jueves, 8 de julio de 2010

Suicidio; la última frontera.

“El suicidio, lejos de negar la voluntad de vivir, la afirma enérgicamente. El (suicida) quiere vivir, aceptaría una vida sin sufrimientos y la afirmación de su cuerpo, pero sufre indeciblemente porque las circunstancias no le permiten gozar de la vida. ” Arthur Schopenhauer (1788-1860).

¿Qué puede ser tan terrible, definitivo e imposible de aceptar que motiva a un ser humano a tomar la drástica y enajenante resolución de acabar con su vida? ¿Locura, decepción, miedo, sufrimiento moral o físico, pobreza extrema, invalidez, despecho amoroso?

Sabemos que el suicidio es el resultado de muchos factores socioculturales y que abundan las teorías y respuestas de los expertos, pero ninguna puede satisfacer al hombre común, a la gran mayoría de sujetos medios y normales, que no se han visto en el trance de optar por su autoeliminación.

No obstante la estadística mundial de suicidios, tanto particulares como colectivos es abismante, alcanza a un promedio de un millón de personas al año, un 16 por cada 100.000, lo que equivale a una muerte cada 40 segundos y generalmente se relaciona a una compleja interacción de factores causales, incluidas enfermedades mentales, pobreza, abuso de substancias toxicas, aislamiento social, pérdidas, dificultades para relacionarse y problemas laborales.

Poniendo el dedo en la llaga, para que duela más, ello significa que por cada inexorable minuto que marcan los relojes, alguien encuentra intolerable seguir existiendo, no desea ver más amaneceres, ver crecer a los hijos o mimar a la mujer amada. Para que esto ocurra así, es necesario que al unísono, en diversos puntos del planeta tierra, haya personas que sufren terribles crisis existenciales, que evalúan si vale la pena seguir viviendo y que saben que esa decisión no puede esperar.

Lo más impresionante es concluir que este tipo de muerte autoinfligida, registra una curva ascendente a través de los años, que implica por igual a niños, jóvenes, mujeres u hombres adultos, sin que exista forma de evitar, prevenir o frenar certeramente este fenómeno que constituye una de las tres causas principales de muerte de personas en el planeta y que según la Organización Mundial de la Salud, en los últimos 45 años, ha aumentado en un 60%.
Y lo que resulta más preocupante aún, es que los intentos de suicidio, son 20 veces más frecuentes que los suicidios completos y que, estas desoladoras cifras de muertos, superan en mucho, a todos los fallecidos anualmente en el mismo período a consecuencia de los conflictos bélicos existentes en diferentes áreas el mundo.

No es la intención de esta crónica profundizar en sus causas, sino mostrar algunos suicidios famosos, con personajes históricos o de relevancia social que por tener distintas motivaciones para quitarse la vida voluntariamente, podrían ilustrarnos un poco y quizás hacernos comprender algunas vertientes de donde la mente humana obtiene los recursos reflexivos y desencadenantes que conducen a esta fatal toma de decisión extrema.

El primer suicidio que registra la historia es el de Periandro, (585 a. de C.) uno de los siete sabios griegos, quién siendo rey de Corinto y muy tirano se hizo de numerosos enemigos que deseaban a toda costa eliminar su dinastía.

A pesar de las severas medidas de seguridad que ideó para protegerse él y su familia, que contemplaba una guardia permanente de guardaespaldas, sus enemigos jurados lograron matar a su hijo Licofón. Esto determinó a Periandro a darse muerte por su mano, para no dar gusto a sus asesinos y preservar su cuerpo del descuartizamiento que le vaticinaban.

El historiador griego Diógenes Laercio, nos cuenta que el plan ideado por el monarca para preservar el lugar secreto donde estaba enterrado su cuerpo fue verdaderamente maquiavélico. Escogido un solitario lugar en medio del bosque, juramentó a dos jóvenes soldados para que lo asesinaran y lo enterraran allí mismo. Pero a su vez, otros dos soldados de su confianza habían sido instruidos para dar muerte y enterrar a los dos primeros. Luego otros tuvieron sucesivamente la misma comisión, sin que se sepa exactamente cuántos soldados fueron realmente asesinados para preservar el lugar secreto y despistar a sus enemigos. Un plan brillante desde luego…pero de gran costo en vidas humanas.


El padre de la iglesia, el teólogo Quino Septimio Florente Tertuliano, mejor conocido como Tertuliano (160-220), fue el primero en considerar que la muerte de Cristo fue una suerte de suicidio, dado que él sabía que esto ocurriría, que lo pudo evitar pero no quiso y por el contrario eligió esta vía voluntariamente.
De allí, el comentario de John Donne (1572-1631) el más importante poeta metafísico inglés de la época de la Reina Isabel I, en su obra “Biathanatos”, un ensayo sobre el derecho a escoger la propia muerte, en tiempos en que aún no existían las palabras suicidio o eutanasia, cuando haciendo lo que se considera la primera defensa moral del suicidio escrita, dice: “nuestro bendito Salvador…eligió sacrificar su vida por nuestra Redención, y verter su sangre”. A Donne, se le considera el maestro del concepto, que combina una imagen u objeto con el significado de una idea, lo que conforma una metáfora.

El Antiguo Testamento relata cuatro suicidios: Sansón, Saúl, Abimelech y Achitofel. El Nuevo Testamento, registra el suicidio de Judas Iscariote, el cual es relatado por Mateo (Mateo 27:3-10).
“Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó ».
Según la tradición oral, Judas se ahorcó con una cuerda que amarró a un Olivo.

Sébastien-Roch Nicolas, (1741-1794) firmó sus escritos bajo el nombre de Nicolás de Chamfort, moralista francés, miembro de la Academia, brillante y mundano es nombrado por el príncipe de Conde como su secretario para que le escriba sus discursos y órdenes.
En 1789 fue lector de Mme Elisabeth, hermana del rey. Antes de la Revolución francesa fue uno de los escritores más apreciados en los salones parisinos, brillante y espiritual, escribió varias piezas de teatro. Fue secretario del Club de los Jacobinos. En 1792, Jean-Marie Rolland le nombra Director de la Biblioteca Nacional.
Durante la Revolución Francesa, se opone al Terror de Robespierre y es denunciado por el Comité de Seguridad y encarcelado por un breve tiempo por sus críticas y los fallos del partido revolucionario.

Aterrorizado ante la posibilidad de volver a ser detenido y procesado, se pega un tiro en el paladar, con tan mala suerte que se destroza la nariz y la mandíbula pero no se mata. Toma entonces un abrecartas de su escritorio y se apuñala varias veces en el cuello, sin éxito. Desesperado, lo intenta en el pecho y en la pierna, pero pierde la conciencia antes de conseguir matarse. Lo encuentra su criado en un charco de sangre y Chamfort acabará sus días en un hospital entre blasfemias y alaridos de dolor, hasta que le llega la muerte.
Séneca, el filósofo y gran tribuno romano, cayó en desgracia ante el tirano Nerón, del que antes había sido consejero político y Ministro y su maestro mientras cumplía su mayoría de edad.

El emperador Nerón Claudio César Augusto Germánico (37-68), cuya conducta venal y sanguinaria había quedado al desnudo cuando hizo asesinar a su hermanastro Británico, por temor a que éste le quitara el trono y luego a su madre Agripina al pensar que conspiraba en su contra y al que la historia recuerda de cuando Roma ardía, mientras el componía música con su lira, en el año 65, le acusó de estar implicado en la famosa conjura de Pisón, una conspiración en su contra.
Alertado de esta grave acusación, Séneca decide suicidarse, costumbre habitual de los Patricios de aquella época.

Sobre la muerte de Séneca, el historiador Tácito cuenta que el tribuno Silvano fue encomendado para darle la noticia al filósofo, pero siendo aquél uno de los conjurados, y sintiendo una gran vergüenza por Séneca, le ordenó a otro tribuno que le llevara la notificación del César. Cuando Séneca recibió la misiva, ponderó con calma la situación y pidió permiso para redactar su testamento, lo cual le fue denegado, pues la ley romana preveía en esos caso que todos los bienes del conjurado pasaran al patrimonio imperial. Sabiendo que Nerón actuaría con crueldad sobre él, decidió abrirse las venas en el mismo lugar, cortándose los brazos y las piernas. Su esposa Paulina le imitó para evitar ser humillada por el emperador, pero los guardias y los sirvientes se lo impidieron.

Séneca, viendo que su muerte no llegaba, le pidió a su médico Eustacio Anneo que le suministrase veneno griego (jugo de cicuta), el cual bebió pero sin efecto alguno. Pidió finalmente ser llevado a un baño caliente, dónde el vapor terminó asfixiándolo, víctima de la aguda asma que padecía. Al suicidio de Séneca lo siguieron, además, el de sus dos hermanos y el de su sobrino Lucano, sabedores de que pronto la venganza de Nerón recaería también sobre ellos.

Aníbal Barca, (247-183 a. de C.) el general y estadista cartaginés que llevó a cabo una de las hazañas militares más audaces de la antigüedad, atravesar con su ejército los Pirineos y los Alpes desde Hispania, llevando incluso elefantes de batalla, para conquistar el norte de Italia y destruir el imperio romano, también fue colocado por el destino ante grandes desafíos, incluida la elección de su muerte.
Considerado hasta hoy el padre de la estrategia, ha sido admirado incluso por sus enemigos. Cornelio Nepote, (25 a de C.) biógrafo e historiador romano, quien en su obra Sobre los hombres Ilustres, que constaba de 16 libros de biografías sobre reyes extranjeros y romanos, generales, jurisconsultos etc., le bautizó como “el más grande de todos los generales”. También han opinado lo mismo figuras como Napoleón I, Arthur Wellesley y el Duque de Wellington, habiendo sido llevada al cine su vida y su gesta relatada en innumerables documentales sobre las guerras púnicas.

El historiador romano Tito Livio menciona que cuando era un niño y su padre el general Amilcar iniciaba una campaña guerrera, Aníbal le rogó que le permitiera acompañarle y este aceptó con la condición que jurara que durante toda su existencia nunca sería amigo de Roma.
Su respuesta fue: “Juro que en cuanto la edad me lo permita, emplearé el fuego y el hierro para romper el destino de Roma”.

En el 195 a. de C., Aníbal llegó, huyendo de Cartago, a la corte de Antíoco III, y fue a refugiarse al reino Bitinio. Aníbal buscó refugio junto al rey Prusias I de Bitinia, quien estaba en guerra con un aliado de Roma, el rey Eumenes II de Pérgamo, poniéndose Aníbal a su servicio. Pero, por cuestiones políticas y pactos de naciones, se convirtió en un incómodo invitado y el rey bitinio decidió traicionar a su ilustre huésped.
Amenazado de ser entregado al embajador romano Tito Quincio Flaminino, Aníbal decide suicidarse en el invierno de 183 a. de C. utilizando un veneno que llevaba siempre consigo en un anillo, muriendo según estimaciones históricas a los 63 años de edad.
Sexto Aurelio Víctor ( 320-390), historiador y político del Imperio Romano, escribe que su cuerpo reposa en un ataúd de piedra, sobre el que es visible la inscripción: “AQUÍ SE ESCONDE ANIBAL”, el cual nunca ha sido encontrado.

Virginia Woolf, en realidad Adeline Virginia Stephen, nació en Londres en 1882 y durante su vida fue considerada una prolífica escritora, novelista, crítica y ensayista de gran relieve que abrió con sus escritos caminos no explorados en la expresión literaria, con una percepción privilegiada y descarnada de todo cuanto la rodeaba, cuya técnica del monólogo interior y estilo poético se consideran entre las contribuciones más importantes a la novelística moderna.
Durante toda su vida, Woolf luchó contra un desorden bipolar que eventualmente le costó la vida, pero también por la muerte sucesiva de sus seres queridos: Julia, su madre; Stella, su hermana; Leslie Stephen, su padre; y Julian Thoby, su hermano.
El historial médico de Virginia se resume en varios intentos de suicidio, reclusión en sanatorios, convalecencias en su hogar atendida por su esposo y enfermeras, jaquecas, colapsos, taquicardia, y, muy principalmente, insomnio.

Woolf tuvo una relación lésbica con la escritora Vita Sackville-West, que inspiró la novela semi-biográfica “Orlando” (1928), una historia sobre Sackville-West y su familia. La directora Rally Potter adaptó la novela libremente para una película de 1992.
Vita, casada desde hacía tiempo con un hombre que no le ocultaba sus gustos homosexuales, se disfrazaba de hombre, haciéndose llamar Julian, un nombre epiceno para encontrarse con la mujer que cortejaba. Este halo de intrigas forma parte de su encuentro con Virginia y de su relación amorosa. Si bien fueron amantes sólo durante tres años -desde 1925 hasta 1928-, mantuvieron una profunda amistad que perduró hasta el suicidio de Virginia.

En 1941, Virginia Woolf desapareció. Su marido correctamente adivinó que se había ahogado en el río Ouse, cercano a su casa de campo. Trozos de su vestimenta fueron encontrados a la orilla del río, y su cuerpo fue encontrado unos cuantos días después.
Quizás la personalidad de Virginia Woolf queda nítidamente expuesta en su diálogo con un grupo de mujeres profesionales sobre su experiencia como escritora, cuyo tema era "Cómo matar al Ángel de la Casa".

Según ella, el ideal angélico, era sinónimo de los estereotipos sexuales que seguían siendo dominantes en los años 30. De acuerdo a este mito, las mujeres virtuosas vivían en un estado casi incorpóreo, elevándose etéreas sobre los impulsos animales y dedicando su vida al bienestar de la familia.

A pesar de su aura moral, era un cuerpo útil que hacía las tareas domésticas con gran eficiencia, algo muy conveniente para el Señor de la Casa. El Ángel, sostenía ella, "era intensamente amable. Era inmensamente encantador. Era completamente generoso. Se destacaba en las difíciles artes de la vida familiar. Se sacrificaba a diario. Si había pollo, se quedaba con la pata; si había una corriente de aire, se sentaba en ese lugar; en suma, nunca tenía una opinión o un deseo propio, sino que prefería estar de acuerdo con las opiniones o deseos de los otros. Por sobre todo -¿es necesario que lo aclare?- era puro".

Ese falso ideal la había perseguido durante su juventud, porque era el Ángel de sus padres. Ellos habían adoptado esos valores y habían aceptado la desigualdad de roles que prescribían, porque "en ese entonces era imposible lograr una relación verdadera entre hombres y mujeres".
El Ángel había infectado sus vidas de irrealidad. En ciertos aspectos, esa falsedad empeoró después de la muerte de su madre, el primer año de la adolescencia de Virginia. Tras el mito de la virtud hogareña, acechaba la desagradable realidad de que su hermanastro mayor, George, la visitaba de noche en su cuarto para besarla, toquetearla y poseerla. No había a quién acudir en busca de ayuda o consejo, ninguna escapatoria a la culpa y a la confusión sexual. Su padre, estaba demasiado embargado por su pena para advertir la angustia de Virginia. Cada vez más sordo e irascible, sometía a sus hijas a un chantaje emocional insistiendo en que siempre debía haber un Ángel en la casa, y que una de ellas debía heredar ese puesto.

Virginia estaba azorada por la debilidad que había transformado a ese hombre, capaz de ser tan sensible, en una persona cruel y ciega a los sentimientos de los demás. Después de la muerte de su padre el Ángel se volvió más insidioso, y trataba de asfixiarla con su sabiduría convencional para evitar que ella pensara y escribiera con libertad, un ultraje ante el que se rebelaba con violencia. "Me volví hacia él y lo tomé por la garganta -le dijo a sus oyentes-. Hice todo lo que pude para matarlo. Mi excusa, si me juzgaran en un tribunal, sería que actué en defensa propia."
Pero el Ángel, (ella misma), un ser ectoplasmático, regresaba a la vida, ya que "es mucho más difícil matar a un fantasma que a la realidad".

El 28 de marzo de 1941, a los cincuenta y nueve años de edad Woolf se ahogó voluntariamente en el río Ouse, cerca de su casa de Sussex. Se puso su abrigo, llenó sus bolsillos con piedras y se lanzó al río Ouse y consiguió su fin. Su cuerpo no fue encontrado hasta el 18 de abril. Su esposo enterró sus restos incinerados bajo un árbol en Rodmell, Sussex. Había dejado dos cartas, una para su hermana Vanessa Bell y otra para su marido Leonard Woolf, las dos personas más importantes de su vida.

La dramática carta que escribió para su marido decía: “Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece lo mejor que puedo hacer. Tú me has dado la máxima felicidad posible. Has sido en todos los sentidos todo lo que cualquiera podría ser. Creo que dos personas no pueden ser más felices hasta que vino esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Se que estoy arruinando tu vida, que sin mi tú podrás trabajar. Lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo — todo el mundo lo sabe. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo”.

Emilio Salgari (1862-1911) fue un escritor y periodista italiano. Escribió principalmente novelas de aventuras, ambientadas en los lugares más variados, como Malasia, el Mar Caribe, la selva India, el lejano oeste de Estados Unidos e incluso los mares árticos. Creó personajes que alimentaron la imaginación de millones de lectores y una gran mayoría de sus historias fueron llevadas al cine y recrearon a varias generaciones, a lo menos hasta los años setenta u ochenta.
¡Quién no recuerda a Sandokán, “El Tigre de la Malasia”, un príncipe de Borneo desposeído de su trono por los británicos. A esos piratas variopintos de exóticas razas, luchando junto a este héroe de los mares, en contra de las injusticias colonialistas inglesas, malvados mercaderes y políticos corruptos, que se apoderan de las islas, las riquezas y la libertad del sufrido pueblo Malayo!

¡Quién no se emocionó hasta las lágrimas con la extrema lealtad y valentía de sus amigos y compañeros de lucha, el portugués Yáñez, el bengalí Tremal-Naik, el mahrato Kammammuri, Sanbigliog y Ada Corishant! ¡Y también, el alivio y el júbilo, cuando las diezmadas expediciones lograban llegar con sus barcos destrozados y sus tripulaciones diezmadas hasta la su base de operaciones, el escondite secreto sito en la Isla de Mompracem! ¡O cuando la amada de Sandokán, Lady Mariana Guillonk, de nacionalidad inglesa y por lo tanto en principio poco aceptada en este mundo de corsarios, que luego es idolatrada por el pueblo como la “Perla de Labuán”, tiene un trágico final en defensa de su héroe, el Tigre de la Malasia.

Curiosamente, Emilio Salgari, quien describe paisajes y territorios con absoluta soltura, de países localizados en una geografía lejana y muy accidentada, jamás visitó esos lugares y no hay evidencia o constancia de que en alguna etapa de su vida recorriera otros países. Igualmente, Salgari se daba a si mismo el título de “Capitán” con el que incluso firmó algunas de sus obras, pese a que, no obstante haber realizado algunos estudios en el Instituto Técnico Naval “P.Sarpi” en Venecia, nunca llegó a obtener tal título y que su experiencia como marino

se reduce a unos cuantos viajes de aprendizaje en un navío escuela y a otro viaje más, esta vez como pasajero del barco mercante “Italia Una”, en el que realizó una travesía de tres meses por el mar Adriático.

Esto habla de su prodigiosa imaginación e inventiva, unida a una prolija investigación documental, como de su poderosa memoria para conservar datos y detalles, así como características humanas, que más tarde trasladó a infinidad de personajes de su creación.
Emilio Salgari, escribió ochenta y cuatro novelas y un sinnúmero de relatos cortos y cuentos imposibles de determinar, que en el menor de los casos, suman más de cien, de piratas, de aventureros, de descubrimientos fastuosos, muchos de ellos de ciencia ficción, como la atípica novela "Las Maravillas del 2000", que escribió en el año 1907. Sus historias compilan una titánica obra que comprende ciclos compuestos de varios capítulos, entre los que podemos destacar:
Ciclo Los Piratas de las Antillas; Ciclo Piratas de las Bermudas; Ciclo Aventuras en el Far-West; Ciclo Capitán Tormenta; Ciclo La Flor de Perlas; Ciclo Los hijos del Aire; Ciclo Los dos marineros: y, una infinidad de otras novelas independientes.
Emilio Salgari se casa en 1892, cuando tenía treinta años, con la actriz de teatro Ida Peruzzi, una mujer muy joven y exuberante a la que llamó siempre cariñosamente, "Aída", como la heroína de Verdi, con quien tiene cuatro hijos, a los que bautiza con los nombres de personajes de sus libros: Fátima, Nadir, Romero y Omar, estableciendo dos años después su residencia en la ciudad de Turín.

Algunos de sus biógrafos describen a Ida como ninfómana e impúdica, portadora de sífilis, con brotes esquizofrénicos que derivaron en muchas rencillas matrimoniales. A su vez Salgari, cuyo padre se suicidó cuando él tenía 27 años no resulta favorecido, ya que estos mismos lo califican como un alcohólico hosco, desagradable y agresivo que ahogaba en el alcohol y el sexo todos sus complejos, manías y obsesiones, como los tacones altos que usaba para ocultar su baja estatura y los seudónimos rimbombantes con que se presentaba a si mismo, como Capitán Salgari y a veces Almirante Guido Altieri, así como el trato a su esposa a quien obligaba a disfrazarse de "Perla de Labuán", cuando los estudiantes llegaban de visita a la casa del “padre de Sandokan y del Corsario Negro”.

Pese al éxito de sus libros, muchos de los cuales alcanzaron tiradas de 100.000 ejemplares para dar satisfacción a los pedidos de todo el mundo, Salgari nunca logró ganar dinero para vivir decentemente. Con lo que recibe de los editores apenas tiene para sustentar a su familia. Su progresivo alcoholismo y el creciente deterioro mental de Ida le fueron creando una desestabilización síquica que degeneró en un primer intento de suicidio con una espada, en 1909, cuando tenía 45 años.

Dos años después Aida es internada en el manicomio de Collegno provocando en él la desesperación más completa. Salgari, desconsolado y acechado por problemas económicos se suicida abriéndose el vientre con su navaja de afeitar según el rito japonés del seppuku conocido como hara-kiri, propinándose grandes heridas en el abdomen y garganta. Era el 25 de abril de 1911 y Emilio tenía 47 años. Dejó escritas tres cartas, dirigidas respectivamente a sus hijos, a sus editores y a los directores de los periódicos de Turín. La carta a sus editores fue suficientemente elocuente:

"A mis editores: A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semi-miseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari".

A los Directores de los periódicos de Turín: Vencido por todo tipo de desgracias, reducido a la miseria a pesar del enorme trabajo, con mi mujer loca en el hospital, a la que no puedo pagar sus gastos, me quito la vida.
Tengo muchos admiradores en Europa y América.
Les pido señores directores, que abran una suscripción para sacar de la miseria a mis cuatro hijos y pagar los gastos de mi mujer mientras esté en el hospital.
Debería haber tenido otra situación y suerte, debido a mi nombre.
Estoy seguro que Uds., señores directores, ayudarán a mis desgraciados hijos y a mi mujer.
Con las gracias más sentidas, me despido,
Emilio Salgari”.

“A mis hijos:
Queridos hijos:
Soy un vencido. La locura de vuestra madre me ha partido el corazón y todas mis fuerzas.
Yo espero que los millones de mis admiradores, a los que durante años he distraído e instruido, os saldrán al encuentro. Os dejo sólo 150 liras, más un crédito de 600 liras, que recogeréis de la señora Nusshaumar. Os dejo la dirección.
Que me entierren como pobre, ya que estoy arruinado. Manteneos buenos y honestos y pensad, en cuanto podáis, en ayudar a vuestra madre.
Os besa a todos, con el corazón sangrando, vuestro desgraciado padre.
Emilio Salgari.
Voy a morir al Valle di San Martino, junto al sitio en el que, cuando vivíamos en Via Guastella, íbamos a desayunar. Encontrarán mi cadáver en un barranco que ya conocéis, porque allí íbamos a coger flores”.

El gran periodista y escritor estadounidense Ernest Miller Hemingway (1899-1961), es considerado uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX. Conocido como el último de los autores neohumanistas, impuso un estilo directo, duro y cínico. El principal tema de su obra es la muerte, única certeza inevitable en la incertidumbre de la vida humana.

En esencia fue un aventurero que recorrió medio mundo, dejando profunda huella a su paso, por su arrolladora personalidad y actitud frente a la vida. En su juventud y en un anticipo de lo que sería su vida, fue un apasionado de la caza y la pesca, fue alumno destacado en Lenguas, estudiaba música y tocaba el violonchelo, formaba parte de la orquesta River Forest High School, jugador de waterpolo y de rugby. Se interesaba también por el boxeo y empezó a mostrar sus aptitudes literarias en el diario escolar, donde se firmaba con el seudónimo de Ring Lardner, Jr.

Al acabar sus estudios, en 1917 no quiso ir a la Universidad, como quería su padre, ni quiso perfeccionar sus estudios de violonchelo, como su madre anhelaba. Se trasladó a Kansas y comenzó a trabajar de reportero en el Kansas City Star. Sus comienzos literarios no fueron nada fáciles ganándose la vida como corresponsal y viajando por toda Europa llegando a trabajar como sparring de boxeadores y cazando palomas en las plazas y parques cuando el dinero no le llegaba para cubrir las necesidades de él y de su esposa.

Cuando Estados Unidos entró en lo que sería la Primera Guerra mundial, Ernest intentó seguir los pasos de sus amigos escritores a quienes admiraba, John Dos Passos, quien se alistó como voluntario en las ambulancias militares de Italia, William Faulkner, que lo hizo como piloto de la RAF, la Fuerza Aérea Británica y F. Scott Fitzgerald, quien se alistó en el ejército estadounidense, para lo cual postuló al Cuerpo de Expedición Americano, pero fue excluido como combatiente por un defecto en el ojo izquierdo y solo consiguió ser admitido como conductor de ambulancias de la Cruz Roja.

En tal condición desembarcó en Burdeos en mayo de 1918 para marchar a Italia. Fue tal su comportamiento que fue condecorado por el gobierno italiano por salvar la vida de un soldado de ese país. Luchó en el frente de batalla, sufriendo graves heridas en sus piernas.

Enamorado de Europa, retrató el Paris bohemio de los años veinte en su primera novela “Fiesta” así como la España y sus fiestas taurinas, las cuales le apasionaban, en “Muerte en la tarde”.
Vivió la guerra civil española de la que escribiría en “Por quién doblan las campanas” después de moverse por Africa cuyas vivencias como cazador dejaría plasmadas en su novela “Las verdes colinas de Africa”.
Participó asimismo en la II Guerra Mundial como corresponsal de guerra y como soldado siendo uno de los primeros en entrar en el París liberado después de desembarcar en la Normandía.
Vivió después más de 20 años en Cuba donde escribiría “El viejo y el mar” que le reportaría el Premio Pullitzer en 1953. Un año después recibiría el Premio Nobel de Literatura.
En Cuba, donde fue dilecto amigo de Fidel Castro, se hospedó por años en el Hotel "Ambos Mundos", de la Habana, donde escribió su novela “Por quién doblan las Campanas”. Luego adquirió la finca Vigía en el poblado San Francisco de Paula, a 25 kilómetros de La Habana, viviendo allí entre 1939 y 1960, mansión que hoy es un museo que da cuenta de su vida en la isla.

Hemingway, dejó un profundo recuerdo en las localidades cercanas a su casa, en sus restaurantes, como Cayo Paraíso, en la costa norte de Pinar del Río, “La Bodeguita del Medio” y El Floridita, negocios que frecuentaba y en particular en un poblado de pescadores llamado Cojímar, donde acostumbraba anclar su yate “El Pilar”, que le sirvió para ambientar su famosa novela “El Viejo y el Mar”. En este poblado, como homenaje del cariño de la gente, los pobladores levantaron una glorieta que guarda un busto colocado en su honor por voluntad popular.

Después de una vida de intensas aventuras y de grandes exitos como escritor, el 2 de julio de 1961 Heminway enfermó de Alzheimer y afectado de una gran depresión, fue hallado muerto en su habitación con la cabeza destrozada por una bala de escopeta de matar tigres, tal cual lo hicieran antes su abuelo y su padre. Su viuda, declararía que se trató de un accidente, pero esa versión se contradice con la experiencia en el uso de armas de Hemingway además que el orificio de bala entró por el paladar, herida eminentemente de tipo suicida.

Hemingway además experimentaba en su vejez un temor casi patológico a parecer o ser identificado como homosexual. En una entrevista posterior a su deceso, su hijo Gregory dijo que “su padre cada día se levantaba con la urgencia de probar que era un hombre. Esa necesidad lo llevó a practicar deportes, caza, pesca, tauromaquía. Creo que bebía tanto para no soñar con ese conflicto. Yo no creo que haya sido un homosexual, sentía una gran atracción por las mujeres, pero sí tenía un gran niedo a sentirse homosexual. El estaba muy preocupado con la masculinidad. Un día me dijo que ser hombre era un trabajo muy duro.”

"No tuvo una infancia muy feliz. Su padre se suicidó en 1928 debido a una enfermedad incurable. Queda traumatizado por una madre autoritaria que lo vestía de niña y, posteriormente, a causa de una dolorosa experiencia al verse obligado a acompañar a su padre (ginecólogo), en el difícil parto de una india cuyo marido se suicidó por no poder soportar los gritos de su mujer"...

Margaux Hemingway, la famosa modelo y actriz de cine, nieta de Ernest (nacida en 1955) padecía de depresión autodestructiva y se suicidó el 1 de julio de 1996, un día antes del aniversario de la muerte de su famoso abuelo.
Greg, el hijo menor del escritor, a quien este siempre rechazó y del cual tenía prohibido hablar en su presencia, por el rechazo que Hemingway hacía de su homosexualidad, se casó después de su muerte con la secretaria de su padre, la periodista irlandesa Valerie Danby-Smith con la que tuvo tres hijos. Este matrimonio fue muy infeliz por el desequilibrio síquico de Gigi, como llamaban a Greg, quien en octubre de 2001, seis años después de haberse sometido a una operación de cambio de sexo, murió en una cárcel de mujeres, a la que había sido conducido en total estado de desorientación.

El 23 de Marzo, Ronald Opus se encontraba en la terraza de un edificio, dispuesto a saltar al vacío para acabar con su vida. Mientras caía al vacío, en su recorrido descendente por la 9ª planta, un disparo fortuito que se produjo a través de una ventana, acabó con su vida.

El suicidio no habría tenido éxito, porque pocos metros más abajo, había una red de protección en la 8ª planta que habían instalado unos limpiacristales.

La investigación, determinó que en la ventana desde donde se produjo el disparo, vivía un matrimonio mayor. El hombre amenazaba con disparar a la mujer con una escopeta mientras mantenían una riña. Estaba tan enfadado que, sin darse cuenta, apretó el gatillo, sin apuntar a la mujer. La bala perdida por la ventana sería la que mataría al suicida.

La situación legal es incierta. Por un lado, el hombre quería suicidarse. Pero por otro, su suicidio nunca hubiera tenido éxito, así que podía pensarse en un homicidio accidental.
Sin embargo, la investigación continuaba. El hombre que disparó afirmaba que el arma siempre estaba descargada, que no sabía qué había ocurrido. Su mujer confirmó sus palabras: el hombre acostumbraba a apuntarla con un arma descargada, como rutina dentro de sus habituales discusiones.

Después se supo, por un testigo, que el hijo de este matrimonio había cargado la escopeta, aproximadamente seis semanas antes del fatal accidente. La investigación puso al descubierto que la mujer había dejado de mantener a su hijo económicamente y este, conociendo la propensión de su padre a amenazar con la escopeta, cargó en arma con la esperanza de que su padre disparara a su madre.

La decepción del hijo, al ver día tras día como su padre nunca apretaba el gatillo, llevó al hijo a saltar desde la terraza de este edificio de diez plantas, para acabar muriendo por un disparo de bala, a través de la ventana de un piso en la 9ª planta.

El forense determinó que la causa de la muerte había sido suicidio.

Sin embargo esta historia, que motivó una película (Magnolia) y que circuló por años en internet, como ejemplo clásico de un suicidio impredecible y de gran complejidad legal, es falsa.

En 1987, el forense Don Harper Mills, que teóricamente había presentado la historia como cierta en un Congreso de la Academia Americana de Ciencias Forenses, nos cuenta la verdad de la misma:
"Se me ocurrió la historia en 1987, para presentarla en la reunión, como forma de entretenimiento y para ilustrar cómo cambiando unos pequeños detalles las consecuencias legales se ven completamente alteradas. En los últimos dos años he recibido unas 400 llamadas telefónicas sobre el tema de escritores, periodistas, estudiantes de leyes, incluso profesores de derecho que quieren incluir la historia en sus libros de texto..."


jueves, 17 de junio de 2010

LA FANTASTICA HISTORIA DEL PRESBITERO CHARLES DODGSON

Alicia en el país de las maravillas es uno de los pocos cuentos que las abuelitas nunca pudieron contar a sus nietos. Y con razón, ya que para ser una historia clásica, su lenguaje de doble lectura y disparatado, enrevesado a lo menos, con diálogos que a cada instante amenazaban caer en lo absurdo y con personajes fantásticos que razonaban en otra dimensión, no era fácil no solo entender la trama, sino explicarla oralmente a los pequeños sin desconcertarlos.

Muy distinto era recordar a Rapunzel, el cuento de Hadas de Jakob y Wilhelm Grimm, o El Gato con Botas de Charles Perrault, que lidiar con las decenas de personajes que interactuaban con Alicia en su aventura.

Además, Alicia en el país de las maravillas, se diferenciaba de otros cuentos de época porque carecía de intención moralizante, es decir, con conclusiones, parábolas o ejemplos para que los niños recogiesen alguna enseñanza moral.
Tampoco era del estilo de las fábulas, tan socorridas en estos relatos, donde animales con características humanas, representaban una historia que culminaba en una moraleja de carácter instructivo, los cuales eran bien recibidos en la pacata sociedad inglesa de aquellos años victorianos, bajo el equivocado concepto, que constituían valiosos elementos docentes para la juventud, prejuicio que posteriormente se juzgó erróneo.

Platón fue el primer filósofo que atacó todo tipo de enseñanza educativa mediante fábulas por la preponderancia que le daba a la lógica sobre la estética.
Jean-Jacques Rousseau, 1712-1778, autor de El Contrato Social, las tildó como deformadoras del carácter inocente de los niños y como escritos cargados de mensajes de moral equívoca porque muestran que es el más fuerte y astuto quien vence y posee ventajas sobre quienes adolecen de falta de sagacidad.
Karl Vossler, (1872-1949) creador de la escuela del Idealismo lingüístico y de la Estilística, terminó demoliendo esta costumbre, al sostener que una fábula puede servir como elemento de ayuda en el aprendizaje, pero no para los niños, puesto que un correcto entendimiento de las mismas necesita al menos la experiencia de quien tenga al menos 40 años.

Y finalmente, esta obra de Dodgson, a pesar de constituir una historia mágica, fantasiosa y tierna, esconde un trasfondo de crítica agria e irónica a la alta sociedad inglesa del siglo XIX, a la misma reina, a sus ministros, a la educación y a la política en general, sin mencionar, que la mayoría de sus personajes están basados en los amigos del autor, en sus características físicas y caracteres, aderezados con una alta dosis de sarcasmo cuyo trasfondo por supuesto no siempre un niño es capaz de entender en su totalidad.


Como casi todos sabemos Alicia, la protagonista del relato original, es una inquieta chiquilla de diez años que, en medio de una soporífera mañana, descubre en el jardín de su casa a un conejo blanco, de grandes ojos rosados ataviado con chaqueta y un vistoso chaleco, que consulta reiteradamente un reloj de bolsillo quejándose de lo tarde que es. Curiosa aunque sin sorprenderse demasiado del sobrenatural suceso, Alicia lo sigue hasta un seto, donde descubre la entrada a una madriguera en la que entra, cayendo al vacío, por un hueco vertical interminable donde baja en caída libre por horas hasta el centro de la tierra.

A partir de entonces y hasta el final del libro, Alicia vivirá maravillosas y absurdas aventuras, que incluyen encogimientos, agrandamientos, metamorfosis y encuentros con animales parlantes, soldados baraja, la oruga azul, El Gato de Cheshire, que tiene la capacidad de aparecer y desaparecer gradualmente a voluntad, hasta que no queda nada más que su amplia sonrisa, un sombrerero loco con su infaltable sombrero hongo con la leyenda: “In this style 10/6”, que significa este modelo, diez chelines y seis peniques, y una cruel reina de corazones, de endemoniado genio, presta a ordenar la decapitación de cualquiera (“¡que le corten la cabeza!”), la liebre de marzo, la quejumbrosa falsa tortuga, el lagarto Bill, entre otros excéntricos personajes.

El principal mérito de Alicia en el país de las maravillas quizá sea su propia singularidad. El autor, a falta de las condiciones que precisa para dar vida a sus personajes, inventa otro mundo, donde estos puedan expresarse con su propia lógica.
Proveniente del mundo real, Alicia se enfrenta a un país inédito que se rige por reglas propias, incomprensibles para quienes no forman parte de él. El encanto de este espacio radica precisamente en que allí no predomina la razón tal cual la entendemos los seres humanos. Los distintos episodios que se narran en el libro no son propensos a interpretarse de forma unívoca; más bien responde a mundos equívocos, quizás incluso no sea posible interpretarlos satisfactoriamente.

Ellos más bien son el testimonio de una imaginación en ebullición, de un sitio cuya existencia necesita el concurso del indomeñable condado de los sueños y sus caprichosas manifestaciones. El mundo subterráneo de Dodgson es una receta maestra de un viaje hacia lo inimaginable, donde sus juegos matemáticos poseen existencia propia, como fue después el surrealista espacio sudamericano Macondo, el país de Gabriel García Márquez, donde moran sus geniales personajes.

Esta técnica narrativa de Dodgson, con juegos de palabras, parodias ocultas y paradojas lingüísticas, fueron en verdad mejor recibidas por los adultos de cierta ilustración que por los niños; y mayormente, fue a través de ellos que este cuento creo fama y cruzó fronteras. Tanto fue así, que a poco andar el autor debió publicar un texto más adecuado para los pequeños, más simple, bajo el título de Alicia para niños (1890).
Es decir, técnicamente el cuento de Dodgson no es propiamente un cuento infantil dirigido a los pequeños, sino que su pretensión fue recuperar desde lo más profundo de los sentimientos humanos, aquella sensibilidad e ingenua transparencia de los infantes, el candor y esa capacidad ilimitada de sentir asombro por los nuevos aprendizajes, que necesariamente, si existieron en la niñez, si fueron parte importante de nuestra naturaleza, no podrían haberse extinguido en la vida adulta.

Walter de la Mare, poeta, cuentista, ensayista, dramaturgo y novelista inglés (1873-1956), quien fuera considerado uno de los mejores prosistas del siglo XX, respecto del libro dice así: “Es uno de los raros libros del mundo que puede ser leído con placer por viejos y jóvenes…Es el único libro de “nonsense” escrito para los niños, sin que sea infantil…Aún más, nos permite acceder a una región del espíritu que, hasta este autor, no solamente era inexplorada, sino también perfectamente desconocida. Y, sin embargo, como algunos otros excepcionales aciertos, fue fruto de un feliz accidente".

Dodgson apostó, que a través de su obra, aquellas incursiones que alguna vez todos los niños del mundo realizaron en la tierra de la fantasía, avivaría en cada persona que leyera sus historias, esos recuerdos queridos y celosamente guardados en algún compartimento secreto de su espíritu, que los convertiría otra vez en los niños felices que algún día fueron.

Y no solo eso, sino que con rara habilidad intercaló en los diálogos de sus personajes, para capturar a su público, para fascinar a estos niños grandes, conceptos aritméticos y de álgebra, propiedades de una circunferencia, lógica, análisis y razonamiento deductivo, elementos incorporados a la cultura general de la gente, que colocadas en la lectura y en los diálogos de los personajes, aparentando que son fruto del azar, despiertan el recuerdo nemotécnico y disparan su curiosidad investigativa para ir descubriendo en los trucos de la lectura, la lógica de este mundo ilógico de la traviesa Alicia.

Por ejemplo, la misteriosa característica que posee el Gato de Cheshire, de desaparecer casi totalmente, dejando únicamente su sonrisa, hace ver a Alicia que muchas veces ha visto un gato sin sonrisa, pero ninguna ha visto una sonrisa sin gato.

En el capítulo 5: Consejos de una oruga, la paloma afirma que las niñas pequeñas son un cierto tipo de serpiente, ya que las dos comen huevo. Esta deducción recuerda al cambio de variables que se utiliza en multitud de ocasiones en matemáticas.

En el capítulo 7: Una merienda de locos, Alicia toma como iguales las acciones “digo lo que pienso” y “pienso lo que digo”, a lo que el sombrerero responde que eso sería lo mismo que decir que “veo cuanto como” es igual a “como cuanto veo”. Esto recuerda en cierta medida a una función y su inversa.

En verdad en ninguna parte del libro se menciona que el sombrerero es loco. La confusión se da por que el Gato de Cheshire advierte a Alicia que el Sombrerero está loco, lo cual es confirmado por la conducta excéntrica del Sombrerero y también porque en una escena donde es personaje principal se titula "Una merienda de locos".
En el programa televisivo Aunque usted no lo crea de Ripley, de la década de 1980, se hace referencia al personaje del Sombrerero, explicando que en la época en que el libro fue escrito, los sombrereros trabajaban frecuentemente con mercurio que era utilizado para procesar el fieltro de los sombreros, y al hacerlo en espacios cerrados. Con frecuencia inhalaban los vapores de este metal, lo que provocaba trastornos a la salud (hidrargismo),) que fácilmente podría describirse como locura.

Pero, para explicar como se gestó este famoso cuento, -que hoy-, aparte de la Biblia y el Quijote, es el mayormente traducido a más lenguas en el mundo como también uno de los libros más llevados a la gran pantalla, junto a Peter Pan, es necesario conocer algunos entretelones de la vida de su autor y la forma en que nació su inspiración; adentrarnos en la vida y pensamientos de este extraordinario escritor, adelantado en cien años a los narradores de su tipo, que fijó las bases de lo que luego se daría en llamar “la literatura del nonsense” (del sin sentido), un nuevo universo que su genio incorporó a la literatura, veta inagotable que han explotado hasta la saciedad todos los escritores de ciencia ficción y anticipación del siglo veinte y lo que va corrido del veintiuno, para cimentar sus fantasiosas creaciones.

Dodgson, escribió todas sus obras bajo el seudónimo de Lewis Carroll y bajo este nombre pasó a la posteridad. De intelecto multifacético, fue matemático, poeta, pastor anglicano, escritor, fotógrafo y dibujante en la Inglaterra del siglo XIX.

Nacido en una familia inglesa en los tiempos en que aún regentaba la nación la temible reina Victoria, Charles Lutwidge Dodgson continuó la tradición familiar. Su bisabuelo, llamado también Charles Dodgson llegó a ser obispo. Su padre, llamado del mismo modo, fue párroco rural la High Church Anglicana convirtiéndose con el tiempo en archidiácono de la catedral de Ripón y el mismo Charles Dodgson, ahora Lewis Carroll, que servía como profesor de matemáticas en la Universidad de Oxford, fue nombrado Diácono en 1861, aunque nunca se decidió a ejercer oficialmente este cargo eclesiástico.

En el ámbito de la fotografía, mostró una marcada tendencia a buscar modelos entre niñas de corta edad y fueron miles las fotos que hizo con esta temática. Una de sus modelos preferidas fue Alexandra Kitchin («Xie»), hija del deán de la catedral de Winchester, a la que fotografió unas cincuenta veces desde que tenía 4 años hasta que cumplió 16. En 1880 intentó fotografiarla en traje de baño, pero no se le permitió. Esta afición le trajo varios problemas ya que mucha gente lo consideraba un pedófilo en potencia, por lo que debió devolver o destruir muchas tomas de niñas semidesnudas, para evitar ser denunciado o mantener encendida la llama del escándalo.

De su obra retratista que se conserva, más de la mitad son de niñas de corta edad, no obstante, se considera que todo lo que ha logrado recopilarse no es sino un tercio de su trabajo fotográfico total. Se creía que todas las fotos comprometedoras se habían perdido, pero se han encontrado seis desnudos, de los cuales cuatro han sido publicados.

Su obra fue reconocida póstumamente y en la actualidad, es considerado uno de los fotógrafos victorianos más importantes e influyentes en la fotografía artística contemporánea.
Alicia en el país de las Maravillas, se gestó en uno de los frecuentes paseos en barco en el río Támesis, que Dodgson provocaba para estar en compañía de sus modelos y amigas, las hermanas Edith, Alice y Lorina Charlotte Lidell. Esta vez iba acompañado del reverendo Robinson Duckworth y como era habitual “el tío Charles”, entretenía a las niñas con actos de magia, anécdotas y cuentos.
Ese día Charles estaba especialmente inspirado e improvisó una historia que bautizó como Las aventuras subterráneas de Alicia, que fue muy celebrado por las menores, que no le permitían ponerle punto final, obligándolo a crear más y más episodios. Tanto les gustó este cuento a las hermanas Lidell, en especial a Alicia, que ésta lo comprometió a que lo pusiera por escrito y se los regalara, dado que todas querían volver a escucharlo o leerlo muchas veces.Puesto a esta tarea nada fácil, Dodgson empezó la redacción del cuento esa misma noche y solo pudo regalárselo y cumplir con su compromiso a Alice Liddell en las Navidades siguientes. El manuscrito se titulaba Las Aventuras Subterráneas de Alicia y las ilustraciones fueron hechas por él mismo.

Es claro que Alicia, con sus diez años frente a los treinta que ostentaba Dodgson, producía en este una gran fascinación y existe constancia que esta perduró hasta su muerte. Varios autores achacan este sentimiento a una tendencia muy marcada en Charles, a buscar en la candidez infantil los mejores valores humanos, la sinceridad, espontaneidad y buenos sentimientos. Otros, más maliciosos, creen interpretar en su conducta una desviación sexual que tenía por blanco a las niñas, a las que buscaba fotografiar en diferentes posturas, atendía solícitamente, daba presentes y buscaba su compañía, a varias de las cuales, incluso en el caso de Alicia Liddell, habría propuesto a sus padres, que se las entregara en matrimonio a su mayoría de edad.

Sea cual sea la verdad y el papel que la pequeña Alicia jugó como inspiradora del personaje de su cuento, el hecho es que los libros están dedicados a Alice Pleasance Liddell. Incluso al final de el segundo Libro Alicia a través del Espejo, hay un poema acróstico que tomando la primera letra de cada verso permite leer el nombre completo de la niña. Ese poema no tiene título en Alicia a través del Espejo, pero suele tomarse como título el primer verso, "A Boat Beneath a Sunny Sky" ("Bajo un soleado cielo, una barca") y lo colocamos aquí a manera de curiosidad.


A boat beneath a sunny sky,
Lingering onward dreamily
In an evening of July--

Children three that nestle near,
Eager eye and willing ear,
Pleased a simple tale to hear--

Long has paled that sunny sky:
Echoes fade and memories die.
Autumn frosts have slain July.

Still she haunts me, phantomwise,
Alice moving under skies
Never seen by waking eyes.

Children yet, the tale to hear,
Eager eye and willing ear,
Lovingly shall nestle near.

In a Wonderland they lie,
Dreaming as the days go by,
Dreaming as the summers die:

Ever drifting down the stream--
Lingering in the golden gleam--
Life, what is it but a dream?

Tres años más tarde, motivado por el éxito que el librito había tenido entre los que lo conocieron, realizó una revisión del texto y se lo presentó al editor Macmillan, a quien le gustó de inmediato. Tras barajar los títulos de Alicia entre las Hadas y La hora Dorada de Alicia, la obra se publicó finalmente en 1865 como Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in Wonderland), bajo la firma de Lewis Carroll, seudónimo que había entrenado en 1856 cuando publicó su primera obra, un poemilla romántico, «Solitude», que apareció en The Train.

Nadie habría sospechado en ese momento, que aquel modesto libro, estaba destinado a convertirse en la obra literaria inglesa más leída después de la de Shakespeare ni la poderosa influencia que llegaría a ejercer en la literatura universal posterior.
Por tanto, de inmediato Carroll acometió la tarea de escribir y publicar una segunda parte llamada Alicia a través del Espejo, extraordinario trabajo, con nuevas historias y personajes, que complementó a su primera Alicia y que al momento de ser llevada al cine fueron reeditadas por quienes escribieron los guiones de las películas, amalgamando ambos libros y en cierta forma, desvirtuando el valor individual que estas poseen indistintamente.

Vale la pena mencionar que las ilustraciones de esta primera edición fueron obra de Sir John Tenniel, considerado entonces como uno de los mejores caricaturistas ingleses, quien hizo 34 viñetas para ilustrar la obra a cambio de un pago de 138 libras esterlinas, negándose a basar estos dibujos en una fotografía que Carroll le entregó de la niña Hilton Badcock, una de sus modelos fotográficas.
De todas maneras, Carroll no quedó muy conforme con estas ilustraciones y al respecto declaró: “El Sr. Tenniel es el único artista que ha dibujado para mí, que ha decididamente rechazado el uso de un modelo, y me ha dicho que no necesita de uno, más que lo que yo necesito de una tabla de multiplicar para resolver un problema matemático. Me arriesgo a pensar que él estaba equivocado, pues dibujó varios retratos de una "Alicia" completamente desproporcionada, con la cabeza demasiado grande, y los pies definitivamente demasiado pequeños”.

En Alicia a través del Espejo, no podemos dejar de mencionar otra genialidad de Lewis Carroll, el poema Jabberwocky, considerado como uno de los mejores poemas sin sentido escritos en idioma inglés. Muchas de las palabras usadas allí fueron creaciones de Carroll, inventadas o fruto de fusiones de palabras.
Uno de sus personajes, con fama propia en Gran Bretaña es Humpty Dumpty (Tentetieso), muy conocido por una famosa y antigua rima infantil de Mamá Ganso o Mamá Oca.

Según Wikipedia, “En general, se reconoce al famoso escritor francés Charles Perrault como el principal difusor del personaje de Mamá Oca. En 1697 publicó su libro de relatos más conocidos como Historias y Cuentos de Tiempos Pasados, que subtituló como Los Cuentos de mi Madre la Oca, nombre con el que fueron conocidos y traducidos a numerosos idiomas. Perrault recopiló y reelaboró numerosos relatos de la tradición oral, como El gato con botas o Caperucita Roja; el personaje de mamá Oca es empleado en su libro como el de un falso autor de los cuentos, instrumento que permite a Perrault entroncar directamente con la tradición oral francesa, que reconocía a mamá Oca como autora de los relatos infantiles, y acercarse así al lector”.

Carroll, recoge a este personaje y lo incluye en Alicia a través del Espejo, pero le da la caracterización de un huevo. En la rima original de 1810 no se menciona esta caracterización. Más bien, el vocablo en jerga inglesa de la época, se refería a una persona torpe y pequeña. Humpty Dumpty, en la obra, discute semántica y pragmatismo con la heroína Alicia, y le explica, a su manera, el significado de las palabras extrañas del poema Jabberwocky. Algunas de las palabras inventadas en este poema (como chortled, galumphing y frabjous) se incorporaron al idioma inglés. La misma palabra Jabberwocky es utilizada en inglés para referirse al lenguaje sin sentido.

Aquí mostramos, para los interesados un trozo e esta prosa tan especial y característica del poemario absurdo de Carroll, que dicho sea de paso, tiene cientos de miles de seguidores a través del planeta, que disfrutan con estos giros originales lingüísticos.

Jerigóndor:
Cocillaba el día y las tovas agilimosas
giroscopaban y barrenaban en el larde.
Todos debirables estaban los burgovos,
y silbramaban las alecas rastas.
“Cuídate, hijo mío, del Jerigóndor,
que sus dientes muerden y sus garras agarran!
!Cuídate del pájaro Jubjub, y huye
del frumioso zumbabadanas!”
Echó mano a su espada vorpal;
buscó largo tiempo al manxomo enemigo,
descansó junto al árbol Tumtum,
y permaneció tiempo y tiempo meditando.
Y, estando sumido en irribumdos pensamientos,
surgió, con ojos de fuego,
bafeando, el Jerigóndor del túlgido bosque,
y burbulló al llegar!
!Zis, zas! !Zis, zas! !Una y otra vez
tajó y hendió la hoja vorpal!
Cayó sin vida, y con su cabeza,
emprendió galofante su regreso.
“!Has matado al Jerigóndor?
Ven a mis brazos, sonrillante chiquillo,
!Ah, frazoso día! !Calós! !Calay!”
mientras él resorreía de gozo.
• Cocillaba el día y las tovas agilimosas
giroscopaban y barrenaban en el larde.
Todos debirables estaban los burgovos,
y silbramaban las alecas rastas.


Estos no fueron los únicos trabajos de Dodgson. Como Lewis Carroll publicó también su gran poema épico La Caza del Snark en 1876 y los dos volúmenes de su última obra Silvia y Bruno en 1889. Ya antes y bajo su propio nombre había publicado varios artículos y libros de temas matemáticos, entre los que destacan El Juego de la Lógica y Euclides y sus Rivales Modernos. Además de An Elementary Theory of Determinants, escrito en 1867.

Del original de Alicia en el País de las Maravillas, sólo se conservan 23 copias de la primera edición de 1865, de las cuales 17 pertenecen a distintas bibliotecas, estando las restantes en manos privadas. La obra ha sido traducida a la mayoría de los idiomas existentes, incluido el esperanto. En 1998, un ejemplar de la primera edición del libro fue vendido en subasta por la suma de 1,5 millones de dólares convirtiéndose así en el libro para niños más caro hasta ese momento.
Especial mención merece su también fantástico y peculiar obra La Caza del Snark o Agonía en Ocho Cantos como también se la conoce.
El relato de La caza del Snark es un texto singular y apasionante; narra en verso, la enigmática hazaña de la caza de un animal desconcertante y único, un monstruo mitológico que nadie nunca ha visto, cuya existencia es recogida como cierta por un grupo de aventureros que emprende su búsqueda por el mar. En este poema épico, pieza maestra del "sinsentido" (nonsense), Lewis Carroll nos presenta la extravagante expedición conducida por el "Hombre de la Campana” (el Capitán) para cazar a un Snark, criatura híbrida, mitad serpiente (snake) y mitad tiburón (shark).
Esta aventura ha sido catalogada como "el viaje imposible de una tripulación improbable, para hallar a una criatura inconcebible".


La Caza del Snark, ocasionalmente toma elementos del poema Jabberwocky, de Alicia a través del Espejo, especialmente algunos nombres de criaturas como el Jubjub o el Bandersnatch; y algunos portmanteaus (que consiste en fusionar dos o más palabras para formar una sola, ej: "entrambos" ("entre ambos"). Sin embargo, se trata de un poema independiente.
El Capitán de la nave desprecia los mapas y los instrumentos de navegación y solo tiene para guiarse y encontrar la ruta verdadera un mapa en blanco y una campana. Algunas de sus órdenes eran difíciles de comprender y menos de seguir, como aquella de “¡Rumbo a estribor, pero mantengan la proa a babor!”.
Cuando describe las características de la bestia y en particular aquello que caracteriza a las diferentes especies a su aterrorizada tripulación, les adelanta que hay que distinguir entre las que tienen plumas y muerden de aquellos otros que tienen bigotes y arañan.
De esta obra, al igual que de Alicia en el País de las Maravillas, Martin Gardner ha publicado sus brillantes anotaciones, que resultan imprescindibles para quienes somos novatos en las lides del vuelo literario, para comprender todos los alcances y triquiñuelas escondidas en el relato.
Del Snark Anotado, sacamos la siguiente anécdota:

En cierta ocasión, el Presidente Roosevelt expresó a un comensal de la Casa Blanca su satisfacción por poder citarle el Snark sin necesidad de mayores explicaciones. Y añadió:

¿Creería usted que nadie de la Administración ha oído hablar de Alicia, y mucho menos del Snark? Y, cuando el otro día dije al ministro de Marina: “Señor ministro, Lo que digo tres veces es verdad”, no entendió la alusión y contestó en tono ofendido: “¡Señor Presidente, nunca se me habría ocurrido poner en duda su veracidad!”

Esta historia, es en referencia a la primera estrofa del Canto primero de la Obra, que acotamos para mejor comprensión:

Canto primero
EL DESEMBARCO

“¡Excelente lugar para el Snark!”, exclamó el capitán,
a la vez que desembarcaba con sumo cuidado a su tripulación:
ensortijando los cabellos de cada marinero en su dedo,
les ponía fuera del alcance de la olas.

“¡Excelente lugar para el Snark!”, repitió,
como si esta sola frase debiera estimular a la tripulación.
“¡Excelente lugar para el Snark!, y lo digo por tercera vez.
Recordad, todo lo que os diga tres veces es siempre verdad.”

Aficionado como era a los acertijos y los juegos de palabras, Dodgson no podía incurrir en al vulgaridad de una caprichosa elección de su nombre literario. El sobrenombre lo creó a partir de la latinización de su nombre y el apellido de su madre, Charles Lutwidge. Lutwidge fue latinizado como Ludovicus, y Charles como Carolus. El resultante, Ludovicus Carolus, regresó otra vez al idioma inglés como Lewis Carroll.

En su vida privada, Charles Dodgson era un hombre tranquilo e introvertido, tal vez por la tartamudez que le aquejaba y que según algunos fue el motivo que inhibió que se dedicara al sacerdocio. En su vida pública fue algo vulgar: profesor aburrido y acérrimo conservador, su rasgo más peculiar fue su gran amor por las niñas (sentía aversión por los niños), amor que fue definido de “enfermizo” por algunos autores. Además le gustaban los títeres, la criptografía y el ajedrez. A través de la fotografía, Carroll trató de combinar los ideales de libertad y belleza con la inocencia edénica, donde el cuerpo humano y el contacto humano podían ser disfrutados sin sentimiento de culpa.
A los doce años fue enviado a una escuela privada en las afueras de Richmond donde al parecer algo ocurrió con él, que marcó su existencia. Años después escribió: “Creo ... que por nada en este mundo volvería de nuevo a vivir los tres años que pasé allí ... Puedo decir, honestamente, que si hubiese estado ... a salvo de la molestia nocturna, la dureza de la vida diurna se me hubiera hecho, en comparación, muchísimo más soportable”…

La naturaleza de esta «molestia nocturna» nunca será, quizá, correctamente interpretada. Puede ser una forma delicada de hacer referencia a algún tipo de abuso sexual, quizás por ello rechazaba a los jóvenes.
Una vez escribió: “Confieso que no me gustan los niños desnudos en fotografías, siempre parecen necesitar ropa, mientras que uno difícilmente comprende por qué las adorables formas de las niñas tendrían que ser cubiertas.”
“Me encantan los niños (excepto los varones)”
.

El hombre que soñó Alicia y nos legó el nonsense y una de las obras consideradas canónicas de la literatura universal, como es Alicia en el País de las Maravillas, falleció el 14 de enero de 1898, soltero, a los 66 años de edad en Guildford, Surrey, es decir, hace 112 años.

sábado, 5 de junio de 2010

Martin Gardner, amigos de Internet y Alicia en el país de las maravillas

"Los sabios son los que buscan la sabiduría; los necios piensan ya haberla encontrado."
Napoleón
.


Hace casi dos semanas murió un amigo muy querido y estimado, entrañable compañero de quien aprendí muchas cosas en la vida. Un ser humano privilegiado, un maestro de la divulgación científica de nivel planetario.
Curiosamente nunca se lo dije en vida, jamás le revelé mi admiración. No por cortedad de mi carácter ni por falta de valor moral, sino más bien por que no se dio la oportunidad. Y también por que no tuve el privilegio de conocerlo, ni de hablar con él, ni siquiera vivir en su país.
Y estoy cierto que así como me ha pasado a mí, hay cientos de miles de internautas seguidores suyos a través de la red o que han comprado sus libros, que sienten su partida como si se tratara de un viejo camarada.

No obstante, le conozco muy bien de antiguo, quizás de unos veinte años atrás, cuando leía sus artículos y sus libros. Quizás de antes, de cuando seguía su columna mensual de Juegos Matemáticos publicados en la revista de Investigación y Ciencia “Scientific American”, versión española de finales de 1976, la cual, en su versión inglesa circuló entre diciembre de 1956 y mayo de 1986.

En esos treinta años, Martin Gardner, periodista americano, escritor, ensayista y articulista, filósofo de la ciencia y divulgador científico, saltó a la fama ganándose un merecido lugar en el mundo de las matemáticas, merced a la evidente calidad divulgativa de sus escritos, siendo considerado el gurú de la matemática recreativa, al abordar con singular brillantez diversos tópicos considerados de ardua complejidad y aridez, como son los hexaflexágonos, polinomios, criptografía y criptoanálisis, puzzles aritméticos, lógica combinatoria, el cubo Soma, tangrams, algoritmos genéticos y varios más, temas que acercó a la gente, en particular a los niños y estudiantes y con mayor razón a los maestros y educadores de todos los niveles, en un lenguaje descriptivo y entretenido que alejó para siempre de las aulas, esas clases de ejercicios complejos y antipáticos, que
precisaban gran concentración y esfuerzo para seguirlas.

“Me parece que toda mi generación de matemáticos creció leyendo a Martin Gardner”, comenta Rudy Rucker, de la Universidad estatal de San José.

Allyn Jackson, director de Notices, una revista de la American Mathematical Society, escribió en 2005 que Gardner “abrió los ojos del público en general a la belleza y la fascinación de las matemáticas e inspiró a muchos a seguir y hacer de eso el tema de su vida.” Jackson dijo que “la prosa cristalina de Gardner, siempre esclarecedora, nunca pedante, estableció un nuevo estándar de alta calidad de divulgación matemática”.

Martin Gardner fue siempre un apasionado de la ciencia, un escéptico convencido, una persona con tanta curiosidad como para interesarse por todo y con tanta humildad como para reconocer sus limitaciones y comportarse aterrizadamente en su relación con todo tipo de personas. Erudito en rompecabezas, se preocupó de recopilar, mejorar y publicar todos los existentes hasta la fecha, inventando casi todos los demás. Sus preguntas eran verdaderos acertijos, de lógica, aritmética, astronomía o geometría.

No resisto la tentación de adjuntar un par de ejemplos:

LOS CIGARRILLOS DE LA SEÑORA PITA.
La señora Pita, una gran fumadora durante muchos años, finalmente decidió dejar de fumar. "Acabaré los veintisiete cigarrillos que me quedan", se dijo, «y jamás volveré a fumar". La costumbre de la señora Pita era fumar exactamente dos tercios de cada cigarrillo. No tardó mucho en descubrir que con la ayuda de una cinta engomada podía pegar tres colillas y hacer otro cigarrillo.
Con 27 cigarrillos, ¿cuántos cigarrillos puede fumar antes de abandonar el tabaco para siempre?

SOLUCION: Después de fumar 27 cigarrillos, la señora Pita juntó las colillas necesarias para hacer 9 cigarrillos más. Estos 9 cigarrillos dejaron colillas como para hacer otros 3; entonces con las últimas tres colillas hizo el último cigarrillo. En total: 40 cigarrillos. La señora Pita nunca volvió a fumar: jamás logró recuperarse de la pitada final.
LAS DOS TRIBUS.
Una isla está habitada por dos tribus. Los miembros de una tribu siempre dicen la verdad, los miembros de la otra tribu mienten siempre.
Un misionero se encontró con dos de estos nativos, uno alto y otro bajo.
"¿Eres de los que dicen la verdad?", preguntó al más alto.
"Upf”, respondió el nativo alto.
El misionero reconoció la palabra como el término nativo que significa sí o no, pero no podía recordar cuál de los dos. El nativo bajo hablaba español, así que el misionero le preguntó qué era lo que había dicho su compañero. "Dijo sí”, replicó el nativo bajo, “¡pero él gran mentiroso!”.
¿A qué tribu pertenecía cada uno de los nativos?

SOLUCIÓN. Cuando el misionero preguntó al nativo alto si era de los que decían la verdad, la respuesta "Upf " debe significar "sí". Si el nativo es de la tribu de los que dicen la verdad, debe decir la verdad y responder que sí; si es uno de los mentirosos, debe mentir, ¡pero la respuesta seguiría siendo sí! De modo que cuando el nativo más bajo dijo al misionero que su compañero había dicho "sí", estaba diciendo la verdad. En consecuencia, también debe haber dicho la verdad cuando agregó que su amigo era un mentiroso.

Conclusión: el hombre alto es mentiroso, el bajo es de la tribu de los que dicen la verdad. Aquí les dejo una página de SCRIBD, con acertijos de Gardner. http://www.scribd.com/doc/2442780/Gardner-Martin-Matematica-para-divertirse.

Durante 25 años, dicha columna se convirtió en un referente de los juegos matemáticos para divertirse, la mayoría de matemáticas recreativas, con un estilo ameno, divertido e irónico, pero incorporando alusiones literarias y artísticas y explicaciones de cultura general, lo que hacía trascender la mera operación aritmética a un plano de conocimiento de otras disciplinas.

Prolífico escritor, dejó como legado más de setenta libros de su autoría, no tan solo de matemáticas, que fueron en su mayoría recopilaciones de sus artículos en la revista Scientific American, sino que incursionó en otros géneros literarios, como ficción, magia, poesía, crítica literaria y cinematográfica.
Versado en teología, filosofía, física e historia, su obra constituye un referente cultural e intelectual de primer orden y pese a que sus escritos matemáticos intrigaron a dos generaciones de excelsos profesores de esta área, él nunca tomó un curso de matemáticas en la universidad. “El gran secreto de mi columna es que sé tan poco de matemáticas que tengo que trabajar duro para comprender yo mismo el tema. Quizá por eso sé explicar las cosas con más claridad de lo que lo sabe hacer un matemático profesional, dijo a este respecto él mismo.

"Martin Gardner es uno de los grandes intelectos producido en este país en el siglo 20", expresó Douglas Hofstadter, el afamado científico cognitivo.

Fue tan prolífico y variado el alcance en sus intereses, que muchos críticos especularon en su tiempo, como señal de su admiración, que tenía que haber más de uno de él.

Martin Gardner fundó en 1976 el Comité para la Investigación Escéptica (CSI), http://www.csicop.org/es, junto con sus amigos Paul Kurtz y James Randi, al que pronto se agregaron numerosas celebridades y figuras de la intelectualidad mundial, como Carl Sagan, Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Bronowski Jacob, Stephen Jay Gould, entre otros, organización cuyo objetivo principal era desenmascarar los fraudes científicos de algunos falsos “sabios”, combatir a los inescrupulosos que se beneficiaban de estos engaños y poner al público en alerta contra esta embestida de la seudociencia, que amenazaba seriamente la cultura occidental al deformar la percepción ciudadana guiándola hacia torpes creencias paranormales, espiritualistas o esotéricas.

Como el mismo contaba: “Mi libro sobre la seudo ciencia animó al filósofo Paúl Kurtz a ponerse en contacto conmigo; y junto con el mago James Randi, el psicólogo Ray Hyman y el sociólogo Marcello Truzzi, organizamos el grupo que en 1976 se convirtió en la CSICOP”.

Félix Ares, presidente de la asociación hermana del CSI, la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, señala que "lo más importante de Gardner fue darse cuenta de que en Estados Unidos los charlatanes hablaban con total impunidad diciendo cosas absolutamente sin contrastar: que los extraterrestres nos visitaban, que la telepatía estaba demostrada, el creacionismo, la New Age... y nadie daba una contra réplica, o éstas eran aisladas y débiles. Según Ares, “quisieron que esa impunidad se acabase, quisieron que además de la opinión de los crédulos también estuviera presente la opinión de los que pensaban de otra forma.”
En el New York Review Books en 1982, Stephen Jay Gould, biólogo evolutivo, llamó el Sr. Gardner "el faro más brillante y único en defensa de la racionalidad y la ciencia contra el misticismo y el anti-intelectualismo que nos rodean."

Algunos de los títulos más sonados de sus varias obras pergeñadas en el crisol del CSI son: "La ciencia; lo bueno, lo malo y lo falso". "Urantia, ¿revelación divina o negocio editorial?; La Nueva Era; ¿Tenían ombligo Adán y Eva"; "Los porques de un escriba filósofo"; "El Snark anotado". Sus obras "Izquierda y derecha en el cosmos" y "La explosión de la relatividad", discurren sobre la simetría de las leyes físicas y sobre la teoría de Einstein.

De todas ellas, la mayoría de las cuales leí hace años, hice mi preferida en el área literaria, las fantasías de la vida y obra de Lewis Carroll, en realidad llamado Charles Dogson, su "Alicia Anotado", un repaso frase a frase de Alicia en el País de las Maravillas, explorando y explicando al lector su lado matemático y lógico como también la gran cantidad de símbolos, acertijos y juegos populares o folclóricos ingleses utilizados por su autor, también un eminente matemático, que el iniciado no anglófono puede no captar a primera vista.

Efectivamente, nada mejor que la mente matemática de Gardner para descifrar el contenido de los símbolos, especialmente si éstos, como ocurre en las grandes obras de maestros de la literatura, como el Quijote, de Cervantes, están disimulados, disfrazados bajo una parábola o colocados en una esquina modesta, en forma de de un letrero, cuadro o una palabra aislada.
En el relato original de Alicia en el país de las maravillas, de Carroll, Alicia ve en su jardín un conejo blanco de ojos rosados, vistiendo un chaleco y consultando a cada rato su reloj y curiosa lo sigue, pero cae a un foso muy profundo. En su caída en ese túnel interminable, se percata que baja muy despacio, con tiempo suficiente para observar a su alrededor y que atraviesa piezas amobladas colocadas caprichosamente, teniendo tiempo incluso de recoger un tarro de mermelada de un anaquel, que no suelta por temor a que le caiga a alguien en la cabeza. Tiene tiempo en esta caída para recordar a sus amigas y trata de calcular cuantas millas ha descendido pensando que probablemente se encuentra cerca del centro de la tierra. Acude a sus conocimientos y estima que este punto está a cuatro mil millas de distancia y se pregunta entonces si el foso tendrá salida y si en su caída atravesará la tierra de parte a parte. Le parece divertido aparecer entre la gente cabeza abajo.

El genial Gardner, en Alicia Anotada, explica en un párrafo lateral este episodio. Recuerda al lector “que en tiempos de Carroll, la gente especuló muchísimo sobre lo que sucedería si uno cayese por un agujero que pasara por el centro de la tierra. Plutarco había formulado ya esta cuestión, y son muchos los pensadores famosos, entre ellos Francis Bacon y Voltaire, los que la han abordado.
Galileo (Diálogos de Massimi Sistemi, Giornata Seconda, edición de Florencia de 1842, vol.1, págs. 251-2) dio la solución correcta: el objeto, caerá a velocidad creciente pero con aceleración decreciente hasta que llegara al centro de la tierra, en cuyo momento su aceleración sería cero.A partir de ahí, su velocidad disminuiría al aumentar su deceleración, hasta alcanzar la abertura del otro extremo, entonces volvería hacia atrás otra vez.
Ignorando la resistencia del aire y la fuerza Coriolis resultante de la rotación de la tierra (a menos que el agujero fuese de polo a polo), el objeto se desplazaría eternamente en vaivén. La resistencia del aire naturalmente, acabaría por detenerlo en el centro de la tierra.
http://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_Coriolis.

Así va explicando Gardner cada situación del texto, sean palabras o sentimientos expresados por los protagonistas, yendo al significado profundo y también al detalle de lo que pasaba por la mente de Lewis Carroll cuando escribía su famoso cuento, que como vemos, no estaba librado al azar o tan solo a una inspiración literaria momentánea, sino que todo aquello que expresaba Alicia, en este caso, en su caída al vacío, era correspondiente con un serio estudio y acabado conocimiento de los fenómenos gravitatorios que respaldaban el acontecimiento.

Otro aspecto en que Martin Gardner sobresalió fue la lucha contra la ignorancia supina, la credibilidad en seres y hechos fantásticos y el prejuicio recalcitrante de sectas y religiones fundamentalistas.
Para tal efecto escribió regularmente una columna en la revista Skeptical Inquirer, «Notes of a Fringe Watcher» («Comentarios de un observador marginal»), dedicada al mundo del misterio y las seudociencias.

Esta revista surgió como iniciativa de una serie de científicos e intelectuales para contestar y hacerse cargo de las falacias, supercherías e invenciones que se hacían a diario en el nombre de la ciencia, por falsos profetas, ideólogos, médicos brujos, adivinos o espiritistas, creacionistas, profecías, mensajes del más allá, abducciones extraterrestres o supersticiones de antigua data que según sus cultores, se habían confirmado científicamente. Esta publicación bimensual, dirigida por Kendrick Frazier, es el órgano oficial de la CSICOP (Comisión para la Investigación Científica de Supuestos Fenómenos Paranormales).

De allí salieron memorables artículos refutando y desmitificando a estos garúes de papel. Escribió obras que desacreditaban a figuras públicas como el psíquico israelí Uri Geller, quien ganó fama de tener grandes poderes síquicos que lo hacían capaz de doblar cucharas con la mente. Al científico Haroíd Puthoff por sostener que podía obtener energía ilimitada del vacío del espacio. Al Físico Robert Lull Forward, por sostener teorías mágicas y ensalzar la utilidad de la precognición para hacer predicciones sobre la Bolsa y la capacidad de los videntes remotos para detectar características astronómicas de los planetas antes de que dichas características fueran observadas por telescopios o sondas espaciales.

Al seudo antropólogo Carlos Castañeda y el fraude de sus numerosos libros, considerado el mayor fraude científico de la historia. Sobre el interés de Oprah Winfrey en la New Age, etc. etc.
Como también, menciones sobre la interminable y fraudulenta lista de terapias ofrecidas por la llamada medicina alternativa, las curaciones chamánicas y los productos ofrecidos como panacea universal, como la acupuntura, la aromaterapia, la quelación, la iridología, la urinoterapia, la naturopatía y terapia orgánica.

Las supuestas virtudes curativas de la ingestión de tres secreciones corporales, como la saliva, los excrementos y la urina; la reflexología, acupresión y bioterapia, la digitopuntura, la magnetoterapia, la sanación síquica, alquimia, fantasmas, proyección astral, círculos en los sembrados, brujería, quiromancia, ovnis, parapsicología, la psicoquinesis, la precognición y otras maravillas síquicas...

Su desaparición de la escena creativa, sin duda dejará un vacío difícil de llenar. Por eso, en esta crónica de hoy, no solo deseo expresar mi sentimiento de pesar por su deceso, sino rendir un homenaje a su distinguida memoria con algunos recuerdos amables de parte de sus genialidades que pudimos compartir.

Ha muerto un gigante, un humano privilegiado, un sacerdote del saber. Ha muerto el mayor desmitificador de supercherías de nuestro tiempo.
Arthur C. Clarke decía de él: «Martín Gardner es un tesoro nacional, y ¿Tenían ombligo Adán y Eva? debería ser de lectura obligatoria en todos los institutos y en el Congreso. No me cabe duda de que mantendría a raya la actual oleada de chifladuras acerca de los ovnis, la Cienciología, el creacionismo y cuestiones similares.»
El tiempo no pasa en vano y Gardner decidió jubilarse trasladándose, luego de la muerte de su esposa Charlotte a una residencia, sin abandonar la entrega de ensayos y artículos a sus columnas.

En Extravagancias y Disparates opinó que: "una de las mejores maneras de aprender algo sobre cualquier rama de la ciencia es descubrir en qué se equivocan sus chiflados".

En uno de sus libros, Martin Gardner escribió: “Gracias a diferentes encuestas, hoy sabemos lo ignorante que es la población general en cuestiones de ciencia (además de estar compuesta por gran número de borregos y ciudadASNOS). En la actualidad, casi la mitad de los adultos de Estados Unidos cree en la astrología, en ángeles y demonios, y en que estamos siendo observados por extraterrestres llegados en ovnis que abducen con frecuencia a seres humanos. Más de la mitad cree que la evolución es una teoría no demostrada".

Mi amigo Martin Gardner murió el dia Sábado 22 de mayo de 2010 a la edad de 95 años, ante la congoja de todos sus amigos y admiradores del mundo entero.

Stephen Jay Gould dijo de él: “Gardner, posiblemente el más ingenioso “desenmascarador” de fraudes científicos de nuestra época, hace uso de sus décadas de experiencia para desbaratar las proclamaciones de la Nueva Era y las investigaciones dudosas de eminentes científicos. Afrontando las máximas de la seudociencia con una mirada aguda y escéptica. (…) Durante más de medio siglo, Martín Gardner ha sido el faro más luminoso en la defensa de la racionalidad y la auténtica ciencia”.

Te vamos a echar de menos camarada, cada día hay más ciudadASNOS chiflados.