martes, 15 de abril de 2008

LA CIVILIZACION AMURALLADA, Parte 1

“Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puertas”
Isaac Newton, matemático y físico británico (1642-1727)

Quizás una de las mas relevantes características de la raza humana ha sido y sigue siendo esa salvaje costumbre, que deviene probablemente de algún atávico complejo ancestral, de crear divisiones, barreras, muros y fronteras entre lo que consideramos nuestra propiedad y aquello que deseamos excluir, alejar o apartar de nuestras vidas, sea para protegernos, imponernos o defendernos.

Donde quiera que uno fije su atención, hay cercos, murallas, rejas y muretes.
Incluso más allá de lo que alcanza nuestra visión están las fronteras y los límites territoriales, que a porfía de no existir materialmente son líneas imaginarias, parámetros artificiales, hitos o complicadas ecuaciones dimensionadas por la locura humana para prolongar su aislamiento y acotar sus dominios sea en el aire, los mares, el espacio exterior, las cimas o las profundidades del planeta.

Y como si ello no bastase, también ponemos barreras en nuestras elucubraciones cerebrales, en nuestros credos, en la creación intelectual y en nuestros actos, que sin duda no solo son reminiscencia de estos enclaves opresores que encuadran y determinan nuestra conducta, sino más bien constituyen una prolongación ilimitada de estas entelequias que desborda posiblemente todos y cada uno de nuestros espacios interiores, la mente, el espíritu y sus vericuetos, con una persistencia que nos atosiga y acompaña hasta el final de la existencia, aquella encerrada por álamos viejos y cipreses centenarios que rodean y ensombrecen nuestra última morada, sitiada desde luego por los muros y fantasmas que moldean nuestra tumba.

Quizás sea por ello que es tan difícil hablar de libertad, de vuelos elevados, de creación propia y de mentes abiertas a las nuevas ideas, quimeras todas que tienen como freno sus propias fronteras, donde campea el prejuicio, el cinismo, la mojigatería, la ambición y la mentira solapada, exponentes claros de la vileza de la naturaleza humana. ¡Cómo podríamos hacerlo, si en verdad todos somos prisioneros tras nuestras propias utopías e irrealidades que nos hacen pensar que así como no existe el hombre feliz tampoco existe el hombre libre!

Todo a nuestro alrededor son divisiones y murallas. Nuestras casas, nuestros vehículos, nuestras calles, nuestros edificios, nuestros pensamientos, nuestras obras y nuestro hábitat no pasan de ser la recreación de nuestro gran mundo amurallado y compartimentado.

Cerramos los ojos y quedamos encerrados en nuestro mundo interior, reclusos en la esfera del pensamiento propio, ciegos, explorando senderos inconexos que no conducen a parte alguna, obligados a salirnos de la rutina que marca nuestra incapacidad de ver cosas nuevas, de escaparnos como decía Buzz Lightyear, el juguete espacial de Toy Story cuando con su grito de guerra y mirando a lo alto nos interpela ir siempre “Al infinito y más allá”.

Nadie sabe cuál o dónde estuvo el primer muro, pero suponemos que fue el cerco que protegió a la tribu de las fieras salvajes, las rumas de piedras que fijaron las primeras demarcaciones de la propiedad privada y la losa de laja que tapió la caverna.

Muros ha habido siempre. Desde la más lejana antigüedad el hombre marcó la tierra de cicatrices levantando barreras que hoy son recordadas como monumentos a la opresión, como La Muralla de Adriano entre los años 122 y 132 por orden del emperador Antonino para defender el territorio Britanio sometido a Roma, de las belicosas tribus de los Pictos, que con el tiempo llegaría a ser Escocia y que tenía una extensión de 117 kilómetros, un grosor de 3,5 metro y 4,5 metros de alto.
La Muralla de Teodosio, murallas defensivas que rodeaban la ciudad de Constantinopla. Este conjunto de muros se mantuvo inexpugnable durante diez siglos y resistió numerosos asaltos, hasta 1453, cuando finalmente los otomanos tuvieron éxito. El Muro de Danevirke en la frontera germano-danesa en el sur de la península de Jutlandia, durante la Guerra de Los Ducados en 1864.

Londres tiene uno, construido para defender los puertos del Río Támesis en el Siglo XIII. En Francia está el Muro del Atlántico, en Roma los Muros Aurelianos, que se derrumban tras mil 800 años, y por supuesto están las célebres Murallas del Kremlin en Moscú. Grecia está llena de Muros: ahí están los Muros de Falerón, en las afueras de Atenas, el Muro del Pireo y el Muro de Temístocles. Alemania no se queda atrás, con el Muro Rhaetian Limes, y hasta la pacífica Suiza tiene sus Muros de Basel, que rodean la ciudad.

Asia y Africa están plagadas de Muros, desde el de Anastasio en Turquía, pasando por supuesto por la Gran Muralla de Gorgan en Irán. Para no ser menos, Ucrania tiene el Muro de la Serpiente y no se queda atrás el Muro de los Lamentos en Jerusalén, sin contar los míticos Muros de Jericó.

En Perú está el Muro de la ciudad de Lima, y en México del Sur, Hernán Cortés construyó un muro para separar sus propiedades en Coyoacán de las de Diego de Alvarado. Ese aún existe y ahora divide las delegaciones de Coyoacán y Alvaro Obregón.

En Praga está el Muro de Lennon, donde los fanáticos del fallecido Beattle le ponen poemas desde hace dos décadas, y en cambio en París está el Muro de los Comunes, donde 147 combatientes de la Comuna de París, primer experimento socialista en la historia moderna en 1871, fueron fusilados y arrojados a una fosa común. Hace contraste con el Muro de Beijing, que sirvió de "foro de la democracia" durante el movimiento de opinión en China durante 1978-79, que se llenó de críticas contra el régimen, pero donde sin embargo no fusilaron a nadie. Adolfo Hitler en Alemania, rodeó de alambradas los guetos para confinar a millones judíos y enemigos del nazismo, en un claro ejemplo de racismo y segregación.

Belfast, en Irlanda del Norte, tiene sus Muros llamados "líneas de paz", que según la versión oficial sirven para "prevenir la violencia entre protestantes y católicos", y en Zihuatanejo, en la Playa de Las Gatas, todavía quedan restos de la muralla submarina que construyó el Rey Tanganxoan II, conocido por los Tarascos como Emperador Tzitzipandácuri.
Están la Línea Molotov, fortificación entre la Unión Soviética y Alemania en 1941, que ni siquiera estaba terminada cuando los nazis la invadieron, y la Línea Maginot en Francia, que se levantó en 1930 en la frontera noreste francesa para proteger al país de una posible invasión alemana, que tenía el defecto de dejar desamparada la frontera belga. De hecho, el ejército alemán simplemente esquivó el obstáculo en Mayo de 1940 y en cinco días invadieron Francia. Alemania por su parte, frente a la enemiga Línea Maginot, entre 1936 y 1940, construyó la línea de fortificaciones, llamada Línea Sigfrido, que aguantó en pie hasta principios de 1945.

Pero, el más importante de todos los Muros que nos legó la antigüedad es sin duda La Gran Muralla China, edificada a lo largo de 1500 años a partir del siglo III antes de Cristo por distintas dinastías cuya construcción costo la vida a millares de esclavos cuyos cadáveres formaron parte del material usado en sus cimientos y que se extiende por 7.300 kilómetros de este a oeste y cuyo principal objetivo fue atajar las invasiones y ataque de Los Hunos, las salvajes tribus nómades de Manchuria y Mongolia. Hoy, esta fantástica construcción que todavía cubre unos 6.400 kilómetros sigue siendo considerada como una de las siete maravillas del mundo moderno, estableciéndose desde 1987 por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Después, casi todos los muros que han plagado la tierra constituyen lo que bien se ha bautizado como Los Muros de la Vergüenza, que son también del odio, del miedo, de la humillación, del abuso y la impotencia, llamados así, por el consenso generalizado de los pueblos, que han comprobado con vergüenza ajena, a través de varias generaciones, como la clase gobernante se ha equivocado invariablemente, al crear estas odiosas alambradas primitivas que no hacen sino retrotraer a esta civilización desde el siglo que se vive, hasta los oscuros inicios de la barbarie donde el hombre apenas se distinguía de las fieras salvajes.

Así nació el llamado Muro de Berlín, el más representativo de todos, el más incomprensible, el más tortuoso e hipócrita, que durante 28 años no solo dividió física y moralmente a la nación alemana sino que dio origen a la llamada Guerra Fría, que alineó a toda la humanidad en dos posturas irreconciliables, ambas falsas y decadentes, que ahora lo sabemos, soterraba bajo hermosas consignas solo odio y avaricia, la apropiación indebida de territorios y prebendas y la consigna de hacerse del poder mundial. Eran los tiempos en que Estados Unidos y la Unión Soviética se disputaban el poder planetario a través de una carrera armamentista que preocupaba a todas las sociedades por la constante amenaza de una guerra nuclear.

En 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial, los vencedores de Alemania, Estados Unidos de Norteamérica, la entonces Unión Soviética e Inglaterra, y también Francia a quien se invitó a sumarse a los Tres Grandes con ocasión del llamado Pacto de Yalta, donde se planificó la repartición del "botín de guerra", ocuparon y dividieron para su control el territorio alemán.

Ninguno de los vencedores quería que el antiguo régimen fascista volviera a adquirir poder. Los británicos querían mantener su imperio y colonias para seguir teniendo un liderazgo mundial sobre todo en el mediterráneo y medio oriente. Los rusos querían poner bajo su influencia directa a la mayor cantidad de países de Europa del Este, Balcanes, etc. que fuese posible, así como avanzar hacia Oriente lo más que se pudiese. Los norteamericanos querían aplicar su “liberalismo económico” para preparar su política expansionista y poder dominar los mercados resultantes luego de la guerra, bajo su directa influencia y dependencia.
Así fue como los victoriosos aliados después de finalizada la Segunda Guerra Mundial dividieron Alemania en cuatro sectores, cada uno por supuesto bajo el estricto control de un país aliado.

Estadounidenses, Británicos y Franceses juntaron sus nuevas adquisiciones territoriales y conformaron un Estado Democrático que se llamó República Federal Alemana, RFA , también conocida como Alemania Occidental.
La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, como era de imaginar, impuso a su nueva dependencia un régimen comunista que se denominó República Democrática Alemana, RDA.
Berlín, la capital, también fue dividida en cuatro áreas. Nuevamente los sectores estadounidense, británico y francés se combinaron para formar Berlín Occidental. El sector soviético se convirtió en la capital de la RDA: Berlín Oriental.

Esta creación de fronteras y países trajo a los alemanes muchos quebrantos. Las leyes que regían a lo largo de una calle, no eran las mismas de la vereda del frente, los derechos ciudadanos de uno y otro sector tenían fuertes diferencias, así como el valor de la moneda, el costo de los alimentos, las oportunidades de trabajo y sistema de libertad individual. Miembros de una misma familia y que llevaban una vida viviendo juntos en la misma vecindad, ahora pertenecían a dos países distintos.
Durante agosto de 1961, las tensiones entre los sectores Este y Oeste de Berlín derivaron en una peligrosa crisis internacional. Por primera vez desde el fin de la guerra, soldados y policías de ambos sectores sostuvieron enfrentamientos. El origen de la crisis radicó en el continuo flujo de trabajadores desde el territorio controlado por los soviéticos hacia la zona occidental. Cada día, 53,000 berlineses del Este pasaban la frontera para trabajar en Berlín Occidental y no pocos decidían no regresar a la República Democrática Alemana
.
El máximo de deserciones se registró el día 9, cuando 1,926 personas decidieron permanecer en el Oeste. Se calcula que desde el final de la guerra, el número de personas que había abandonado la zona soviética se elevaba ya a 2.689,000. Para poner fin a este flujo que dejaba a la República Democrática Alemana sin intelectuales y mano de obra calificada, el ejército de la Alemania del Este ocupó la ciudad durante la noche del 13 y
levantó barreras y fortificaciones. Todo habitante de la RDA sólo podía pasar al Oeste si poseía una autorización expresa de las autoridades.
Walter Ulbricht, el líder de la Alemania Oriental, firmó las órdenes para cerrar la frontera.

Así, de los 80 puntos de paso permitidos entre uno y otro sector, sólo 12 quedaron abiertos. Más de medio millón de alemanes occidentales se manifestaron por la tarde contra el cierre unilateral de la frontera. Mientras tanto, el canciller de la República Federal de Alemania, Konrad Adenauer, se entrevistaba en Italia con el responsable de la diplomacia norteamericana, Dean Rusk. Ambos dirigentes creyeron, equivocadamente, que las medidas adoptadas por los alemanes del Este serían provisionales y se limitarían a ejercer mayor control sobre los trabajadores que pasaban diariamente la frontera. De ahí la sorpresa con que tuvieron que enfrentarse el 15 de agosto, cuando el ejército de Alemania del Este comenzó a reemplazar las cercas de alambres de púas por gruesos bloques de hormigón prefabricado.

Sólo en el mes de julio de 1961 (el muro se edificó en la noche del 12 al 13 de agosto) treinta mil alemanes orientales habían pasado al oeste. La República Democrática Alemana (RDA) se vaciaba de sus fuerzas vivas. El muro puso fin a esa hemorragia, pero exacerbó el deseo de libertad de los amurallados.

En la construcción del Muro trabajaron más de 50.000 obreros, que ejecutaron los planos del soldado Hagen Koch, después uno de los murólogos más codiciados por los medios de comunicación quien escribió en su Libro de Memorias sus impresiones: «En aquel momento estaba convencido al 300 por cien de que éramos los buenos y que queríamos la paz», asegura Koch, que tenía 21 años cuando Erich Honecker lo reclutó para ese efecto.

El Muro tenía una longitud de más de 155 kilómetros. La construcción inicial fue mejorada regularmente. El "muro de cuarta generación" que empezó a construirse en 1975 era de hormigón armado, tenía una altura de 3,6 metros y estaba formado por 45.000 secciones independientes de 1,5 metros de longitud. Su coste fue de 16.155.000 marcos de Alemania Oriental. Además, la frontera estaba protegida por una valla de tela metálica, cables de alarma, trincheras para evitar el paso de vehículos, una cerca de alambre de púas, más de 300 torres de vigilancia y treinta búnkers. También contiene un pasadizo por el que circulan perros amaestrados, sujetos por una argolla que corre a lo largo de un cable que deja al animal con autonomía suficiente para atacar a cualquiera que intente saltar la valla. Por si fuera poco, una serie de armas situadas a la altura del pecho de un hombre, se disparan automáticamente cuando algún intruso interfiere con los sensores.

El deseo de libertad fue para muchos más grande que la altura del muro. 75.000 personas fueron arrestadas por intentar escapar, 200 resultaron heridas de bala y cerca de 250 fueron asesinadas. Además, miles de ciudadanos fueron juzgados por ayudar a otros en su huída.

El primero en formar parte de la lista negra fue Günther Liltin, de 24 años, que fue abatido a tiros cuando trataba de cruzar nadando el río Spree. Sin embargo, muchos sí lo consiguieron. Más de 40.000 personas lograron escapar. En los últimos años la cifra se disparó. En el verano de 1989 se produjo el mayor éxodo de alemanes orientales hacia la República Federal desde la construcción del muro. Muchos huían aprovechando las vacaciones estivales. Desde Hungría, vía Austria, lograban salir.
El vopo (policía de fronteras) Conrad Schumann, de 19 años, considerado un soldado leal al régimen comunista, fue uno de los primeros en huir a las pocas horas de que se levantara el muro. Quince vopos murieron durante estos 28 años. Uno de ellos fue asesinado por los soldados occidentales que evitaron así la muerte de un joven de 15 años que intentaba huir.

Los berlineses agudizaron su ingenio para intentar escapar: un hombre cruzó el mar Báltico con un minisubmarino y consiguió llegar a Dinamarca; un vehículo Isseta fue empleado 18 veces para transportar a fugitivos, que se escondían en el hueco de la calefacción y en la batería; un coche consiguió pasar por debajo de la barra fronteriza gracias a su pequeño tamaño; una familia utilizó un cable tendido sobre el muro por el que se deslizaron y otros huyeron con un globo aerostático.

Una cadena de televisión norteamericana financió a cambio de la exclusiva la espectacular fuga de 29 personas bajo tierra. Otros tuvieron menos suerte. Las imágenes del joven Peter Fechter agonizando tras ser alcanzado por los disparos de la policía impresionaron al mundo occidental.
Otro caso significativo fue el de Klaus Brüske, que herido por una bala, aguantó al volante de su furgoneta hasta llegar al otro lado del Muro para poder salvar a sus compañeros. La última víctima fue Chris Geoffrey, que murió nueve meses antes del derribo.

El 9 de Noviembre de 1989, aproximadamente a las 7 de la tarde, el líder del Partido Comunista de Berlín Oriental Gunter Schaboswski, anunció que una parte del muro sería abierto para “viajes privados al extranjero”. Era el principio del esperado fin de una de las barbaridades más horrendas que ha soportado la humanidad.
En cuestión de horas, miles de alemanes del este se precipitaron a través de la frontera, ansiosos por saborear la libertad y ver cómo vive la otra próspera mitad. Otros miles pasaron horas bailando de alegría sobre el Muro. Otros desahogaron con picos años de furia contenida, algunos lo hicieron recogiendo trozos para venderlos como recuerdo. Muchos, simplemente se echaron a llorar, quizá recordando a las decenas de personas que murieron intentando cruzarlo. El Muro cayó, sin embargo todo había cambiado.


Finalmente el 1 de Julio de 1990., Alemania Oriental y Occidental se unieron asumiendo el viejo nombre de Alemania Occidental, la República Federal Alemana.
Después de varias décadas, millares de personas volvieron a juntarse con sus familias y pudieron por fin desplazarse por su propio país sin el obstáculo de esos muros que les cerraba la libertad de tránsito.

La caída del Muro de Berlín marcó el término de una época y dio paso a la esperanza de cambios drásticos y trascendentales no solo para Europa sino para toda la humanidad.

No hay que olvidar que finalizada la Segunda Guerra Mundial, las condiciones de quienes sobrevivieron resultaban dramáticas. Millones de personas se veían azotadas por el hambre, falta de trabajo, medicinas y sin hogares. Los sufrimientos por pérdida de familiares y seres queridos, así como de sus enseres y fuentes de trabajo se sumaba al complejo movimiento de masas ocasionado por aquellos que huían de las represalias, los prisioneros de guerra que intentaban regresar a sus países, los soldados que debían hacer respetar las reglas en medio de ciudades y campos arrasados y otras penurias propias de los estados de guerra. Además, como veíamos, desde el punto de vista social, la derrota de los estados fascistas y el reordenamiento de los nuevos límites de los países involucrados en el conflicto traía aparejados nuevos desafíos y sufrimientos, pero sobre todo un descomunal caos.

Nadie, apenas finalizada la más devastadora de las guerras que había vivido la humanidad, que con su terrible poder destructor había causado la muerte de alrededor de cuarenta y cinco millones de personas, arrasado gran parte del aparato productivo y dejado en la memoria reciente los horrores de las bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki , podía dejar de celebrar el término del muro de la infamia, que era ahora el último punto de fricción política, entre las potencias aliadas y vencedoras, cuyas escaramuzas - así se creía - al fin habían finalizado.

El Muro de Berlín, ha sido, y es considerado por muchos, la máxima representación de lo que fue la Guerra Fría, la división de Europa y el mundo en dos bloques completamente enfrentados, así como el temor a la destrucción nuclear. Su caída es vista como símbolo del principio del fin de esta guerra fría, de los enfrentamientos ideológicos y de la caída del comunismo. Es vista también como el paso a un nuevo mundo, regido por nuevas reglas, nuevos retos y nuevas esperanzas. Y vista también finalmente, como el comienzo de un difícil período de transición para la economía mundial y la consolidación de viejos problemas como la pobreza, las guerras étnicas y las desigualdades, que ya los economistas habían bautizado como globalización, un Nuevo Mundo donde no existirían fronteras y los flujos de productos y ciudadanos serían absolutamente expeditos y donde por supuesto nunca más habría guerras ni muros.

Semanas antes del anuncio de la apertura y luego destrucción del Muro de Berlín, un desconocido hizo un grafitti con una leyenda en alemán que lo cruzaba, dice: "Eventualmente todos los muros caen"

El mismo día 9 de Noviembre, un prestigioso historiador inglés, Timothy Garton Ash, que en su calidad de reportero atravesó a menudo el llamado Telón de Acero, actualmente profesor de historia contemporánea en Oxford y quien escribe como analista político en el diario El País, se hizo mundialmente famoso al declarar que ese día de la caída del Muro de Berlín “había concluido el siglo XX.”

Y tenía razón, pues nada podía ocurrir en este siglo ni ser tan importante para la raza humana que el desmantelamiento de este oprobioso muro de la discordia que causaba tanta crispación y beligerancia entre los que se habían convertido en los conductores del mundo, que antes fueron aliados para derrotar al fascismo, pero que ahora amenazaban con un enfrentamiento cuyas consecuencias podían llegar a ser, por el manejo de la energía atómica, el fin de la humanidad.

Su desmantelamiento y destrucción, en gran parte por la contenida ira popular fue celebrada en todas las latitudes. Berlín se convirtió ese día en el ombligo del mundo, en el centro de gravitación del destino del planeta, en LA FRONTERA DE LA CIVILIZACION AMURALLADA...




sábado, 12 de abril de 2008

NI MEJORES NI PEORES


Para un hispanohablante es difícil vivir y entender a la sociedad australiana. Y ello porque los sudamericanos, centroamericanos y también los españoles, que suelen ser el estamento migratorio presente que estamos en ese caso, tuvimos oportunidad de conocer y sufrir en carne propia la realidad de nuestros países de origen. Por eso somos capaces de apreciar y valorar las diferencias, algunas de las cuales nos agradan y otras francamente nos molestan. Y entendemos que lo mismo debe ocurrirle a los australianos con respecto a nosotros.

Pero para comprender esta idea en sus distintas variantes y matices, no basta afirmar que este fenómeno se debe a que Australia es un país desarrollado y los países nuestros en general subdesarrollados o en vías de serlo, pues las distinciones vienen de más lejos.

En verdad viene de nuestro pasado precolombino, de nuestras vivencias, de nuestra cultura, de la forma en que nuestros mayores nos legaron y transmitieron sus costumbres. Pero sobretodo, de ese orgullo visceral de sabernos ligados a una raza pujante y conquistadora como los españoles del viejo mundo, que venían a descubrir una tierra nueva y por lo tanto desconocida, y por supuesto, al mestizaje resultante con las altivas culturas nativas que en ese tiempo ya exhibían brillo propio y atesoraban tradiciones y conocimientos ancestrales, en algunos aspectos muy superiores al mundo civilizado de aquel entonces y que aún constituyen cerrados misterios.
Como muestra, ahí están los gigantescos diseños de la Pampa de Nazca, las esculturas y jeroglíficos de Isla de Pascua; las experiencias quirúrgicas de trepanación y momificación realizadas por los chamanes en Perú doscientos años antes de la era cristiana; el avanzado conocimiento astronómico que denota el calendario maya y la extraordinaria predicción de eclipses solares, entre otros muchos interrogantes, que sería lato detallar.


Por eso, cuando irrumpe el despistado Colón en su aventura expansionista buscando llegar a la India y al continente asiático donde gobernaba el Gran Khan y desembarca preguntando por él en la isla de La Iguana, que bautiza como San Salvador, se encuentra un panorama muy diferente del que motivaba su viaje y la promesa hecha a los reyes católicos. Se ve obligado entonces a cumplir el rol de conquistador y buscar justificaciones y compensaciones para la corona.

Nunca pensó que en este nuevo mundo, ya hacía siglos cohabitaban distintas culturas americanas y que desde el tercer milenio a. de c. había asentamientos permanentes que fueron configurando las culturas de largo alcance.

Como La Olmeca, que se extendió por toda mesoamérica, alcanzando por el sur la localidad de Guanacaste en Costa Rica. Y la de Chapín de Huanta en las tierras altas de los Andes, que llegaba hasta Pechiche por el norte en Ecuador,
extendiéndose por gran parte del cono sur americano y a través de América central a Mesoamérica y al sur de lo que ahora es Estados Unidos.

Y la formidable organización social de la cultura Maya, con todos sus templos orientados hacia el planeta Venus, los Aztecas de México que llegan a convertirse en el más poderoso estado militarista de toda mesoamérica. También el imperio Inca de Perú, que domina territorios entre Colombia y Chile y toda la zona central hasta Guayaquil. La enigmática cultura Chimu, que se desarrolló en el mismo territorio donde siglos antes existió la cultura Moche, con su núcleo en la ciudadela de Chanchán a 550 kilómetros de Lima que sigue entregando sorprendentes descubrimientos y más al sur, los mapuches y otras tribus y asentamientos poblacionales que ocupaban todos los rincones de nuestras américas.

Distinto es el caso de Australia. Cuando Cook llegó a sus costas en 1770 e hizo posesión de ella para la corona británica, solo encontró una raza de aborígenes que eran dueños y señores de la gran isla. Las tropas inglesas no se mezclaron con la población indígena y ni siquiera se interesaron por desarrollar actividades en esta nueva posesión.
Tal es así, que las costas ni el continente fueron explorados sino hasta el siglo diecinueve. Para Gran Bretaña, Australia solo tenía un valor estratégico, especialmente después de haber perdido en 1783 las colonias americanas, actualmente los Estados Unidos de Norteamérica.

Posteriormente y tras varios años de mantener en Australia colonias penales y contingentes militares para su custodia, el gobierno británico decide en 1787, levantar una colonia europea el 26 de Enero bajo el nombre de Sydney, en homenaje del secretario del interior británico Lord Sydney, encargado de los planes de colonización, de donde deviene la celebración del Día de Australia.

Siendo la base de la población europea los miles de convictos, más de 150.000, que cumplían condena y sus familias que fueron trayéndose en oleadas al continente, éstos fueron naturalmente determinantes en los orígenes de Australia.

No tienen pues los australianos, como las naciones de América Central y del Sur, o de otras latitudes, tradiciones, pasado ni historia anterior. Mientras en esas fechas en el mundo ocurrían acontecimientos de gran nivel, descubrimientos científicos, revoluciones, guerras, pestes y sismos que diezmaban la población, los australianos construían su sociedad a pasos agigantados, consolidando su quehacer en base a las experiencias de otros pueblos, tomando ejemplo de sus resultados positivos y forjando una raza determinada a ponerse a la par con la sociedad mundial.

Por eso, resulta interesante a partir de este parangón, establecer que a pesar de estas diferencias en la conformación de las estructura de estas sociedades humanas, no existe hoy gran diferencia en la actuación de los habitantes de uno u otro sector, aparte del lenguaje y su nivel de ingreso per cápita.

Unos y otros han llenado las páginas de la historia de hitos señeros para la humanidad. Unos y otros se han dejado llevar por parecidas tendencias de la moda, de las artes, de la conquista de mayores derechos como igualmente han tomado parte de conglomerados belicistas y bloques exclusivistas que conspiran para una real convivencia y armonía planetaria, destacándose en esta conducta colectiva, que logra perfilarse como un patrón de conducta humana, la facilidad con que las masas olvidan el pasado y repiten errores de ingratitud para los conductores y líderes que encabezaron sus movimientos libertarios y emancipadores y cómo han endiosado antihéroes, sujetos que de no ser protegidos y prohijados por estados o sociedades, tendrían necesariamente que haber sido carne de horca, ajusticiados por crímenes de lesa humanidad o condenados por la opinión internacional.

Curiosa coincidencia que se repite hasta el infinito en todos los países sin excepción, donde los conductores primigenios de los pueblos, los visionarios que fijaron sus rumbos, fueron quedando en el camino, desplazados por audaces a quienes las masas les dieron mayor crédito, ocurriendo lo mismo con los más preclaros hombres de ciencia, que fueron perseguidos, denostados y hasta puestos tras los muros de la prisión y excomulgados por la religión imperante, por enunciar y sostener bajo la luz del conocimiento científico sus teorías, que solamente fueron debidamente acreditadas y valoradas, a veces siglos después.

Y ello, porque posiblemente existe en la naturaleza humana un sino trágico, una especie de destino castigador a quienes se destacan, que puede ser la suma de las envidias colectivas, que indefectiblemente sumerge a estos hombres y mujeres de excepción en una vorágine de estigmatizaciones, cuyo resultado es siempre la soledad y el olvido, sino la traición y el asesinato aleve, justamente a manos de los mismos que un día los endiosaron llamándoles prohombres y salvadores de la humanidad

El 25 de diciembre de 1553, Pedro de Valdivia, aventurero, soldado y explorador, conquistador de Chile, que con su yelmo y su caballo aterrorizaba a los nativos, cae derrotado por las huestes mapuches del toqui Lautaro sin lograr su cometido de someter el territorio para su rey, quienes lo mutilan y comen su corazón para recoger su bravura y como señal de triunfo sobre el usurpador.
En revancha el 29 de abril de 1557, en un enfrentamiento de esta guerra que duró trescientos años Lautaro resulta muerto en la región de Peteroa. Su cadáver fue desmembrado por la soldadesca española y su cabeza ensartada en una lanza se exhibió en la Plaza de Armas de Santiago por largo tiempo

Francis Drake, que a pesar de ser marino inglés es considerado el mayor pirata que asoló los mares en pillaje desatado, pero que a su vez fue un gran navegante y el primer inglés que circunnavegó el globo terráqueo después de Fernando de Magallanes, murió tristemente, de disentería, abandonado y denostado por su tripulación, envenenado por uno de los suyos el 28 de Enero de 1596. Nombrado Caballero por la Reina Isabel II en Greenwich a bordo de su galeón Golden Hind por servicios prestados a la corona, fue llorado por toda Inglaterra.

En cambio en España, las ciudades se vistieron de fiesta y todas las campanas de las iglesias repicaron jubilosamente mientras Cervantes y Francisco Quevedo lo celebraron componiendo versos. Lope de Vega con su poema La Dragontea, donde el pirata Drake es descrito como la encarnación del demonio, popularizó su mala fama.

James Cook, el famoso explorador, muere en un confuso incidente a manos de nativos de Hawai el 14 de febrero de 1779 en Kealakekua, en venganza por la desproporcionada medida de haber tomado como rehén a su rey Kalaniopuu, en represalia porque algunos ladronzuelos le robaron un pequeño bote de su barco.

Simón Bolívar el Libertador de América, quien fuera aclamado como presidente de la República de varios países y ayudara a independizarse a otros, muere de tuberculosis pulmonar el 17 de diciembre de 1830 en la quinta de San Pedro Alejandrino, en la población Santa Martha de Colombia, abandonado por sus seguidores, empobrecido, amargado y desilusionado de sus amigos, sin ejército ni poder de mando, dinero ni fama.


José de San Martín, prócer nacional argentino, considerado junto a Bolívar uno de los Libertadores más importantes de Sudamérica, a quien se reconoce como Padre de la Patria en Argentina, Libertador en el Perú y con el grado de Capitán General del Ejército chileno, se autoexilia a los 45 años de edad, desilusionado de sus colaboradores y de la política interna de su país, muriendo a la edad de 72 años en Francia, el 17 de Agosto de 1850, solo acompañado de su hija Mercedes y su yerno Manuel Balcarce.

Y así como ellos, hay infinidad de casos en todos los ámbitos y regiones del mundo, que necesariamente nos hace pensar que hay algo de vileza y de perfil autodestructivo en cada uno de nosotros, así como un extremado espíritu conservador, que nos hace mirar con recelo toda innovación que nace en estos pensadores selectos como también la codicia de apropiarse del mérito ajeno o utilizarlo en provecho propio. A Einstein, apenas muerto, un doctor obseso le sacó el cerebro sin permiso de la familia para pesquisas científicas, creyendo que recibiría honores por descubrir la fuente de la genialidad. El cerebro del sabio era como el de todos, pero todavía flota en algún líquido preservativo y deambula por los laboratorios y centros de investigación de la mente humana.

Algunos imbéciles en el pasado decían que a la raza negra le faltaba un cromosoma para ser humanos, por lo tanto solo servían como esclavos. En otro hemisferio sujetos arrogantes y de cortos alcances pregonaban que había razas inferiores, adjudicándose ser depositarios de la raza aria y por ende merecedores de gobernar el mundo.

Al ché Guevara, el último guerrillero romántico de nuestro siglo, lo asesinaron a mansalva unos cobardes de uniforme en la sierra boliviana. Juana de Arco, la doncella de Orleáns, que subyugó a países con su audacia y su causa libertaria para expulsar a los ingleses de su país, fue quemada en la hoguera de las brujas por la oscurantista inquisición de la fé católica.
Estamos en los tiempos en que cobra vigencia la frase de la leyenda urbana bíblica de ese otro iluminado clavado vivo en la cruz de los ladrones, que dijo ¡que lance la primera piedra el que no tiene pecado!

Quizás tienen razón aquellos que aseguran que los héroes y los hombres sabios necesitan de un final mítico que borre o disimule su ignominiosa muerte, para disculpar la responsabilidad histórica de quienes tuvieron la posibilidad de honrarlos cuando ellos estaban junto a nosotros.
Ya lo dijimos antes, los matices y diferencias humanas, sin importar el lugar donde nacimos, sean de sexo, raza, color o nivel de pensamientos, no nos hacen diferentes. No somos mejores ni peores.

viernes, 4 de enero de 2008

EL GRAN BANKSY

“Hay gente que quiere hacer del mundo un lugar mejor; yo solo quiero hacerlo un lugar más vistoso. Y si no te gusta, puedes pintar sobre él..” BANKSY.

Hace un par de años, circuló en los medios artísticos e intelectuales de Los Angeles, USA, una inesperada invitación donde el famoso graffitista inglés Banksy citaba a un encuentro público a connotados personajes de la farándula e intelectualidad.
El resultado fue una marea de gente entre los que se destacaban artistas de cine como Brad Pitt, Jude Law y Keanu Reeves, entre otros.

Todos ellos preguntaban por el anfitrión y abordaban a todo hombre blanco de alrededor de treinta años que veían preguntándole si él era Banksy.
En el lugar, que reflejaba pobreza y mal gusto había un gran living con paredes empapeladas al estilo de décadas atrás, con sofá, alfombra y ¡Oh sorpresa!, un elefante macho de 37 años de edad pintado caprichosamente de igual manera que el empapelado, oscilando su enorme cuerpo en medio del salón.

Cada invitado al ingresar había recibido un papel. Este decía: “Hay un elefante en la habitación. Hay un problema sobre el cual nunca hablamos.
El hecho es que la vida no se está volviendo más justa y que 1.7 mil millones de personas no acceden a agua potable y 20 mil millones viven por debajo de la línea de la pobreza. Para colmo, cada día cientos de personas se enferman por artistas idiotas que muestran sus obras y dicen que el mundo anda mal pero no hacen nada al respecto”.
¿Alguien desea una copa de vino gratis?

Un día cualquiera de no hace mucho tiempo, en uno de los museos ingleses, en una muestra de arte románico del Museo Británico, que se jacta de tener uno de los servicios de seguridad más sofisticados del mundo, apareció misteriosa-mente una nueva pieza que durante varias semanas concitó el interés de los especialistas sino su asombro. Se trataba de una piedra tallada mostrando a un hombre primitivo que arrastraba con esfuerzo un “troley de supermercado”.
Los entendidos sabían que la invención de la rueda ocurrió hace 5.500 años en Mesopotamia, pero no podían comprender cómo podía existir en ese tiempo un artefacto parecido a un carrito de compras moderno

Fue preciso que apareciera un comunicado en la página web de Banksy aclarando que se trataba de un fraude de su invención y que había adquirido el compromiso de regalar una de sus pinturas a la primera persona que se fotografiase con esta pieza.

Algo parecido ocurrió poco después en el Museo Metropolitano de Nueva York, pero esta vez era un cuadro de época mostrando a una mujer con algo en el rostro que semejaba una máscara antigás. El cuadro se llamaba: “Tienes unos ojos hermosos”.

En el Museo de Brooklin se filtró un hermoso retrato colonial de un soldado soberbia-mente uniformado pintando graffitis contra la guerra. En el Tate Modern de Londres, apareció igualmente colgada una pintura de una bella y clásica escena rural a la que Banksy agregó un cartel en que la policía solicitaba testigos. Firmaba, Banksy 1975. También se encontró la pintura de una lata de frijoles británicos al mejor estilo del artista Andy Warhol.

En el Museo de Historia natural se encontró un cuadro representando un frasco de vidrio en el que un escarabajo fue modificado teniendo ahora alas, misiles y satélite.
Lo mismo ha seguido ocurriendo en Centros tan famosos y vigilados como El Museo del Louvre en Francia y muchos otros espacios públicos como el Muro de Cisjordania en Israel donde se aprecian imágenes satíricas sobre la vida “al otro lado”. En una se puede ver un agujero a través del cual se aprecia una playa paradisíaca. El año pasado se inauguró una estatua de la Justicia en un parque de Londres, la que al descubrirse para la estupefacción de los pulcros ingleses, estaba disfrazada de prostituta.

¿Quién es en verdad BANKSY o Robin Banks como algunos aseguran es su verdadero nombre?
Lo cierto es que hoy por hoy nadie nos lo podría decir, porque ello constituye el mayor secreto del mundo del arte y de la cultura de nuestros tiempos. Incluso se especula que este nombre podría ser una broma fonética por su parecido con “robbing banks”, robando bancos en inglés.

Sin embargo es el artista europeo de mayor fama mediática del momento, por sus extraordinarias obras artísticas por supuesto, pero también por el hecho de ocultar su identidad real a la prensa, ya que nadie sabe exactamente cómo ni quién es; si es blanco o negro o amarillo; si muy joven o viejo, ni menos dónde vive, qué hace y quiénes forman parte de su familia y amistades.

En esencia, de él se sabe que es un artista callejero inglés, probablemente de Bristol, presuntivamente menor de treinta años; un graffitero de profusa producción de esténciles y graffitis, pero evidentemente una excepción de este movimiento de “ensucia paredes” tan vilipendiado por moros y cristianos, que por su cercanía con el lúmpen y sus rayados obscenos y antiestéticos constituyen una de las lacras sociales a las que se enfrentan las autoridades de la mayor parte de los países del mundo entero, que han declarado esta actividad ilegal, por que no respeta la propiedad ni los espacios públicos ni privados.

Banksy, no es solo la excepción, es el maestro, el genio del aerosol, el restaurador del arte suburbial elevado ahora a la categoría de arte popular que con sus bromas carismáticas y su capacidad para crear un discurso crítico en complicidad con la ciudadanía, se ha hecho merecedor a ser consagrado oficialmente no tan solo por los críticos de arte y dueños de galerías y lugares de encuentro de los hacedores de estas connotadas obras maestras, sino que, cosa excepcional, también recibe el reconocimiento y aplauso de los propios artistas del pincel, caricaturistas y dibujantes de alto nivel y qué decir de los grafiteros de todos los orígenes, para los cuales es un auténtico héroe.

A su vez ayuda a su fama, su semiclandestino quehacer artístico, los mil disfraces que emplea para pasar inadvertido, la capacidad de romper todos los círculos y sistemas de seguridad de los grandes museos, palacios y lugares sagrados; su audacia suprema para reirse de las figuras más respetables de la sociedad, todo lo cual lo convierte en un icono de lucha, en un guerrillero de la avanzada poblacional espesa y municipal que ha penetrado profundamente en los centros de poder de los conductores del pensamiento colectivo, que orientan a las masas para moldear sus gustos estéticos, rebajándolos ahora con una mirada socarrona hacia las cosas cotidianas y simples, que apasionan a las mayorías y que hacen arrugar el ceño a las minorías intelectuales.

Esta falta de respeto al orden establecido, esta irreverencia anónima de este pintor fantasma, la falta de autoría o firma en estos trabajos que no es lo acostumbrado en los autores que desean perpetuar su obra, este ocultarse bajo su alter ego para desplazarse solitario entre las gentes, no está sin embargo reñido con el lucro ni la fama, que Banksy cultiva a su manera.
La semana antepasada, 10 obras suyas se adjudicaron un total de medio millón de libras esterlinas, unos 700.000 euros, en la casa de Subastas Bonhams. Según el representante de esta cadena Gareth Williams, “lo más increíble del fenómeno Banksy no es su ascenso meteórico ni las importantes sumas que se pagan por sus obras, sino el hecho de que él mismo “establishment” al que satiriza le haya acogido entusiasmado.”

Algunas de las celebridades que han invertido comprando sus cuadros son Angelina Jolie y Cristina Aguilera. En su página :http://www.banksy.co.uk/menu.html, apareció hace unos días un boceto donde se ve a pensionistas jugando a las bochas con bombas. En una clara alusión al reciente remate donde este lienzo de su propiedad se vendió en la suma de 200.000 dólares, podemos leer una de sus típicas salidas de madre. Dijo: “no puedo creer que hayan sido tan imbéciles para comprar esa mierda.”

La última de sus gracias consistió en la falsificación que hizo de alrededor de quinientas copias del álbum debut de Paris Hilton, para cuyo efecto tomó los originales en alrededor de 48 tiendas de música en ciudades como Bristol, Birmingham, New Castle, Glasgow y Londres, reemplazándolos por sus propias versiones. Para que la gente los llevase sin sospechas dejó incólume el código de barra.

Banksy, en colaboración del DJ Danger Mouse, ya conocido por mezclar el disco Blanco de Los Beatles con el Disco Negro del rapero Jay Z, compuso tres canciones con la voz de la Hilton, exclamando su usual “That´s hot” “es genial”, que por supuesto no dejan nada de bien parada a la escandalosa rubia tontita, canciones cuyos títulos son preguntas muy sugestivas como: ¿Por qué soy famosa?, ¿Qué he hecho yo? y ¿Para qué sirvo? Las fotografías de la portada del disco muestran a la Hilton en “topless” y con una “cabeza de perro” en vez de la suya propia, en una clara alusión a su limitada inteligencia. Lo curioso es que ningún cliente se ha quejado o devuelto alguna de estas versiones falsificadas.
Como es de suponer no todos simpatizan con las incursiones activistas de Banksy, en particular porque los deja en ridículo y los expone al jolgorio público. Nadie ha olvidado cuando en Mayo del 2002, para el Jubileo de Isabel II, que fueron las celebraciones de los 50 años de su llegada al Trono de Inglaterra, Banksy convocó a sus seguidores en un punto de la capital británica para celebrar este acontecimiento a su manera, una fiesta que tituló”Graffiti, hostilidad y Jubileo”.

Esta citación alarmó a la autoridad, ya que por las características anotadas el artista es entre otras cosas prófugo de la policía y buscado por INTERPOL, declarando esta fiesta ilegal y apersonándose en el lugar amenazando con detener a sus organizadores.
Por supuesto a la llegada de la fuerza policial ya era muy tarde, solo encontró a cientos de seguidores y grafitteros alborozados que habían plagado las paredes de dibujos y leyendas y…. la obra del maestro subversivo: todo un mural de su Majestad, pero con su cara simulando la de un chimpancé.

Otros que no desaprovechan de criticar a Banksy y sus métodos son un curioso colectivo que se hace llamar “Anarquitectos Space Hijackers”, cuya filosofía es redimensionar el espacio que ocupan las personas y las construcciones en un nuevo orden, más lógico, dinámico y espacial. Ellos le critican y hacen resaltar el irónico uso que el artista hace del imaginario anticapitalista, mientras trabaja para grandes empresas y galerías de arte.
Los hay, como es el caso de Meter Gibson, quien es el portavoz de la campaña Keep Britain Tidy, que consideran que su obra, como la de otros grafitteros es mero vandalismo. También le critican que plasme mensajes anti-sistema en barrios y edificios, los cuales no son compartidos ni bien acogidos por sus habitantes.

Lo último de lo último de este impredecible artista cuyo lema reza: “ Es más fácil pedir perdón que pedir permiso”, ha sido la noticia conocida recientemente que da cuenta que una cámara peatonal le ha sorprendido por primera vez en plena faena clandestina haiendo un mural callejero, fotografía que ha recorrido el mundo siendo portada en varios diarios británicos.
La toma le muestra prolongando las líneas paralelas amarillas que hay en la calle junto a la acera, para convertirlas en una flor en la muralla adyacente. Junto a ésta aparece sentado un obrero armado de un rodillo de pintura.
Todo intento hecho por la prensa para conseguir que esto sea confirmado por los representantes del artista ha sido en vano. Por su parte el Alcalde de la ciudad ha dicho que ordenará borrar todos los graffitis existentes en los muros y calles de la capital, incluyendo los dibujos de Banksy.

Desde luego, a juzgar por la foto que supuestamente lo muestra, nunca será posible su plena identificación, a menos que la policía tenga mejores tomas, máxime cuando Banksy como el maestro del disfraz que ha demostrado ser, en su propia página web expone las filmaciones de cómo hizo para suplantar y plantar sus obras en los distintos museos, trabajos que hizo personalmente siempre caracterizado de distinta forma.

Es importante destacar que la obra conocida de este peculiar artista callejero de élite, no se limita a sus graffitis y murales dispersos por todo el mundo, sino que también ha incursionado en la literatura escribiendo varios libros con fotografías ilustrativas de su obra, mostrando sus trabajos y exposiciones. Su primer libro publicado en blanco y negro es Banging your head against a brick wall, golpeando tu cabeza contra una pared de ladrillo. Después publicó Existencilism, existencialismo (de existencialismo y stencil-plantilla) ; en el 2004 Cut it Out y en 2006 Wall and Piece.

La última reflexión que nos merece el Gran Banksy, es que evidentemente se trata de un personaje genial, lo que se demuestra no tan solo en su capacidad artística lograda sin duda con una práctica de muchísimos años, sino de la inteligencia para convertir sus productos en obras de arte requeridas por el gran público.

En el presente es tanto su poder de convocatoria y la fascinación que su particular modalidad de artista incógnito produce, que no dudamos que la única forma en que puede ser detectado e idenificado, será cuando deba explicar como ciudadano común los inmensos ingresos que está percibiendo ante la autoridad contralora del tax, al igual que ha ocurrido antes, con Al Capone y numerosos millonarios que no pudieron detallar de dónde provenía su cuantiosa fortuna.

Suerte BANKSY.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Bragolino, el "Pintor Maldito" tiene imitadores.

Es curioso como a través de los años algunas leyendas y mitos contemporáneos van enraizándose en distinto grado pero con singular persistencia en todo el globo, pasando de país en país engrosando y profundizando su temática principal con nuevos antecedentes, en este caso potenciados con la fe y el crédito popular, hasta convertirse en algo considerado universalmente maligno, sobrenatural y dañino.

Es el caso del poco ilustre retratista italiano Bruno Amadio, conocido también con el seudónimo con que firmaba sus cuadros de Giovani Bragolin, cuya fama ha trascendido no precisamente por su valía artística sino más bien por la leyenda negra que precede toda su escasa obra que ha llegado a ser conocida como la de LOS NIÑOS LLORONES.
Bruno Amadio, más conocido como Bragolino "El Pintor Maldito", fue un artista italiano nacido en Venecia entre 1800 y 1900, del que no se dispone muchos datos. Su vida es prácticamente un misterio y no faltan los que dicen que ni siquiera existió. Sus biografías mencionan que siendo un activo seguidor del fascismo y de Mussolini, se afincó en España donde dió a conocer una serie de dibujos conocidos como los Niños Llorones.
De él se cuenta, que frustrado por su nula fama y éxito como artista, habría hecho un Pacto con el Diablo para que sus pinturas fueran bien recibidas por la sociedad, dedicándose en cuerpo y alma a buscar infantes en orfelinatos, conventos y casas de menores, donde encontró los modelos para sus obras, a quienes habría maltratado para conseguir que llorasen.

Los antecedentes mencionados en esta leyenda, arroja que muchos de estos conventos y lugares fueron posteriormente consumidos por incendios que los destruyeron totalmente, acabando con la vida de los niños que modelaron por lo que todos estos cuadros atraen la mala suerte y llevan la desgracia a quienes los poseen, pues según se dice, llevan el espíritu sufriente de estos muertos inocentes en su tela.
Particularmente se señala que
las familias que los poseían se peleaban o vivían catástrofes. Que a medianoche, cualquiera podía hacer pacto con el diablo con estos retratos. Bastaba conjurarlo e invertir el cuadro para lograrlo. Si el cuadro se giraba en 90 grados, era posible observar una figura monstruosa que aparecía devorando al pequeño. El cuadro era inofensivo hasta que alguien extraño a la casa les contaba su historia. Eso producía una hecatombe segura. A lo menos el incendio de la vivienda.

En la leyenda popular, son cientos los relatos que cuentan las desgracias acaecidas por la tenencia en casa de estas pinturas y de los conflictos vividos al interior de las familias que finalmente concluyeron en la destrucción de estos hogares y de las imágenes.
La mejor forma de acabar con este poder maléfico era quemarlos. Y así fue como en muchas localidades fueron miles los retratos que fueron llevados a piras públicas donde se destruyeron, además de lo que se hizo con ellos en las casas particulares donde existían . Así ocurrió hace pocos años en Inglaterra luego que el Diario The Sun publicase un reportaje de estos hechos.

A pesar que los historiadores aseguran que estos cuadros objeto de maldiciones y extraños fenómenos son solo una serie de 27, han aparecido muchos otros firmados por este autor, por lo que no puede asegurarse que solo sean estos veintisiete, a menos que sean falsificaciones. Muchos piensan que son verdaderos porque nadie querría pintar cuadros que luego serían destruidos.
Mucha gente, entre los que me cuento, o tuvimos el famoso cuadro del niño en casa, o lo vimos en el hogar de nuestros amigos y fuimos testigos de la histérica reacción en cadena surgida en el seno de la sociedad poco antes de los ochenta para hacerlos desaparecer de la faz de la tierra, al extremo que hoy en día, en varios países es muy difícil encontrar estas reproducciones, que todavía están vetadas por la superstición popular, que no permite que los hagan nuevos artistas ni que los adquieran los públicos. Sin embargo, dado que es muy posible que no todos ellos fueran dados a conocer, es dable pensar que todavía muchos de ellos cuelgan en galerías y murallas de hogares pueblerinos donde se desconoce esta leyenda maldita.

Esta fama malhadada, que en el siglo pasado recorrió toda Europa, fue pasando primero a Sudamérica, en especial Chile, Perú y Brasil y extendiéndose de ahí a nuevas latitudes.
Hace pocas décadas, era habitual toparse con uno de estos retratos en cualquier casa modesta, pensiones y restaurantes, encontrándose reproducciones en venta a bajo precio en las ferias populares y centros artesanales, por lo que, eran fácil presente o regalo con ocasión de una visita amistosa o de orden familiar.

Hoy en día es difícil verlos. Sea porque la gente al ir adquiriendo mejor poder adquisitivo fue reemplazándolos o porque de algún modo sus tenedores tuvieron acceso a su fama y condición de objeto de mala suerte, ligado a maldiciones satánicas y productor de desgracias.

Algo había en estos cuadros sufrientes, en estas caras desoladas de niños tristes que llamaba a simpatía y que hacía que este regalo fuese bien recibido y colocado en la mejor pared de la casa, al lado del retrato de la Virgen María o del Niño Dios. Y desde luego, en el dormitorio de los niños, para que velase sus sueños. Para muchos incluso, eran motivo de bendición porque mirarlos detenidamente desarrollaba sentimientos encontrados de pena, de inocencia y abandono que producía emoción en el corazón de las madres.

Posiblemente cuando Bruno Amadio los pintaba en esa terrible época de postguerra, jamás imaginó que esos rostros de niños llegarían a convertir su obra en un mito despreciable y menos que su nombre podría asociarse al mismísimo demonio.

Extrañamente, en estos últimos días la prensa internacional se ocupa de un caso que paradójicamente tiene características muy similares. Se trata de las fotos de la canadiense Hill Greenber, a 34 niños de entre dos y tres años que se exhibieron en la galería Paul Kopeikin de Los Angeles, todos los cuales aparecen también llorando desconsoladamente. Se denuncia a esta famosa fotógrafa de crueldad por cuanto para hacer las tomas a estos niños, entre ellos a su propia hija, recurrió a regalarles golosinas y quitárselas abruptamente, produciendo en la mayoría de los casos estupor y pena en los infantes sino llantos incontrolados.

El resultado de su trabajo, fueron 27 imágenes de rabia, desconsuelo, desesperación y desamparo de los chiquilines, que fueron bautizadas como “End Times”, Final de los Tiempos, que para la autora representan una metáfora sobre el duelo en que el mundo se halla sumido por la política de la Administración de Bush y el poder de los sectores religiosos de derechas en Estados Unidos. Para reforzar el mensaje, cada imagen recibió un título. Entre otros, Tortura, Oración, El Gran y Viejo Partido Político o ¿Fe? El conjunto fue inaugurado como la exposición del mes de abril en la galería de Paul Kopeikin, en el bulevar Wilshire, de Los Ángeles.

La reacción no se hizo esperar. Andrew Peterson, un asesor de inversiones de San Francisco y padre de cuatro niños, publicó en su blog que firma como Thomas Hawk, un ácido comentario que en sus partes principales reza: “Hill Greenberg es una mujer enferma que debería ser arrestada por abuso infantil. Lo que hace me provoca el vómito. Todos tendríamos que mostrarnos ofendidos por esta mujer horrible. Aunque los niños no son utilizados en modo sexual, lo considero pornografía de la peor clase”

Inmediatamente cientos de bitácoras y blogs se enlazaron con el blog de Peterson mostrándole solidaridad y la web de la Galería de Arte registró 60 mil visitas diarias mostrando su disconformidad e indignación contra la fotógrafa y quienes patrocinaron el evento. Desde hace cuatro meses, los correos electrónicos no han cesado de llegar a los dueños de la galería de Arte. Solo ayer 21 de Diciembre comentaba Kopeikin a la prensa, me escribió una señora de Irlanda. Me dice: “Querido señor, acabo de ver las fotos en su página web con gran disgusto. Cualquiera que deliberadamente haga llorar a un niño con fines de provecho financiero no merece llamarse artista”.

Hasta aquí llega la similitud entre Hill y Bragalino. Mientras éste murió en el anonimato seguramente muy pobre, las fotos de Greenberg han llegado según los cálculos del galerista Kopeikin “a una audiencia de cien millones de espectadores en todo el mundo, lo que representa un logro artístico de primer nivel…”

No obstante, Horacio Fernández. Comisario General de Exposiciones de Photoespaña entre el 2004 y 2006 no está muy de acuerdo. “Si me hubiesen presentado este trabajo, yo no lo habría seleccionado para el certámen”…”Son imágenes tramposas y un tanto exageradas. No creo que sea explotación de menores, aunque sí explotación emocional. Las emociones tienen la gracia de ser emociones. Sin ser provocadas. Eso es algo que toleramos en el cine o la publicidad. De la fotografía esperamos LA VERDAD.”
De momento a Hill Greenberg parece no importarle este tipo de opiniones. Sus fotos han sido adquiridas por coleccionistas particulares a razón de 4.500 dólares, valor asignado a cada una de las 10 reproducciones que se hicieron de cada una las imágenes.

¿Estaremos en presencia de una fotógrafa maldita?