domingo, 7 de marzo de 2010

El Poderoso Libro perdido de Toth.


El famoso y enigmático Libro de Toth, es uno de los libros perdidos o malditos, como también se le denomina, que contiene el secreto de grandes y extraordinarios poderes. Escrito por Toth, enigmático personaje, cuyos hechos y vida dejaron profundas huellas en distintas épocas y razas, de lo cual hay antiquísimos testimonios que lo prueban, es un documento que atraviesa transversalmente los pilares fundamentales de las creencias, creyéndose que uno de sus principales méritos es que dio origen a todas las religiones monoteístas existentes.

Y más aún, sus enseñanzas constituyen la base fundamental de todas las entidades ocultistas, esotéricas, mágicas, alquimia, astrología, cábala y también de las corrientes del pensamiento filosófico de todas las épocas, como las hermandades de Los Caballeros Templarios, La Masonería Universal y Los Rosacruces, quedando de manifiesto, a pesar que muchos no comparten esta idea, que tanto las religiones como estas doctrinas y filosofías herméticas tienen un solo tronco común.

Es un Libro perdido, porque se supone destruido o desaparecido, constituyéndose por ende, en uno de los manuscritos más antiguos y codiciados de la humanidad, al que sin embargo, según leyendas y documentos donde es mencionado, solo han tenido acceso unos pocos privilegiados de entre los más selectos y sabios hombres y mujeres de los primeros tiempos.

Se considera maldito, porque de acuerdo a la tradición ocultista, en los últimos siglos los escasos grandes iniciados que han llegado a conocer sus secretos, lo tuvieron en su poder por desgracia brevemente, pues todos ellos fallecieron en forma trágica, alevosamente asesinados, o desaparecidos misteriosamente para siempre.

Y además, es un libro condenado, porque dado el extraordinario poder de sus escritos herméticos, se dice que fue prohibido, perseguido su rastro y destruido por reyes, gobernantes y diversas congregaciones religiosas que veían en él un serio peligro para su fe y el ejercicio de la autoridad de sus dignatarios.

Como suele ocurrir, cuando se trata de acontecimientos y hombres extraordinarios que vivieron en los albores de la humanidad, de la cual no existen registros escritos minuciosos, la memoria colectiva, siempre imaginativa, crea historias y leyendas que los convierte en personajes ambivalentes que existen y no existen, que pertenecen tanto a la realidad como al mito, siendo el papel de los descubrimientos documentales y materiales de la arqueología, paleontología y otras ramas del saber, el recuperar y arrancarle sus secretos al nebuloso y pequeño mundo que se nos ha permitido conocer.

Así ha pasado con todos los personajes bíblicos y también del mundo de los dioses de la antigüedad clásica y con muchos textos y evidencias, cuya existencia ha quedado soterrada al conocimiento general por el implacable paso del tiempo. De cada nuevo descubrimiento arqueológico, de cada ciudad desenterrada, de cada papiro escrito en lenguas olvidadas, de cada jeroglífico codificado sometido a la luz de nuevas técnicas de descifrado documental, el hombre ha ido extendiendo su frontera de comprensión de cómo fue realmente el mundo de ayer.

Y sobre todo ha sido la curiosidad humana, ese profundo anhelo de llegar a la verdad absoluta, la que ha permitido desprendernos de dogmas y doctrinas interesados, que nos contaron una verdad disfrazada que poco a poco la verdadera ciencia y la investigación científica ha develado y desmitificado.
No obstante todos sabemos que hay preguntas y misterios sin respuesta. Nadie puede contestar que es y representa la Esfinge, esa mole de piedra del tamaño de un estadio de fútbol, ni la real edad y constructores de las Pirámides Egipcias y cientos de otras construcciones monumentales dispersas en todos los continentes. Ni siquiera las preguntas fundamentales de quiénes somos, de dónde venimos ni a dónde vamos.

Como ejemplo de lo afirmado está el hecho que se nos ha dicho que las pirámides egipcias son monumentos funerarios y la explicación de los historiadores es que estos gigantescos sepulcros fueron construidos para guardar los restos mortales de los faraones y así se enseña en textos de historia, en escuelas y universidades.

No obstante en ninguna de las 116 pirámides censadas en Egipto, nunca nadie ha encontrado momias ni vestigio de cadáver alguno. Por el contrario, éstas han sido ubicadas en otros lugares a veces bastante distantes de estas construcciones, en cámaras funerarias donde no solo se encuentra el cuerpo del dignatario sino su sarcófago y todo lo que atesoró en vida.
Por lo tanto las pirámides de Gizeh no fueron tumbas y la explicación de para qué fueron construidas se encuentra pendiente. Y si no fueron tumbas, estos recipientes parecidos a sarcófagos de granito encontrados en su interior, tampoco son ataúdes. Pueden ser solo sitios para recostarse y meditar o permanecer en su interior muchas horas u otro tipo de usos rituales o fines, que debieron ser muy importantes, porque fueron hechos expresamente de un tamaño más grande que los pasillos, de seguro para que no pudieran ser sacados de allí.

Quizás eran cámaras destinadas a conseguir un estado especial de conciencia o para recoger algún tipo de energía desarrollado en el tecnicismo de esta construcción piramidal, pero lo cierto es que estos receptáculos en sí no solo son un misterio del uso al que estaban destinados, sino que presentan un enigma científico hasta ahora insoluble, para establecer cómo y con qué tipo de herramientas, en una época en que apenas se conocía el bronce, fueron cortadas tan precisamente las cubiertas de estos cofres y se confeccionaron estas piezas de un solo bloque de duro granito, que no presenta junturas ni soldadura de ninguna especie.
Un enigma aparte se ha presentado al establecer sus medidas y proporciones matemáticas, que guardan datos astronómicos y biólogos de moderno significado, que era imposible estuviesen al alcance humano en aquellos tiempos.

Lo mismo ocurre con Toth, pues sus datos son controversiales y abarcan un gran trecho de la historia humana. Según la cronología egipcia de Manethón, sacerdote e historiador egipcio que vivió alrededor del año 222 A. de C., su época se denomina"Reino de los Dioses". Y dice de él que “ningún dios, después de Osiris, obtuvo un culto tan universal como este representante del arte y de la ciencia en los tiempos mitológicos.”. Se cree que vivió durante el reinado de Ninus, alrededor de 2270 años A. de C. y hay registros de su vida por los siguientes trescientos años, sin que esto quiera decir que tuvo esa longevidad, a pesar, como todos podemos establecer, que según la Biblia y el Corán, algunos de sus personajes mitológicos como Salomón, Noé y otros, superaron los novecientos años de vida.
Por lo que se puede interpretar que Thot fue un dios múltiple, sucesivamente adoptado de culturas anteriores por los egipcios bajo el nombre de Dyehuty y también Thot.
Luego fueron los griegos los que lo incorporaron a sus deidades como Hermes Trismegisto. Para los latinos fue Mercurio, para los indios Buda, para los sirios Gigón, para los judíos Henoch, para los galos Gwyón y para los árabes Idris, quién según los hagiógrafos y cronistas de los primeros tiempos de la Hégira Islámica, identificaron rápidamente a Hermes Trismegisto con este dios, el Nabí de las Suras, 19, 57, 21, 85, del Corán, a quien también los árabes identifican con Enoch (Génesis 5:18-30).

No olvidemos que según los musulmanes y el Islam, Alá ha enviado alrededor de 124 mil mensajeros, profetas o Nabí a través de todo el mundo a predicar la creencia en un solo Dios y el rechazo de la idolatría y el pecado. Los más respetados de entre ellos, por su fuerte compromiso con Dios a pesar de haber sufrido grandes sufrimientos son los profetas: Noé, Abraham, Moisés, Jesús y Mahoma.

En el culto egipcio de Osiris, Toth era el gran consejero; que presidía las ciencias y se le atribuían la totalidad de un conjunto de obras que contenían prácticamente todo el saber del antiguo Egipto.
Los griegos, discípulos de los egipcios, lo llamaban Hermes Trismegistus o Trinidad Suprema, o Mercurio Trismegisto, tres megas, esto es, "Tres Veces Gran Hermes",
Se atribuyó a Hermes la división del día en 24 horas, contrariando la tesis de que fueron los sumerios o los babilonios. Fue el primero en pregonar la existencia de un solo Dios creador del universo, siendo por tanto el primer monoteísta del mundo.
También se atribuye a Hermes el principio de metempsicosis, tesis que precedió por milenios a la actual religión kardecista, doctrina según la cual una misma alma puede animar sucesivamente cuerpos diversos: hombres, animales o vegetales. Es la teoría de la trasmigración del alma. Predica que cuando el cuerpo muere, el espíritu, animador de la carne, pasa a otro cuerpo de hombre o de animal. De ahí el respeto a la vida de todos los animales.

Sabios y filósofos de la antigüedad como Platón, Sócrates, Aristóteles y Pitágoras fueron iniciados en los secretos del Hermetismo, ciencia que fue cultivada durante la Edad Media bajo distintas denominaciones: ocultismo, esoterismo, iluminismo, magia, alquimia, astrología, cábala y varias otras, que influenciaron decisivamente casi todas las corrientes de pensamiento filosófico de la época. Sin embargo, bajo el nombre de hermetismo se designó particularmente a la parte teórica y filosófica de la alquimia medieval, según la cual existen íntimas y misteriosas relaciones entre todas las partes del universo visible e invisible. Según Platón, descubrió los números, la geometría, la astronomía y las letras.

El adjetivo “hermético” que se usa en el lenguaje común, cuyo significado tiene que ver con aquellas cosas o conocimientos que son secretos o no están permitidos para todo el mundo, o bien, usado para significar que algo está cerrado, que no tiene fisuras, proviene de su nombre, Hermes.
El diccionario dice al respecto: “que se cierra de tal modo que no deja pasar el aire u otros fluidos” Adj. Impenetrable, cerrado, aún tratándose de algo inmaterial.

Los masones activos (operativos) al escribir sus Antiguas Constituciones, obtuvieron sus conocimientos a través del famoso Polycronycon del monje Arnulfo Hidgeu, traducido en 1482, donde se menciona repetidas veces que el Manuscrito Cook, cuya fecha probable es de fines del siglo XV, ya era familiar a los escritores de las Constituciones anteriores

En todos los registros y manuscritos antiguos que contienen leyendas de la fraternidad, se hacía mención a Hermes Trismegistos como fundador de la Masonería. Así el Manuscrito de la Gran Logia de los Operativos, que data de 1632, afirma que "el grandioso Hermarino, que fue hijo de Cuby, hijo de Sem y nieto de Noé, fue identificado posteriormente como Hermes, padre de la sabiduría."

La leyenda menciona que El Libro de Thot fue quemado por primera vez por el Faraón Ramsés II, al descubrirse una conspiración contra su persona y sus consejeros, mediante artes mágicas sacadas de este libro. Esta historia está en el papiro de Turis, descifrado y publicado en Paris en 1868 y en él se cuenta que la represión del Faraón fue ejemplarizadora y terrible ya que cuarenta funcionarios y seis damas de la Corte fueron ejecutados y varios otros implicados se suicidaron antes de ser apresados.

Según las creencias egipcias, los dioses habían gobernado en el Antiguo Egipto antes que los faraones, civilizándolos con sus enseñanzas. En ellas, el dios egipcio Toth era el dios de la sabiduría y el patrón de los magos. También era el guardián y escribiente de los registros que contenían el conocimiento de los Dioses.

Thot figura en la mitología egipcia entre los ocho dioses primitivos anteriores a los doce dioses. Pasa por ser el inventor de las letras y de la astronomía.
El regente del saber oculto en Egipto era Toth. Y en Grecia Hermes es el patrono de la medicina, el comercio, el maestro de la mente y la iniciación y su simbolismo representa la unión de los 3 principios del ser humano. Espíritu, alma y cuerpo. Jámblico atribuye a Thot la paternidad de 20.000 escritos y según Clemente de Alejandría, produjo 42 volúmenes.

Para situarnos en el tiempo y en el espacio y analizar a Toth y sus enseñanzas, es preciso establecer a lo menos dos escenarios.
El primero, decir que de acuerdo a la documentación existente, cuando la civilización egipcia se encontraba en sus albores, ya existía el Libro de Thot, que posiblemente no era un libro propiamente tal, sino solo escritos borroneados en un papiro, seguramente copias de antiguas inscripciones en piedras, jeroglíficos grabados en columnas y antiguos templos, que pasaban de generación en generación, pero que eran considerados como un auxiliar invaluable por el Faraón y la poderosa casta sacerdotal, en virtud de los secretos de los diversos mundos que contenía y la capacidad de otorgar considerables poderes a sus tenedores, un poder que podía llegar a ser ilimitado.
Y segundo, es claro que debió existir una civilización prefaraónica, con un alto grado de conocimientos filosóficos, astronómicos, matemáticos y físicos, quienes fueron los constructores de las pirámides y los colosales monumentos, que en gran cantidad se encuentran en esta región, que indudablemente, no pudieron bajo ningún punto de vista, ser atribuidos a los egipcios que al igual que otros pueblos de la época, estaban en la fase de de aldeanos, cuya mayor actividad productiva estaba cifrada en el pastoreo de animales domésticos y que al decir de los historiadores se encontraban aún en estado primitivo.

¿Cómo se explica entonces que de pronto empezaron a construir edificios gigantescos, esculpir estatuas, fabricar obras de arte, utilizar la escritura, practicar la medicina y a demostrar que poseían enormes conocimientos científicos?.. ¿Qué fue lo que transformó a estas tribus nómades que vivían a orillas del Nilo en un estado altamente civilizado que duró más de 3.000 años?

Conviene recordar a este respecto, que 2.500 años A. de C. ya los egipcios conocían la escritura y confeccionaban libros y por lo tanto, estamos hablando fácilmente de 15 a 20 mil años antes de Cristo, pues las leyendas de ese entonces hablaban que justamente el mismo Thot era el inventor de la escritura y que como Dios de la escritura, era el inventor de todas las palabras, del lenguaje articulado, ya que míticamente, Thot (Dyehuty en egipcio), era virtualmente para todo el mundo antiguo una deidad reconocida a quien se representaba con cabeza de Ibis, el ave sagrada del Nilo, a causa de su gran sabiduría. Además de Dios de la escritura, lo fue de la música y símbolo de la Luna en la mitología egipcia.

No obstante la leyenda de la destrucción por el fuego de este libro por el Faraón Ramsés, sucede que al morir éste, su hijo Kaumás es depositario de sus bienes y entre ellos hereda el Verdadero Libro de Thot o Libro del Conocimiento Oculto, que enseñaba como descifrar y dominar los secretos de la tierra, el mar, el aire y los cuerpos celestes. Asimismo confería la facultad de asimilar el idioma de los animales, devolver la vida a los muertos y obrar sobre mentes distantes y cercanas.
Pero el nuevo Faraón Kaumás, por alguna razón misteriosa no logra soportar al Libro Maldito cerca suyo y decide destruirlo, obsesionándose de tal manera con esta idea que finalmente lo coloca en medio de una hoguera. Pero pronto se percató con espanto que ello resultaba imposible. El Libro era incombustible y al parecer existía una razón mágica para que así aconteciese. Entonces lo guarda en un lugar secreto, donde ni el mismo pudiera sacarlo fácilmente.
Pero había alguien que conocía el lugar exacto del escondite del Libro Prohibido. Un antiguo sacerdote de la Gran Pirámide conocía el secreto. Sabiendo que su vida tocaba a su fin y ya en su lecho de muerte hizo llamar a su discípulo predilecto NeferKa-Ptah, hijo de faraones, a quién le cuenta que El Libro de Toth se encontraba dentro de tres recipientes de varias toneladas de peso sumergido en las profundidades del río Nilo, el que además era vigilado por una serpiente de procedencia interplanetaria inmortal, puesta allí por “Los eternos Custodios”, a pedido de Kaumás. Le asegura que si se hace con este libro será el hombre más poderoso de la tierra.

Nefer-Ka-Ptah, en la imposibilidad de realizar el rescate solo, pidió ayuda a un sacerdote de Isis que era mago, quien le proporcionó (según reza el papiro de donde fue extraída esta historia) un aparato mágico para elevar objetos muy pesados. (¿una grúa hidráulica?)

Gracias a ello logró sacar del fondo del río la caja metálica que protegía el libro, que había reposado durante años en su líquido lecho y cortó la serpiente en dos, cuidando de destruir una de las dos mitades para que no se unieran nuevamente, formando así una nueva serpiente inmortal.

La leyenda dice que el faraón Kaumás se quitó la vida, por que no pudo soportar la enormidad de secretos que le fueron revelados. Uno de estos, muy preciado era un espejo mágico construido bajo las enseñanzas del Libro de Toth. Su particularidad era que no devolvía la imagen del que se miraba en él, sino solo de horrendas entidades, estando además imposibilitado de verse a si mismo en cualquier otro espejo corriente. Cuando fue encontrado muerto, el espejo reflejaba su rostro.

Toth se presento en Egipto procedente de un país situado más allá de donde se oculta el sol. Es decir, que vino del oeste, igual que otros dioses del firmamento Egipcio, el más grande de todos, Osiris..
Su nombre recuerda de manera sospechosa al God Anglosajón y al Gott Germánico, pero los estudiosos del tema no se ponen de acuerdo. Algunos creen que tiene un origen Atlante, otros de la lejana Hiperbórea, llamada Tierra de Thule en las tradiciones Escandinavas, que pudo estar entre Groenlandia e Islandia y que algunos autores identifican con la Gran Bretaña y no faltan los que afirman que arribó de un planeta ajeno al nuestro.
Otro dios egipcio que los griegos harían suyo fue Imhotep, quien realizó grandes cosas en Egipto. Además de ser, según se dice, el arquitecto de las primeras pirámides egipcias conocidas, que eran escalonadas y las levantó en la zona de Saqqarah, fue un médico genial. Poseía una técnica inigualable para realizar todo género de intervenciones quirúrgicas como la trepanación y las operaciones del corazón.
Un documento escrito en lengua copta hallado hace unos años en la ciudad de Alejandría informaba acerca de cierta operación médica realizada en tiempos de Djoser, faraón de la III Dinastía,. Un oficial de la guardia recibió un lanzazo en el corazón, pero Imhotep, utilizando una técnica sorprendente, realizó un trasplante de la víscera que devolvería la vida al militar.
Con justa razón sus contemporáneos lo consideraban poco menos que un Dios. Los griegos tomaron a Imhotep como modelo para crear a Esculapio, Dios de la medicina. El símbolo creado por Esculapio había pertenecido a Mercurio, pero en sus manos se convertiría en el símbolo de la profesión médica.
Dice la leyenda que Esculapio encontró un día en su camino a dos serpientes que luchaban furiosamente entre sí. Interpuso entre los dos reptiles su bastón y ambos se enroscaron al mismo hasta quedar inmóviles.
Así se formó el caduceo, que ha sido adoptado por todos los médicos del mundo occidental como su símbolo.

Sabemos hoy, que esta representación posee una asombrosa semejanza con la molécula en espiral del ácido desoxirribonucleico, más conocido como ADN, elemento primordial de la vida que rige la herencia biológica y cuya estructura es conocida desde hace unos pocos años nada más. ¿Se trata de una simple coincidencia el hecho de que el caduceo y la estructura de la molécula de ADN, tal como aparece en los tratados de biología, sean casi iguales? ¿Significa, por el contrario, que Imhotep sabía sobre medicina mucho más de lo que se suponía?
¿De dónde provenían estos extranjeros tan especiales, que llegaron a ser considerados dioses del mundo antiguo?

Más tarde, durante casi quinientos años de apogeo de la negrura medieval, los escritos de Hermes dominaron el pensamiento ilustrado de la sociedad. Todo mago, sacerdote, monje u hombre iluminado decía tener fragmentos de sus obras, ser su cultor o se declaraba seguidor de sus doctrinas.
Los libros de Hermes Trismegisto gozaron de gran autoridad durante los primeros siglos de la Iglesia. Los Doctores cristianos invocaban a menudo su testimonio junto con el de las Sibilas, que habían anunciado la venida de Cristo a los paganos, mientras que los Profetas la predecían a los hebreos: “Hermes –dice Lactancio- ha descubierto, no sé cómo, casi toda la verdad”. Se le consideraba como una especie de revelador inspirado y sus escritos pasaban por monumentos auténticos de la antigua teología de los egipcios.
Muchos aseguraban que siguiendo las instrucciones de este manual podía resucitarse a los muertos y hablar el lenguaje de los animales, penetrar en los mundos sobrenaturales y descifrar el secreto del funcionamiento de la tierra y las estrellas, así como crear el fabuloso espejo Ankh-en-maat, que descubría las intenciones negativas y pensamientos perniciosos de cada persona que se mirase en él.

Pronto esto disgustó a los celosos amos que se autoproclamaban guardadores de la fe y soberanos de la verdad y numerosos alquimistas y magos fueron a parar a la hoguera purificadora y estos escritos ocultistas fueron perseguidos con saña buscando su exterminio. La aberrante Iglesia inquisicional anunció una treintena de veces haber destruido total y completamente este libro maldito, pero una y otra vez aparecía una copia, trozos de antiguos escritos y leyendas incompletas, que también fueron requisadas.
Las últimas noticias de este texto se pierden en el siglo XVIII. Desde ese tiempo hasta nuestros días han pasado trescientos años de silencio, por lo que debemos creer que la sagrada inquisición cumplió también este objetivo de depredador de la cultura. Si el libro está en algún lugar, es en las secretas recámaras de la Biblioteca Vaticana.
Toth está íntimamente ligado al Tarot. Según aparece en “Los Libros Malditos” de Jacques Bergier, la historia de la difusión de los naipes del Tarot comienza en los albores del siglo XV con la contribución principalísima de La orden del Temple, quienes de alguna manera tuvieron acceso al ya famoso y temido Libro de Toth.

Ellos, en el afán de esquematizar la información reprodujeron en fichas las numerosas láminas que no comprendían, las mismas que hoy se conocen como Barajas de Tarot.
Según Christian Pitois, funcionario de la época de Napoleón III, estos Tarots encierran el verdadero conocimiento oculto del Libro de Thot.

El Tarot es denominado "la Clave Universal". Es una llave perdida de una cerradura encontrada. Eliphas Levy dice al respecto: "Era un alfabeto numeral y jeroglífico manifestado mediante caracteres y números una serie de ideas universales y absolutas; luego, una escala de diez números multiplicados por cuatro símbolos y unidos junto por doce figuras representando los doce signos del zodiaco, más cuatro genios, los de los cuatro puntos cardinales".
El nombre "Tarot" deriva de Thot y el esplendor, la gloria y el tecnicismo conservado en la civilización egipcia tiene como base las enseñanzas del Libro de Thot. Los estudiosos del tema indican que TARO-ROTA y ATOR son las cuatro letras del Tetragrammaton, que significa "nombre del Señor".

El Tetragrámaton, entre otros nombres es también llamado Pentagrama, signo que expresa la dominación del Espíritu sobre los elementos de la naturaleza.
Muchos se sorprenderán, pero este pentagrama no es sino la estrella de cinco puntas que todos conocemos. La misma que dicen que guió a los reyes magos hasta el establo de Belén, la que adorna el árbol de Pascua para la Navidad y está presente en la mayoría de las banderas del mundo, el cuál en esencia… es uno de los principales signos de la magia, en todos sus aspectos y por excelencia uno de los símbolos cabalísticos más completos y relevantes existentes.
De tal forma, que cuando ondean las banderas y se practican oficios religiosos o se veneran iconos y paramentos sagrados donde hay una estrella de cinco puntas, sin importar la nación donde ello ocurra, no se hace otra cosa que rendir homenaje a la memoria del Gran Dios Thot, el principal de todos los que han existido, el que entregó a los hombres los fundamentos civilizadores de la escritura, el arte y la cultura; el iniciador de la astronomía y las ciencias, el fundador de las artes mágicas, las religiones y la alquimia. El hombre que vino del oeste 19 siglos antes de Cristo y que insufló conocimientos cosmogónicos que no eran del dominio del pueblo egipcio, que hacen que sean conocidos como los constructores de las Pirámides y antes de la Gran Esfinge, civilización emergente de la que aún la humanidad está aprendiendo.

domingo, 28 de febrero de 2010

El gran despojo. Ladrones de la historia.


“Un pueblo sin Historia es un pueblo sin memoria ni identidad… Un pueblo sin identidad...no es un pueblo... es un conjunto de individuos". .... Nietzsche.
El diccionario indica que el verbo rapiñar significa robar, saquear, despojar. Y ésta es una muy una buena descripción de lo que ocurre con el contrabando de piezas arqueológicas, antiguos manuscritos, pinturas famosas y todos aquellos objetos de incalculable valor intrínseco, que constituyen el patrimonio y la herencia cultural de los pueblos, que de tiempos muy remotos vienen siendo víctimas de facinerosos y entidades que actúan bajo la tuición de museos, fundaciones y hasta de gobiernos.

Las películas como Jurassic Park, La Momia o la serie Indiana Jones, grafican muy bien el submundo que rodea cada excavación arqueológica o la búsqueda de centros culturales de civilizaciones desaparecidas, al mismo tiempo que los intereses en juego de las mafias del crimen organizado y el trasfondo político de estos hallazgos, tras los cuales, siempre encontraremos a los grandes museos o “coleccionistas privados” y millonarios anticuarios, que no escatiman esfuerzo ni dineros, así como la utilización de todo tipo de medios y recursos, que aseguren su propósito.

De igual manera, queda claro que no existe una legislación homogénea ni medidas gubernamentales bien coordinadas a nivel internacional, para impedir que tales objetos, ligados íntimamente a la historia y pasado de los países protagonistas traspasen las fronteras, sean objeto de contrabando o simplemente sean robados desde los museos nacionales. Ni menos, que el sistema judicial o policial, logre la debida protección de estos sitios de investigación científica, para evitar el saqueo indiscriminado de tumbas, palacios o monumentos por parte de delincuentes comunes y negociantes de reliquias.



Un ejemplo práctico de lo que deseamos destacar, lo constituye el majestuoso Altar de Zeus, que data del siglo II A.de C.), que se exhibe actualmente en el famoso Museo de Pérgamo, complejo conocido como Isla de los Museos, que agrupa varios de los edificios más representativos de la ciudad de Berlín.

La originalidad de este Museo reside principalmente en su propio concepto, pues el edificio no fue construido para albergar obras de arte, sino que primero se trajeron las obras de arte y después, a su alrededor, se construyó el edificio. De esta manera, las propias maravillas, la mayor parte de ellas arquitectónicas, traídas de varios países del mundo, constituyen las paredes y las columnas de este museo
Así fue como se trasladó este antiquísimo “Altar de Sacrificios” en honor del Dios Zeus, a un costo de trescientos mil marcos procedentes del Ministerio de Cultura germano, desde la antigua ciudad griega de Pérgamo que se hallaba situada en el noroeste de Asia Menor (actual Turquía), a 30 km de la costa del mar Egeo y frente a la isla de Lesbos, en la región llamada Misia, hasta Europa, Alemania.

El templo fue descubierto por arqueólogos alemanes entre los años 1878 y 1873, quienes realizaron importantes excavaciones en la antigua ciudad de Pérgamo. Apoyados política y económicamente por Bismark, que quería consolidar su mandato con una obra de referencia del arte clásico que legitimase su recién inaugurado imperio, se da el "vamos" a las excavaciones.


Como las leyes de Grecia son muy estrictas en lo referente a la exportación de antigüedades, cuanto más si se trata de una edificación completa, se entienden con Turquía.
Las negociaciones tienen lugar en 1878-1879 y el acuerdo con el estado otomano establece que una tercera parte de las obras de arte halladas serían para sus descubridores y el resto para la Corte del Sultán. Pero debido a la relación de dependencia con el Imperio alemán, el Consejo del Gran Visir de Constantinopla asignó al gobierno alemán las dos terceras partes y, finalmente, renunció incluso al tercio restante a cambio del pago de veinte mil marcos.

Importa decir que el imponente edificio fue reconstruido en 1930 y ha permanecido allí, con excepción del período 1945 y 1959, cuando las tropas soviéticas lo desmantelaron y se lo llevaron como botín de guerra al Museo del Hermitage de Leningrado, hoy San Peterburgo. Y que, desde luego no es el único edificio de proporciones, destacándose, entre otros, La Puerta del Mercado Romano de Mileto, Las Puertas de Istar de Babilonia y numerosas estatuas helenísticas como el célebre Espinario, e incluso parte de la residencia de un Califa, todas piezas originales, que impiden a sus países de origen mostrar su cultura y su orgulloso pasado, porque estas reliquias ya no están en su territorio y se les niega su propiedad.

La momia de Ramsés tampoco está en El Cairo, sino en el Louvre.

El Penacho de Moctezuma, un tocado de plumas de quetzal engarzadas en oro y piedras preciosas se encuentra en el Museo de Etnología de Viena, Austria.
Siete huevos de dinosaurio robados de un yacimiento argentino en Neuquén, fueron hallados en la Casa de Subastas Guernsey´s de Nueva York.

La Venus de Milo se puede admirar solo en el Museo de El Louvre.


La famosa Piedra de Rosetta, una losa de basalto con una inscripción en tres idiomas que permitió descifrar los jeroglíficos egipcios se exhibe en el Museo Británico de Londres.


El busto de Nefertiti, esposa del Faraón Ajenatón, está en el Museo Egipcio de Berlín.


El Tesoro Quimbaya, parte del patrimonio nacional de Colombia, aún obra ilegalmente desde 1892 en el Museo de América, en Madrid.

El busto de Anchaf, el constructor de la pirámide de Kefrén, lo tiene el Museo de Bellas Artes de Boston.


La Estatua de Hemiunu, sobrino del Faraón Keops, está en el museo alemán Roemer-Pelizaeu.

La máscara prehispánica de Tezcatlipoca, elaborada sobre un cráneo humano con incrustaciones de turquesa no está dentro del territorio mexicano sino en el Museo Británico de Londres.

En el Museo del Vaticano, uno de los más importantes y destacables del mundo por su categoría, se encuentran el Museo Gregoriano Egipcio, el Museo Gregoriano Etrusco y el Museo Misionero Etnológico, nombres elegantes para clasificar el inmenso patrimonio de las culturas del mundo que han sido sistemáticamente saqueadas bajo la administración de diferentes Papas, consistentes en esculturas, estatuas, sarcófagos, momias, máscaras y adornos funerarios del Egipto romano, tablillas parlantes, obras maestras de la estatuaria faraónica y cientos de miles de artefactos, bronces, oro, bajorrelieves y reliquias, que jamás han aceptado devolver a los países a quienes legítimamente pertenecen

El Museo del Louvre se ha negado a devolver a Egipto cuatro bajorrelieves arqueológicos que fueron robados en la década de 1980 de la tumba del noble “Tetaki'' cerca de Luxor.

El Museo Getty, de propiedad del multimillonario americano Paul Getty, ha sido demandado por autoridades griegas que presentaron evidencia arqueológica que en los años 90 la institución compró en 5,2 millones de dólares una corona de oro, una tumba y el torso de una mujer, todos del año 400 AC, antigüedades muy preciadas de la colección museística griega que fueron robadas.
Lo mismo hizo Italia que acusó a Getty de haber adquirido tres objetos a sabiendas que habían sido robados.

Desde hace tiempo, Italia reclama la famosa «Venus de Morgantina» (Sicilia), del siglo V a. C., adquirida por el museo en 1988 y valorada en 20 millones de dólares. “Los Angeles Times” informó que los abogados del Museo habían declarado
“que 82 objetos -que incluyen 54 de 104 antigüedades clasificadas como obras maestras- habían sido adquiridos mediante vendedores, sospechosos de formar parte de una red ilegal de venta de objetos antiguos investigada por el Gobierno italiano”.

En 1995 en el almacén de Giacomo Medici en Ginebra, connotado comerciante de arte italiano, la policía decomisó 1973 piezas arqueológicas de primera calidad, en su mayoría encargadas como robadas, así como miles de fotografías que han permitido identificar cientos de otras valiosísimas piezas, que se encuentran no solo en el Museo Getty de Los Angeles, sino en el Museo de Toledo, Ohio, el Ny Carlsberg de Copenahue y el Antike Mittelmerkultur de Tokio.

Después de las vergonzosas guerras e invasiones americanas a la región que se conoce como Oriente Medio, en particular al área Mesopótanica, donde nació la escritura y por lo tanto la historia, la población de Iraq no logra salir del caos, el terror y la miseria de una guerra constante, que desmoraliza a la nación y ha dividido al país en facciones irreconciliables.

A partir de la presencia de las tropas estadounidenses, se inició un brutal proceso de saqueo, expolio y destrucción de su patrimonio histórico, considerado una de las reservas más grandes de la humanidad que al decir de la destacada escritora y crítica de arte iraquí May Muzzafar en un artículo publicado en Le Monde Diplomatique: "Al destruir la herencia de Irak, su pueblo, su arquitectura, milenios de cultura de la humanidad quedaron barridos. Las fuerzas invasoras del país más poderoso de la tierra atravesaron vastos océanos, pisotearon los cuerpos martirizados de niños, mujeres, hombres jóvenes y maduros, utilizando la tecnología militar más moderna para apoderarse de los pozos de petróleo iraquíes. Desgraciadamente, las fuerzas de la coalición no solamente mataron y humillaron al pueblo y la cultura de Irak, también abofetearon a la civilización. El legado que Irak acaba de perder con esta guerra le pertenecía a toda la humanidad."

En efecto, en diciembre de 1994, más de 20 especialistas de talla internacional remitieron una carta a la UNESCO para denunciar la situación de abandono de los enclaves arqueológicos y la impunidad de los ladrones. El bloqueo impuesto por EE.UU, y el hambre, la miseria y la enfermedad que azotaba muchas regiones del país obligó a muchas familias a colaborar con los soldados invasores facilitándoles el saqueo de sus lugares sagrados y no pocos militares se dedicaron a apoderarse de los tesoros arqueológicos de museos y galerías de arte.

Según los analistas más de 4.000 piezas arqueológicas fueron robadas en Iraq en el caos que siguió a la Tormenta del Desierto. Pero lo verdaderamente escandaloso es que más de 300 de esas piezas han sido descubiertas en el Metropolitan Museum de Nueva York. Sin embargo y pese al evidente contrabando, robo y expolio de restos arqueológicos mesopotámicos que ha convertido en millonarios a muchos militares norteamericanos, nadie entrega una explicación razonable.
Una historia que ilustra magistralmente los entretelones que suceden en torno al tema, lo encontramos en torno de la KV 62, denominación que recibe la tumba del Faraón Tutankamón según el catálogo del Valle de los Reyes, en Luxor, Egipto, descubierta solo el 25 de Noviembre de 1922.

Ninguna de las miles de sepulturas identificadas anteriormente, ni las que siguieron a ese hallazgo, encerraban una mínima parte de lo que se encontró en la tumba, la única intacta en toda la historia de la egiptología. Todas las demás, que son miles, han sido previamente saquedas. Los 2.250 objetos que constituían el ajuar funerario del faraón, así como su sarcófago de oro, habían permanecido encerrados y milagrosamente protegidos durante unos 35 siglos.
Por tanto, su tumba casi intacta, supuso una aportación fundamental para la comprensión de la historia y cultura egipcia. Posibilitó sacar a la luz una cantidad apreciable de joyas, muebles, armas y variados utensilios, aportando una información fundamental que permitió ampliar el conocimiento de la civilización egipcia, todo lo cual constituyó lo que se conoce como el tesoro de Tutankamón.


Según la versión de sus descubridores, el noble inglés George Edward Stanhope Molyneux Herbert, quinto conde de Carnravon, su hija Evelyn Herbert, el egiptólogo Howard Carter y el arqueólogo Arthur Callender, ese día lograron finalmente entrar a la antecámara de la tumba. Carter perforó un agujero en la pared sellada y con gran ansiedad echó un vistazo al interior. Su rostro palideció y murmuró algo ininteligible. Carnravon, impaciente por conocer qué veía su compañero, le inquirió: “¡Carter! ¿Ve usted algo?” Fue entonces cuando el arqueólogo, cegado por los destellos de oro que se abrían paso ante su mirada, solamente pudo decir la célebre frase “Sí. Cosas maravillosas. ¡Cosas maravillosas!”.

Luego, todos se fueron a descansar hasta el día siguiente en que acompañados por los inspectores del Servicio de Antigüedades, accedieron al interior de la primera cámara de la tumba.
Más, cincuenta años después, el egiptólogo Thomas Hoving del "Metropolitan de Nueva York", estudiando las cartas que componían la correspondencia entre Carter y Carnarvon y los miembros de la excavación que pertenecían al museo americano, descubrió lo que él describe como “uno de los secretos mejor guardados en la historia de la egiptología”. Que ellos mintieron en su version y que en verdad volvieron a hurtadillas a la tumba. Entraron en ella y alcanzaron incluso la cámara funeraria en donde descansaban los restos de Tutankhamón.

Hoving siguió las pistas que le ofrecían las cartas y llegó a una conclusión sorprendente. En su libro Tutankhamun. The Untold Story , (New York 1978) el egiptólogo americano habla de un claro “reparto secreto” de algunas de las piezas procedentes de la tumba, muchas de las cuales, seguramente, procedían de la entrada en aquella noche de noviembre.

Esta situación quedó con el tiempo absolutamente clarificada, al encontrarse numerosas piezas del tesoro de Tutankamón en diferentes museos europeos y americanos donde fueron vendidos tanto por Carnarvon y Carter.
La mayor parte de las piezas se encuentra en el propio Metropolitan Museum de Nueva York. Son en total 27 objetos de procedencia variada, principalmente de las colecciones privadas de Carter y Carnarvon vendidas tras la muerte de éstos.
Otros museos de Estados Unidos también poseen piezas procedentes de la KV 62. El Museo de Arte de Cleveland, al noreste de Ohio, compró a mediados de los años 70 una pieza interesante. Se trataba de un amuleto de un gato hecho en hematita oscura procedente de la KV 62. La William Rockhill Nelson Art Gallery, en Kansas City, conserva varios fragmentos de oro de un collar procedente de la tumba de Tutankhamón.
Finalmente el Cincinnati Art Museum acoge una de las piezas más insólitas. Se trata de un pantera de bronce con ojos de cristal en actitud acechante, con la cola levantada y la cabeza vuelta hacia un lado. Al igual que otros objetos, provenía de la colección de Carter y muy posiblemente se hallara en la cámara funeraria de la tumba.

Uno de los casos más curiosos fue el intento de sacar del país, disimulada en una primorosa caja de vino marca Fortnun & Mason, la magnífica cabeza de Tutankhamón de madera estucada saliendo de una flor de loto y que fue descubierta por los inspectores egipcios, sin ningún tipo de referencia, ni catalogación.
Carter explicaría que esta pieza única, de 30 centímetros de altura no había sido inventariada por las prisas, pero que efectivamente apareció en la antecámara y que seguramente alguien la sustrajo.

Si observamos cualquier reconstrucción del aspecto de la KV 62 tal y como apareció en noviembre de 1922, observaremos que la cabeza en cuestión se ubica efectivamente en la antecámara, frente al lecho funerario con cabezas de vaca Hathor. Sin embargo, si nos fijamos en los dibujos hechos por los dibujantes Walter Hauser y Lindsley Foote Hall, así como las excelentes fotografías de Harry Burton, en el momento mismo del hallazgo, la cabeza no aparece por ningún sitio.

Pero estas “debilidades” de estos egiptólogos, mundialmente famosos no opacan sus méritos, solo demuestran cómo y por quiénes la fuga de piezas arqueológicas o su franco robo, siempre encuentra cultores.

Como habíamos señalado antes en un artículo anterior, al hablar del descubrimiento de Machu Pichu en Perú por Hiram Bingham, quien fue acusado de sustraer alrededor de cincuenta mil piezas incas y del arquólogo americano Edward Thompson, redescubridor de las extraordinarias ruinas maya de Chichén Itza, quien al igual que el anterior fue expulsado del país y acusado de la sustracción y venta a distintos museos de miles de piezas de propiedad del estado de México., hay numerosos registros de la participación directa de muchas autoridades egiptólogos en estas desapariciones de reliquias y piezas donde se rapiña el patrimonio cultural. Y como ellos, hay cientos de casos parecidos en los cinco continentes.

Lo que causa estupor sin embargo, es que muchas de estas piezas, estatuas, fuentes, losas, escalas y otros artefactos arquitectónicos de culturas que alcanzaron un inusitado desarrollo, no solo son objetos de mucho valor, sino de inmenso peso y gran tamaño, por ser confeccionadas en oro, plata, mármol, alabastro u otros materiales nobles. Esto significa que su contrabando desde su país de origen hasta su nuevo destino, significó amén de dineros empleados en coimas a funcionarios de gobierno, sofisticados sistemas de embalaje, transporte a través del país hasta la frontera, un desembolso millonario y un enorme caudal de tráfico de influencias del más alto nivel.

La triste realidad es que hoy, impunemente, los mejores museos de historia del mundo compiten por mostrar a un público ávido de saber, muestreos de las más importantes piezas prehispánicas, jónicas, egipcias, mayas, chinas, etruscas, fenicias, griegas, mesopotámicas, incásicas y de todas las culturas del planeta, sin que exista freno al saqueo arqueológico. Ello no es otra cosa que una irrecusable pérdida de nuestra herencia y un robo flagrante a nuestro pasado histórico.


domingo, 14 de febrero de 2010

La importancia de tener ombligo. Una rectificación necesaria.

Dicen que el ombligo, esa extraña cicatriz que resulta del corte del cordón umbilical que une a la madre con el recién nacido, una vez cumplida su finalidad, no sirve para absolutamente nada más en la vida, concepto que se hace eco de los dichos del poeta francés Charles Budelaire, quien preconizaba que el ombligo “en realidad, es un hueco sin sentido y sin función, residuo anatómico de la unión con la madre. Delicioso y misterioso”.

Esta aventurada aseveración, que en la praxis resulta ser una verdad a medias, no solo me incomoda sino que me parece totalmente injusta. Todo ello desde el punto de vista que hay otras presas o particularidades de nuestro cuerpo que ni siquiera tienen una función definida. Estoy pensando en las tetillas y pezones del hombre y en ese apéndice al final de nuestra columna vertebral que insinúa ser un rabo frustrado que quizás alguna vez existió en el homo sapiens. ¿Un arrepentimiento del Hacedor, para darnos órganos mamarios y cola? ¿Un eslabón perdido en la fase evolutiva..?

Me incomoda, porque el cordón umbilical, durante la permanencia del feto en el vientre materno, juega un papel preponderante en la gestación de un nuevo individuo, al ser el vínculo que nos liga a la especie humana representada por nuestra progenitora. No hay que olvidar que el feto no respira ni tiene hambre y que es el cordón umbilical el nexo por medio del cual recibe los nutrientes. En verdad el cordón es la conexión entre la placenta y el bebé y dado que la placenta está en íntimo contacto con la madre, es entonces el nexo indirecto entre el bebé y su madre. Y que es allí, en ese mundo sostenido por este cordón que termina siendo ombligo, que después se corta y se bota, donde se desarrolla el misterio del despegue de una nueva vida, de un ser que en pocos meses estructura su cerebro, sexo, órganos y funciones en el interior del cuerpo materno.

Y es injusto que este cordón umbilical tan generoso, dador de vida y vehículo propagador de la raza humana, termine su función en un nudo de tripa no siempre primoroso, también llamado Pupo, palabra nada elegante que no le hace justicia ni pondera el vital servicio, que el a veces llamado despectivamente ombligo, presta a la raza humana.


Buscando algunas aplicaciones para lo que resulta útil en la actualidad, me encontré con que algunos sujetos, para mayor comodidad personal, en un balneario por ejemplo, o haciendo el amor, aprovechan la concavidad natural que se presenta en esta zona al estar acostados, para colocar allí la fruta de estación que les sirve de postre, como uvas, guindas, frutillas etc., que según me han contado, sirve incluso para iniciar algunos jueguitos eróticos más extremos.

Otros, más inclinados al arte, gustan de tatuarse figurillas picarescas, piercing y otros colgajos, quizás en la idea de ser divertidos o de parecer más sensuales, o quizás simplemente, como a mi me ocurre, en un afán de demostrar que este botoncito que nos acompaña a los humanos de por vida, ya que se dice que los extraterrestres no podrían lucirlo, sirve admirablemente para algunas prácticas o costumbres de la modernidad.


A este respecto hay que decir que desde antiguo se ha considerado al ombligo una especie de fetiche erótico siendo para muchos parecido al órgano sexual femenino.
Tanto es así que en la Obra Las Mil y Una Noches, uno de los primeros libros eróticos en salir a la luz pública, hay frecuentes menciones al respecto, Una de ellas le adjudica la cualidad “de recipiente que contiene poderosos aromas afrodisíacos..”
En el relato de la 184 noche, la hermosa Budur le dice al joven Karamalzaman: “He aquí mi ombligo, que gusta de la caricia delicada, ven a disfrutar de él….".
La biblia también recoge en El Cantar de los Cantares, capítulo 7, versículo 7:2 la frase del Rey Salomón que dice: “Tu ombligo es un ánfora redonda donde no falta vino"… "Un aspecto algo más serio de la actual importancia que tiene el ombligo está relacionado con la incesante búsqueda médica de minimizar la magnitud de las incisiones en el caso de las operaciones. La idea siempre ha sido no dejar grandes cicatrices quirúrgicas que luego precisan otra cirugía correctiva para borrarse. El último paso en este sentido es realizar estas operaciones a través del ombligo como único puerto, de forma que la cicatriz queda camuflada en la huella umbilical. Esta técnica se llama cirugía laparoscópica y está siendo aplicada cada vez con mayor éxito desde los ochenta y ha sido exitosamente probada en casos de colecistectomías, apendicectomías, esplenectomías y también neumotórax espontáneo.


El ombligo en tanto símbolo, se incrusta en mitologías y religiones. Las culturas azteca y maya enraízan sus fuentes en esta simbólica: el nombre México deriva de metzli, la luna y de xictli, ombligo; México sería el lugar del ombligo de la luna.
Omphalos es una palabra griega que significa «ombligo». Un bello mito de la antigüedad nos cuenta que hace mucho tiempo, en algún momento que se pierde en la memoria de los dioses, Zeus y Atenea se enzarzaron en una discusión sobre cuál era el auténtico centro del mundo. Atenea aseguraba que estaba en Atenas, su ciudad favorita, pero Zeus no estaba conforme, así que para zanjar la discusión decidió soltar dos águilas, cada una de ellas desde uno de los confines de la tierra. Tras un largo vuelo, las aves se cruzaron sobre la ladera del monte Parnaso, justo donde hoy se encuentra Delfos. Allí, en el interior del templo de Apolo, se custodió durante siglos una piedra cónica –un omphalos u ombligo–, que marcaba el centro del mundo y que para algunos autores pudo haber tenido un origen meteorítico, lo que explicaría que se considerara una pieza sobrenatural desde tiempos prehistóricos. Hoy el ónfalos original se ha perdido, pero en el Museo del Santuario se conserva una copia de época helenística.

Se dice que a partir de esa piedra Ónfalo, surgió una divinidad griega adicional a las ya existentes, que se llamó Onfalia, nombre que significa “mujer que tiene un hermoso ombligo", quien fue reina de Libia.

Hércules, como era costumbre entre los héroes, reyes y guerreros, visitó al oráculo de Delfos, quién le ordenó pasar tres años como esclavo de la reina. Onfalia, que era viuda se enamoró de Hércules y sus amores se recuerdan entre

los más famosos de la mitología, en particular porque hubo allí una extraña situación. Ella empezó a vestir el ropaje de Hércules, una piel del león de Nemea, despojo obtenido por el héroe en su primer trabajo y usaba la maza de Hércules que era terror de los hombres y azote de los animales feroces, por mientras Hércules permanecía en sus aposentos y llevaba una vida afeminada. Vestido de mujer, con los más exquisitos trajes de la reina y con su larga cabellera delicadamente trenzada por sus esclavas, dedicaba casi todo su tiempo a…hilar

Para los griegos, el ombligo debía estar en el centro exacto entre el pecho y los genitales y éste era considerado como el centro del cuerpo, de la vida, de la existencia, del universo, dándole un gran significado y valor. No obstante Grecia no es el único país que se ha adjudicado este honor. En Chile la Isla de Pascua, Rapa Nui o Te-Pito-Te-Henúa, significa “el ombligo del mundo” en lenguaje polinesio.
Cuzco ,("QosQo"), que en quechua, significa ombligo, es como llamaron los Incas a esta extraordinaria ciudad, al querer significar que Cuzco era el ombligo o centro del mundo. Está ubicada, al sur del Perú, en pleno corazón de la sierra de los Andes, en el Departamento de Cuzco y en la provincia homónima.

Lo que no se puede negar es que la palabra ombligo suena evocativamente y es una voz consagrada y reconocida en cualquier idioma del mundo siendo ampliamente utilizada en todo tipo de tópicos, sean filosóficos, metafísicos, metafóricos o religiosos, lo que significa que su utilidad didáctica existe, tiene presencia en el mundo cibernético y que sin este vocablo el lenguaje perdería una rica veta que entrega precisión académica para catalogar hechos puntuales.

Uno de los acertijos más antiguos y discutidos de la humanidad es sin duda esclarecer si de acuerdo a la teoría creacionista Adán y Eva tuvieron ombligo. La discusión no es menor y su data es tan antigua como el Génesis mismo porque la existencia o inexistencia del ombligo en estos protagonistas bíblicos, es la inflexión de quiebre entre la teoría de la evolución y de aquellos fundamentalistas que creen que el mundo se hizo en seis días y que la fecha de su creación no supera los seis mil años.

Si Adán y su compañera de la leyenda bíblica, fueron efectivamente las primeras criaturas humanas hechas por el creador, tal cual creen literalmente algunos, no podían tener ombligo. Tampoco fueron cien por ciento perfectos ya que no descendían de un padrón humano, pues a ninguno de los dos se les habría cortado el cordón umbilical y lógicamente sus abdómenes serían completamente lisos.

Si por el contrario nacieron con ombligo, ello implica necesariamente que su nacimiento fue fruto de un parto y que hubo antes que ellos más humanos.
Lo mismo pasa con Dios, ya que si nos atenemos a lo expresado en la Biblia, Adán y Eva fueron hechos a imagen y semejanza de Dios. Por lo tanto si la pareja primigenia tenía ombligo Dios también lo tenía.
Ese fue el dilema que enfrentaron los artistas que debieron pintar la creación y que como Miguel Angel lo hizo en la Capilla Sixtina, decidieron representarlos con su respectivo Pupo. Ningún Papa, autoridad eclesiástica ni intelectual católico objetó el ombligo de Adán o Eva, por lo que se puede inferir que ellos también pensaban que Dios ostentaba en su sagrada barriga este nudillo indicador de sucesivos ancestros.
La pregunta que se hace necesario contestar entonces, es que si Dios efectivamente tiene ombligo, ¿quiénes fueron sus padres? o más bien, ¿quién creó a Dios..?
Desde luego nada de estas deducciones ha penetrado en el cerebro de los creacionistas que siguen pensando que el primer humano que tuvo ombligo fue Caín y que ni Dios ni Adán y Eva, sus criaturas primigenias lo tuvieron…
Lo mismo ocurre con el Jardín del Edén. Allí había plantas, árboles y otros animales, pero cualquier zoólogo puede explicar que ellos también necesitaron cientos y quizás miles o millones de años para tener huesos, dientes, pezuñas y toda clase de otros órganos que señalan la evidencia de un crecimiento anterior. Los colmillos del elefante revelan las etapas de su crecimiento. Lo mismo ocurre con los anillos anuales de los árboles, la caparazón de las tortugas, los bivalvos del mar. Todos nacieron de una especie. La vaca fue primero un embrión y toda planta antes fue semilla.
Si le creemos al Génesis, habría que aceptar que el mundo fue creado en seis días y que su antigüedad es de solo seis mil años.

Esto se contradice brutalmente con la información científica disponible en este sentido que dice que: "La datación radiométrica ha permitido a los científicos calcular la edad de la Tierra en 4.650 millones de años. Aunque las piedras más antiguas de la Tierra datadas de esta forma, no tienen más de 4.000 millones de años, los meteoritos, que se corresponden geológicamente con el núcleo de la Tierra, dan fechas de unos 4.500 millones de años, y la cristalización del núcleo y de los cuerpos precursores de los meteoritos, se cree que ha ocurrido al mismo tiempo, unos 150 millones de años después de formarse la Tierra y el Sistema Solar".

Otra muestra del impacto que el vocablo ombligo causa en las gentes, es establecer que esta denominación se entrega también a los más grandes agujeros, naturales o artificiales que existen en la corteza terrestre.

Así ocurre con la mina de diamantes de Mirna en la Siberia oriental rusa, considerado el agujero más grande y profundo del planeta, que tiene un diámetro de 1.250 metros y 540 metros de profundidad.
Es además, la mina de diamantes a cielo abierto más grande del mundo y es una de las pocas construcciones humanas que puede ser fotografiada por los satélites.
La mina fue construida en la década de los 50 y solo puede procesar un quilate de diamante cada diez toneladas de tierra que se extrae.
Un dato curioso es que está prohibido que la sobrevuelen aviones o helicópteros ya que la succión que produce ha hecho caer varios helicópteros dentro de su cráter.
En la última fotografía, se muestra el tipo de camiones usados en las tareas de extracción, que son los más grandes del mundo. Miden 13,36 mts. De largo- 7,78 mts. de altura y 6,6 m de ancho, pero como muestra la flecha roja dentro del cráter en la fotografía 1, solo se distingue como un punto insignificante.

Este “ombligo del mundo”, esta impresionantemente cerca de la ciudad del mismo nombre donde la mayoría de los 2.700 habitantes de la ciudad trabajan en el yacimiento.



Un aspecto más. La sangre del cordón umbilical (SCU) al igual que la médula ósea es rica en células madre. Las células madre son células maestras capaces de crear los componentes principales de la sangre humana y del sistema inmunológico (de defensa) del cuerpo.
El descubrimiento de que la sangre de cordón umbilical contiene grandes cantidades de células madre, lo que lo convierte en un proveedor líder de pruebas de paternidad, ha hecho que éstas puedan ser utilizadas para el tratamiento de enfermedades hematológicas y de tipo genético.
Hasta hace algunos años, el uso de las células madre estaba limitado a los trasplantes, sin embargo el reciente descubrimiento del potencial de estas células de convertirse en otro tipo de células (del corazón, córnea, tejido nervioso, del hígado, riñones, páncreas, etc.) ha abierto el camino a las investigaciones para el tratamiento de otro tipo de enfermedades.

Hoy la medicina ha dado un paso gigantesco para buscar solución a enfermedades consideradas irreversibles gracias a esta característica del cordón umbilical, de donde el ombligo es el último vestigio. Enfermedades malignas como las leucemias, el linfoma de tipo no- Hodgkin´s y Mieloma múltiple pueden ahora tratarse con el uso de estas células madres. Ello supone que en el futuro hay esperanza para los cánceres, tumores del cerebro, Melanoma, Diabetes, SIDA, Artritis reumatoide, Alzheimer, Esclerosis múltiple, Lupus eritematoso severo y Regeneración de tejidos ( cardíaco, hepático, pancreático nervioso y de córnea).
Que nadie diga ahora que nuestro querido Ombligo y el fantástico cordón umbilical hasta ayer inútiles y desechables, no sirven para absolutamente nada.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Los esquivos tesoros perdidos.

En el imaginario popular no hay nada más potente ni regocijante que una gran aventura, vocablo que nos sugiere una experiencia fascinante, quizás peligrosa e inesperada, posiblemente arriesgada, pero que hará correr adrenalina de buena cepa por nuestras venas, que muy difícilmente alguien se atrevería a despreciar.

La aventura de buscar tesoros y ciudades perdidas ha sido siempre el sueño romántico de todas las generaciones y basta conocer los mitos y leyendas de cada pueblo para darse cuenta que hay cientos de fantásticas ciudades mitológicas no encontradas y miles de tesoros que cuentan con el aval de la descripción histórica, que están esperando al audaz que los saque de su escondite secreto.
Más, algo pasa con ellos. No es fácil ubicarlos ni aunque se tenga un mapa en la mano. Como si fuera una maldición del destino, las ciudades perdidas y los tesoros enterrados se resisten a ser descubiertos.
Para los exploradores afortunados, puede haber perlas, diamantes, barras de oro macizo, valiosas monedas antiguas, minas inagotables, vestigios de civilizaciones desaparecidas o cofres y barriles desbordantes de piedras preciosas, amén de fama, dinero y prestigio. Y para aquellos que como suele ocurrir, han agotado sus vidas tras la quimera de la riqueza, solo la locura, el olvido y la amargura de la pobreza.

Tal vez la más antigua de estas leyendas del cono sur de América, es el mítico El Dorado, fabuloso tesoro inca buscado en vano a través de siglos por expedicionarios de varios países en las selvas colombiana y venezolana. Según la leyenda, en esta ciudad sagrada todas sus construcciones estaban revestidas con placas de oro y el Cacique del lugar era espolvoreado con oro en polvo en las ceremonias, lo que le daba el aspecto de un hombre "dorado", de donde proviene su nombre. Allí estaban las ricas minas de oro del Inca Atahualpa, que los conquistadores jamás pudieron encontrar.

Entre los más recientes exploradores que lo han intentado está el artista plástico chileno Roland Stevenson, paisajista, explorador, autor del libro "Una luz en los Misterios del Amazonas", antropólogo aficionado, radicado en Manaus, Brasil, quien por treinta años ha recorrido de punta a cabo la selva amazónica, logrando localizar las ruinas de un hasta ahora desconocido, “camino incaico” que atraviesa la amazonía llegando del Ecuador. Asimismo, en esta senda encontró restos de construcciones de piedra y para su sorpresa, dibujos de llamas en plena floresta amazónica, muy lejos de su habitat natural de Los Andes. Stevenson concluyó que los caminos eran los que recorrían los incas en busca de El Dorado, el lugar donde extraían su afamado oro.

Rafael Videla Eissmann, en su estupendo blog “Oriflama”, nos ilustra diciéndonos que “luego que Francisco Pizarro y sus hombres capturaran al Inca Atahualpa, parte del círculo más cercano del Hijo del Sol escapa en 1533, tomando una ruta desde Cajamarca que los conducía a Quito, alcanzando así el sur de Colombia para tornar luego a Brasil.
La furtiva comitiva llega finalmente al área ubicada en el norte del Río Negro, en Roraima. Stevenson explica que los Yanomani de ojos azules serían los descendientes de la unión de las mujeres pertenecientes al grupo que escapó de Cajamarca y de españoles. El grueso de esta comitiva estaba compuesta por mujeres, las Vírgenes del Sol, según las leyendas de los indios Tukanos, Dessana y los Pirá-Tapui, quienes fueron resguardadas por leales guerreros incaicos.
Estas vírgenes guerreras, portadoras del tesoro real Inca, conforme a Stevenson, habrían dado origen a las leyendas de Las Amazonas, referidas por los cronistas Francisco de Orellana, Francisco López de Gómarra, Gaspar de Carvajal y posteriormente enunciadas por Alexander von Humboldt. Este refugio secreto que cobijó a las vírgenes guerreras tras la captura de Atahualpa era el asentamiento del cual los Incas obtenían el oro.
Conocedores de los rumores de este portentoso asiento, Sebastián de Belalcázar y Francisco Pizarro buscaron la mítica ciudad en 1535. En el mismo año, el conquistador y cronista de origen alemán Nicolás de Federmann, dirigió una expedición en su búsqueda, sin resultados. Al año siguiente, emprende de modo vano la misma empresa Gonzalo Jiménez de Quesada. Después, en 1541, otro alemán, Felipe de Utre, de manera fútil busca El Dorado a lo largo del río Amazonas.
Infructuosamente Gonzalo Pizarro (1541) y Francisco de Orellana (1542), desde Quito, intentaron llegar a El Dorado, desviándose el primero de la difícil ruta que penetraba las inmensidades del paisaje amazónico; y por la vía fluvial, el segundo. Pizarro fue el primero en hablar de El Dorado en las cercanías de un lago, en una carta al Rey de España. Sólo después de 1570 surgieron informaciones por parte de los indios Arak acerca de los grandes depósitos de oro en las nacientes del Río Orinoco al otro lado de las sierras de Pacaraima, donde se ubicaba un enorme lago rodeado de montañas ricas en oro y piedras preciosas. En 1595, Walter Raliegh, navega a través del Orinoco sin lograr acceder al Reino Dorado.

De acuerdo a Stevenson, la Ciudad Sagrada de El Dorado, una gran necrópolis, se situó en la isla de Maracá, en el occidente del lago Manoa, el cual ocupaba 400 km. entre Brasil y la Guyana, como se desprende del mapa desarrollado por Thomas Hariot en el año 1595 y en otro de Henricus Hondius de 1599. Stevenson señala que estos mapas indican que existió una ciudad en la margen occidental de este lago. El explorador Antonio de Berrío, que estuvo allí en 1584, dijo que en esa isla vivían diez mil indígenas y que éstos tenían la costumbre de enterrar a sus muertos con todas sus riquezas.

Alexander von Humboldt -indica Stevenson- al verse imposibilitado de llegar al lago Manoa, descalifica los mapas de Haroit y Hondius y establece así que el lago Guatavita -en Colombia- era el lago del Hombre Dorado (El Dorado), producto de las ofrendas rituales hechas allí, asentando las bases para la confusión de la ubicuidad real de la ya legendaria ciudad.

Stevenson establece que varios expedicionarios de finales del siglo XVI buscaron infructuosamente el lago Manoa. Entre ellos, Antonio de Berrío (1584) por el Orinoco; el mismo Berrío luego por el norte, a través del río Caroni (1591); por igual ruta, Maraver y Vera (1593) y Raleigh (1595); luego desde el Este, por el río Essequibo, Keymis (1596) y por último, a través del río Branco en el Sur, Roe (1611). El oro inca, de acuerdo a las conclusiones de Stevenson, provenía del lago Parime ó Manoa, en Roraima (llamado también Lago Blanco ó Lago de Leche y Axpekõ-dixtara en la lengua nativa).

En 1987 Roland Stevenson divulgó el descubrimiento arqueológico de El Dorado en la Isla de Maracá a través del periódico Folha de Boa Vista de Roraima. En seguida, la Royal Geographic Society de Londres, encabezada por el historiador John Hemming -gran especialista en la temática de El Dorado-, en acuerdo con el gobierno brasileño de turno, cerraron la zona, instalándose allí por más de doce meses, sin permitir el acceso. La sociedad inglesa aludió a una “expedición científica” que investigaba la flora y fauna del lugar. Gran cantidad de cajas selladas -con extraordinarias piezas de incalculable valor histórico según Stevenson- fueron sacadas de la zona y enviadas a Inglaterra...

Stevenson denunció el saqueo y despojo del extraordinario patrimonio arqueológico de El Dorado por parte de los ingleses, como “ya lo hicieron en Egipto, Canadá, Perú y Gibraltar”, dejando tan sólo restos dispersos y de escaso valor, haciendo desaparecer de esta manera las evidencias que avalaban su extraordinario descubrimiento: el mismísimo Dorado, mito que estimuló y motivó la exploración y búsqueda de tantos expedicionarios y aventureros desde el siglo XVI en la geografía fabulosa de la América del Sur”.

Según Stevenson, existía una carretera precolombina, hoy escondida entre la selva, que desde la actual Colombia meridional llegaba, pasando por el norte del Río Negro, hasta el lago de Manoa, en el actual estado brasilero de Roraima, para terminar en el litoral atlántico, correspondiente al que hoy es el estado de Amapá.
Este camino llamado Nhamini-wi es rico en petroglifos que evocan la gran cultura del Perú.
Una de las pruebas que sustentan esta tesis es, que algunos pueblos que aún hoy viven por esas zonas hablan lenguas del tipo quéchua, tal como los Incas.
Las lenguas de estos pueblos, como los Waiapí del Amapá o los Talipang de Roraima, fueron estudiadas por eminentes lingüistas, como Migliazza, y la tesis de Stevenson fue confirmada.

Las construcciones de piedra serían los tambos en donde los viajeros paraban para descansar. Igualmente encontró piedras esculpidas con ocho puntas, tipo de arma usada por los Incas y que pueden ser vistas en museos del Perú.
Sin embargo, su descubrimiento más fascinante fue hecho en 1987, cuando orientado por fotos del satélite del Proyecto Radam, Stevenson constató la existencia de una extraña marcación en todas la sierra de Pacaraima a lo largo de 400 kilómetros, claro indicio que en el lugar pudo existir antes un gran lago que se secó. Además, las once minas en donde actualmente se extrae oro en la zona bien podrían ser fuentes auríferas de las antiguas civilizaciones de los Andes. Esas minas están cerca de Boa Vista, ciudad brasilera fronteriza con Venezuela y se encuentran todavía en plena producción.
Tras la cultura Maya:-
En 1839, un joven abogado y escritor norteamericano, llamado John Lloid Stephens comisionado por el Presidente de los Estados Unidos Martin Van Buren, como Embajador especial para América Central, aprovechó esta misión para cumplir un antiguo anhelo, explorar la selva de Yucatán en Honduras, para constatar lo que había descubierto en un documento del año 1700, en unas memorias de un cierto Coronel Galindo, que relataba haber encontrado extraños monumentos tapados por la floresta a orillas del río Copán.
Entusiasmado con esta idea, se hizo acompañar por su amigo el prometedor arquitecto y dibujante Frederic Catherwood. Con gran dificultad, sobre todo económica, organizaron una pequeña expedición compuesta por cargadores y guías y se internaron en la selva tropical. Luego de muchos días, martirizados por los insectos y animales salvajes de la jungla, abriéndose paso dificultosamente a través de la lujuriosa vegetación, la comitiva arribó a una pequeña aldea india, donde los moradores del lugar aseguraron que ellos nunca habían visto nada parecido a lo que se les preguntaba.
Muy decepcionados y sin otra meta que regresar derrotados, Catherwood decidió hacer una visita final por los alrededores, para lo cual despejaron un trozo de selva abriendo un nuevo sendero. De pronto, tras una cortina de ramas se topó a boca de jarro con una estela de tres metros de alto, de forma cuadrangular y completamente esculpida en sus cuatro caras. Siguieron explorando y en los siguientes días descubrieron trece estelas más y luego escaleras, pirámides y palacios.

Esto decidió que la expedición tuviese un año de duración, detectándose decenas de ruinas mayas, la mayoría de las cuales jamás habían sido vistas por otros humanos. Este inmenso trabajo donde Catherwood tuvo el mérito de realizar bocetos y estupendos dibujos de los hallazgos, fueron llevados a un libro, “Incidentes de viaje en Centroamérica Chiapas y Yucatán”, publicado en 1841, que tuvo un resonante éxito, acreditándose para ambos el honor del “redescubrimiento” de la civilización Maya.
Pero la culminación de estos hallazgos no fue solo cultural. Stephens y Catherwood ubicaron al propietario de los terrenos donde fueron halladas estas valiosas reliquias arquitectónicas, un viejo indio llamado José María, quien aceptó encantado venderles toda el área y lo que allí se encontrase, ruinas incluidas, a las que él no sacaba ningún provecho, en la suma de Cincuenta dólares americanos, “fabulosa” suma con la que quedó muy satisfecho.


Otro afortunado explorador de fines del siglo pasado fue el arqueólogo americano Edward Herbert Thompson, quien, en las soledades de la retorcida selva al norte de Yucatán, descubrió, junto con su guía indio, las monumentales ruinas de la ciudad pre hispánica más famosa del nuevo imperio maya: Chichén Itzá.
Al igual que Stephens, Thompson había sido conducido por una crónica; la del primer obispo de Yucatán, Diego de Landa, quien en 1566 escribiera su “Relación de las cosas de Yucatán”, pero lo que mayormente le inspiró, fue haber leído los populares libros de arqueología de John Lloyd Stephens editados hacia finales del siglo XIX que lo decidieron a seguir sus pasos.

El destino puso en su camino los medios. A los 22 años Thompson había publicado un artículo en la revista “Popular Science Monthly” donde aventuraba, a partir de sus lecturas y sus observaciones de los monumentos mayas que había visto en fotografías, que el lenguaje arquitectónico de ésta cultura era la prueba de la existencia remota del continente perdido de la Atlántida.
Su extravagante teoría atrajo la atención de otro excéntrico, el barón Stephen Salisbruy III, heredero millonario y benefactor de la Sociedad Americana de Anticuarios, que pronto incluyó a Thomspon entre sus filas y le persuadió de mudarse a la península mexicana de Yucatán, de manera que pudiera estudiar las ruinas y comprobar su teoría.
Un amigo común, el entonces senador por Massachussetts, George Frisbie Hoar, quien pertenecía a la misma sociedad, recomendó a Thompson como cónsul de los Estados Unidos en Yucatán.
Fue así que Edward Herbert Thompson tuvo su primer acercamiento real a la cultura maya. En 1894 adquirió la hacienda Chichén, ubicada a un costado de las entonces poco exploradas ruinas arqueológicas y contigua al gran Cenote Sagrado. Desde esa fecha y durante más de 30 años, Thompson dirigió desde ahí sus investigaciones arqueológicas.

Luego de estudiar los escritos de los evangelizadores de la colonia, Thompson dedujo que en el fondo del Cenote Sagrado habría valiosos ornamentos con los que habían sido ataviadas las personas sacrificadas. Para llegar al fondo del Cenote (de 60 metros de diámetro y 22 de profundidad), debió desarrollar un aparato de buceo capaz de soportar la presión del agua y la baja temperatura. Volvió a los Estados Unidos, aprendió a bucear, consiguió entre sus amigos los recursos que necesitaba y puso el material adquirido dentro de una embarcación rumbo a México.
Ya en Yucatán, capacitó a algunos mayas de la zona para ayudarle en lo que parecía una aventura sin sentido. Luego de un mes de búsquedas fallidas, él y su equipo comenzaron a encontrar vasijas, ornamentos y lanzas de jade y obsidiana. Pero Thompson ansiaba llegar a la parte más profunda del Cenote Sagrado.
Buscó la ayuda de un buzo griego que vivía en las Bahamas. Junto a él, pese a sus 50 años, el propio Thompson se sumergió en la profundidad de las aguas y en la oscuridad, con la única herramienta del tacto, encontró discos de oro y jade, representaciones de dioses y esqueletos humanos. Con ese descubrimiento, Thompson comprobó que los mayas realizaban sacrificios humanos y puso a la cultura maya en las preocupaciones de los arqueólogos del mundo.

En 1910, dio por terminadas sus exploraciones al Cenote. Su reputación había quedado marcada por una mancha irreversible: a los pocos años de que abandonara sus investigaciones, se descubrió que muchos de los utensilios que había recuperado del Cenote Sagrado, habían sido vendidos de manera sigilosa a través de los canales diplomáticos al museo norteamericano “Peabody Museum”, que aún conserva muchas de estas valiosas reliquias. Fue acusado de contrabando de reliquias históricas y expulsado del país.
Después de la intervención del gobierno mexicano, la entidad aceptó devolver a México la mitad del lote en 1970 y otras cuantas más recientemente, en 2008. De entre las piezas más preciadas que Thompson recuperó del Cenote Sagrado están la Venus maya, el Templo de las Columnas Pintadas y el Mausoleo del Gran Sacerdote.

La zona arqueológica de Chichén Itzá fue inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988 y el 7 de julio de 2007, fue reconocida como una de las “Nuevas Maravillas del Mundo” ", por una iniciativa privada sin el apoyo de la Unesco, pero con el reconocimiento de millones de votantes alrededor del mundo.

Otro descubrimiento fabuloso de una ciudad perdida fue el hallazgo de Machu Pichu en 1911, en territorio peruano, por el historiador norteamericano Hiram Bingham. La ciudadela, importante centro ceremonial inca guardó su secreto por más de cuatrocientos años y su ubicación fue dada por un pequeño detalle mencionado por un cronista español del siglo XVII Fernando de Montesinos, a pesar que existían importantes documentos y leyendas populares sobre su existencia.
En sus primeras expediciones por los Andes, Hiram Bingham, oyó hablar de una ciudad perdida, al noroeste de Cuzco, que los conquistadores nunca habían conseguido encontrar. Bingham siguió muchos senderos, pero al final de ellos sólo encontró chozas en ruinas. La mañana del 24 de julio de 1811, era un día frío y lluvioso y los compañeros expedicionarios de Bingham estaban exhaustos, sin ánimos de continuar la ascensión.
Bingham, subió aún 700 metros más llegando a una choza de paja, donde dos indios lugareños le ofrecieron agua fresca y patatas hervidas y a sus consultas respondieron que justo a la vuelta había unas viejas casas y muchos muros derrumbados..

Bingham dio la vuelta a la colina y quedó maravillado con el espectáculo que tenía ante sus ojos. Primero vio cerca de cien terrazas de piedra escalonadas, admirablemente construidas, que medían centenares de metros: Una especie de granja gigantesca que cubría la ladera y se alzaba hacia el cielo. Era la obra de varios siglos atrás, en que verdaderos ejércitos de albañiles y obreros, llevaron hasta esas altura inhóspitas tierra fértil desde los valles inferiores para rellenar estas terrazas, algunas naturales y otras fabricadas para hacer el área cultivable, llevando igualmente, a fuerza de hombro, toneladas de piedras cortadas y talladas con una exquisita técnica de sillería primitiva, quizás el mayor ejemplo que existe en el mundo, que ocupó a generaciones de artesanos, que cincelaron cada piedra, con ángulos caprichosos y protuberancias meticulosamente labradas que encajan unas con otras, sin argamasa u otro sellante, que sirvieron para la construcción, como si se tratase de un rompecabezas, de los muros de edificios, palacios, escalinatas, pirámides y avenidas, que hasta hoy la humanidad admira en esta fortaleza y ciudad sagrada Inca.

Bingham es considerado culpable de extraer de manera ilegal 46.332 piezas arqueológicas incas, propiedad del pueblo peruano, llevándoselas a la Universidad de Yale en Estados Unidos, país que todavía las retiene. En el 2007 los diarios informan que las gestiones solicitando su devolución han prosperado y según dijo el ministro de Vivienda de la época Hernán Garrido Lecca: "Tomó años de reclamos y meses de negociaciones pero la Universidad de Yale va a devolver casi 50.000 piezas retiradas de Machu Picchu hace casi un siglo.

Los Piratas:

Entre 1640 y 1730, los años de auge de la piratería, se cree que se enterraron botines cuyo valor asciende a los 100 millones de dólares a corta distancia del continente americano, en cuatro minúsculas islas que fueron usadas como “alcancía” por estos facinerosos. Pero, a no ser por unas cuantas piezas de oro y plata encontradas accidentalmente, nadie hasta ahora ha visto siquiera un vislumbre de esta riqueza, y no por no haberlo intentado.

La costa de la actual Florida era zona de cacería del tenebroso Barba Negra.
Fue quizás el más famoso de los piratas. Su verdadero nombre era Edward Drummond, pero usaba el nombre de Edward Teach. Su barco "Queen Anne´s Revenge" fue tomado a los franceses. Llevaba una enorme barba negra adornada con cintas. Antes de una batalla ataba mechas lentas a su sombrero que dejaban una estela de humo negro, con el fin de aterrorizar a sus enemigos.
Trataba a los prisioneros salvajemente. Su actividad duró solamente dos años. En 1718 el gobernador de Virginia ofreció una recompensa por él vivo o muerto. El teniente Robert Maynard de la Royal Navy, lo persiguió con dos barcos y lucharon mano a mano sobre cubierta. Murió con veinte heridas de machete y cinco disparos de pistola. Maynard le cortó la cabeza, la colgó en su barco y regresó a por la recompensa.

Se dice de él, que enterró una cuantiosa porción de sus ganancias mal habidas en la Isla de Amelia, aproximadamente a 45 km al norte de Jacksonville. Durante medio siglo, nativos y turistas han estado buscando sus tesoros, pero hasta la fecha las únicas personas que han obtenido un provecho de ellos han sido los que venden mapas falsos con la ubicación del tesoro.

También al suroeste de Florida, en el canal de Yucatán, se halla una extensión de terreno arenoso llamada Isla Mujeres, a la cual se llega mediante bote desde la costa mexicana. Esta era el hogar y base de operaciones de un suertudo saqueador español de nombre Mundaca. En alguna parte de la isla descansa su tesoro de toda la vida, cerca de tres y medio millones de pesos de plata, según él alardeaba. Cuando murió, no dejó testamento o plano alguno y hasta ahora, a pesar de haberse hecho numerosas excavaciones, nadie a visto un solo peso.

La Isla Tiburón se encuentra en el Golfo de California, a 3 Km de la costa. La isla, que una vez fuera guarida de indios, servía como escondite no solamente para los botines de los piratas, sino también para algunas de las inmensas riquezas en oro que los aztecas ocultaban para que no cayeran en manos de los conquistadores españoles. Pero aunque varias cartas y documentos auténticos cuentan de los tesoros escondidos en la Isla Tiburón, ni uno solo contiene un mapa, o al menos una mención del sitio en el que se encuentran. Los tesoros ocultos ahí siguen esperando. El impedimento para encontrar esos tesoros es, desde luego, la falta de un mapa o indicio que señale donde cavar.
Sin embargo, se sabe que existen no menos de 3 mapas auténticos del sitio donde se encuentra uno de los más ricos tesoros ocultos jamás reunidos fuera de Fort Knox. Estamos hablando de
La Isla del Coco, cerca de la costa del Pacífico de Costa Rica, que tiene una extensión de apenas 35 km2 de maleza, rodeada por un litoral de riscos casi verticales. La isla exhala un aura de malignidad que ha sido comentada por todos los cazafortunas que han estado ahí, y de la cual se han alejado con alegría. Estos hombres incluyen individuos de nervios bien templados como el corredor de automóviles sir Malcolm Campbell y el temible conde Félix von Luckner. La mayor parte de la isla esta cubierta por una espesa masa de color pardo de enredaderas y ramas entrelazadas, que obstruye el paso de la luz solar, conservando la tierra húmeda y oscura.
Llena el aire de un hedor de podredumbre y descomposición, junto con el zumbido de millones de insectos voladores. El ambiente fue descrito como “estar dentro de una tumba abierta”.

Pero la tentación de las riquezas ahí enterradas es tan intensa que el gobierno de Costa Rica utiliza la isla como fuente de ingresos. Los cazafortunas pagan una cuota establecida, por la cual obtienen un documento oficial que los autoriza probar suerte en cualquier parte de la isla.

De acuerdo con la tradición, la isla alberga tres tesoros ocultos bien determinados. La existencia de los dos primeros se basa en gran parte en rumores; pero la del tercero, el más cuantioso, es un hecho documentado. A principios del siglo XVIII el bucanero Edward Davis, uno de los numerosos filibusteros que saqueaban las costas de América Central, que entonces se llamaba la Nueva España, se convirtió en el terror de los mares por sus constantes saqueos a Panamá, Guayaquil, Quito, Perú y Chile entre otros. Estableció su base de operaciones en la Isla del Coco. Finalmente desapareció sin dejar huella después de haber fracasado en la captura de la ciudad de Porto Bello. En 1709, poco antes de su última empresa se cree que ocultó su botín, acumulado en sus pillajes, en alguna parte de la isla. El sitio se desconoce, pero se tiene un registro del monto del tesoro: 700 lingotes de oro, 20 barriles llenos de doblones de oro, y más de 100 toneladas de reales de plata españoles.

El segundo tesoro pertenecía a un rufián particularmente temible pirata de nombre Benito "espada sangrienta" Bonito, quien combinaba la sed de oro con el sadismo. En 1819 obtuvo el mayor botín de su carrera cuando capturó un buque frente a Acapulco, México, el cual llevaba 150 toneladas de oro. Bonito navegó entonces hacia La Isla del Coco, reprimió un motín entre su tripulación y después partió hacia la que resultó su última travesía de pillaje. Se sabe que debe haber dejado el producto de sus hurtos en la isla, porque las embarcaciones piratas, para las cuales la velocidad era esencial, no podían navegar con tal cantidad de oro como lastre.

Bonito había soltado el ancla en la bahía Wafer, en la superficie norte de la isla. Fue aquí donde algunos exploradores subsecuentes encontraron los esqueletos mutilados de sus marinos rebeldes. Es muy probable que el oro se encuentre enterrado cerca del lugar donde ancló. El mismo Bonito fue sepultado en el mar, como resultado de su encuentro posterior con la fragata británica Espiegle.

No obstante, la atracción principal de la isla la constituye el Tesoro de Lima, del cual se tienen mapas y documentos; éste es un tesoro oculto que ha atormentado los esfuerzos y esperanzas de un número mayor de hombres que cualquier otro tesoro del mundo.
En 1821, la capital peruana era la sede de los virreyes españoles. Lima era sin duda la ciudad más rica del continente. Durante ese año, Simón Bolívar triunfó en su intento por arrojar a las fuerzas españolas fuera de sus colonias. Lima temblaba ante la proximidad de los ejércitos revolucionarios, y las autoridades eclesiásticas y municipales se reunieron y decidieron que sería prudente trasladar la riqueza movible de la ciudad hacia regiones más seguras. Sin embargo, el espacio para efectuar el traslado era escaso; se cargaron todos los buques españoles disponibles.

Fue así como los valiosos objetos de la catedral de Lima fueron cargados en el bergantín inglés Mary Dier. El tesoro de esta iglesia era espectacular. Incluía una estatua de tamaño natural de la Virgen María, elaborada en oro, con diamantes incrustados. También había candeleros de plata, cálices y vestimentas enjoyadas, cofres de madera repletos de perlas, rubíes y zafiros. Había figuras de santos vestidos con mantos de plata y baúles llenos de doblones de oro. El tesoro completo se valuó en casi 30 millones de dólares. En conjunto, el tesoro resultó ser demasiado para el maestre escocés del "Mary Dier", capitán Charles Thompson. En lugar de navegar hacia Panamá y entregar su cargamento a las autoridades españolas, se dirigió hacia la Isla del Coco. Una vez ahí, él y su tripulación escondieron el tesoro y partieron nuevamente, pero sólo después de que Thompson hubo dibujado un meticuloso mapa de la isla y del sitio preciso del escondite.
Hasta este punto, la historia está bastante clara; de aquí en adelante, se vuelve cada vez más turbia. De alguna manera, durante la travesía desde la Isla del Coco, el Mary Dier se perdió junto con toda su tripulación, salvo el capitán Thompson. De acuerdo con algunas fuentes, la nave fue hundida por un buque de guerra español; según relatan otras, zozobró durante una tempestad. Sea lo que fuere lo que sucedió, únicamente Thompson sobrevivió.

Finalmente llegó a Terranova a bordo de un barco ballenero, sin su buque, pero en posesión todavía de su mapa del tesoro. En aquel entonces, al igual que en la actualidad, se tenían dudas respecto de la autenticidad de los mapas de tesoros, y aunque lo intentaba en verdad, el escocés no lograba conseguir una persona que confiara en él como para apoyarlo equipando una expedición a un sitio tan espeluznante como la Isla del Coco. No fue sino hasta 1840, casi 20 años después, cuando Thompson conoció a dos hombres dispuestos a correr el riesgo. Ambos eran oriundos de Terranova y se apellidaban Boag y Keating. Antes que los tres pudieran zarpar, Thompson murió víctima de una “fiebre”.


El mapa pasó a ser posesión de Keating. Cinco meses más tarde, Keating y Boag llegaron a la Isla del Coco. Aquí, nuevamente, una neblina de incertidumbre envuelve a la historia. Debido a razones no explicadas, la tripulación se amotinó. Los dirigentes, temiendo perder la vida, se ocultaron en la isla, y al final, su buque partió sin ellos. Dos meses más tarde, arribó otro ballenero desde Terranova. Nadie sabe qué sucedió en esa oscura isla durante el ínterin, pero el navío de rescate encontró un único sobreviviente: Keating. Él explicó que Boag había fallecido de una “fiebre”, aunque nadie encontró ni su cuerpo ni su sepulcro. Keating regresó a St. John, su ciudad natal, sin el tesoro. Se puede inferir que él no confiaba lo suficiente en sus rescatadores como para permitirles transportar el tesoro. Pero todavía tenía su mapa y se pasó años tratando de organizar otra expedición para recobrarlo. Keating murió en 1873 sin haber realizado su propósito. Keating legó el mapa a un marinero amigo suyo de nombre Fitzgerald, quien, sin embargo, no estaba del todo interesado. Permitió que se hicieran un par de reproducciones del mapa, pero personalmente nunca acudió en busca del tesoro.

Desde este punto, se vuelve imposible seguir la pista a la serie de personas que tuvieron el mapa en su poder e intentaron suerte con él, aunque se sabe que incluían a un oficial de la armada británica, un pescador de Terranova, un capitán de la marina real, un agente del gobierno de Costa Rica y sir Malcolm Campbell. Se efectuaron alrededor de una docena de búsquedas subsecuentes en la Isla del Coco.
Además de recibir incontables picaduras de insectos, los cazafortunas encontraron esqueletos, viejas armas y piezas de equipo marino en estado de putrefacción. La única cosa adicional que descubrieron fue que el mapa cuidadosamente dibujado del sitio del tesoro era completamente inútil. De acuerdo con el plano de Thompson, él había ocultado el tesoro de Lima dentro de una cueva natural, solamente a unos cuantos metros bajo tierra, en el manantial de un arroyo que desembocaba en la bahía de Chatham, el sitio donde él ancló. Todo lo que los exploradores tenían que hacer era seguir río arriba y buscar las señales que indicaran el sitio de la cueva. Pero resultó que solamente se encontraban todavía ahí la bahía y el arroyo. Las señales, al igual que la cueva, parecían haberse esfumado. Fueron necesarias cantidades tremendas de sudor, furia y frustración antes de que los cazafortunas cayeran en la cuenta de la solución del enigma y que, en todo caso, era la clase de solución que no beneficia a nadie. La isla era arrasada por violentas tormentas tropicales y frecuentemente demolida por derrumbes y terremotos. Indudablemente, estos cataclismos bastaron para destruir la cueva que se encontraba a poca profundidad y borrar por completo todas las señales que la identificaran. Dichos cataclismos también explicarían la desaparición de los otros dos tesoros ocultos. Es probable que las tres fortunas se encuentren todavía en la Isla del Coco, pero se pueden rastrear tanto como agujas de oro en un pajar de 30 Km en constante movimiento. Es casi como si la maléfica isla estuviera decidida a aferrarse a las riquezas colocadas en sus entrañas.