dirigentes de la educación y la religión, sus teorías recibieron solo burlas y sonrisas irónicas y el fallo de los sabios examinadores fue que todo ese asunto era ridículo. La iglesia oficial por su parte lo calificó de apóstata por desafiar la sabiduría general, incluyéndose su trabajo Revoluciones de los Cuerpos Celestes por la Inquisición, en la lista de libros prohibidos en 1616, donde permaneció en tal calidad hasta 1835. Copérnico murió sin ver su obra publicada.

El sistema heliocéntrico de Copérnico no obtuvo suficiente atención, hasta que Galileo Galilei descubrió pruebas tangibles para defender esta teoría. En 1609, Galileo fue uno de los primeros en observar los planetas a través de un telescopio; pudo comprobar como algunos planetas giraban alrededor del Sol y no de la Tierra. Galileo comenzó entonces a escribir y publicar en favor de la teoría de Copérnico, pero el intento de difundirla le llevó ante un tribunal de la Inquisición, el cual le obligó a renegar de sus creencias y escritos bajo acusación grave de herejía. A pesar de ello, la teoría de Copérnico no pudo ser eliminada. La obra de Copérnico sirvió de base para que, más tarde, Galileo, Brahe y Kepler pusieran los cimientos de la astronomía moderna.
Esta defensa de Galileo de la teoría de Copérnico, fue el comienzo del desmoronamiento que desacreditó ante los ojos del mundo la creencia que la Biblia contenía la verdad por ser la palabra inspirada de Dios. Ahora la gente comprendía que las Escrituras estaban erradas y que por lo tanto ya no podían ser una fuente confiable de legítima autoridad. El conocimiento de que la Tierra no es el centro del universo tardó en ser aceptado. En algunos lugares los dirigentes religiosos se negaron a admitir la nueva verdad por más de 300 años después del descubrimientos de Copérnico. Con sus descubrimientos, Galileo ganó para la ciencia el reino de los cielos despojando a la iglesia de la hegemonía que se había autoadjudicado. Esa fue la razón de la odiosa persecución de la Iglesia en la persona del anciano Galileo que dura hasta el día de hoy, acusándole de hereje y manteniéndolo bajo la custodia de la Inquisición encerrado en sus habitaciones hasta su muerte. Ese fue también el temor de asesinarle como a la miríada de científicos a quienes llevó a la hoguera, porque ahora la óptica de la sociedad había cambiado.

Durante siglos el mundo occidental aceptaba y reconocía La Biblia como la base de todo conocimiento, incluso las ciencias;  más los adelantos científicos y la tendencia humanista dieron origen a dudar de las enseñanzas que el clero católico había impuesto ladinamente, surgiendo un gran escepticismo respecto de su liderazgo al comprender que se encontraban muy atrasados respecto al resto del mundo en el conocimiento básico del universo
Solo al iniciarse el período conocido como Renacimiento, los eruditos y también la sociedad medieval lograron entender, que la mayor parte de sus concepciones sobre el origen del mundo y aquello que les habían obligado a creer como verdades fundamentales, solo eran supercherías.

Solo el sometimiento a una total ignorancia y a una dictadura ideológica tan feroz, sangrienta y caprichosa como la estructurada por la Iglesia Católica, lavando el cerebro de las gentes y sumergiéndolos en falsas deidades y diversas supersticiones, había sostenido un régimen tan negativo y retrógrado en el poder. Los reyes y sus atribuciones terrenales y divinas también se resintieron dando paso a formas más racionales de gobierno. Por fin otro aire soplaba para el mundo occidental, para las artes, la economía, la moral y las ciencias.

Hoy, aún es difícil explicarse tal decaimiento de la sociedad, esa ignorancia impenetrable, esa flojedad moral e intelectual en que cayeron tantos reinos y países al mismo tiempo. Por mucho que se diga que a este tiempo perdido de la humanidad se le llame Edad del Oscurantismo, es necesario interiorizarse en los cómo y los por qué. Baste saber como inicio, para formarse una idea de estos tiempos y explicarse el predominio de un fraile sobre un rey y los cortesanos, conocer que el más grande de los reyes y conquistadores medievales, el todopoderoso Carlomagno, que después incluso fue santificado...no sabía escribir.
Son los tiempos en que San Agustín de Hipona, muy suelto de cuerpo, afirmaba que hay animales que nacen de la tierra, como por ejemplo las ranas y acude para confirmar su aseveración al pasaje del Génesis 1,24 en que Dios ordena a la tierra que produzca animales.
En uno de sus escritos afirmaba en relación a que en la otra mitad del mundo hubiera vida que: "Es demasiado absurdo decir que algún hombre puede haber tomado un barco y viajado a través de todo el ancho océano, y cruzado desde este lado del mundo al otro, y que por tanto incluso los habitantes de esa lejana región puedan descender de ese hombre primigenio"... "sobre la fábula de que existen los Antípodas, es decir, hombres que viven en el lado opuesto de la tierra, donde el sol se levanta cuando para nosotros se pone, hombres que caminan con sus pies opuestos a los nuestros, eso no es creíble en modo alguno".

Por su parte el monje Beda opinaba: "Tampoco hay que creer en las leyendas de los antípodas, ni en la idea de que alguien tenga pruebas (vistas, oídas o leídas) de que sea posible pasar por la intensa calor etíope y, dejando a sus espaldas el sol septentrional, encontrar allí tierras habitables de clima templado".

San Isidoro, siempre tan confuso e inseguro en sus juicios escribía en sus Etimologías (XIV, V, 17): "Además de estas tres partes del mundo hay una cuarta, más allá del océano y en el sur desconocido a nosotros a causa del calor del sol, allí, según las leyendas, se ubican las antípodas habitadas".

En tales tiempo, nadie se perdía los relatos de Odorico de Pordenone (1265-1331) conocido también como Apóstol de los Chinos, escritor y viajero, misionero franciscano, uno de los mentirosos más versátiles de la edad Media, al estilo de Mandeville y sus libros de maravillas, quien haciendo su trabajo apostólico atravesó Asia desde el mar Negro hasta el extremo oriental de China, empleando en el recorrido unos doce años.
Uno de sus relatos, quizás el menos fantasioso, describe la entonces desconocida isla de Ceilán, llena de serpientes, extraños animales y grandes elefantes. Allí asegura, que hay un monte donde Adán lloró cien años por su hijo. En la cima, las lágrimas de Adán y Eva forman un lago de piedras preciosas, pero también de sanguijuelas. De este lago nace un río donde hay gran cantidad de rubíes, diamantes y perlas, que hacía pensar que se estaba en las inmediaciones del Paraíso, en los dominios de Preste Juan.
El rey de la isla no obstante permite a sus súbditos sumergirse y coger tales piedras preciosas del fondo una vez al año. Del lago nace un río donde proliferan los rubíes y diamantes.
Después de visitar la tierra del mítico Preste Juan y del falso Paraíso del viejo de la montaña, Odorico llega a un valle que llama valle peligroso ubicado un poco más arriba del río de las delicias. Cuenta que allí había muchos cuerpos muertos, muchos tormentos y mucho dolor. El valle tiene 8 millas de largo. El fraile curioso, penetra en el valle donde encuentra encima de una montaña una cabeza de muerto que le produce gran pavor. Al subir el monte arenoso encuentra allí mucha plata que se puede coger.
Los rumores sobre sus viajes maravillosos y los milagros póstumos que se le atribulleron, se extendieron como reguero de pólvora por todas partes a mediados de siglo, pero no fue hasta cuatro siglos más tarde (1775) que el Papa Benedicto XIV lo beatificó, siendo hoy otro de los famosos santitos de la Iglesia Católica.

Lucio Cecilio Firmiano Lactancio (245-325), escritor latino y apologista cristiano discípulo del maestro africano de retórica Arnobio, muy conocido por sus obras, entre ellas De Ira Dei (Sobre la Ira de Dios), donde sostiene que la ira es un componente necesario del carácter de Dios que debe repartir justo castigo contra los malhechores. Tiempo después de su conversión al cristianismo y su rechazo de la filosofía griega, calificó de "locura" la idea antípoda, al argumentar que la gente en el otro lado del mundo no "obedecería" a la gravedad. Se preguntaba: "¿Existe acaso alguien tan insensato como para creer que hay personas cuyas huellas están más altas que sus cabezas? ¿Que las simientes y los árboles crecen cabeza abajo? ¿Que las lluvias y las nieves caen hacia arriba hacia el suelo? No tengo palabras para dar a aquellos que, una vez que han errado, perseveran insistentemente en su locura y defienden una cosa vana tras otra."

San Cirilo de Jerusalén (315-386) veía la Tierra como un firmamento flotando en el agua; San Juan Crisóstomo (344-408) creía que una Tierra esférica era contradictoria con el contenido de las sagradas escrituras; Diodoro de Tarso (fallecido en 394) también defendía la idea de una Tierra plana basándose en las escrituras; sin embargo, la opinión de Diodoro solo ha llegado a nosotros a través de una crítica de la misma realizada por Focio.
Severiano, Obispo de Gabala (fallecido en 408), escribió: "La Tierra es plana, y el Sol no pasa bajo ella durante la noche, sino que viaja a través de las zonas del norte, como si estuviera oculto por un muro."
El Obispo Virgilio de Salzburgo (700-784) fue víctima de persecuciones por haber enseñado "una perversa y pecaminosa doctrina... contra Dios y contra su propia alma" acerca de la forma esférica de la Tierra. El Papa Zacarías declaraba que "si resulta claramente comprobado que ha dicho que debajo de la tierra hay otro mundo y otros hombres, y otro sol y otra luna, hay que convocar un Concilio para privarle del sacerdocio y expulsarle de la Iglesia."
Impúdicamente, frente a todas las determinantes pruebas registradas a través de siglos, la Iglesia ha desarrollado una campaña movilizando todas sus influencias y medios para que sus adalides, eclesiásticos, miembros de sus brazos laicos, como el Opus Dei y otras decenas de organizaciones de caballeros cruzados, escritores cristianos, filósofos, historiadores y pensadores, muy bien remunerados y colocados en prestigiosas universidades católicas europeas y norteamericanas, rompan lanzas y desmientan en sus libros que la Iglesia creía en la Edad Media que la tierra era plana; que jamás la Biblia sostiene tal cosa; que los monjes, esos hombres sabios y buenos, no quisieron decir lo que dijeron pués todos los hombres cultos de la época, (¿?) salvo algunos desubicados sabían que la tierra era esférica; que hay una campaña desde el siglo 19 contra la santa Madre Iglesia; y que por el contrario, la Edad Media fue una época progresista y magnífica donde los adalides de las ciencias eran los frailes, utilizando para ello, cómo único argumento, repetido una y otra vez, a la manera de los rezos (por si los incautos caen en el garlito) que tanto en la Biblia como en los dichos por muchos de sus más preclaros hombres santos, se menciona hasta la saciedad que la tierra era circular o redonda. Y aquí viene la mentira: Qué en hebreo antiguo, o en sánscrito o en las lenguas perdidas, a veces, también aquello significaba esférico...

Pero redonda o circular no significa esférico. Desde la más remota edad en que se definieron los cuerpos geométricos ha sido así. Una moneda es redonda, un anillo también lo es, pero una esfera es algo muy distinto. Según la Rae un cículo, es una área o superficie plana contenida dentro de una circunferencia. Y una esfera es un cuerpo geométrico limitado por una superficie curva cerrada cuyos puntos equidistan de otro interior llamado centro de la esfera.
¿Creerán tal vez que la gente es zonza?, ¿Que no lee la historia ni tiene memoria...?

Y una cosa más, estos "estudiosos cristianos" nada argumentan sobre la creencia generalizada medieval y también de otras sociedades anteriores sobre los antípodas. ¿Por que?
Sencillamente, porque cuando se negaba y decía que era insostenible que al otro lado de la tierra hubiera gente de cabeza, como pensaban todos los papas de esos siglos y más del 90 por ciento de los llamados sabios cristianos, o bien, que no podía ser que la planta de los pies de las gentes coincidieran con la planta de los pies de la gente del otro lado de la tierra, ello implica la comprobación más elocuente de la creencia medieval de la tierra plana, por que tal situación no podría producirse si se hablase de una esfera, y así era cómo se dibujaba en los mapas terráqueos y otros documentos y contra ésto tales pensadores no tienen argumentos.

Y claro, como ya lo hemos expuesto en otros artículos, la concepción bíblica, que no ha podido ser negada porque se puede demostrar facilmente que así es, indica que tal cual venía ocurriendo con los sumerios y babilonios y luego con los cristianos, el universo físico era una rodaja de tierra, como un disco plano flotando sobre un campo de agua. Agua por encima, agua por los lados y agua por abajo.
Las columnas que afirmaban este trozo de tierra redondo y plano, estaban profundamente enraízadas en un mar misterioso y abismos insondables y eran el punto de apoyo de las montañas, pero especialmente sostenían la cúpula o bóveda del cielo. Esta era una cúpula dura, metálica, de algún material muy resistente que daba forma al cielo o firmamento. Desde allí se supone que Dios vigilaba su obra y nada escapaba a su ojo inquisidor. En Isaías, en 40:22 se dice que Dios,"se sienta en el círculo de la tierra". En esos tiempos, Dios estaba concebido como un humano, con figura antropomorfa, de grandes poderes que le permitían desplazarse en el tiempo, sentado en un gran trono allí en la bóveda del círculo de la tierra, en su reino acuático.

En este comentario se centra la argumentación cristiana, sus historiadores y defensores para decir porfiadamente que la Biblia sostiene que la tierra es esférica. Pero ya dijimos que eso es una falacia. Ni el círculo puede ser considerado una esfera ni había en este concepto bíblico de cómo Dios creó la tierra nada esférico, sino como vemos solo una bóveda, como una carpa asentada en la tierra plana, que a lo más viene a ser media esfera, la mitad de una esfera. Por tanto esta aseveración no puede ser más falsa e inicua.
Y para mayor abundamiento, ¿cree alguien, que si las escrituras dicen que la tierra era plana, habría algún Papa, Cardenal u Obispo o la sociedad medieval, por mucho que tuvieran alguna ilustración que pensara lo contrario, que fuera en contra de la palabra de Dios?
Allá arriba, por la parte interna de la bóveda estaban las estrellas, el sol y la luna, pegadas a ella como si se tratara de adornos de navidad y además había unas compuertas, que eran las que permitían la filtración de las aguas. Tales aguas eran las que estaban sostenidas encima de la cúpula celeste, sobre el firmamento, llamadas también aguas superiores.
Estas son las aguas sobre el firmamento que se mencionan en el Génesis 1. Por estas compuertas sale la nieve y el agua de lluvia y también las que provocaron el diluvio. Sirvieron además para derramar azufre y fuego sobre las ciudades de Sodoma y Gomorra. Funcionaban por voluntad de Dios y de allí, desde el cielo venían las bendiciones o las desgracias según fuera el estado de ánimo del creador. Si todo iba bien, las lluvias regulares hacían crecer los sembrados, si se desataba su ira, las tormentas y las inundaciones destruían las cosechas y las viviendas y si había negación de agua, los animales morían y las gentes sufrían de sed.
La tierra también drenaba hacia las profundidades el agua sobrante, hacia el inframundo, ese mar inferior donde estaba situado en el lugar más recoleto, la casa de los muertos, un lugar llamado Sheol donde las almas esperaban el día del juicio final, el que después fue identificado como el infierno.
En la antiguedad, el cielo se concebía cercano, a una altura alcanzable por el hombre, dado que el creador podía mirarlos constantemente desde la cúpula o círculo del cielo. De allí nace la leyenda de la Torre de Babel.
En ella se cuenta que los hombres llegaron a un territorio que llamaron Babel y decidieron construir una gran torre, cuya cúspide llegara hasta el cielo, desafiando los límites terrenales que ellos poseían. Esto despertó la ira de Dios, viendo el orgullo y la insolencia que esto significaba, pues se dió cuenta que la razón de su decisión era que hablaban un mismo idioma y que lograrían su cometido. Entonces para confundirlos les dió diferentes lenguas, es decir idiomas. Por tanto estos obreros de la obra no lograron entenderse entre ellos y no pudiendo comprender las órdenes de los arquitectos abandonaron los trabajos. Así los dispersó Jehovah de allí sobre la faz de toda la tierra y se supone que esta es la razón por qué existen tantas lenguas.

Con esta fábula que aparece en Génesis 11:2-9, queda claro que Jehová se arrepintió de haber dado una sola lengua a los hombres y que es un Dios celoso y colérico, que desde luego creía posible que la Torre llegara hasta su territorio celestial y eso es lo que le molestaba, porque si ello fuese una empresa imposible solo le movería a risa o no le importaría un comino. Otra conclusión, es que tal bóveda celeste ostensiblemente estaba muy cerca, sino los hombres no emprenderían la empresa de llegar hasta allí. De hecho, hay una especie de segundo capítulo de esta leyenda que se encuentra en el Libro apócrifo de Baruc 3: 7, que relata que la torre se construyó con el tiempo y los constructores lograron llegar a la parte inferior del cielo y trataron de penetrar a través de la superficie metálica con un tornillo sin fin.
No era para nada extraño que el hombre considerado instruido en la Edad Media fuese siempre un clérigo, cuya erudición comprendía la lengua del latín además de la propia, lo que no obstante reducía su conocimiento de la literatura clásica griega respecto de la fenomenología científica, astronómica, la biología o las matemáticas, ya que las traducciones de que disponía este idioma griego clásico al latín era no solo escasa, sino poblada de errores conceptuales por las torcidas interpretaciones y tergiversaciones realizadas por los monjes copistas que las tradujeron.

No ocurrió así en otras latitudes. Por ejemplo en Oriente Medio y en particular en el mundo islámico la Edad Media se conoce cómo la Edad de Oro, un período de gran ilustración entre los siglos VII y VIII especialmente, que duraría hasta el siglo XV, en que prosperaron la civilización y la sabiduría islámica merced posiblemente a la uniformidad de la lengua árabe, que permitía la comunicación sin necesidad de un traductor, lográndose las traducciones de los textos griegos de Egipto y el Imperio Bizantino así como los textos en sánscrito de la India fluidamente.
Los eruditos islámicos utilizaron los trabajos anteriores en medicina, astronomía y matemáticas como cimientos para desarrollar nuevos campos como la alquimia. En las matemáticas, el erudito islámico Muhammad ibn Musa al-Jwarizmi dio nombre a lo que ahora llamamos algoritmo y a la palabra álgebra (que procede de al-jabr, el principio del título de una publicación suya en la que desarrollaba un sistema de resolución de ecuaciones cuadráticas.
Investigadores como Al-Batni (850-929)) contribuyeron a los campos de la astronomía y las matemáticas, y Al-Razi a la química. Algunos ejemplos de los frutos de estas contribuciones son el acero de Damasco y la Batería de Bagdad. La alquimia árabe resultó ser una inspiración para Roger Bacon, y más tarde a Issac Newton. También en la astronomía, Al-Batani mejoró las mediciones de Hiparco, conservadas a través de la obra de Claudio Ptolomeo Hè Megalè Syntaxis, (El Gran Tratado), que fue traducido al árabe como Almagesto. Alrededor del año 900, Al-Batani mejoró la precisión de las medidas de la precesión del eje de la Tierra, continuando de esta forma la herencia de un milenio de mediciones en su propia tierra ( Babilonia y Caldea - el área que ahora es Irak).
Parecido ocurría en China, donde en el mismo período de letargo intelectual de Occidente bajo la tutela del Catolicismo, en el este de Asia florecía la inventiva y los descubrimientos.
Según el investigador Josepph Needham, los chinos realizaron muchos inventos y descubrimientos primerizos. Algunas innovaciones tecnológicas chinas de importancia fueron los primeros sismógrafos, cerillas, el papel, el hierro colado, el arado de hierro, la sembradora multitubo, el puente colgante, la carretilla, el empleo del gas natural como combusible, la brújula, el mapa de relieve, la hélice, la ballesta y la pólvora y específicamente en la Edad Media el barco de palas, la impresión xilográfica, los tipos móviles, la pintura fosforescente, la transmisión de cadena, el mecanismo de escape y la rueda de hilar.
El cohete de combustible sólido fue inventado en China alrededor de 1150, aproximadamente 200 años después de la invención de la pólvora (que era su combustible principal) y 500 años después de la invención de las cerillas. A la vez que la Era de los Descubrimientos se desarrollaba en Occidente, los emperadores chinos de la dinastía Ming también enviaron barcos a explorar y algunos incluso alcanzaron África y América. Pero aquellas empresas no pudieron seguir financiándose, deteniendo la exploración y el desarrollo posteriores. Cuando las naves de Magallanes llegaron a Brunei en 1521, encontraron una ciudad próspera, que había sido fortificada por ingenieros chinos, y que estaba protegida por un rompeolas. Antonio Pigafetta observó que mucha de la tecnología de Brunei era equivalente a la tecnología occidental de la época. También, había más cañones en Brunei que en las naves de Magallanes, y los comerciantes chinos que estaban en la corte de Brunei les habían vendido gafas y porcelana que eran rarezas en Europa.
Se alega en la actualidad, por aquellos que niegan la existencia de un oscurantismo cultural en Occidente en estos siglos, que fue justamente en esta época donde surgieron las universidades como centros educativos de alta propagación de la cultura, pero estos detractores omiten decir que cuando en el siglo VIII Carlomagno, Rey de los Francos, rey de los Lombardos y emperador de Occidente, encargó a su consejero Alcuino de York, teólogo, erudito y pedagogo anglosajón, hoy venerado como santo por la iglesia anglicana y la católica, hacer todo lo posible por realizar una profunda reforma en la educación europea, este monje, ni corto ni perezoso, desarrolló un programa que buscó revivir el saber clásico pero entregado a la jurisdicción eclesiástica. Esas nuevas escuelas podían ser monacales, bajo la responsabilidad de los monasterios; catedralicias, es decir para funcionar anexadas a las sedes de los obispados; y también palatinas, bajo jurisdicción de las Cortes.

Este programa educativo contemplaba las llamadas siete artes liberales, a saber, el trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música). La Iglesia quedó a cargo pues de las escuelas monacales y de las escuelas catedralicias, que fue de dónde salieron en el el siglo XII y XIII la mayoría de las universidades, todas las cuales funcionaban bajo la jurisdicción eclesiástica.
Paradojalmente, esta entrega oficial de la responsabilidad educativa en manos del catolicismo, pese a las buenas intenciones de Carlomagno que justipreciaba el gran decaimiento cultural de su época, fue como entregarle el cuidado de la carnicería al gato. Los sabios y conocimientos de la antigüedad clásica y sus hipótesis astronómicas, mediciones y leyes físicas, logradas tras años de prolija investigación científica, así como las enseñanzas de la historia, fueron reemplazados por hombres de iglesia y la cosmogonía fantasiosa del Génesis. Por su parte la Iglesia utilizó el poder que otorga el control de la educación pública para imponer el criterio de uniformar a todo aquel que pasaba por las aulas de sus universidades y colegios la concepción que el mundo funcionaba gracias a Dios y al clero y que todo aquello que no mencionaba la Biblia era falso, demoníaco o hereje.
Desde el inicio mismo de estas universidades europeas del siglo 12, la Teología fue considerada la "reina de las ciencias" y por lo tanto su enseñanza estaba reservada a los grandes prohombres de la sociedad y la Religión; ponderada como el centro de la realidad, era obligatoria en todos los centros de estudio existentes. A estas universidades desde luego el pueblo no tenía acceso, pues salvo algunos monaguillos por quienes los abades tenían mucho afecto, y a quienes daban clases particulares, el resto de la población jamás tuvo acceso a la cultura, a las escuelas o a estas exclusivas universidades católicas, que desde luego no eran gratuitas y dónde había que demostrar que el postulante era primeramente creyente y su familia pudiente y mejor aún aristócrata, para postular..

Prelados y eclesiásticos que ostentaban títulos de filosofía, teología u otros logrados en las universidades y centros educacionales de la propia Iglesia Católica, pasaron a ser los Consejeros que el Vaticano escuchaba para dictar sus políticas de proselitismo mundial. Los demás asesoraban a los reyes y a los hombres poderosos de cada Condado; eran rectores de los Centros de Estudio, Abades, Obispos y Regentes de los Estados Vaticanos  y las tierras, castillos y propiedades a través de Europa que la Inquisición se encargaba de ir engrosando, de todo aquello que confiscaba, retenía o sencillamente se apoderaba de aquellas familias sospechosas de ser judías, sarracenas o herejes.
Y sus escritos y opiniones debidamente respaldadas por el clero, eran las tesis inamovibles que la Inquisición se encargaba de hacer respetar eliminando a sus detractores.

Por lo tanto tales “profesionales”, abades y Obispos, parientes de los papas de turno o integrantes de los grupos de poder que administraba la Iglesia, pasaron a ser “los nuevos sabios de la humanidad”, quienes interpretando el pensamiento vaticano, concebían el mundo desde el punto de vista bíblico, donde según el cristianismo se encontraba toda la sabiduría necesaria que el hombre debía aprender, puesto que había sido dictada por el mismo Dios, no encontrando nada más apropiado que trasladar las enseñanzas monacales, escritos sagrados y la mitología cristiana como fuente de inspiración educativa a estos centros de estudio

A ello se sumó la popularización de los Evangelios, esas cartas anónimas de algunos cristianos primitivos que con el nombre de Nuevo Testamento fueron incorporadas por el Emperador y primer Papa Constantino El Grande en el siglo tercero, para conformar la nueva religión del Imperio Romano, que hoy se conoce como Catolicismo. Por tanto la Biblia cristiana, que no es otra cosa que la Torá judía, que ahora empezaba a ser conocida como Antiguo Testamento, más estos Evangelios que pasaron a llamarse Nuevo Testamento, se constituyeron en el Alma Mater de la Educación Pública, craso error que desvirtuó el sentido más profundo de la entrega de valores educativos éticos y morales universales, por un esquema valórico mezquino radicado en una doctrina confesional y en leyendas no probadas.

Curiosamente, los “sabios católicos” que mayormente influyeron en este nuevo concepto del mundo impuesto por la Iglesia romana que conocemos como Edad Media, fueron precisamente el Gran Doctor de la Iglesia, teólogo, escritor, filólogo, historiador, en ese entonces arzobispo Isidoro de Sevilla, hoy Santo; y San Agustín de Hipona, también adornado por parecidos títulos logrados de la misma manera y bajo el mismo prisma, poderosos personajes que siglos después fueron premiados por sus aportes a la cristiandad con el status de Santos de la Iglesia y Doctores en reconocimiento a sus grandes conocimientos.
Ya vimos que uno de estos aportes de San Isidoro, fue consagrar la gran tontera de la existencia de seres fabulosos y criaturas de razas extraordinarias, a las que describe y dedica un Capítulo completo de sus Etimologías, obra de 20 tomos sobre varias materias, en verdad una compilación de los temas que preocupaban a la sociedad de ese tiempo, donde Isidoro fija con la autoridad que le entrega la Iglesia lo que es cierto o es mentira y lo que rectamente debe ser seguido al pie de la letra por los buenos cristianos, referido a las creencias que la gente tenía al respecto y que luego la Iglesia, fiel a su estrategia de universalizar su dogma, se las arregló para conceptuarlo como Primer Diccionario Enciclopédico Universal.

Cuando uno lee estas Etimologías o si se prefiere este “Primer Diccionario Enciclopédico Universal”, tiende a perdonar al Santito su gran ignorancia e ingenua credibilidad en seres tan extravagantes como los que tienen el rostro en el pecho, un solo pié, presentan una larga cola y otras imbecilidades como extender a sus congéneres su teoría, explicada y dibujada en mapas de una tierra plana, por entender que era una época donde aún la magia y la superstición primaban sobre el conocimiento y el claro razonamiento humano, por culpa claro está de esa Iglesia cuya doctrina y razón de ser son justamente la creencia en seres sobrenaturales y fantásticos ajenos a la órbita humana
Pero luego, a medida que se avanza en la lectura y continúan los despropósitos, falsedades e inexactitudes y por qué no decirlo, el cretinismo de avanzar respuestas y aceptar como verdades hechos sobre los cuales no se hace el mínimo esfuerzo por comprender en su real naturaleza, no se puede sino no solo dudar de la sapiencia del mentado santito, sino poner en duda su estabilidad mental y la de aquellos que aceptaron sus palabras.

Ya vimos uno de los desastrosos capítulos de su Diccionario Enciclopédico Universal, sobre las razas prodigiosas de las que éste equivocado varón da fe y entrega los argumentos que utilizó el catolicismo por siglos para aseverar que tales razas extraordinarias existían y que lo hacían por voluntad de Dios, aseveración y argumento que a la luz de la modernidad no hace ningún favor a la Iglesia de hoy, la que ha hecho todo lo posible por esconder estos escritos que solo pueden mover a risa, no obstante lo cual, pese a lo ridículo de tal situación, para tapar cualquier crítica y engañar a las generaciones que no estudian la historia, solo coloca en los datos biográficos de Isidoro, "que éste fue uno de los grandes sabios de la humanidad, que su saber fue universal y abarcó todas las materia de las ciencias y las letras afirmando ladinamente que gracias a sus escritos crecieron los orígenes de las actuales naciones de Europa, ahondándose en la esencia de la cultura cristiana. Y que, gracias a él y al Cristianismo, la sabiduría de la Edad Antigua de griegos y romanos y el patrimonio teológico y cultural de los Padres de la Iglesia, se trasvasó a la Edad Media y de aquí a los siglos posteriores, llegándose en la estulticia de ponderarle con el panegírico de El Maestro de la Europa Medieval".

Otro de los famosos "temas universales" de este “erudito” cristiano en su Obra Maestra, trata sobre los Ángeles, que en su concepto al igual que las razas extraordinarias, son seres que existen y que fueron creados por Dios, pero que a diferencia de los primeros habitualmente moran en los cielos, quienes según el santito, han tenido y siguen teniendo una participación de mucho protagonismo entre los humanos.
En este estrambótico Capítulo del sabio católico, posiblemente dejándose llevar por su imaginación desenfrenada y en una interpretación original de los escritos bíblicos donde también la Iglesia le siguió, y de donde viene toda esa creencia confusa de estos seres celestiales que pueblan el cielo, Isidoro crea todo un mundo organizado de seres espirituales, una especie de ayudantes de Dios, criaturas no humanas y al parecer anteriores al hombre que cumplen sus misiones sagradas, intentando heroicamente convencer a sus congéneres que estos millones de seres tenues e invisibles, tienen nombres propios, conforman falanges similares a los ejércitos de la antigüedad y más aún, logra entregarnos en un alarde de información celestial exclusiva, datos exactos de los millares que conforman estas secciones, algunos nombres de sus principales Jefes e incluso las funciones que desempeñan.

Veamos lo que dice este ilustrado filólogo de las criaturas del cielo con sus propias palabras, las que no resumo a pesar que entiendo que es latoso leer sus 33 explicaciones, pero pienso que es absolutamente necesario hacerlo, para comprender meridianamente el grado de enajenación a las que arrastran las cosas de fe, que no precisan pruebas ni explicaciones, lógica ni criterio. Solo basta que las diga una autoridad digna de crédito de la secta, como él lo era, para que se transforme en axioma divino, desafecto de discusión o análisis lógico y se presente a los fieles, como si el tema fuese un manjar exquisito y sus seguidores borregos, como doctrina de la iglesia.

1.- Los "ángeles" reciben este nombre en griego; en hebreo se dice malakot; y en latín se traduce por "mensajeros", porque transmiten a los pueblos la voluntad del Señor.
2.– El nombre de "ángeles" lo reciben de la función que desempeñan, no de su naturaleza: siempre son espíritus, pero, cuando son enviados a una misión, entonces se les llama ángeles.
3.– Precisamente la libertad de los pintores los representa con alas, para poner de manifiesto la rapidez en cumplir cuanto se les ordena, del mismo modo que en las fabulaciones de los poetas se dice que los vientos están dotados de alas, justamente por su velocidad. De ahí que diga la Sagrada Escritura (Sal 104, 3): "Aquél que camina sobre las alas de los vientos".
4.– Las Sagradas Escrituras nos testimonian, además, que son nueve las categorías de los ángeles, a saber: ángeles, arcángeles, tronos, dominaciones, virtudes, principados, potestades, querubines y serafines. Vamos a ir exponiendo las funciones de cada uno a medida que vayamos explicando el porqué de sus nombres.
5.– Los ángeles reciben este nombre porque son enviados desde el cielo para anunciar mensajes a los hombres. Ángel es vocablo griego; en latín se dice "mensajero".
6.– También a la lengua griega pertenece el nombre de arcángeles, que se traduce como "mensajeros principales". Los que transmiten las noticias menores y de poca importancia, son los ángeles; los que comunican las transcendentales se conocen como arcángeles. Y se llaman arcángeles porque tienen la primacía entre los ángeles, ya que, en griego, archós es lo que en latín se traduce por "príncipe". Y, en efecto, son los jefes y príncipes bajo cuyas órdenes se señalan los deberes que debe cumplir cada uno de los ángeles.
7.– Que los arcángeles ocupan un rango superior a los ángeles nos lo atestigua el profeta Zacarías cuando dice: "Y he aquí que el ángel que me hablaba iba a partir, y otro ángel salió a su encuentro y le dijo: “corre y dile al joven lo siguiente”: Jerusalén será habitada sin muros" (2, 3).
8.- Si, en las funciones de los ángeles, los de rango superior no impartieran órdenes a los inferiores, en modo alguno se habría sabido por un ángel lo que el otro debía decirle al hombre.
9.– Algunos Arcángeles son conocidos con nombres propios, para indicar por ese medio qué poder de actuación tienen.
10.– Así, el nombre hebreo Gabriel se traduce en nuestra lengua como "poderío de Dios". Por eso, cuando el poderío y la omnipotencia divina se ponen de manifiesto, es enviado Gabriel.
11.– Y así, cuando llegó el tiempo en que iba a nacer el Señor y a triunfar sobre el mundo, se presentó Gabriel ante María para anunciarle el que se dignó venir en humildad para derrotar a los poderes invisibles.
12.– Miguel significa "quién como Dios". Cuando acontece en el mundo algo de un poder portentoso, se envía a este arcángel. De su misma función le viene el nombre, ya que nadie mejor es capaz de poner de manifiesto lo que Dios puede hacer.
13. – Rafael significa "curación", o "medicina de Dios". Cuando es preciso sanar y curar, Dios envía a este arcángel. Y por eso es llamado "medicina de Dios".
14.– Así, este arcángel, enviado al encuentro de Tobías, le curó los ojos y, librándolo de la ceguera, le devolvió la vista. Por lo que su nombre significa, se conoce también la misión del ángel.
15. – Uriel se traduce como "fuego de Dios"; y así leemos que el fuego apareció en la zarza; y leemos igualmente que el fuego fue enviado desde lo alto y cumplió lo que se le había ordenado.
16.– Los tronos, dominaciones, principados, potestades y virtudes, con los que el Apóstol completa toda la sociedad celestial, expresan los rangos y las dignidades de los ángeles; y, de acuerdo con esa misma distribución de sus funciones, unos se llaman tronos, otros dominaciones, otros principados y otros potestades, de manera que a cada uno se le distingue según una determinada dignidad.
17. – Las Virtudes angélicas llevan a cabo determinadas empresas, por las cuales se producen en el mundo prodigios y milagros. Y por eso se las denomina virtudes.
18. – Las Potestades tienen sometidos a los poderes adversos, y de ahí su nombre de potestades, porque mantienen bajo su control a los espíritus malignos, para que no hagan al mundo tanto mal como desean.
19. – Los Principados son los que están al frente de las milicias angélicas. Y porque organizan a los ángeles que tienen a sus órdenes para cumplir las órdenes divinas, han recibido tal nombre. Y es que unos son los que mandan y otros los que obedecen, según nos dice Daniel (7, 10): "Miles de miles le servían, y diez mil veces cien mil le asistían".
20.– Las Dominaciones son las que están por encima de las virtudes y de los principados, y por "dominar" sobre todos los demás ejércitos angélicos reciben el nombre de dominaciones.
21.– Los tronos ­que en latín se dice "asientos"­ son también huestes angélicas. Y se llaman tronos porque ante ellos está sentado el Creador y al través de ellos se transmiten sus órdenes.
22.– Los Querubines son los que ostentan las más sublimes dignidades de los cielos y ministerios angélicos. Es una palabra hebrea que, en nuestra lengua, se traduce como "plétora de ciencia". Son las jerarquías más elevadas de los ángeles, que, por ocupar un puesto más cercano a la sabiduría divina, están más llenos de ella que los demás; por ello se les denomina querubines, esto es "llenos de ciencia".
23.– Están representados en aquellos dos animales de metal que se ven sobre el arca de la alianza, para poner de relieve la presencia de los ángeles, en medio de los cuales aparece Dios.
24.– Del mismo modo, Serafín es una multitud de ángeles, cuya traducción del hebreo al latín es "ardientes" o "incandescentes". Y se los denomina "ardientes" porque entre ellos y Dios no existen más ángeles; por lo que, al hallarse tan próximos a él, están sobremanera inflamados por la claridad que irradia la luz divina.
25.– Estos velan el rostro y los pies de quien se encuentra sentado en el trono de Dios; y por ello el resto de los ángeles no alcanza a ver por completo la esencia de Dios por taparla los serafines.
26.– Ahora bien, estos nombres de las milicias angélicas pertenecen a cada una de las categorías, pero son también, en parte, comunes a todas ellas. Así, aunque los tronos designan en especial una categoría de ángeles que sirven de sede a Dios, dice el Salmista: (79, 2): "Aquél que se asienta sobre los Querubines".
27.– Es decir, estas categorías de ángeles reciben unos nombres particulares, porque la función encomendada la desempeñan más plenamente en el estamento al que están asignados. Y aunque la misión sea común a todos, estos nombres vienen en realidad a asignar a cada uno su particular categoría.
28. – Como anteriormente se ha dicho, a cada uno de ellos se le ha fijado su propia misión, la que según sus méritos se les asignó en la creación del mundo. Que los ángeles se encuentran presidiendo lugares y hombres se pone de manifiesto en el profeta cuando hace decir a un ángel: "El príncipe del reino de los persas me opuso resistencia"
29.– lo cual evidencia que no hay lugar alguno que los ángeles no presidan. Están, asimismo, presentes en el patrocinio de todas las empresas.
30.– Esta es la jerarquía y gradación de los ángeles que, después de la caída de los malos, se mantuvieron en la pujanza celeste: después que cayeron los ángeles apóstatas, los que permanecieron fieles vieron afirmada la perpetuidad de su felicidad eterna. De aquí que se diga al comienzo de la creación del cielo (Gen 1, 6-8): "Hágase el firmamento, y el firmamento fue llamado cielo".
31.– Poniendo de manifiesto con ello que, después del hundimiento de los ángeles malos, los que se mantuvieron leales y firmes en la perseverancia eterna, no dejándose arrastrar por flaqueza alguna ni cayendo en la soberbia, sino permaneciendo fielmente en el amor y la contemplación de Dios, no poseen otra recompensa más dulce que aquel por quien fueron creados.
32.– Los dos Serafines a los que se hace referencia en Isaías (6, 2) representan figuradamente al Antiguo y al Nuevo Testamento; cubren el rostro y los pies de Dios, porque desconocemos lo que hubo antes de la creación del mundo y tampoco podemos conocer lo que ocurrirá después del fin del mundo, sino que sólo contemplamos lo que acontece entre estos dos extremos.
33.– Cada uno porta seis alas, porque solamente conocemos en esta vida lo que se realizó en los seis días de la creación del mundo; y uno a otro le repite tres veces la palabra "santo", lo cual pone de relieve la existencia, en un solo Dios, del misterio de la Trinidad.

Como el lector puede constatar, aquí solo se interpreta a partir de frases sueltas de hipotéticos hombres que habrían vivido en aquellas remotas épocas según la Biblia judía, a quienes se asigna la calidad de patriarcas, profetas o iniciados, toda una trama fantástica, que debe creerse solo como artículo de fe por los profesantes cristianos, no quedando claro ni siquiera para San Isidoro, si tienen o no alas, pero es cuestión de ver las estampas católicas o los iconos de sus iglesias y allí vemos que todos son seres voladores, con alas chicas o grandes, según la inspiración de los artistas que los llevaron al lienzo, que indudablemente no actuaron por voluntad propia, porque sus obras les fueron encargadas por el clero y remuneradas como señal de satisfacción.
Tampoco la Iglesia podría negar que poseen alas, porque en uno de sus ridículos más sonados, conserva en Roma por supuesto, como una reliquia exclusiva que hay que pagar para verla, una pluma del Ángel San Gabriel, que se desprendió de una de sus alas cuando iniciaba el vuelo.

Esta chifladura Isidoriana de los Angeles, de sus funciones angélicas y su calidad de seres espirituales, que cuidan a la humanidad y que en ocasiones hablaron con algunos iluminados, ha dado pábulo a la mayoría de las supersticiones modernas conocidas como pseudo ciencias tales como la parapsicología, que agrupa al espiritismo, cartomancia, numerología, videncia y otras similares, actividades que para la ciencia no pueden ser demostradas porque carecen de base física o material.
El psicoanálisis, que pretende ser una teoría y técnica terapéutica, pero cuyos métodos son ajenos a la verdadera ciencia, ya que muchos de sus postulados principales son incompatibles con los descubrimientos de la psicología, la antropología y la biología; la astrología, la rhabdomancia y otra cincuentena de actividades francamente inaceptables que rayan lo absurdo, cuya práctica mágica y esotérica, profusamente editada en folletines y campañas de tv chatarra, aspira a conseguir audiencia del elemento analfabeto científico, que se solaza usando frases con palabras como energías, conjunciones, alineaciones, triángulo pitagórico y otras sandeces que por razonamiento lógico y debidamente probado por la investigación científica no conduce a parte alguna.

En otra de sus brillantes disquisiciones, en el Capítulo referido al origen de las lenguas, este filólogo, por supuesto no investiga, ni busca información ni vacila ni se arruga para aseverarle al mundo: “que la diversidad de lenguas surgió en la edificación de la torre después del diluvio. (en clara referencia a la leyenda de La Torre de Babel bíblica) Pues antes que la soberbia de aquella torre dividiera la sociedad humana en diversos sonidos de los signos, una sola fue la lengua de todas las naciones, que se llama Hebrea, que usaron los Patriarcas y los Profetas no solo en sus conversaciones, sino en las sagradas letras”. Por supuesto, para llegar a esta sobresaliente deducción, se apoyó tan solo en el versículo del Génesis 11,1 que reza: "Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras"
Algunas otras incongruencias de este tratado señalan:
1. La diversidad de lenguas surgió en la edificación de la torre después del diluvio. Pues antes que la soberbia de aquella torre dividiera la sociedad humana en diversos sonidos de los signos, una sola fue la lengua de todas las naciones, que se llama Hebrea, que usaron los Patriarcas y los Profetas no sólo en sus conversaciones, sino también en las sagradas letras. Pero al principio hubo tantas lenguas como pueblos, después más pueblos que lenguas, porque de una lengua salieron muchos pueblos

2. Las lenguas de que hablamos aquí son las palabras que se hacen mediante la lengua, por esa manera de hablar por la que se nombra al que hace por lo que hace, como se suele nombrar la boca en lugar de las palabras y la mano en vez de las letras

3. Tres son las lenguas sagradas: la Hebrea, la Griega y la Latina, que sobresalen mayormente en todo el orbe. En efecto, en estas tres lenguas fue escrita por Pilatos la acusación sobre la cruz del Señor. De ahí que a causa de la oscuridad de las santas Escrituras es necesario el conocimiento de estas tres lenguas, para poder recurrir a las otras si el texto de una lengua ofreciera alguna duda en un nombre o en la interpretación.

Pero donde resulta más espeluznante esta incursión de este "sabio católico" en cuestiones que no sabe ni entiende, es en el capítulo donde trata de medicina. Allí esta eminencia de la iglesia doctamente explica:
"Todas las enfermedades nacen de los cuatro humores, a saber: de la sangre, de la hiel, de la melancolía y de la flema. Por ellos se rigen en efecto los sanos, y por ellos se dañan los enfermos. Pues en cuanto crecen ampliamente fuera del curso de la naturaleza, provocan enfermedades. Y del mismo modo que hay cuatro elementos, así también hay cuatro humores, y cada humor imita a su elemento: la sangre al aire; la cólera al fuego; la melancolía a la tierra; y la flema al agua.

Y los cuatro humores son como los cuatro elementos que conservan nuestros cuerpos. La sangre tomó el nombre de la etimología griega, porque vegeta y se sustenta y vive. A la cólera (bilis) los griegos la llamaron así porque se termina en el espacio de un día, de donde la cólera fue llamada felícula, es decir efusión de hiel. Los griegos en efecto llaman a la hiel colhn. La melancolía se llama así porque está compuesta de las heces de la sangre negra mezcladas con abundancia de hiel. Los griegos, en efecto, al negro lo llaman melan y a la hiel, colhn. La sangre se llama en latín sanguis porque es suave, de ahí que los hombres dominados por la sangre sean dulces y blandos.
Y a la flema la llamaron así porque es fría. Los griegos, en efecto, llaman al frío intenso flegmonhn. Por estos cuatro humores se rigen los sanos y por ellos se dañan los enfermos. Pues en cuanto crecen de más fuera del curso de la naturaleza, producen las enfermedades. Por otra parte, de la sangre y de la hiel nacen los padecimientos agudos, que los griegos llaman oxea. En cambio de la flema y la melancolía proceden los achaques viejos, a los que los griegos llaman cronia (jrónia).


Yo personalmente, que tengo a mi haber la lectura de muchas ignorancias nacidas bajo el pretexto de la fe religiosa, cuando he leído estas barbaridades he quedado estupefacto. Y desde luego no estoy muy cierto que estas sesudas reflexiones de este gran personaje medieval hayan sido un aporte a la medicina de ningún tiempo, al catolicismo o a la humanidad, y que por escribir sandeces se pueda beatificar y luego santificar al idiota.

Y me ha asaltado aún otra reflexión. ¿Habrá habido prelados, monjes o simplemente creyentes, porque médicos si estoy seguro que no lo han hecho, que hayan seguido al pié de la letra ésta y otras muchas enseñanzas que el santito ponderaba en este Capítulo de medicina? Sería bueno saberlo, por qué si tan solo uno en el mundo hubiera sanado con tales prescripciones habría que creer forzosamente en milagros.

Imposible sería continuar con la chocante cantidad de burradas sostenidas por el santo en sus 20 volúmenes, que además de causar vergüenza ajena solo demuestran el daño social y moral y la forma como estas torcidas creencias apoyadas por la autoridad eclesiástica, apelando solo a la buena fe de las personas en una deidad, han retrasado el progreso humano en todo sentido y han producido tal daño que bien podría calificarse como un crimen de lesa humanidad.
En el prólogo de uno de sus biógrafos en la página http://es.scribd.com/doc/23858438/Isidoro-de-Sevilla-Etimologias, de dónde extractamos muchas de estas líneas, encontramos una divertida y apoteósica alabanza de su autor Mariano Arnal, dónde a manera de exagerada presentación, muy común en los escritores católicos expresa: "No despreciemos su pequeñez comparada con la magnitud de la red llamada de internet; pues hasta ahora se encuentra mayor cúmulo de conocimiento humano y de ciencia en las Etimologías de san Isidoro que en toda la red de internet." Curiosa conclusión y sobre todo totalmente improbable, ya que casi todos sabemos que a diario se calcula como promedio, que son más de 872.916.916 millones de personas los que navegan por las páginas de internet, cifra que en ocasiones se dispara al billón de visitantes.
Resulta pues incongruente a mi juicio, por decir lo menos, comparar la entrega del "cúmulo de conocimientos" hecha por San Isidoro, que ya vimos no pasan de ser especulaciones fantasiosas, que ya dije han sido a través de siglos ocultadas y tergiversadas para evitar que la gente se mofe de tan espeluznantes directrices, más aún cuando en ese tiempo ni siquiera había en el mundo esa cantidad de habitantes, con la fenomenal información de toda índole que se puede encontrar en la Red.

También aparece otro párrafo, todos ellos van en latín y castellano y no se explica si son del autor o extractados de alguna parte, que reza:
"La única, absolutamente la única memoria de todo Occidente durante siglos fueron las Etimologías de san Isidoro..."
Esta aseveración, entraña a mi modo de ver mayor realidad y se ajusta mejor a la interpretación que cualquiera puede sacar después de conocer este mamotreto, ya que viene a ser la única explicación viable y con algún sentido, para entender por qué en quince siglos la humanidad estuvo bajo la catalepsia de sujetarse a los mismos cánones científicos, culturales o lo que sea. No había otra cosa que los escritos de Isidoro; no porque los cerebros se hubiesen paralizado o hubiese un agotamiento de la inspiración. Lo que dijo el sabio santito en nombre de la Iglesia no podía ser desdicho por otros sabios. La Iglesia lo mandaba a la hoguera.
Hay un doble standard que no todos aprecian en la sociedad moderna.
En este tiempo en que vivimos, tan tecnológico, emancipado y de ámbito globalizado, podría pensarse que la cultura de nuestra civilización expresada como una unidad informática probada, aunque con errores fraccionales pero conservando un contexto histórico serio, fruto de una investigación exhaustiva, no debiera aceptar paralelismos apócrifos, dogmáticos o inconsecuente de otras fuentes no oficiales, justamente porque hacerlo, viene a ser no otra opinión enriquecedora, sino un mentís que descalifica la probidad histórica, científica, tecnológica, moral o como quiera denominarse tal disciplina vulnerada.
Sin embargo vemos con estupor, que muchos de los acontecimientos que constituyen hechos provenientes de una fuente de conocimiento universal, de donde emana una interpretación formal que está recogida en forma oficial por gobiernos, enciclopedias, compilaciones o manuales docentes, estas son a veces sobrepasados por las interpretaciones de credos confesionales, que referente a un mismo asunto, predican y enseñan en ámbitos educacionales además de sus templos, no solo una interpretación distinta, sofística o claramente tendenciosa, de la historia y otras disciplinas, sino totalmente falsa, caprichosa y engañosa para la opinión pública, que inexplicablemente no es enmendada, prohibida o sancionada por ninguna ley.

Y no solo eso, sino que la desidia y también la complejidad de las normas que rigen el derecho internacional, que se refleja en la Carta Magna de las naciones, a pesar de generar la tipificación de algunas de estas conductas, faltas y delitos en sus leyes nacionales, que paradojalmente nacen bajo la premisa de ser aplicables a personas naturales y jurídicas sin excepción, no consiguen perseguir las conductas de tales trasgresores, que no solo socavan con su persistencia la cultura universal, sino que con sus falacias desestabilizan la confianza ciudadana en las leyes y la justicia, con el solo propósito de llevar aguas a su propio molino.

No es sino cuando se consuma un hecho espantoso donde resultan muchos muertos, el cual es perfectamente previsible dada la paranoia y conocida inestabilidad emocional de estos creyentes fundamentalistas de todo credo religioso, que la autoridad reacciona. Pero solo para contar los cadáveres y relatar a la prensa los detalles el suceso, como es el caso de las llamadas sectas satánicas o supuestas apariciones de la virgen, mandatos divinos para asesinar gentes o profecías apocalípticas de catástrofes bíblicas o de culturas primitivas que aterran a la gente y que devienen en hechos que ocasionan conmociones públicas, guerras religiosas, distorsión mental y daño sicológico irreparable en las personas.
No hay prevención de tal tipo de atentados, ni penas de cárcel para sus co-responsables, que surgen de personas asociadas a credos y sectas que operan sin control alguno, amparadas por legislaciones ambiguas y obsoletas, que en aras de una pretendida libertad de cultos posibilitan el desarrollo del control mental de la población por algunos facinerosos, que disfrazan sus intenciones experimentales con ritos absurdos y deidades sobrenaturales y mágicas que provocan en sus cerebros y personalidades inestables un bombardeo que los conduce a la locura, a creer en cuestiones como la resurrección, diversos tipos de espíritus con los que algunos imbéciles dicen conversar, influencia de los astros en asuntos de amor, de salud o suerte, creencias en médiums, clarividentes, adivinos y brujos que con huesos, bolas, naipes o conjuros entregan sanación y predicen el porvenir, además de aceptar la existencia de entidades que los protegen desde el más allá u otra dimensión y que rigen sus vidas por aspectos numerológicos, oraciones, mandas o sacrificios de diversa índole.

Este gran vacío al que nadie se atreve a intentar poner coto, esta inacción de casos que están a la vista que vienen ocurriendo desde siglos y que por esta impunidad van agigantándose, abre fértil campo e incentiva a estos infractores para que medren, especulen, trafiquen y se beneficien económicamente vendiendo ilusiones de vida eterna, amuletos benditos de sus supercherías y creencias; imágenes y testimonios de santones, vírgenes y chamanes que incitan a imitar extravagantes formas de meditación, ejercicios cabalísticos y posiciones corporales, todo ello dentro del ámbito de la superstición, estando avalados por poderosas castas sacerdotales mendicantes, que conservan de antaño privilegios, aportes de los estados y asistencia económica para su discutible servicio comunitario, y que son vaya ironía, por este solo hecho, ciudadanos privilegiados no afectos a muchas leyes generales.

Y no solo eso, estos privilegios y hasta protección a los sustentadores de estas agrupaciones sobrenaturales, espiritualistas y mágicas, catalogadas las más de las veces como religiones o sectas, son consideradas absolutamente legales y por lo tanto sus prácticas permisibles, abriéndoles la puerta, bajo una pretendida norma democrática de libertad de pensamiento, para que estas enseñanzas oscurantistas, de un mundo inexistente, a veces aberrante e insano, poblado de seres fantasiosos y ritos irracionales que buscan esclavizar las mentes de sus prosélitos con oraciones repetitivas, dogmas y actos de fe ciega acerca de la vida y realidad de tales seres prodigiosos, conducen a la población a confundirse y a la aceptación, como si fuese algo normal, a vivir en un mundo dual. De una parte la vida real y de otra esa otra insustancial, nunca probada, el mundo irreal.
Lo más increíble de todo, es que nadie duda de la falta de pruebas históricas, escasa rigurosidad documental de las religiones y sus dioses, al extremo que hasta sus adeptos las rechazan parcialmente o ignoran o incumplen muchas de sus enseñanzas. Hay católicos por ejemplo, que creen en la reencarnación, van a verse la suerte con las adivinas, creen en dios pero no en la virgen, no creen en la Santísima Trinidad, ni siquiera recuerdan cuáles son los diez mandamientos. Otros no van a misa por años. Se ríen de la pompa y el fasto de la institución vaticana, rechazan las prácticas sodomitas de sus sacerdotes y practican diversas creencias cercanas a otras iglesias orientalistas, pero todos están bautizados y por ello aparecen como miembros del catolicismo, inflando falsamente su estadística.

Todos los credos existentes, tienen ritos y veneran a sus deidades, exactamente como lo hicieron antes las tribus primitivas y luego las paganas. Prácticamente nada ha cambiado de la práctica de antiguos ritos y supersticiones del culto a los muertos y de esas criaturas sobrenaturales que vienen del cielo.
Las mismas castas sacerdotales que dominaron las sociedades incultas, supersticiosas e ingenuas de ayer, con mejores técnicas ahora, son las que sostienen exactos privilegios en la sociedad actual. El chamán que ayer bailaba lleno de colgajos y amuletos mágicos y murmuraba conjuros para expulsar los espíritus malignos alrededor de una fogata, es el sacerdote que hoy con rosario en mano y vestido ceremonial, invoca la asistencia de santos y muertos ilustres, lanza incienso y realiza la magia de reconvertir la sangre y el cuerpo de Jesucristo en forma de ostia, a partir de unas migajas de pan y algo de vino, para ser ingeridos en el ceremonial de la tribu eclesiástica dominical, asegurándoles a sus fieles que ha ocurrido el milagro de que están en ese momento recibiendo en sus gargantas y aparato digestivo, en un acto de antropofagia virtual, la verdadera sangre y el cuerpo de Jesús.

Nada ha cambiado respecto a creencias en buenos y malos espíritus. El acto de fe que se busca, el engaño y la estafa a sus fanáticos, es inculcar el convencimiento que el sacerdote es el intermediario entre el Dios y el hombre, que su palabra está respaldada por el Dios y por lo tanto para conseguir salvación de su alma y vida eterna, debe concurrir al culto y dar dinero y bienes, el diezmo de todo lo que gana. Exactamente igual qu en el medioevo.
Hace falta un control de los textos de las cofradías religiosas, en cuanto difieren de las interpretaciones históricas y alcances de las ciencias. No puede permitirse la tergiversación, usurpación y promoción de ideales y valores falsos. La flagrante invención de biografías de Santos, donde proliferan hechos milagrosos, inaceptables por su ridiculez. Convertir a tales santones en hombres sabios cuando nunca lo fueron. Antes bien, personas muy imperfectas, muchos de ellos criminales o seres inexistentes. La venta indiscriminada de supuestas reliquias, el comercio de índole supersticioso como estampas e iconos que la gente tiende a adorar como cosas sagradas. También deben revisarse los textos educacionales, donde están insertas como material de estudios, casi todas estos fetichismos. Estas y muchas otras prácticas, que están acotadas en las leyes penales y que no se cumplen para con las religiones, debieran ser observadas por los legisladores y contempladas en el ejercicio de las leyes internacionales del futuro..

¿Pero quién pondrá el cascabel al gato?