lunes, 8 de octubre de 2007

Los cadáveres más famosos del mundo.

Extraña cosa ésta de la fama. Pudiera pensarse que ella se extingue no bien su poseedor muere.
La riqueza, esfumado su beneficiario pasa con rapidez a otras manos. La enfermedad apenas se enfría el cadáver desaparece para siempre. Lo mismo ocurre con la maldad, la vanidad, la avaricia o la corrupción.
No obstante pareciera ser que la fama, ese misterioso don que hace que los humanos admiren u odien a estos personajes que la conquistaron, perdura aún más allá de la muerte. Todo indica que una vez que se aferra a las personas convirtiéndolas en celebridades, jamás las abandona.

Es el caso de Rasputín, nacido como Grígori Efímovich Novikh Rasputín conocido como el Monje Loco, favorito de los zares, en especial de la Emperatríz Alexandra, quien consiguió tanto poder entre la nobleza y la casa real rusa que fue asesinado por un sector de la nobleza. Lo drogaron, envenenaron con cianuro, dispararon contra su pecho y golpearon con fierros su cuerpo rompiéndole todos los huesos sin que dejara de volver a levantarse una y otra vez burlándose de sus verdugos, hasta que finalmente consiguieron destruirlo, a pesar que la leyenda asegura que de su tumba, hecha en el hielo que cubría las aguas de un río, a los dos días asomó por un hoyo su mano crispada haciendo con los dedos el signo de bendición.
De él, un museo erótico de San Petersburgo, el primer museo del erotismo de Rusia, conserva su pene. La exposición permanente está abierta al público, que puede admirar una impresionante colección de falos de cerámica y de imágenes libertinas, algunas de las cuales datan del siglo XIX. El sexo del monje, curandero y consejero del último zar de Rusia, cuyos excesos sexuales son legendarios, es conservado en una solución de alcohol.

Ante la vitrina dedicada a Rasputín, puede leerse: "Pene de Rasputín, asesinado en San Petersburgo la noche del 16 al 17 de diciembre de 1916. 28,5 cm".

Quién no recuerda a Marilyn la más seductora de las reinas de Hollywood. Norma María Digdanian Jeane Mortenson, actriz estadounidense nacida en Los Angeles, California y que llegó a ser un símbolo sexual de los años 1950 y sin duda el mayor icono cinematográfico existente.

Su deceso se cubrió de un halo de misterio. Fue encontrada sin vida por su criada en su casa, tendida sobre la cama, con el teléfono descolgado, el 5 de agosto de 1962 a las 3 y media de la madrugada, a la edad de 36 años. De la ambulancia estacionada desde hacía 5 horas salieron enfermeros que entraron escoltados por personajes del gobierno y fueron los primeros en penetrar al departamento. Una asesora del departamento creyó reconocer a Robert Kennedy. El informe policial calificó el suceso como probable suicidio, si bien se han barajado otras posibilidades, incluida la del asesinato. Un testigo afirmó que mientras era retirado el cuerpo de Monroe, uno de los presuntos enfermeros aplicó una inyección entre los pechos de la actriz ya fallecida. Muchas conjeturas de asesinato han apuntado a la familia Kennedy y a J. Edgar Hoover, siniestro personaje, creador de la CIA y su Director hasta su muerte en 1972. Feroz anticomunista, racista, antisemita y homosexual resentido, sobrevivió a siete mandatos presidenciales, siendo inútil todo esfuerzo por expulsarlo o llamarle a retiro por el inmenso poder que acumuló. La autopsia jamás reveló el menor rastro de barbitúricos en el estómago de la actriz que fue la causa de muerte oficialmente aducida; y sus órganos vitales que fueron extraídos para un análisis más concienzudo, desaparecieron misteriosamente.

Tres días después, Joe Di Maggio, uno de sus ex maridos, celebró el funeral en privado. Lee Strasberg pronunció las siguientes palabras de despedida:¡No puedo decir adiós a Marilyn; nunca le gustaba decir adiós!.Pero adoptando su particular manera de cambiar las cosas para así poder enfrentarse a la realidad, diré: "hasta la vista. Porque todos visitaremos algún día el país hacia donde ella ha partido."

John F. Kennedy (1917-1963), el trigésimo quinto Presidente de los Estados Unidos fue asesinado el viernes 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas a las 12,30 horas. Kennedy fue mortalmente herido por disparos mientras circulaba en el coche presidencial en la Plaza Dealey. Fue el cuarto presidente de EE.UU. asesinado y el octavo que murió en ejercicio de sus funciones.
Dos investigaciones oficiales concluyeron que Lee Harvey Oswald, un empleado del almacén Texas School Book Depository en la Plaza Dealey fue el asesino. Una de ellas concluyó que Oswald actuó solo y otra sugirió que actuó al menos con otra persona. El asesinato todavía está sujeto a especulaciones, siendo origen de un gran número de teorías sobre conspiración.

Hace poco, Howard Hunt, miembro importante de la CIA, confesó en su lecho de muerte la auténtica trama que envuelve este magnicidio.
Según Hunt, el trigésimo sexto presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, fue el autor intelectual del asesinato, ansioso de conseguir el poder tras dos años como vicepresidente y viendo cómo las posibilidades de suceder a Kennedy se desvanecían. El asesinato fue planificado por ciertos agentes de la CIA que estaban en contra de Kennedy, como el propio Hunt o Cord Meyer, cuya esposa tenía un affair con el entonces presidente. El francotirador sería un asesino a sueldo de la CIA proveniente de la mafia corsa apellidado Lucien Sartí.

Hunt estaba enojadísimo con el Presidente Kennedy por lo que consideraba una falta de voluntad para derrocar al régimen de Castro . En su autobiografia semi ficticia , "Give Us this Day", él escribió : "La Adminitración Kennedy dió a Castro todas las excusas para que tomara el poder en la isla de Jose Marti, despues se movió malditamente hacia las sombras y creyó que la situación se solucionaría sola." (p.13-14). Desilusionado se retiró de la CIA en 1970.
En 1981, Hunt ganó US$650,000 en un libelo acusatorio contra el Liberty Lobby, después de que este publicara un artículo de Víctor Marchetti en su periódico The Spotlight acusando a Hunt de estar envuelto en la conspiración de asesinato de John F. Kennedy. Sin embargo ésta decisión fue apelada y ganada por Mark Lane que defendió exitosamente al Liberty Lobby. Lane delineó su teoría acerca del rol de Hunt y de la CIA en el asesinato de Kennedy en su libro de 1991,"Plausible Denial."

El presidente americano ingresó cadáver en el Hospital Parckland Memorial de Dallas pocos minutos después del atentado e inmediatamente el vicepresidente Johnson ordenó que la limusina, manchada de sangre y llena de pruebas, fuera limpiada por los agentes del SS en el aparcamiento de ambulancias del hospital. Resulta desconcertante que la máxima preocupación de Johnson 10 minutos después del asesinato de Kennedy fuese limpiar el coche, no sólo por lo absurdo de la premura, sino también por lo escandaloso de la eliminación de pruebas que podían ayudar a esclarecer el caso.

Elvis Aaron Presley es considerado el Rey del Rock'n Roll. Su estilo único de cantar, sus movimientos agresivos en el escenario, su carisma y demás cualidades es lo que actualmente le permite ser la mayor figura musical de la historia. Además de sus inumerables récords, la calidad en las canciones que interpretó es lo que sigue produciendo el fenómeno de que nuevas generaciones engrosen las filas de sus fervorosos seguidores.

Ha encabezado por muchos años la lista de de los artistas fallecidos con mayor recaudación por sus productos, solamente desbancado en el 2006 por Kurt Cobain. Anualmente su casa-mansión Graceland es visitada por millones de personas de todo el mundo. Es la segunda casa más visitada de los Estados Unidos, detrás de la Casa Blanca.
Son muchos los músicos y cantantes que reconocen que Elvis fue la chispa que cambió la música popular y a toda una generación y que gracias a él, ellos tomaron el mismo camino.

En resumidas cuentas, Elvis Presley ha de dejado de ser un icono estadounidense, para convertirse en el icono mundial de la música.
Elvis pasó de la depresión a la esquizofrenia, de la melancolía a la hiperactividad, de la amabilidad a la ira y la histeria. De sus 70 kilos de peso a los más de 115 que lo aislaron en las paredes de Graceland.
Las pocas presentacione personales que Elvis realizó en aquella época fueron de mal en peor. En escena daba la impresión que nada le importaba. Ni la música ni su imagen y sus largos monólogos cada día se volvían más incomprensibles.
Pocos días antes de su muerte Elvis ya no coordinaba sus ideas, perdía la memoria y caía en incoherencias.
El martes 16 de agosto de 1977, a las 22,20 de la tarde, Joe Esposito, su manager, fue a su habitación encontrándolo muerto en el baño, donde yacía en el suelo.

Hay muchas leyendas sobre Elvis, sobre todo sobre su muerte, pero una es la que tiene más fuerza. Según cuentan dos horas después de la muerte de Elvis un hombre llamado John Burrows sacó un billete de avión con dirección a Argentina. Lo peculiar de este hombre es que era muy parecido a Elvis y lo más sorprendente es que el nombre con el que firmó era el pseudónimo muchas veces utilizado por Elvis. Años después este Burrows, con el nombre artístico de Orion, se puso a cantar imitando a Elvis y sus espectáculos eran muy parecidos, pero llevaba un antifaz que le cubría parte de la cara, con lo que se empezó a especular que este hombre en verdad era Elvis. Seguramente esto no se podrá comprobar nunca debido a que Orion murió en el año 98. Algunos datos que contribuyen a esta leyenda son los hechos de que el segundo nombre de Elvis esté mal escrito en su tumba, Aaron en vez de Aron, que es el nombre que figura en su partida de bautismo. Otro dato es el hecho que la familia de Elvis no haya cobrado aún el millonario seguro de vida. En EE.UU. no es delito fingir tu propia muerte, pero sí lo es fingirla y cobrar el seguro. Elvis deseaba ser enterrado junto a su madre en el jardín de la meditación de su mansión de Graceland, pero su tumba no la pusieron a su lado como era su voluntad.


Ernesto Guevara (1928-1967) conoció al líder cubano, Fidel Castro, en México en 1956 y allí se sumó a la expedición armada que entró luego en la isla y se alzó en las montañas de la Sierra Maestra para derrocar a Fulgencio Batista.

En los primeros años de la revolución, el "Che", quien recibió la nacionalidad cubana por los servicios prestados a la revolución, fue nombrado presidente del Banco Nacional y más tarde ministro de Industrias.
Pero su idea de impulsar la revolución en América Latina le llevó a Bolivia en 1966, donde fue capturado por el ejército el 8 de octubre de 1967 en la quebrada del Yuro (centro) y conducido a una escuela en la aldea de La Higuera, donde fue asesinado al día siguiente.
Sus restos descansan en Santa Clara, escenario de la acción armada que encabezó en diciembre de 1958 al mando de una columna guerrillera que avanzó desde las montañas orientales de la Sierra Maestra y tomó esa ciudad central en una batalla considerada decisiva para la revolución triunfante el 1 de enero de 1959.

Guevara, que había ingresado en Bolivia en noviembre de 1966, condujo a medio centenar de guerrilleros, en su mayoría bolivianos y cubanos y fue capturado el 8 de octubre de 1967 y muerto al día siguiente, dejando tras sí una estela de heroicidad que muchos aún respetan.


"Díganle a Fidel que él verá una revolución triunfante en América Latina y díganle a mi mujer que se case de nuevo y que intente ser felíz."Esta frase fue el último mensaje de Ernesto Che Guevara el 9 de octubre de 1967 cuando fue interrogado por el miembro de la CIA de EE.UU. Félix Rodríguez y le permitieron decir algo antes de ser ultimado por una ráfaga de ametralladora. Después, conteniendo apenas su cuerpo sufriente, sin poder pararse bien por sus heridas en la pierna y con el asma que le asfixiaba, el Comandante Che Guevara dió la última orden, esta vez a su verdugo: "Apunte y sostenga firme el arma: va a matar a un hombre". Las balas de la ráfaga de la ametralladora lo atravesaron y se derrumbó de costado mal herido, para ser rematado finalmente por otros disparos.


“He nacido en la Argentina; no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino y si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie.”


miércoles, 26 de septiembre de 2007

Gala Dalí, la última cortesana

Una cortesana es inferior a una amante y superior a una prostituta. 
Es inferior que una amante porque vende su amor por beneficios materiales; y es superior a una prostituta porque elige a sus amantes. 

Para comprenderlo cabalmente, cada lector, si le interesa, deberá hurgar por sí solo ivestigándolas por sus nombres, apodos, anécdotas o genialidades, si desea explicarse los más grandes escándalos, las mayores tragedias y los sucesos que muchas veces marcaron de luto, de alegría o fueron importante factor en los cambios de algunos pueblos y sociedades a través de distintas épocas. Nuestro papel es solo mencionarlas, porque sus historias llenarían anales y bibliotecas, en particular aquellas que han quedado rezagadas en la nebulosa del pasado, pués es muy probable que todos conozcamos aquellas divas, amantes, artistas del espectáculo, del cine y las tablas, que de alguna manera son las cortesanas de nuestro tiempo. Pero la mejor manera es leer Reinas de las Sombras, de la estupenda escritora española, María Pilar Queralt del Hierro, de donde tomé estas notas.

La cortesana es en realidad, una mujer cuya profesión es el amor y sus clientes pueden ser más o menos distinguidos. Sin importar sus orígenes y propósito, cualquiera sean sus otros talentos, la profesión de la cortesana es vender bien su cuerpo y sus favores y practicar sus artes personales con habilidad.

Muchas mujeres famosas eran cortesanas sólo por placer. Entre ellas están la Baronesa de Staël, escritora francesa que fue la amante de una época, y Mme Sand, cuyo nombre verdadero era Aurore Dupin que se hizo conocida como escritora bajo el nombre masculino de George Sand, de la que se dice que tuvo tantos amantes como libros publicados, Liszt y Chopin entre otros.
Rachel, que llevó una vida turbulenta dentro y fuera del escenario, y Sarah Bernhardt, quien declaró: "He estado entre las grandes amantes de mi época". Hortense Schneider permanece, por sobre todas las cosas, como la intérprete de Offenbach, por más famosa que haya sido su vida privada; y La Castiglione, a quien Cavour envió para seducir a Napoleón III, era además de un excelente agente político, un ornamento de espléndida belleza del Segundo Imperio.

En el pasado las cortesanas eran mucho más importantes que las propias reinas, cuya razón de ser era únicamente la de aportar herederos a la corona. En Francia, incluso, se creó un título para ellas: "maîtresse en titre"..

Inés de Castro, amante del infante Pedro de Portugal (con quien llegó a casarse en secreto), fue asesinada por un grupo de nobles con la anuencia de su suegro el rey Alfonso. Cuando años después, éste murió y Pedro subió al trono, hizo ejecutar a los asesinos y exhumar el cadáver de Inés. Luego ordenó vestirla de gala, coronarla y sentarla en el trono y obligó a todos los nobles a rendir pleitesía a la muerta.


Simple lujuria o amor genuino: hubo de todo a lo largo de la Historia. Algunas de estas amantes llegaron a contraer matrimonio con sus reyes. Generalmente eran bodas morganáticas, que no conferían a las esposas categoría de reinas.
¿Y las reinas? La mayoría toleraba la situación, pues no les quedaba remedio. Catalina de Braganza solía jugar a las cartas con su marido, Carlos II de Inglaterra y dos de las amantes de éste, Nell Gwyn y Luisa Portsmouth.

De los reyes ingleses, Carlos II fue muy prolífico en materia de amoríos. Antes de casarse ya era padre de cinco hijos e incluso había obligado a su hermano (el futuro Jacobo II) a casarse con una mujer a quien él mismo había dejado embarazada.

En Francia, las favoritas brillaron como en ninguna otra parte y dotaron a la nobleza de gran cantidad de nuevos miembros: algunas competían con las reinas en materia de fecundidad (Madame de Montespan, por ejemplo, tuvo siete hijos de Luis XIV), y no era raro que muchos reyes prefirieran a sus hijos ilegítimos por sobre los legítimos. Generalmente los medio hermanos se criaban y educaban juntos y hubo algunos casos de afecto verdadero entre ellos.
Francisco I, en el siglo dieciséis, instaló la tradición del adulterio real, aunque ya había habido un antecedente en el siglo anterior (Carlos VII y Agnes Sorel). Su primera amante oficial fue Francisca de Foix, condesa de Châteaubriant, dama de honor de la reina Claudia. A ella le sucedió Ana de Pisseleu, elegida por la propia madre de Francisco y promovida como gobernanta de las princesas. Desde entonces, y mientras duró la monarquía, cientos de mujeres pasaron por las alcobas reales. A Enrique IV se le conocieron cincuenta y seis amantes, sin contar las que no pudieron ser inventariadas.

Ana de Pisseleu recibió títulos y señoríos -entre ellos dos ducados-; consiguió altos cargos para sus familiares, amigos y amantes y hasta se daba el lujo de impartir órdenes a los generales.
Para conseguir los favores de Luis XIV, Madame de Montespan -una de las más famosas cortesanas reales- fingió hacerse amiga de la favorita de turno, mademoiselle de La Vallière y se lo birló. No contenta con esto, consultó a magos y brujas, realizó misas negras, compró filtros mágicos y por las dudas, se acercó a una famosa envenenadora, la Voisin. Montespan fue amante del rey durante varios años, hasta que sus prácticas de brujería salieron a la luz y estalló un escándalo que llevó a varios a la horca.

La sucesora de Montespan, Madame de Maintenon, consiguió lo que ninguna había logrado en Francia hasta entonces: casarse con el rey. Era un matrimonio morganático y secreto, pero Luis XIV le confirió un gran honor: la admitió oficialmente en las reuniones de ministros y la consultaba para los asuntos de Estado.

Una que hizo época fue Madame de Pompadour, amante de Luis X, cuyo verdadero nombre era Juana Antonieta Poisson. No sólo era una casquivana que frecuentaba los salones parisienses: tenía una sólida formación intelectual y una inteligencia notable.
Cuando murió la Pompadour fue tal que el rey tardó cinco años en tomar otra favorita. Y cuando se decidió, optó directamente por una profesional: Juana Bécu, conocida en los burdeles como la señorita Beauvernier y por la Historia como Madame Du Barry.
Cuando Luis XVI subió al trono, en 1774, la Du Barry debió ir al exilio durante un tiempo. Años después pudo volver a su hogar, pero no sobrevivió a la Revolución Francesa.

En la Venecia renacentista convivían dos clases de cortesanas: la cortegiana "onesta", cortesanas intelectuales, y la "cortigiana di lume", cortesanas de clase baja más parecidas a las prostitutas de hoy y que solían ejercer cerca del puente de Rialto. Las primeras solían disfrutar de privilegios únicos; visten valiosos vestidos bordados en rojo, leen, componen poemas y música y discuten asuntos de Estado con los hombres que gobiernan la República. Quizá la figura más destacada de esa época es Verónica Franco, poetisa y cortesana. Como muchas cortesanas famosas, Verónica más que bella era atractiva, y sobretodo muy culta. Prueba de su cultura fue la publicación de un libro de poemas amorosos, tema en el que era una experta y en el que muestra su elegancia y su amor por el lujo. Su honradez y honestidad le abrieron muchas puertas en la alta sociedad.

En el año 1572 aparecía su nombre en la lista oficial de tarifas que tenían las cortesanas de Venecia, Il Catalogo di tutte le principale et piu honorate cortigiane di Venecia. Su precio era de tan solo dos escudos, un valor bastante mediocre, sin embargo, tan solo un año después su nombre estaba en boca de toda la ciudad. Así, en el año 1574, cuando el futuro rey Enrique III pasó por Venecia en su ruta hacia París, las autoridades no dudaron en presentarle a Verónica, como el mejor presente que podía ofrecerle la ciudad.
Hetera o hetaira (en griego antiguo ἑταίρα) era el nombre que recibían en la antigua grecia las cortesanas, es decir, una forma de compañía sofisticada mezclada con prostitución.

En la sociedad de la antigua Grecia, las heteras eran mujeres independientes y en algunos casos de gran influencia, a quienes se les obligaba a utilizar vestidos distintivos y que tenían que pagar impuestos. Era un colectivo formado principalmente de antiguas esclavas y de extranjeras y tenían un gran renombre en sus capacidades de danza y música, así como por sus talentos físicos.


Existen evidencias de que, al contrario de la mayoría del resto de mujeres griegas de la época, las heteras recibían educación. También es importante señalar que las heteras no sólo eran las únicas mujeres que podían tomar parte en los "simposion", sino que sus opiniones y creencias eran además muy respetadas por los hombres.
Se han encontrado algunas similitudes entre las heteras griegas y las geishas japonesas , las kisaeng corenas; figuras complejas y posiblemente intermedias entre prostitutas y damas de compañía.

Entre las más famosas se encontraban Thargelia, una renombrada hetera jónica de los tiempos antiguos, Aspasia, compañera durante mucho tiempo del político ateniense Pericles y Thais, una concubina de Ptolomeo I, Soter, general de la expedición de Alejandro Magno y posterior rey de Egipto.
Las Hetaera parecen haber sido contempladas de forma distinta a las pornê o simples prostitutas, y también distintas a las amantes o esposas. En su discurso Contra Nerea, Demóstenes dijo:

Tenemos a las heteras para el placer, a las pallakae para que se hagan cargo de nuestras necesidades corporales diarias y a las gynaekes para que nos traigan hijos legítimos y para que sean fieles guardianes de nuestros hogares.

Aparece Gala. De ella se dice que la historia contemporánea no registra ninguna mujer que respondiese tan bien al dicho "el poder detrás del trono". Era dueña de una personalidad avasalladora y un temperamento terrible. Exuberante, promiscua y a la vez exigente con los hombres que estaban a su lado. Ellos debían fascinarla, hacerla soñar, superarse a si mismos. Muchos surrealistas se enamoraron perdidamente de Gala antes de su matrimonio con Eluard y era tan fuerte su impresión respecto de su poder, que cuando se hablaba de la pintura, el libro o la escultura del algún colega, decían: ¡Oh sí, es bueno porque ha estado enamorado de Gala...!

Nacida el 26 de agosto de 1894 como Elena Ivanovna Diakonova en Kazan, Rusia, Gala Eluard Dalí, conocida simplemente como Gala, nombre con que la bautizó su primer marido el poeta francés Paul Eluard, se fue transformando como una libélula hasta alzanzar el estado de zarina de las cortesanas.

En Suiza conoce al joven y aún desconocido Paul Eluard. Después de una larga convalecencia en el sanatorio helvético, los dos jóvenes llenos de pasión, se prometen amor eterno. En el año 1917 se casan en París, y en mayo del 18 nace Cécile su hija, Gala la confía inmediatamente al cuidado de la suegra con quien se quedará gran parte de su vida, debido al escaso interés que ella demuestra por la pequeña. El matrimonio vive años intensísimos en la capital francesa, que es escenario privilegiado de las vanguardias, asisten al nacimiento del Dadaísmo. Eluard, inspirado por su joven esposa, junto a André Breton, Louis Aragon y Max Ernst, crean el grupo surrealista, la vanguardia más revolucionaria de aquella época.

Gala tiene el privilegio de ser la musa de Eluard. Este la guía en el enredado mundo pasional que rodea su obra, le enseña el amor libre sin reserva ni moderación, la joven virgen y naïve que había llegado de Rusia, ya no existía, la remplaza la femme fatale, la devoradora de hombres.
No se sabe exactamente cuando empezó su pasión por el artista y mejor amigo de su marido, Max Ernst. Lo que sí se sabe, es que Ernst en 1922 dejó en Colonia a su mujer y a su hijo y se fue a vivir con los Eluard. El artista inspirado por su musa Gala, pinta todos los muros y las puertas de la casa de Eaubonne, en un ímpetu creativo sin precedentes en su carrera artística. En el 1967, gracias a la ayuda de Cécile Eluard, que se recordaba perfectamente de estas piezas pintadas con las cuales pasó parte de su infancia, el artista Gérard Guyomard, rescató los frescos, retirando el papel mural que lo recubrían, limpiándolos y transfiriéndolos sobre tela.

Durantes varios años, bajos los ojos comprensivos y distraídos de Paul, los dos amantes vivían su pasión sin mayores complicaciones, hasta que Eluard se cansa de este "ménage à trois" y parte a recorrer el mundo. Durante varios meses Gala no tiene noticias del marido hasta que un día recibe una carta de Saigón donde le pide que vaya a buscarlo para “reconciliarse”. Gala respondió al llamado, pero llevó con ella en su viaje a Max. El mensaje para Eluard era clarísimo, ella no estaba dispuesta a negociar su dosis de amor libre que él le había inculcado, como higiene de vida y camino a la felicidad durante estos años de matrimonio. La pareja, o mejor dicho el trío, vuelve a París, el padre de Paul muere dejándole una importante fortuna, Gala empieza a viajar y a vivir sus aventuras amorosas de un día, que se consuman como cigarrillos, uno atrás de otro, en el intento de saciar esta hambre de amor que era la única religión que profesaba con gran rigor y devoción.

Tras un amor fugaz y otro llegamos al mítico verano del 1929, en Cadaqués. Gala viaja junto a su marido, con Magritte y Buñuel a visitar el joven pintor catalán. La historia se repite, en el enésimo viaje se presenta el enésimo hombre, que esta vez ella decide adoptar, dejando todo atrás, olvidando lo que había sido y ofreciéndose en alma y cuerpo a su “petit” Dalí. Gala tiene treinta y cinco años, Salvador veinte y cinco. Este joven virgen e inseguro le confiesa su amor, ella le toma la mano y le dice: “Pequeño, ya nunca más nos separaremos”.

A partir de este momento la vida de esta mujer deslumbrante, se confunde y se funde con la de Dalí. Empieza el mito de Gala, nace la musa, madre, Eva, Elena, bruja, adivina, y así se convierte en el eje de la vida de un hombre, por cierto genial, sin embargo muy perdido en sus sueños de grandeza para poderlos concretar. Gala llega a la existencia de Dalí, despertando en él, durante los cincuenta y tres años de vida en común, un sinnúmero de momentos creativos que se traducen en la tela, que se concretan en objetos bizarros, en pensamientos profundos y en actos irreverentes. En más de una oportunidad le recordó que lo rescató del homosexualismo y la impotencia ya conocida de su temprana amistad con Federico García Lorca, con quien intimó por mucho tiempo.

Ella hace publicar al pintor su primer libro en la Edición Surrealista y convence a Breton de que acepte al artista en el grupo surrealista. Ella se dedica a que uno de los artistas más significativos del siglo XX pueda expresarse y pueda crear sin preocuparse del aspecto económico del cual se encarga a partir del 1929. Sucesivamente creará el producto “Dalí”, lo lanzará en el mercado y vivirá de él, pero siempre con la aprobación del artista que en ella lo encontró todo, la razón de vivir y la de morir.

Gala es omnipresente en su obra, su facciones se encarnan en la tela como madonas, heroínas, diosas y ninfas, pero sobre todo Gala es la personificación de Gravida, el mito de la mujer que avanza, que Dalí conoció a través del texto freudiano “El delirio y los sueños”, basado en la homónima novela de Wilhelm Jensen, donde un arqueólogo a través de una obra de arte encuentra a su amada, a quien ama antes de conocerla. La primera vez que este tema aparece en su pintura es en 1929, en “El hombre invisible”, que se convertirá en la pintura “fetiche paranoico” protectora de Gala y Dalí. "Gravida-Gala" aparece en el plan inferior derecho del cuadro, Dalí la representa como una mujer que tiene dos cabezas idénticas, cada una simbolizando la duplicidad que encarna la heroína en la novela de Jensen, realidad y sueño, mentira y verdad, memoria y presencia.


Helena Ivanovna Diakonova fue también la última musa del siglo XX, mujer capaz de estallar los amores más locos y las antipatías más violentas, mujer del calibre de Beatrice, Laura o de la escritora Lou Andreas Salomé, que hechizó con su gracia el brillante tríptico Nietzsche, Rilke, Freud. Se podrían llenar páginas sobre los insaciables amores de Gala, que hasta a los ochenta años recibió a los amantes más jóvenes en el castillo de Pubol que Dalí le había regalado y en el cual el artista solo podía entrar bajo invitación explícita de ella. El más conocido es Jeff Fenholt, protagonista del musical “Jesucristo Súper Estrella”. También se podría hablar de las míticas orgías de Cadaqués, en las cuales Gala y Dalí consumaban sus perversas fantasías sexuales, él la del impertérrito voyeur, ella la de reina del amor carnal; del trío Gala- Dalí-Amanda Lear. Seguramente la pasión de Dalí por Gala, quien murió en 1982, se manifestó de varias maneras con el pasar del tiempo y las necesidades de ella dejaron en un momento impreciso de ser satisfechas por el artista, y viceversa.

¿Qué podía tener esta mujer de especial para subyugar así a los hombres y también a las mujeres que fueron sus amantes, que técnicas amatorias. Qué desvaríos sexuales, para absorverlos, convertirlos en sus esclavos, pendientes de sus caprichos, aún los más perversos?

Gala, esta insaciable mujer, reina del amor libre, solo obediente a sus pasiones es sin duda la última de las cortesanas de nuestro siglo, la más conocida, la más poderosa y las más recordada.


Gala permaneció activa y coqueta hasta el final. Varias cirugías la mantuvieron con su piel tersa y estirada. Algunos pensaron incluso que tenía más años de los que oficialmente decía. Una fractura de fémur fue el comienzo del final. Pese a que la operación a la que se tuvo que someter con casi 90 años de edad fue un exito, su avanzada edad la precipitó después a una crisis sin regreso. Murió rodeada del cariño y la atención constante de Dalí en el castillo medieval de Pubol, en la provincia de Gerona que el pintor le regaló en 1968. Allí fue enterrada y allí se recluyó por un tiempo el artista tras su muerte acaecida el 10 de junio de l982.

Dalí pasó más de dos años encerrado en el castillo de Pubol donde no había entrado jamás en vida de Gala y parecía que deseaba dejarse morir. Fue un largo calvario de tinieblas para el pintor, que terminó con un accidente que pudo costarle la vida: un cortocircuito en un interruptor para el timbre de llamados a la servidumbre provocó un incendio en el que Dalí resultó con graves quemaduras. Era el mes de agosto de 1984. Esa circunstancia, la inmediatez de la muerte, le devolvió a Salvador Dalí las ganas de vivir y la cordura.

Viviría aún cinco años más, haste el 23 de enero de l989, siempre en la Torre Galatea de Figueres, junto al museo que lleva su nombre.





domingo, 23 de septiembre de 2007

¿Quién es el El Roto Chileno?


Podrías ser tú o yo mismo……… En verdad más que personificar a un sujeto determinado el roto chileno viene a ser la suma de lo que se ha dado en llamar el alma nacional, es decir ese conjunto de capacidades, de modismos, actitudes y comportamientos que son propios del pueblo chileno. Y cuando señalamos pueblo chileno nos estamos refiriendo a lo que antiguamente se denominaba el bajo pueblo que era un extracto social ostensiblemente mayoritario en aquella época. Al patipelado, al gañán, al patiperro, al pata rajá, en suma al personaje popular que ha sido tantas veces graficado en revistas, telenovelas, obras de teatro y radiofonía tales como el inolvidable Verdejo con la eterna picardía de su sonrisa sin dientes, el archifamoso Condorito internacional de Pepo y sus entrañables amigos Pepe Cortisona, garganta de lata, huevoduro, comegatos y su compadre don Chuma.

Y que decir de los recordados programas radiales Residencial La Pichanga, Hogar Dulce Hogar y la misma Pérgola de las Flores, todas ellas en el baúl del olvido pero vivas en la memoria de muchos coterráneos de hace una o dos generaciones.

En las incursiones que los estudiosos han hecho en búsqueda de nuestra identidad nacional o lo que algunos denominan el rostro de nuestra chilenidad, se ha concluído que en el quehacer de la formación de la sociedad chilena, más o menos al final del período colonial y principios del siglo XIX, primero estaba el huaso y su compañera la maiga -más conocida después como china-, como la pareja típica de Chile. En ellos encontramos las primeras cualidades distintivas de la raza como son el orgullo, la picardía y el afán libertario.

El huaso era el único prototipo de aquel entonces sea como gañán rural o inquilino de los campos. Gran trabajador y ya incursionando en diferentes faenas de los incipientes asentamientos urbanos lo encontramos enraizado al terruño, creyente, muy conservador, enemigo de las reformas y aferrado al patrón con quien compartía el mismo vestuario y competía de igual a igual en las maestrías de la trilla, la siembra y la cosecha, el rodeo y marcación de las reses.
Al mismo tiempo que proliferaban las faenas y centros de trabajo y nacían nuevos oficios en los pueblos y ciudades del país, la figura del roto empezó a perfilarse con mayor nitidéz como antítesis del huaso, sumándosele además de las virtudes y defectos señalados otros aspectos costumbristas
provenientes del trabajador minero, del marino, del arriero cordillerano, del pescador y del habitante de las pampas y desiertos, que le aportaron una nueva faceta aventurera, osada, anárquica y guerrera.

Pero fué sin duda por el ámbito bélico suscitado en el país con ocasión del conflicto entre Chile y la Confederación Perú-Boliviana, donde el pueblo-pueblo se volcó a enrolarse para defender la patria, donde aparecieron aquellas otras cualidades distintivas que hasta hoy adornar la figura del roto chileno, como son su arrojo, valentía y aguante en las peores condiciones climáticas y su desprecio a la propia vida para enfrentar con escasas armas al enemigo, vencerlo y perseguirlo a través de su propio territorio.

Así ocurre en la batalla de Yungay acaecida el 20 de Enero de l839, fecha a partir de la cual el roto chileno obtiene su fé bautismal como arquetipo del hombre modesto pero decidido, que en la instancia del deber sagrado de defender la patria, sin preparación militar, vistiendo muchos sus ropas de trabajo, se alza como símbolo viviente de nuestro pueblo, de la idiosincracia y de los valores constitutivos de nuestra nacionalidad, trasunto del mestizaje biológico y cultural entre la soldadesca española y las mapuches que poblaban el territorio de aquel entonces. De esta gesta, aún se recuerdan los nombres de la sargento Candelaria Pérez y del oficial araucano Juan Lorenzo Colipí, quienes junto a su Comandante el General Manuel Bulnes escribieron una de las páginas más brillantes de la historia patria.

Alberto Cabero, escritor de nota, abogado y parlamentario radical, Senador y Ministro de Estado, escribía por los años 20 en su libro Chile y los Chilenos que el Roto era la base étnica de la nación chilena y que por lo consiguiente su carácter encerraba una mezcla de virtudes y defectos, que el definía de la siguiente manera:

“patriota y egoísta – hospitalario y duro, hostil – fraternal y pendenciero, agresivo - religioso y fatalista, supersticioso que cree en ánimas – prudente y aventurero, despilfarrador, - sufrido, porfiado e inconstante…resignado con su suerte, violento con los hombres – triste, pesimista, callado, socarrón, rapiñador, marrullero y ebrio.”
Por todo ésto la fecha 20 de Enero, que rememora la gesta de Yungay, quedó institucionalizada como reconocimiento nacional para aquel pueblo convertido en ejército, en homenaje a esos rotos transformados en soldados que revistiendo sus cuerpos con valor a falta de un uniforme y armados de heroicidad a falta de armas, representan al hombre anónimo dispuesto a ofrendar su vida por la patria.

Bien rezaba el homenaje del compositor José Zapiola, cuando compuso su Himno a la Victoria de Yungay, que después de la Canción Nacional ha sido el más tocado:

“Cantemos la gloria
del triunfo marcial
que el pueblo chileno
obtuvo en Yungay”

Chile, en memoria de este hito guerrero, construyó la Plaza de Yungay en la capital del país y más tarde se eriguió allí, el que primero se llamó Monumento a la Victoria y que hoy se ha legitimizado como Monumento al Roto Chileno, que viene a ser el Juan Pueblo que nos representa a todos.

No obstante a 168 años de la batalla de Yungay, Chile como país ha vuelto a reinventarse varias veces y siempre con características nuevas y todavía los sociólogos y los historiadores siguen escarbando en la fenomenología social para determinar quién y cómo se representa el roto chileno actual.

Desde que Alonso de Ercilla escribiera la epopeya La Araucana, han quedado abiertas numerosas puertas y cauces que han dado origen a diversas facetas de la siempre cambiante identidad nacional que no ha cesado de amoldarse y metamorfosearse en la búsqueda de su identidad.

Todos los cambios de la modernidad, el internet, la expansión del tráfico aéreo, la comunicación celular y digital, las autopistas internacionales, han transformado la fisonomía de Chile y por ende de sus habitantes. Ahora el país ya no tiene como antaño ese carácter insular que nos encerraba en el cono sur del hemisferio. El advenimiento de nuevas tecnologías y el gigantesco paso de las ciencias entrometiéndose en la vida cotidiana ha creado interconexiones entre las gentes de todos los países que antes nunca existieron, atravesando tangencialmente la cultura chilena, trayendo nuevas modalidades y costumbres que hacen que el chileno de hoy necesariamente sea un hombre nuevo, más universal y abierto a las tendencias en boga, con un afán y predisposición muy distintas al pasado. Desde luego todo ha cambiado y tanto el huaso como el roto chileno hoy tienen probablemente distinta connotación.

Ya te digo, el roto chileno de ayer y de hoy, podrías ser tú o yo mismo.


“Monumento al Roto Chileno realizado por el escultor Virginio Arias, que se encuentra en la Plaza de Yungay en Santiago de Chile y erigido el 7 de Octubre de 1888, durante el gobierno de José Manuel Balmaceda Fernández”

domingo, 19 de agosto de 2007

El secuestro del cadáver de Evita Perón, el secreto mejor guardado de la historia.

“Confieso que tengo una ambición, una sola y gran ambición personal: quisiera que el nombre de Evita figurase alguna vez en la historia de mi Patria. Quisiera que de ella se diga, aunque no fuese más que en una pequeña nota, al pie del capítulo maravilloso que la historia ciertamente dedicará a Perón, algo que fuese más o menos esto: "Hubo al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevarle al Presidente las esperanzas del pueblo, que luego Perón convertía en realidades". Y me sentiría debidamente, sobradamente compensada si la nota terminase de esta manera: "De aquella mujer sólo sabemos que el pueblo la llamaba, cariñosamente, Evita".

Eva Perón la mujer de los mil nombres, ocupa en la historia de Argentina y del mundo un lugar privilegiado. El papel que el destino juega en la vida de las personas nunca ha quedado mejor reflejado como en la historia de su vida. Y en su caso hasta cuando muerta, tanto así, que es incontable la cantidad de obras de teatro, películas, libros, artículos, conferencias y sucesos que tienen que ver con su legado y su recuerdo.

Hija ilegítima, novel actriz, quizás habría llegado a ser conocida solo en la bohemia de Buenos Aires. Sin embargo enamora al coronel Domingo Perón, se convierte en su esposa y de allí en la campeona de las reivindicaciones sociales de la mujer argentina, de su pueblo y líder mundial de los derechos conculcados de los desposeídos.

La veneración de la que era objeto entre las clases populares enfadaba a la Iglesia Católica, al popularizarse gran cantidad de estampas que la representaban de modo similar al que se representa a la virgen María. Su indudable influencia sobre el gobierno de Perón y su liderazgo popular la hace odiada de la oligarquía y el mando militar.

Con la desaparición de Evita, el secuestro de su cadáver embalsamado, la historia ha asistido a otro de sus capítulos más negros, nebulosos y rodeados de claves enigmáticas que tienen que ver con la más pura irracionalidad y los peores instintos que anidan en la personalidad humana y que suelen asomar su hedor en los momentos de convulsión social de los pueblos, siempre de la mano de quienes ostentan el poder que otorga la fuerza de las armas, en disputa con aquellos otros de sotana y escapulario, en su permanente ambición de ser directrices del orden establecido y la voluntad de los pueblos.

El odio irracional del antiperonismo a Eva Perón se trasladó a su cadáver y su memoria.
Los militares que asaltaron el poder el 16 de septiembre de 1955, la hicieron rápido blanco de su revanchismo.
Tras el asalto al Estado, durante el breve gobierno del general Lonardi fue designado intereventor de la CGI (Confederación General del Trabajo) el coronel Manuel Raimundes. Este se hizo cargo del edificio de Azopardo 802, donde en el segundo piso se encontraba el cadáver de María Eva Duarte de Perón. Los militares recién llegados al poder dudaron por su aspecto marmóreo que fuese el cuerpo de Evita, pese a la certificación del doctor Pedro Ara, autor del embalsamamiento del cuerpo. Sospecharon que podría haber sido sustituído.

Se nombró una Comisión de médicos legistas encabezada por el médico radical Nerio Rojas, conocido por su “gorilismo”. La “Comisión Técnica” que pudo limitarse a sacar radiografías para verificar la existencia de los órganos y su condición humana, optó con ensañamiento por mutilar el cuerpo, amputándole el dedo meñique. El que nunca más fue repuesto. Fue verificado el tejido humano y probada radiográficamente que se trataba del cuerpo de Evita.

Destituido Lonardi por el Dictador Pedro Eugenio Aramburu el 13 de Noviembre de 1955, fue designado Jefe del Servicio de Informaciones del Ejército, el coronel Carlos Eugenio Moore Koenig, haciéndose cargo de la custodia de los restos mortales de Eva Perón. El 22 de diciembre del mismo año, aquel dispuso el retiro secretamente del cadáver en un camión conducido por el capitán de Ejército Rodolfo Fráscoli. Primeramente fue llevado al regimiento I de Infantería de Marina. Al día siguiente se trasladó el féretro a una casa de Belgrano, luego a una casa de un oficial militar en Saavedra y finalmente al edificio del SIE (Servicio de Información del Ejército), donde es oculto en el cuarto piso entre unos cajones.

El coronel Moore Koenig desarrolla una patológica y perversa relación con los restos, donde se siente “dueño” del cadáver y concluye “enamorándose” de la imagen y cuerpo presente de aquella mujer que tanto odiara en vida. Termina ocultando a sus superiores el lugar donde se encuentra el féretro y finalmente es separado del cargo y trasladado detenido a Comodoro Rivadavia.

Su remplazante, el coronel Mario
Cabanillas descubre el cadáver y comunica el hallazgo en forma oficial. Aparentemente, fue trasladado en forma temporaria al edificio del SIDE (Servicio de Información del Estado). Allí se perdió el rastro del destino final de los restos de Evita.
El lugar donde se ocultó el cuerpo secuestrado, fue el secreto mejor guardado durante más de quince años. Las especulaciones fueron de todo tipo: desde que había sido destruido mediante su incineración o arrojándolo al Río de la Plata, hasta que habría sido enterrado en un convento de Roma, en Varsovia, en la isla Martín García o en campo de Mayo. Un pacto de silencio entre la cúpula militar impidió saber cual había sido su destino.

El general Perón desde el exilio y el movimiento Peronista, reclamaron permanentemente su devolución. Ya desde Panamá en 1955, mediante telegrama Perón exigió le fuera entregado a Elsa Chamorro, presidenta de la primera “Comisión Pro Recuperación de los Restos de Eva Perón”. Desde entonces no cesó en sus reclamos.

Pese a que por Decreto ley 4161, vigente hasta 1964, se prohibió en toda la República Argentina mencionar el nombre de Eva Perón, el peronismo convirtió desde 1955 el reclamo de la aparición de sus restos mortales en bandera de lucha de la resistencia. Fue exigencia permanente de los pronunciamientos sindicales y del movimiento obrero.

La Juventud peronista, alentó en sus distintos nucleamientos el recuerdo y el homenaje a Eva Perón, convirtiendo en una prioridad la aparición de sus restos. En 1963, un comando juvenil bajo la dirección de Osvaldo Agosto, se apropió del histórico sable del general San Martín, el padre de la Patria, exigiendo a cambio la devolución de su cuerpo.

Debió pasar casi una década más, hasta que en 1971, el gobierno de facto del general Lanusse, frente a la imposibilidad de pacificar el país y frenar el incontrolable avance del peronismo, se vió obligado a negociar con el ilustre exiliado en Madrid, las condiciones para el restablecimiento de las instituciones democráticas en la Argentina.

La devolución del cadáver de Eva Perón, fue una exigencia ineludible. Quienes durante quince años negaron conocer el destino del mismo, finalmente procedieron a reintegrarlo, trasladándolo a Madrid desde un cementerio en Milán, Italia, donde había estado enterrado con nombre supuesto.

En efecto, en 1957 una misión militar absolutamente secreta dirigida por el mayor de inteligencia Hamilton Díaz, por orden del Gobierno, fue la encargada de desenterrar el féretro y llevar el cuerpo a Europa, donde Perón, acompañados por un sacerdote, con instrucciones de la iglesia, para intermediar ante los religiosos italianos custodios del entierro.

Así fue sepultada, bajo el nombre falso de “María Maggi de Magistis”, una italiana viuda, emigrada a la Argentina cinco años antes, en el espacio 86, jardin H 1, del Cementerio de Milán.

Allí sus restos habían permanecido en una tumba sin cuidado ni atención, hasta el 2 de septiembre de 1971.

El “dato” había sido guardado en un sobre sellado entregado por Pedro Aramburu a un escribano público con la indicación de hacerlo llegar después de su muerte a quien fuera Presidente de la República. Así fue como Alejandro Agustín Lanusse entró en posesión de esta ubicación y se resolvió hacer lugar a esta fundamental exigencia del general Perón.

El Embajador argentino en España, brigadier Rojas Silveyra y el coronel Cabanillas fueron los encargados de entregar el ilustre cuerpo a Juan Perón, en su casa de Puerta de Hierro, en Madrid.

Al contemplar el cuerpo y sus mutilaciones, el general Perón exclamó: ¡Qué atorrantes…! Y se puso a llorar, dándole la espalda a los nombrados. Si bien luego guardó pudoroso silencio sobre el estado en que le fueron devueltos los restos, finalmente trascendió la brutal demencia del gorilismo, mucho mayor que la imaginada.

Blanca y Emilia Duarte, quienes habían viajado a Madrid para ver el cuerpo de su hermana, en el año 1985, en respuesta a un artículo periodístico, publicaron un comunicado en que decían:

“Nuestra intención no es revisar heridas antiguas que nos siguen haciendo sufrir. Pero no podemos ni debemos permitir que la historia sea desnaturalizada. Por eso damos testimonio aquí de los malos tratos infligidos a los despojos mortales de nuestra querida hermana Evita:
- varias cuchilladas en la sien y cuatro en la frente
- un gran tajo en la mejilla y otro en el brazo, al nivel del húmero
- la nariz completamente hundida, con fractura del tabique nasal
- el cuello prácticamente seccionado
- un dedo de la mano, cortado
- las rótulas, fracturadas
- el pecho, acuchillado en cuatro lugares
- la planta de los pies está cubierta por una capa de alquitrán
- la tapa de zinc del ataúd tiene las marcas de tres perforaciones, sin duda intencionadas
(En efecto, el ataúd estaba completamente mojado por dentro, la almohada estaba rota y el aserrín de relleno, pegado a los cabellos).
- el cuerpo había sido recubierto de cal viva y mostraba en algunas partes las quemaduras provocadas por la cal
- los cabellos eran como lana mojada
- el sudario, enmohecido y corroído.

En 1974, el general Perón dispuso que los restos de Evita regresaran a la Argentina para ser enterrados en una bóveda familiar en el cementerio de La Recoleta en la ciudad de Buenos Aires. Su póstumo deseo se cumplió el 17 de Noviembre de 1974.
Perón regresó al país, pero sin el cadáver de Evita. Persistentes,
los Montoneros secuestraron entonces el cadáver de
Aramburu y dijeron que lo devolverían cuando fueran repatriados los restos de "la compañera Evita. Pero sería Isabelita, nombre con que se conocía a María Estela Martínez de Perón, la que asumió como Presidente de la República a su muerte acaecida el 12 de junio de 1974, la que dispuso repatriar sus restos y traerlos al país, lo que ocurre el 17 de noviembre de 1974.
Antes de proceder a su sepultación y bajo estricto secreto, en un gesto de reparación histórica, dispuso que el taxidermista Domingo Isaac Tellechea, restaurara completamente su malogrado cadáver, el que nuevamente ostentó su hermosa y serena lozanía.

Concluyó así el largo y vejatorio periplo con que sus secuestradores creyeron vanamente poder borrar de la memoria de los argentinos los sentimientos de amor y de veneración hacia ella. El cadáver viajero por fin pudo descansar en paz en su tierra natal. ¡Solo cabe preguntarnos, si la historia acabará aquí!

sábado, 21 de julio de 2007

LAS ULTIMAS PALABRAS DE NERUDA

El poeta debe ser, parcialmente, el cronista de su propia vida". Pablo Neruda

Este 18 de septiembre se cumplirán 103 años del nacimiento de Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto y 33 años y 11 meses de la muerte de Pablo Neruda, nombre que recononoció legalmente en 1945, quien yace en su amado jardín de Isla Negra enterrado junto al mar, frente al Océano Pacífico, según su expreso deseo.

El Golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, encontró al insigne poeta, premiado con el Nobel de Literatura poco antes, enfermo, entristecido, con su cuerpo debilitado por ese cáncer de próstata que lo mantenía postrado en su lecho de Isla Negra.

Pablo Neruda, sin radio ni periódicos en su habitación, iba enterándose poco a poco de algunos pocos hechos, ni siquiera los más trágicos, que sus más cercanos iban contándole, de la salvaje represión impuesta con mano de hierro a lo largo y ancho del territorio nacional por el mando militar castrense, que contaba con la complicidad golpista de las elites de las fuerzas de aire, mar y tierra de los aviadores, marinos, soldados y carabineros chilenos, pagados por el erario nacional para defender las fronteras y la seguridad interna del país e impulsados y financiados por la oligarquía nacional y sus juramentados enemigos del gobierno americano de entonces.

Su último proyecto autobiográfico, titulado “Confieso que he vivido”, editado póstumamente en 1974, estaba llegando a su fin y Neruda barajaba las últimas ideas y de no ser por su delicado estado de salud ya probablemente lo hubiese concluido. No obstante todo ésto, en los momentos de lucidez de su delicado estado y cuando la fiebre no entorpecía su raciocinio, Neruda dictaba a su mujer sus escritos y conclusiones.

El 14 de septiembre de 1973, fue uno de esos días buenos y Neruda dictaba a su esposa Matilde Urrutia sin descanso, las impresiones que estas noticias iban dejando en su ánimo. Tenía urgencia por registrar inmediatamente sus sentimientos, su impotencia, su angustia y su decepción. Después de ello ya no escribió más. Internado en la Clínica Santa María en Santiago, fallece a las 22:30 horas del día 23 de septiembre, de un ataque cardíaco.

He aquí lo que dictó:

"Mi pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo.

De los desiertos del salitre, de las minas submarinas del carbón , de las alturas terribles donde yace el cobre y lo extraen con trabajos inhumanos las manos de mi pueblo, surgió un movimiento liberador de magnitud grandiosa. Ese movimiento llevó a la presidencia de Chile a un hombre llamado Salvador Allende, para que realizara reformas y medidas de justicia inaplazables, para que rescatara nuestras riquezas nacionales de las garras extranjeras.


Donde estuvo, en los países más lejanos, los pueblos admiraron al presidente Allende y elogiaron el extraordinario pluralismo de nuestro gobierno . Jamás en la historia de la sede de las Naciones Unidas, en New York, se escuchó una ovación como la que le brindaron al presidente de Chile los delegados de todo el mundo.

Aquí en Chile se estaba construyendo, entre inmensas dificultades, una sociedad verdaderamente justa, elevada sobre la base de nuestra soberanía, de nuestro orgullo nacional, del heroísmo de los mejores habitantes de Chile. De nuestro lado, del lado de la revolución chilena, estaban la Constitución y la ley, la democracia y la esperanza.


Del otro lado no faltaba nada. Tenían arlequines y polichinelas, payasos a granel, terroristas de pistola y cadena, monjes falsos y militares degradados. Unos u otros daban vueltas en el carrusel del despecho. Iban tomados de la mano el fascista Jarpa con sus sobrinos de "Patria y Libertad", dispuestos a romperles la cabeza y el alma a cuanto existe, con tal de recuperar la gran hacienda que ellos llamaban Chile. Junto con ellos, para amenizar la farándula, danzaba un gran banquero y bailarín , algo manchado de sangre; era el campeón de rumba González Videla, que rumbeando entregó hace tiempo su partido a los enemigos del pueblo.


Ahora era Frei quien ofrecía su partido demócrata - cristiano a los mismos enemigos del pueblo, y bailaba además con el ex coronel Viaux, de cuya fechoría fue cómplice. Estos eran los principales artistas de la comedia. Tenían preparados los viveros del acaparamiento, los "miguelitos" , los garrotes y las mismas balas que ayer hicieron de muerte a nuestro pueblo en Iquique, en Ranquil, en Salvador, en Puerto Montt, en la José María Caro, en Frutillar, en Puente Alto y en tantos otros lugares. Los asesinos de Hernán Mery bailaban con naturalidad santurronamente. Se sentían ofendidos de que les reprocharan esos "pequeños detalles".

Chile tiene una larga historia civil con pocas revoluciones y muchos gobiernos estables, conservadores y mediocres. Muchos presidentes chicos y sólo dos presidentes grandes: Balmaceda y Allende. Es curioso que los dos provinieran del mismo medio, de la burguesía adinerada, que aquí se hace llamar aristocracia. Como hombres de principios, empeñados en engrandecer un país empequeñecido por la mediocre oligarquía, los dos fueron conducidos a la muerte de la misma manera.


Balmaceda fue llevado al suicidio por resistirse a entregar la riqueza salitrera a las compañías extranjeras. Allende fue asesinado por haber nacionalizado la otra riqueza del subsuelo chileno, el cobre. En ambos casos la oligarquía chilena organizó revoluciones sangrientas. En ambos casos los militares hicieron jauría. Las compañías inglesas en la ocasión de Balmaceda, las norteamericanas en la ocasión de Allende, fomentaron y sufragaron estos movimientos militares.
En ambos casos las casas de los presidentes fueron desvalijadas por órdenes de nuestros distinguidos "aristócratas". Los salones de Balmaceda fueron destruidos a hachazos. La casa de Allende, gracias al progreso del mundo, fue bombardeada desde el aire por nuestros heroicos aviadores.


Sin embargo, estos dos hombres fueron muy diferentes. Balmaceda fue un orador cautivante. Tenía una complexión imperiosa que lo acercaba más al mando unipersonal. Estaba seguro de la elevación de sus propósitos. En todo instante se vió rodeado de enemigos. Su superioridad sobre el medio en que vivía era tan grande, y tan grande su soledad, que concluyó por reconcentrarse en sí mismo. El pueblo que debía ayudarle no existía como fuerza, es decir, no estaba organizado.


Aquel presidente estaba condenado a conducirse como iluminado , como un soñador: un sueño de grandeza se quedó en sueño. Después de su asesinato, los rapaces mercaderes extranjeros y los parlamentarios criollos entraron en posesión del salitre: para los extranjeros, la propiedad y las concesiones ; para los criollos las coimas. Recibidos los treinta dinares todo volvió a su normalidad. La sangre de unos cuantos miles de hombres del pueblo se secó pronto en los campos de batalla. Los obreros más explotados del mundo, los de las regiones del norte de Chile, no cesaron de producir inmensas cantidades de libras esterlinas para la City de Londres.

Allende nunca fue un gran orador. Y como estadista era un gobernante que consultaba todas sus medidas. Fue el antidictador, el demócrata principista hasta en los detalles. Le tocó un país que ya no era el pueblo bisoño de Balmaceda; encontró una clase obrera poderosa que sabía de que se trataba. Allende era dirigente colectivo; un hombre que, sin salir de las clases populares, era un producto de la lucha de esas clases contra el estancamiento y la corrupción de sus explotadores. Por tales causas y razones, la obra que realizó en tan corto tiempo es superior a la de Balmaceda; más aún, es la más importante en la historia de Chile. Sólo la nacionalización del cobre fue una empresa titánica, y muchos objetivos más se cumplieron bajo su gobierno de esencia colectiva.


Las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor nacional, enfurecieron a los enemigos de nuestra liberación. El simbolismo trágico de esta crisis se revela en el bombardeo del Palacio de Gobierno; uno evoca la Blitz Krieg de la aviación nazi contra indefensas ciudades extranjeras, españolas, inglesas, rusas; ahora sucedía el mismo crimen en Chile; pilotos chilenos atacaban en picada el palacio que durante siglos fue el centro de la vida civil del país.


Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a sólo tres días de los hechos incalificables que llevaron a la muerte de mi gran compañero el presidente Allende. Su asesinato se mantuvo en silencio; fue enterrado secretamente; sólo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadáver. La versión de los agresores es que hallaron su cuerpo inerte, con muestras de visible suicidio. La versión que ha sido publicada en el extranjero es diferente.

A reglón seguido del bombardeo aéreo entraron en acción los tanques , muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el Presidente de la Republica de Chile, Salvador Allende, que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su corazón , envuelto en humo y llamas.

Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque nunca renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en si misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las metralletas de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile."

Según palabras de su esposa que estuvo abnegadamente junto a él hasta el último minuto, el estado general del poeta sufre un agravamiento inesperado en la evolución de su enfermedad, achacable a la ansiedad de los acontecimientos políticos producto del sangriento Golpe Militar.

El poeta empieza con fiebre alta. Su medico por teléfono aconseja unas inyecciones y recomienda que no se entere de las noticias. Van a buscar una enfermera para que le cuide, pero primero tienen que conseguir un salvoconducto en la comisaría de El Quisco, que obtienen sin problemas. Una enfermera de El Tabo, Rosita, acude a Isla Negra para atender a Pablo.

El 14 de septiembre: Neruda parece restablecerse, llama a su mujer y le dicta el que sería el último capítulo de sus memorias. En ese momento llegan camiones militares para registrar la casa. Matilde esconde los papeles recién dictados por su esposo que consiguen ser salvados del registro. El 18 de septiembre, Día Nacional de Chile, Neruda vuelve a un estado febril. El médico de Pablo es localizado en Santiago y se encarga de mandar una ambulancia para el traslado a una clínica. El 19 de septiembre ingresa en la clínica Santa María. El embajador de México viene con un ofrecimiento del Presidente Echeverría para el exilio del poeta, poniendo un avión a su disposición. El poeta se niega a marchar de su país. El 20 de septiembre Matilde regresa a Isla Negra por unos libros que le ha pedido su marido. Cuando está allí es avisada de un empeoramiento de su estado de salud. El 22 de septiembre el cónsul de México y el de Suecia le cuentan los horrores de la represión política y Neruda entra en un estado febril de exaltación ante el conocimiento de todos los amigos suyos que habían muerto. Esa noche la enfermera le suministra un calmante ante su estado de agitación. Pasa toda la noche durmiendo plácidamente. El 23 de septiembre por la mañana sigue durmiendo, su mujer se alarma cuando transcurre toda la mañana y sigue sin despertar. A las 22.30 exhala el último suspiro. Parece ser que sus últimas palabras, dichas en un susurro fueron ¡los fusilan!” ¡Los fusilan a todos! "¡Los están fusilando!" ( Información sacada de las memorias de Matilde Urrutia "Mi vida junto a Pablo Neruda").

Pocos días antes el gobierno de Allende había sido violentamente derrocado por el golpe de Estado encabezado por el General Augusto Pinochet Ugarte, y la casa de Neruda en Santiago había sido saqueada y sus libros incendiados. Su funeral estuvo rodeado de soldados armados de ametralladoras. Sus restos descansan junto a los de su tercera esposa, Matilde en la casa de Isla negra. Esa casa y todas las demás que el poeta poseía fueron incautadas por la dictadura militar, pero ahora son museos administrados por la Fundación Neruda.