jueves, 8 de abril de 2010

LOS PAPAS DE LA INQUISICION, Parte 1.-

«Los papas, como Jesús, son concebidos por sus madres al ser cubiertas por el Espíritu Santo. Todos los papas son una especie de hombres-dioses, con el propósito de ser más capaces de servir las funciones de mediadores entre Dios y la humanidad. Todos los poderes del cielo y de la tierra les son concedidos». Papa Esteban V.

Cuando de hechos históricos se trata, participo decididamente con aquellos que piensan que es tal la cantidad de inexactitudes que muestran algunos textos oficiales, que su enseñanza de los hechos del pasado no es sino una caricatura deformada de la realidad, que obedece a opiniones generalmente interesadas o indoctas, que en una especie de acto de prestidigitación escamotean la verdad, generalmente para justificar imperios, gobiernos o instituciones a quienes en ese momento se rendía pleitesía o que se habían apoderado abusivamente del poder.
Esta manipulación amañada, en defensa de una determinada causa inmoral de los poderes fácticos, tiene una connotación muy trascendente, dado que de tanto ser repetida, llega a transformarse en una razón histórica indiscutible en las generaciones venideras y a veces, en hitos sociales inamovibles.


Por ejemplo, la historia real de los Papas romanos y su personal responsabilidad ante la historia, jamás se ha impartido en las aulas escolares a lo largo de los siglos. ¿Por qué?

Solo sabemos de estos santos varones, los detalles que la Iglesia ha querido mostrar, sus retocadas biografías. Y de sus actividades, aquellas que los documentos eclesiásticos han estimado desarchivar relativos a su actividad social, que a la postre solo conforman el trabajo administrativo de cientos de secretarios y activistas del Estado Vaticano, que como cualquier otro, tiene moneda propia, autoridades, territorio, burocracia y bandera, pero que en esencia, es solo una maquinaria de propaganda para la propagación de la fe católica. Los papas, son solo la cabeza visible de una política preestablecida, que la conforman equipos de especialistas que con o sin Papa elaboran documentos, preparan simposios y fijan estrategias.
Otros Estados, Repúblicas y Reinos, buscan su engrandecimiento para dar satisfacción y bienestar a sus ciudadanos. Tienen riquezas bajo su subsuelo, explotan su mar o generan comercio internacional, respaldan la idiosincrasia de una raza, su historia y tradición. Y procuran dictar leyes, impartir justicia y hacer una distribución adecuada de los ingresos fiscales.

El Estado Vaticano se sostiene de especulaciones financieras, de inversiones secretas de dudosa moralidad como los contactos demostrados en el pasado con la mafia siciliana, la trata de blancas, el blanqueo de capitales o como fue su colusión con el fascismo y luego con el nazismo Hitleriano para conseguir granjerías. Para ello cuenta con el dinero del “diezmo” de los fieles, la venta de indulgencias a viudas y poderosos moribundos, el negocio de las iglesias y capillas, impuestos y prebendas, la explotación de santuarios de santos milagreros, propios o paganos en todo el orbe; sus universidades y escuelas subvencionadas por los estados y un sinfín de recursos que no son fruto del trabajo sino de las mil maneras en que explotan y venden ese manantial inagotable llamado fe. Como buenos descendientes de Pedro, solo pescan dinero, pero no lo distribuyen, no lo comparten, solo se usa para adquirir más poder. La caridad cristiana funciona en un solo sentido, desde la sociedad a la iglesia.

Pero sobre todos estos canales por donde fluye dinero hacia las arcas vaticanas, está el aporte que los gobiernos de todo el mundo entregan graciosamente desde siempre a la Iglesia Católica, por antiguos e indisolubles pactos políticos y de conveniencia, por el hecho de definirse católicos y por ser esta religión la reconocida oficialmente por el Estado.
Ello les reporta diversos privilegios fiscales e inmunidades legales como la inviolabilidad de archivos y registros, la exención de impuestos de las residencias de sacerdotes, religiosos y religiosas, validez de los títulos universitarios expedidos por universidades eclesiásticas en carreras estrictamente religiosas como Teología o Derecho Canónico, capellanes pagados por el Estado en la Fuerzas Armadas, Prisiones, Policía y otros establecimientos y centros sanitarios asistenciales. Buena parte de los centros religiosos de enseñanza son financiados por fondos públicos, etc. etc.
En Italia por ejemplo, se ha publicado hace poco un libro de Curzio Maltese que compila artículos publicados en la prensa contestando la pregunta ¿Cuánto cuesta la Iglesia Católica a los italianos?, que pienso, relativiza lo que ocurre en el resto de los países. Solo haré un resumen y los interesados pueden leerlo directamente en http://www.somosiglesiaandalucia.net/spip/spip.php?article630

El libro parte de una afirmación; el coste de la Iglesia Católica para los contribuyentes italianos es superior al coste del sistema político. Se calcula en más de cuatro mil millones de euros al año lo que recibe la Iglesia entre la financiación directa del Estado, de los entes locales y las exenciones fiscales.

Veamos un pequeño desglose, con algunos ejemplos sin entrar al detalle con que se expone en el libro.
Mil millones proceden del 8 por mil (dinero que se obtiene de los ciudadanos a través de la declaración de la renta y que es un astuto convenio iglesia-Estado). El 60 % de los contribuyentes dejan en blanco el apartado “8 por mil” en la declaración de la renta pero gracias al 35% que marca Iglesia Católica, la Cei acapara casi el 90% del total recaudado.
La Iglesia Católica recibe por anticipado cerca del 90 % sobre el año sucesivo, mientras que otras confesiones lo reciben hasta con 3 años de retraso. Como el fisco entrega financiamiento a las ONG para sus programas, la Iglesia también tiene sus propias ONG’S. Esta es una vía más para obtener otra poderosa fuente de financiación.

Otros mil millones procedentes del Estado van a los salarios de los 25.679 profesores de religión. Todos con contratos precarios hasta que se convocó un concurso “en masa” y 14.670 ahora son fijos. (Por supuesto estos profesores son curas).
El Vaticano recibe además 700 millones de euros del Estado y entes locales por los convenios de la escuela y la sanidad. Por financiación de grandes eventos una media de 2,5 millones de euros año. En ventajas fiscales, 500 millones en el 50% de descuento sobre el Ires, Irap y otros impuestos. 600 millones de exclusión fiscal procedente del turismo católico, que gestiona cada año de y hacia Italia 40 millones de visitantes y peregrinos. El patrimonio inmobiliario del Vaticano es incalculable en el país y también tiene exenciones fiscales.

El turismo es un gran negocio para la Iglesia; 40 millones de peregrinos, 19 millones de pernoctaciones, 200 mil camas en 3.500 albergues católicos en Italia; el volumen de negocio se estima en 4,5 mil millones de euros al año. El triple de lo que factura el primer tour operador italiano.
La competencia es desleal; en el corazón de Roma está el hotel Brigidine, propiedad de la iglesia, en plaza Farnese. Es un palacio del siglo xv clasificado con 5 estrellas. Cuatro mil metros cuadrados en la zona más cara de Roma, la habitación cuesta entre 120 y 190 euros la noche.

Todas las monjas que lo atienden hablan inglés y está siempre lleno. A los hoteles los llaman “casas religiosas”, Este lujoso Hotel, así como todos los demás, están inscritos en el registro catastral como “conventos” por lo que no pagan nada de Ici. Según diferentes estudios cada año los ayuntamientos italianos pierden en torno a 400 millones de euros a causa de esta exención fiscal ilegal y contraria a las normas europeas de la concurrencia.
En 1992 la Corte Suprema juzgó ilegal la exención del Ici al Vaticano, pues estas actividades son claramente comerciales. La Iglesia posee también restaurantes, cines, teatros, librerías, etc. En ellos siempre hay una pequeña capilla como prueba de que no son exclusivamente comerciales. Hay incluso salas de bingo para los peregrinos. Y con un régimen fiscal privilegiado. ( ¿Esto es moral cristiana?).

Casi el 25% de Roma es propiedad de la Iglesia. Entre el 20 y el 22 % del patrimonio italiano es de la Iglesia Católica. Se narra en el libro como una región con grandes carencias de infraestructura; Sicilia, destina entre el 80 y el 90 % de los fondos de Bruselas a las iglesias y entes religiosos, obligados por disposiciones de mantención de edificios en la ciudad. Una vez restaurados con fondos públicos, estas propiedades de la iglesia se ponen en el mercado a la venta y se transforman en hoteles y otros negocios, que arriendan o venden. (Por supuesto con los dineros obtenidos vuelven a comprar barato y venden caro). No siempre pueden vender sus propiedades, por ejemplo el 2007 en Lazio, la Iglesia solicitó vender 257 edificios y sólo se le autorizaron 146. En Abruzzo los franciscanos han sacado al mercado, a la mejor oferta, 46 conventos. Si no se venden, generalmente se establecen concesiones a sociedades hoteleras a cambio de un buen alquiler, a la Iglesia no le interesa quedarse sin patrimonio. (Es un negocio redondo, donde los costes son del fisco y las ganancias para ellos).
Otro negocio es el supermercado; el Vaticano importa a precios bajos una gran cantidad de productos que después revende. No hay relación entre las cantidades compradas y las necesidades del número de personas que habitan en la Ciudad del Vaticano (921 ciudadanos, casi todos altos funcionarios de la curia). En el año 2005 el Vaticano importó: 1000 toneladas de carne, 200 toneladas de pasta, 174 de toneladas de leche, 27 toneladas de jamón, 15 de embutidos variados, 700 de licores, 240 de cerveza, 50 de vino, 48 de cava y 3 de champán, 110 de tabaco, 17 de cosméticos, 14 de perfumes y 70 de medicamentos.

Otras ventajas; en el año 2006 el Ayuntamiento de Roma establece un impuesto automovilístico para los vehículos del centro de la ciudad, fue fijado en 550 euros año, el Vaticano protestó argumentando los pactos del año 1929 y el impuesto quedó reducido para ellos a 55 euros año. El parque móvil del Vaticano es de 200 vehículos.

Desde 1929 con la firma de los pactos Lateranensi el Estado italiano se hace cargo de la dotación de agua al Vaticano, es decir, que recibe gratis 5 millones de metros cúbicos de agua que consume como media.
¿Qué son los pactos Lateranensi? Aquellos que fueron firmados entre la Iglesia Católica y los dirigentes de diferentes países por los que se le concedía a la Iglesia condiciones especiales en determinados asuntos. ¿Con quién firmó la Iglesia Católica? con Benito Mussolini el 11 de febrero de 1929, con Adolf Hitler el 20 de julio de 1933, con Antonio Oliveira Salazar el 7 de mayo de 1940 y con Francisco Franco el 27 de agosto de 1953. Para reflexionar un poco ¿no?.
El Vaticano es el Estado más rico del mundo por renta per cápita, 407 mil dólares. Es la única religión que tiene Banco propio. Se estima en más de 5 mil millones de euros solo de depósito. En este punto es interesante leer sobre la muerte del Papa Albino Luciani, (Juan Pablo I, que murió “misteriosamente”, algunos dicen que asesinado en el Vaticano, a solo 33 días de haber asumido, llamado el Papa de la sonrisa, quien en toda su carrera demostró ser un sacerdote probo y progresista) y la vida y obras de Michele Sindona, encargado de los negocios vaticanos (asesinado), de Roberto Calvi, que le sucedió (asesinado), después Emilio Alessandrini (asesinado) y Giorgio Ambrosoli (asesinado) y varios otros, todos ellos si bien por diferentes motivos, tenían en en común ser miembros de la mafia y fueron los banqueros del Vaticano, llamados los banqueros de Dios). A la cifra mencionada hay que sumar cantidades en otros bancos, por ej. en Suiza al menos existen tres cuentas de la Santa Sede sumando más de 3 mil millones de euros.

No hay que olvidar que estas astronómicas cifras son sólo para Italia, pero la Iglesia es una multinacional con más de 4.649 diócesis. Para finalizar otro motivo de reflexión: con el dinero del Estado la Iglesia desarrolla una gran desigualdad. Mientras que los sacerdotes tienen salario y pensión, las mujeres de la iglesia no, lo cual no solamente es anticonstitucional sino que marca el invariable talante misógino del Vaticano.
En numerosos países el panorama es igual o peor. Ver Argentina. http://www.diariodemadryn.com/vernoti.php?ID=105823.Ver España. http://www.informativos.telecinco.es/dn_2497.htmhttp://www.rebelion.org/noticia.php?id=62946


La iglesia antes llevaba a la hoguera a la gente para quedarse con sus bienes y convirtió la simonía y las indulgencias en su plan maestro para esquilmarlos. Ahora todos sus artilugios los centra en desmantelar a los gobiernos y medrar parasitariamente a costa de sus economías vendiendo “ilusiones”, sin mencionar que otro de sus grandes negocios son los cementerios católicos, donde vende la tierra que les ha cedido gratuitamente el estado y también las chucherías del culto, medallitas, libritos de rezos, rosarios, insignia y joyería varia.

A todas luces, la razón de su existencia es convertirse en la única religión con poder divino y material sobre todo el mundo conocido. Aspira al dominio de todas las razas y ambiciona todas las riquezas. No tiene otro objetivo. El estado vaticano no quiere ciudadanos, desea almas para su reinado terrenal. Sabe, que una vez dominada la entelequia del alma, el cuerpo y sus riquezas vienen en el paquete.


El Estado de la Ciudad del Vaticano, regalado por Mussolini a la Iglesia en 1929 mediante el Pacto de Letrán, en agradecimiento a su decidido apoyo para salir electo como Jefe de Gobierno y generar ante el pueblo una imagen pública de tribuno responsable, es un micro estado europeo, que solo tiene una superficie de 44 kilómetros enclavados dentro de Italia.

La población de este estado es de solo 900 habitantes, de los cuales solo alrededor de 400 viven realmente en ese “país”. La Basílica de San Pedro ocupa un 7% de su superficie y la plaza de San Pedro un 20% “del territorio”, lo que lo convierte en el Estado independiente más pequeño y urbanizado del mundo e irónicamente, en el más poderoso y rico de la tierra.
Además ostenta otro récord mundial: su gobierno es una Teocracia electiva, que según el diccionario significa “Gobierno ejercido directamente por Dios o sometido a las leyes divinas a través de sus Ministros o representantes” y de Monarquía Absoluta, es decir “aquella en que el poder del rey no está limitada en ningún sentido.
En otras palabras, para que algún iluso, o uno de estos “historiadores” de la nómina eclesiástica, no diga luego que electiva significa algún atisbo de democracia interna en la elección papal, aclaramos que la elección ocurre a la muerte del Papa, solo para escoger otro y que solo la muerte del monarca coloca el límite de su mandato.

Es bueno saber en estos tiempos de democracia, de respeto a los derechos humanos, de igualdad de oportunidades para todas las personas, donde la soberanía reside en el pueblo a través de sus representantes, que aún persiste un caso en todo el mundo, de esa cavernaria institución de la Monarquía Absoluta, erradicada hace siglos por las gestas libertarias de la mayoría de los países en sangrientas guerras civiles, con el agregado que esta aberración política es además una Teocracia Electiva.
La pregunta es ¿cómo le entregó Dios esta representación de un gobierno que no tiene límite alguno, de un pequeño estado en medio de Europa, a los Papas? ¿Misterio, mentira, delirio, iluminación?
Se supone que un Dios que se precie de tal no entregaría a sus representantes en la tierra el más pequeño de los países. Ese solo acto, ya habla mal de él, de su poderío, de su grandeza de su hipotético poder infinito. Y menos para que se enriquezcan a su costa.

Como es de público conocimiento, los bienes y fortuna vaticana solo se comparan al patrimonio de países de gran desarrollo como Estados Unidos o Israel y no es un secreto para nadie que posee millones de establecimientos, tierras, edificios, iglesias, universidades, escuelas, conventos y otros bienes muebles e inmuebles en todos o la mayoría de los países del mundo, siendo sus negocios e inversiones, bajo distintos nombres y corporaciones, uno de los capitales más importantes del orbe.

Además, sus sacerdotes y demás miembros del clero, diseminados en todo el planeta suman cientos de miles de sujetos, insertos en toda la gama político-administrativa de esos estados, con Iglesias poderosas que constituyen un poder paralelo y en algunos lugares, superior al de los gobiernos del país. Son por tanto excelentes espías y por supuesto que la CIA los tiene en sus nóminas y desde antiguo han sido sus ayudistas principales en todas sus intervenciones en los países llamados del tercer mundo.

Todo esto que hemos mencionado es parte del “Poder moderno” de la Iglesia Católica Romana, el cual trasciende a todos los niveles de la sociedad, estando presente este concepto en el inconsciente colectivo de la gente, en el trasvasije cultural occidental, en el rito religioso oficializado por el Estado y por lo tanto aceptado por el pueblo o parte de él, que siempre se inclina, por alguna razón que los sociólogos son los llamados a explicar, a permanecer al lado o cercanos “a la autoridad”, bajo el alero de los poderosos, del rey, del señor feudal, del dictador, de la iglesia.

El poder vaticano, está impreso en la sociedad como un sello de agua, tenue pero permanente. Penetra en la memoria sutilmente, ligado al mito religioso, al “Poder antiguo” de la curia, al terror supersticioso sembrado en generaciones del pasado, a la fama de ser los intermediarios de dios, capaces de facilitar el pasaporte para la vida eterna. Jueces de la balanza del bien y del mal, con el plus sensacional de dominar a su antojo esa magia poderosa que les dio dios mismo y que nadie mas tiene, de hacer unos cuantos pases y transformar el agua común, en “agua bendita”, prodigio que sirve para tantas cosas. Más aún, otros pases de mano, sobre un poco de vino y un trozo de masa y he aquí que esos elementos se convierten súbitamente, ante los ojos embobados de los testigos, en la sangre y el cuerpo de Jesús Cristo, el hijo de Dios, es decir, otro Dios.

Esto sin duda impresiona a las masas, los hace sentirse partícipes de un “milagro verdadero”, que hoy son tan escasos, que solo los curas, por el poder de que están investidos, pueden realizar.
Por suerte para la iglesia a nadie se le ha ocurrido llevar estos elementos al laboratorio para establecer si este milagro es realmente verdadero u otra superchería. Si resulta verdadero, y esa harina de trigo y ese jugo de uva son sangre y carne humana, ¡cómo subiría hasta las nubes el prestigio de la iglesia!, y quien sabe que insospechados misterios arrojaría el ADN de esa sangre de un dios.

Pero suele ocurrir, que el tinglado de estos supuestos hechos históricos inamovibles, estas verdades acomodaticias, llamadas también actos de fe, a veces presentan resquebrajaduras, debilidades y puntos muertos que el ojo experimentado, la lógica, el buen sentido, el criterio, la memoria histórica, la tradición oral, la inteligencia humana y los testimonios documentales y sin duda la investigación científica pueden contradecir, negar y desmentir.

Allí donde se genere un raciocinio sin corpiño espiritual o la inexistencia de actitudes genuflexas, conservadoras o temerosas de quienes no quieren pensar por si mismos, se abre un amplio campo para explorar aristas que conducen a nuevos descubrimientos, revelaciones insospechadas, que nos muestran el otro lado de la historia, quedando de manifiesto el mundo grosero que se nos ocultó deliberadamente haciéndonos “comulgar con ruedas de carreta”.

En esta trilogía que hemos estado presentando con El Martillo de Las Brujas, El Malleus Maleficarum y la Inquisición Pontificia, y ahora, Los Papas de la Inquisición, hemos querido profundizar en la responsabilidad del Vaticano en sucesos graves de la historia, donde la Iglesia, premunida de máximos poderes nunca alcanzados por imperio alguno, ha sido gestora y protagonista de los mayores atropellos a la vida y la dignidad humana sin que jamás haya mostrado signos de arrepentimiento, pedido perdón por el asesinato injustificado de millones de seres o rectificado sus políticas hegemónicas.

Antes bien, como ahora es posible demostrar, ha tergiversado los hechos, mentido una y otra vez y fabricado pacientemente justificaciones absurdas y hasta ridículas, desligando estas responsabilidades en terceras personas, minimizando la cantidad de casos juzgados por la inquisición y reafirmando que estos juicios fueron absolutamente justos y apegados a derecho y a la doctrina de la iglesia, preceptos que quizás puedan ser aceptados por los fanáticos recalcitrantes y sus prosélitos fundamentalistas, pero que no hacen mella ni pueden encontrar eco en los espíritus libres e instruidos, tanto por su pobreza conceptual como porque estos predicados decimonónicos ofenden la inteligencia humana y la cultura alcanzada por nuestra civilización.


Hemos hablado del fanatismo religioso de toda una época; de la credibilidad popular en todo tipo de supersticiones; de los antecedentes de ese período oscurantista de la inquisición y del terror impuesto con sus métodos de refinada tortura. Del atraso cultural en que cayó toda la humanidad, que luego dio paso a un período que no por casualidad es conocido como El Renacimiento. Y hemos dicho que toda esta maldad, el ignominioso derrame de sangre inocente, el sadismo del Santo Oficio, la lujuria y perturbado estado mental de los inquisidores, su insano fanatismo homicida, la imposición de la Hoguera Santa en esta caza de brujas como medio de salvar almas para Cristo, -ferocidad e insanía demostrada antes en las Cruzadas y otras guerras religiosas donde perecieron otros millones de personas-, generan muchas preguntas que han quedado sin respuesta.

Ahora, trataremos de conocer a los ideólogos de tanta perfidia, a los hombres que estaban tras estos asesinatos; sus motivaciones reales para sumergir al mundo conocido en un baño de sangre; a su catadura moral y su responsabilidad religiosa como líderes de una ideología que se dice basada en el amor.

¿Por qué este dios podría estar agradado con estas matanzas?; ¿fueron realmente infalibles los papas como su dogma asegura, al propiciar estas torturas horrendas, apropiarse de los bienes de sus víctimas y arrebatarles la vida calcinando, descuartizando, lanzándolos en abismos, ahorcándoles, ahogándoles bajo el agua sin respetar mujeres embarazadas, infantes, ancianos y hasta animales domésticos, como los gatos negros, que junto a sus amos fueron exterminados bajo la sospecha de servir al demonio y ser cómplices de herejía? ¿Si actuaban como representantes de Dios ¿es que éste también es supersticioso, ignorante, homicida, corrompido..?

Y también hablaremos de otros trasgresores, que nacidos en la misma cuna y alimentados con la misma leche dogmática, son solidariamente responsables de estos crímenes de lesa humanidad: las corrientes Protestantes, que separadas ideológicamente de la Iglesia Católica por justificadas razones conceptuales, que como el tardío endiosamiento de María, el cristianismo trinitario, el culto a las imágenes y en particular la simonía, ese chantaje eclesiástico instaurado de antiguo por la avaricia papal, que acepta dotes y dinero a cambio de indulgencias para una estadía más cómoda en el purgatorio o el infierno y un viaje más directo a la mesa de Dios, no se quedaron atrás en la persecución de herejías, en su básica credulidad en seres demoníacos, supercherías populares y supersticiones baladíes, compitiendo mano a mano, en la sed de sangre humana, que saciaron con católicos, judíos y otras religiones, a quienes también y por cientos de miles, sometieron a las más salvajes torturas y a la quema inmisericorde, vivos, junto a sus familias.

Nadie desconoce que el papado es una institución que se ha perpetuado desde la antigüedad hasta nuestros días atesorando importantes hitos históricos, donde sin duda fueron protagonistas muy principales. Tampoco se debe olvidar que siempre su intención fue avasallar a los reinos, ponerlos bajo su égida y convertir a los herejes al cristianismo. Esto significó un tremendo esfuerzo de diplomacia y frecuentes guerras, de concilios y cruzadas donde los Papas eran elegidos políticamente de acuerdo a su temperamento y capacidad personal para enfrentar estas crisis.


Esta política hegemónica, en la misma línea de los Grandes Emperadores de la antigüedad clásica, enfrentó al papado a delicados conflictos con reyes, emperadores y países, con quienes sostuvo guerras y alianzas que muchas veces les fueron desfavorables. A tal punto, que muchos Papas guerreros y conquistadores murieron en prisión, sucumbieron en batallas, fueron desterrados, martirizados y asesinados.
Más tarde, en la Edad Media, no fueron muy distintas las cosas, ya que la mayoría de los pontífices murieron antes de completar su período, envenenados, asesinados a mansalva, en prisión o descuartizados, pero ahora, por acción de las intrigas palaciegas de reyes y emperadores y principalmente por la lucha de poderes al interior de la Iglesia Católica, hervidero de intrigas, con aspirantes al Trono de Pedro que no dudaban en acometer cualquier felonía con tal de suplantar al Papa de turno.
Es este ambiente de degeneración, de sadismo, de bacanales y de perversión sexual de los Papas el que se ha ocultado por siglos a la gente. Se han quemado archivos, escondido informes, suprimido párrafos de antiguos documentos y falsificado testimonios para hacerlos aparecer ante la grey como hombres buenos.
Como mártires de Cristo los asesinados por Cardenales y Obispos rivales. Muchos de ellos, electos ya Papas, una vez fallecidos fueron ordenados Santos, para tapar el descrédito de sus vidas licenciosas y mantener a toda costa la sucesión apostólica, piedra angular de la feble teoría que el primer Papa de esta iglesia creada siglos después, fue Pedro. Teoría esta sin fundamentos verdaderos, pero que como otras muchas que han venidos sosteniendo porfiadamente por centenas de años, defienden a brazo partido para que no se derrumbe este castillo de naipes, ya a bastante mal traer, que tanto sudor les ha costado; supuesto, que es el único que le permite al papado afirmar que ellos son la iglesia de Dios.
Como todo el mundo sabe que los judíos son el pueblo elegido de la leyenda, que en su Biblia está la explicación de la creación y que todos los profetas incluido Cristo fueron de esta raza, tuvieron que inventar siglos después, ese galimatías que nadie ha logrado entender, que produce sonrojo a los teólogos, además de colocarles en serios apuros, de la divina trinidad donde está el dios padre, su hijo encarnado humano y el espíritu santo, que vendría a ser otro poder divino, todos ellos, uno solo.
Inventaron que Jesucristo era dios, creencia en la que no participa ningún otro credo en el mundo que solo lo consideran otro de los profetas caminantes; lo hicieron nacer como en las historias paganas de los dioses clásicos, producto de un dios y una mortal, le agregaron lo que ya había pasado en otras religiones anteriores como 600 años antes el dios persa Mitra, como Krishna, que nació de la virgen Davaki, el rito de Gautama Buda nacido de la virgen Maya y miles de años antes, Horus, nacido de la virgen Isis; inventaron que esta madre no tuvo sexo para procrear sino que fue un milagro genético, tan solo para tener algo propio, exclusivo, y no ser, como efectivamente cualquiera puede entender solo copistas de la doctrina judía. Ahora son entonces, los campeones de la doctrina Judea-cristiana. Tienen hoy algo diferente, particular. A Cristo, al que metieron en este saco junto a su madre y toda la historia, que no existió, de su muerte, calvario y resurrección, también copiada de a lo menos cuatro religiones paganas anteriores.

Otros Papas, despiadados asesinos, fornicarios y hasta ladrones, por la misma razón han sido considerados Padres de la Iglesia, Vicarios de la fe cristiana, Prohombres de la Humanidad, Hijos Predilectos de Dios…, y si no son Santos, se veneran sus reliquias, sus tumbas están en San Pedro y su dichos y pensamientos son recordados como hitos de la historia sagrada.
He aquí una síntesis de las vidas reales de algunos de estos dechados de virtud, según dichos y escritos de personeros de la época, historiadores y documentos de la propia Iglesia Católica, Apostólica y Romana…historia guardada celosamente por la cúpula vaticana y que ha sido develada no más allá de los últimos treinta años por investigadores y documentos que salieron al conocimiento general y que obligaron al papado a hacer público reconocimiento de estos hechos y a mostrar algunos de sus libracos empolvados mantenidos en el secreto de los archivos vaticanos.

La elección de Sergio III, (904 – 911) Conde de Túsculo como Papa, supone el inicio de un período de la historia del papado conocido como "pornocracia”,
término acuñado en el siglo XVI por el cardenal César Baronio, caracterizada por la influencia que sobre el papado van a ejercer dos mujeres: Teodora, esposa del senador romano Teofilacto, amante oficial del Papa Sergio III y la hija de ambos, Marozia, prostituta y amante también de Sergio, con la que tuvo un hijo, el futuro Papa Juan XI, las que se convirtieron en las verdaderas gobernantes de Roma durante varios decenios. Este período es conocido también como "Saeculum obscurum" y como "Gobierno romano de las Cortesanas".
Este Papa era un aventurero audaz y sin escrúpulos. A la muerte del Papa Esteban VI, en 897, apoyado por la influyente familia Spoleto y el senador Teofilacto, intentó acceder por primera vez al trono papal aunque fracasó al resultar elegido Teodoro II. Al año siguiente intentó por segunda vez acceder al pontificado, fracasando nuevamente al ser elegido Juan IX lo que le supuso ser excomulgado y exiliado hasta que el Papa León V revocó la excomunión y pudo volver a Roma en 903.
Tras su regreso depone y hace encarcelar al antipapa Cristóbal para luego hacerlo estrangular. Lo mismo hace con el Papa León V, quien muere en la cárcel donde ordena asesinarle. (En ese entonces las cárceles estaban en centros de reclusión de la iglesia).

Eliminados el Papa y el antipapa, sus valedores lo hacen elegir pontífice el 29 de enero de 904. Su primera orden fue anular los decretos de todos los Concilios celebrados desde 898, con el objeto de rehabilitar al fallecido Papa Formoso. Es otro de los papas de la Historia que tiene el récord de haber asesinado dos Papas. La mayoría de los otros prelados solo mató uno.

Cómo mencionábamos a Formoso I, no podemos dejar de contar su historia, la cual, por decir lo menos es esperpéntica y sirve para retratar el relajo existente en la elección de estos energúmenos como cabezas visibles de la Iglesia.

Formoso I, fue Papa entre el año 891 hasta su muerte en el 896, sucediéndole Bonifacio VI, quien murió de manera misteriosa, (de gota dice la historia oficial) 15 días después. Inmediatamente asumió Esteban VI, el que en vida le había reprochado a Formoso que no apoyara sus pretensiones.

Tras su elección, Esteban ordenó exhumar el cadáver de este, que ya llevaba 9 meses de enterrado, para someterlo a juicio en un Concilio especial que reunió a tal fin y que ha pasado a la historia como el “Concilio Cadavérico” o “Sínodo del Terror”.
En dicho Concilio, Celebrado en febrero o marzo de 897 en la Basílica Constantiniana, bajo su presidencia, se procedió a revestir el cadáver de Formoso con los ornamentos papales ceremoniales, joyas, la corona papal y el cetro de su autoridad entre sus dedos esqueléticos y se le sentó en un trono para que escuchara las acusaciones, las cuales junto a las respuestas del enjuiciado serían calificadas por un jurado compuesto por Cardenales y Obispos.

Por supuesto el cadáver hedía horrible dado que se encontraba en plena descomposición y hubo que ponerle cobijas y soportes para que se mantuviera erguido ya que a cada momento se derrumbaba. Varios de los presentes no podían evitar las náuseas y los otros, lívidos y descompuestos solo querían que este Concilio terminase pronto.

El juicio siguió pomposamente todos los pasos legales y el propio Esteban ofició de acusador formulándole las preguntas, la principal de las cuales, fue: ¿por qué siendo Obispo de una diócesis, la de Porto, la había dejado acéfala para ocupar como Papa la diócesis de Roma?.
Como el acusado se rehusó reiteradamente a contestar, el Jurado lo encontró culpable de todas las acusaciones, retirándosele su categoría de Papa. En consecuencia le fueron quitadas las vestimentas papales, arrebatada la corona desde su calavera. Se declaró inválida su elección como Papa, se anularon todos los actos y ordenaciones de su pasado, disponiéndose que se borrase su nombre y su historial de todos los documentos vaticanos y según la tradición, le mutilaron los tres dedos usados para las bendiciones papales, dado que al no cumplir los preceptos y ser culpable, constituían un anatema.

Luego, a manera de escarmiento, por orden del Papa Esteban amarraron su cadáver a una carroza de caballos y arrastraron sus despojos por toda la ciudad, tras lo cual fue arrojado al Tíber.
Cuando el pueblo de Roma conoció este escándalo invadió el Palacio Luterano. Encarcelado, el Papa Esteban quedó a merced de sus enemigos. Fue estrangulado el 14 de Agosto de 897.

Fue al año siguiente, siendo Papa Teodoro II, cuando fue encontrado el cuerpo de Formoso en el río Tíber y restituido a la tumba de la Basílica de San Pedro. Esta fue una de las pocas cosas que hizo Teodoro II, ya que solo duró un mes como Papa pues también murió envenenado.

Teodora hizo Papa a Juan X, (914-928). Este había sido enviado a Rávena
como Obispo, pero para satisfacer sus deseos carnales, lo hizo volver a
Roma y lo hizo nombrar Papa. Su reinado tuvo un fin súbito, cuando su hija Marozia, lo asesinó.
Marozia quería deshacerse de Juan X, para de esta manera, poder llevar al que luego fueJuan IV, (928-929), de quien también era amante, al oficio papal. Consiguió su objetivo, pero el reinado de Juan fue muy breve pues la celosa Marozia también lo asesinó cuando se enteró de que la estaba engañando con otra cortesana, una mujer más descarada que ella.

Poco después llevó a su propio hijo ilegítimo (Hijo del Papa Sergio
III) al trono papal. (Según el historiador Liutprando y el Liber Pontificalis).
El muchacho era todavía un adolescente y tomó el nombre de Juan XI. Pero durante un altercado con los enemigos de su madre, (políticos y varios cardenales y prelados) fue azotado y puesto en prisión dónde lo envenenaron y murió.

En el año 955 el nieto de la prostituta, Octaviano - después de varios encuentros sangrientos entre los bandos -, pudo tomar el trono pontificio bajo el nombre de Juan XII. Apenas tenía 18 años cuando fue nombrado Papa e informes de su tiempo concuerdan con su desinterés en lo espiritual, su afición a placeres groseros y su vida disoluta sin inhibiciones. (The Oxford Dictionary of Popes.
Llegó a estar tan corrompido que los cardenales reunidos en el Concilio en San Pedro en noviembre de 963, en una medida inusual, deponen al Papa acusándolo de vicios como el incesto, el perjurio, el homicidio y el sacrilegio; imputaciones que eran del todo fundadas. Este rehusó presentarse para contestar a las acusaciones y en vez de esto los amenazó con excomulgarlos a todos. Aún así le hallaron culpable de varios crímenes y pecados, incluyendo los siguientes: hizo prender fuego a varios edificios, bebió un brindis dedicado al demonio, jugó a los dados e invocó la ayuda de los demonios, obtuvo dinero por medios injustos y fue enormemente inmoral.

Tan viles fueron sus acciones, que incluso el noble obispo católico de Cremorne, Luitprand, dijo de él: “Ninguna mujer honesta se atrevía a salir en público, porque el Papa Juan no tenía respeto a mujeres solteras, casadas o viudas, puesto que él faltaba al respeto a las tumbas de los santos apóstoles Pedro y Pablo”.
Levantó la ira del pueblo al convertir el Palacio Laterano en “una casa de prostitución pública” (Patrologine Latinae Vol. 136, pag. 900) y fue descrito por el Liber Latinaes (Vol.2 p.246) con las siguientes palabras: “Pasó toda su vida en adulterio”.

Finalmente, su vida terminó mientras cometía adulterio siendo aún Papa: el furioso esposo de la mujer lo mató (Italia Medieval p.331-336). Murió el 14 de mayo de 964 asesinado por asfixia con una almohada por un marido que lo sorprendió en su lecho con su mujer.

El Papa Bonifacio VII, (984-985) mantuvo su posición a través de
cuantiosas distribuciones de dinero robado. El obispo de Orleans se
refirió a él (y también a Juan XII y León VIII), como “monstruos de
culpabilidad, llenos de sangre y suciedad”
y como “anticristos
sentados en el templo de Dios”.
Además, Bonifacio fue un asesino. Hizo
que el papa Juan XIV fuera encarcelado y envenenado. Cuando este Papa Juan murió, el pueblo romano arrastró su cuerpo desnudo por las calles. La sangrienta masa humana qué había sido un Papa de la Iglesia Católica, líder espiritual del mundo cristiano, fue dejada como festín a los perros callejeros.
A la mañana siguiente, sin embargo, algunos sacerdotes lo enterraron secretamente.(Enciclopedia Católica. El otro lado de Roma. p. 115).

Bonifacio VII, cuyo nombre era Francone Ferruchi, también asesinó al Papa Benedicto VI estrangulándolo. Bonifacio ocupó el trono pontificio de forma ilegal en dos ocasiones, en 974 y entre 984 y 985.
En esta primera etapa sólo gobernó la Iglesia durante seis semanas, el tiempo que tardó el conde Sicco de Spoleto en llegar a Roma en calidad de representante del nuevo emperador Otón II y obligar a Bonifacio a huir de la ciudad y refugiarse en Constantinopla, donde se llevó consigo parte del tesoro de la Iglesia. No obstante en ese breve período fue cuando hizo estrangular al Papa legítimo, Benedicto VI.

Tras su huida es elegido nuevo Papa Benedicto VII, quien excomulga al antipapa Bonifacio en una de las primeras medidas que adopta.
Bonifacio permanecerá en Constantinopla durante diez años hasta que en 984, aprovechando la muerte de Otón II, y que su sucesor Otón III, tiene apenas tres años de edad, regresa a Roma y con la complicidad de Cresencio II, hijo del citado Juan Crescencio, encarcela al Papa que entonces regía los destinos de la Iglesia, Juan XIV, y vuelve a ocupar el solio pontificio casi durante un año.

El papa legítimo, Juan XIV, falleció de hambre durante su encarcelamiento, por lo que Bonifacio VII está considerado como el asesino de dos Papas.

Bonifacio VII falleció asesinado el 20 de julio de 985, siendo su cadáver mutilado y arrastrado por las calles romanas hasta terminar expuesto a los pies de la estatua de Constantino. Es considerado antipapa.

El Papa Silvestre II, lo llamó “un horrendo monstruo que sobrepasó a todo
mortal en su maldad”
(Sacrorum Conciliorum Vol. 19, p.132).
Pero, evidentemente, el papa Silvestre no era mucho mejor, pues la Enciclopedia
católica dice qué: “... el pueblo le consideraba como un mago pactando
con el diablo”
(Vol. 14, pag. 372)

Transcurridos quince días desde la muerte del antipapa Bonifacio VII y un año de la del Papa Juan XIV, es elegido como sucesor, y por imposición de Crescencio II, un presbítero romano, hijo de un sacerdote llamado León, que tomará el nombre de Juan XV. (985-996) quien dividió las finanzas de la Iglesia entre sus familiares (Liber pontificalis vol.2 p.246), lo que le trajo la reputación de ser codicioso, de torpes ganancias y corrompido en todas sus açciones (Annali d'Italia Vol.5 p.498)

Aprovechando la muerte de Crescencio III, (1012) sus enemigos y rivales políticos, los condes de Túsculo, aprovecharon para nombrar a uno de sus hijos, Teofilacto, como Papa el 18 de mayo de 1012 , que quiso llamarse Benedicto VIII, quien compró el oficio de Papa por medio del chantaje, permaneciendo en el cargo hasta su muerte el 9 de abril de 1024, fecha en que fue sucedido por su hermano, Juan XIX.

El Papa Juan XIX, sucesor en el solio pontificio de su hermano, en el momento de su elección era cónsul y senador además de laico, por lo que recibió todas las órdenes sagradas hasta la diginidad de Obispo en un solo día a cambio de una importante cantidad de dinero, con lo que inició su pontificado con una de las lacras que lo definirían: la Simonía..

Después de esto, Benedicto IX, (1033-1045) fue elegido Papa, siendo apenas un niño de 14 años, por medio de arreglos monetarios por las poderosas familias que manejaban a Roma.
Este Papa-niño creció en la maldad y “cometió homicidios y adulterios en pleno día; hizo robar a peregrinos en las catacumbas de Los mártires. Fue un horrendo criminal a quien el pueblo desterró de Roma”. (Italia Medieval p.349).
Benedicto fue tres veces Papa. El nº 145, 147 y 150 de la Iglesia católica de 1032 a 1044 en un primer período; de abril a mayo de 1045 en un segundo período y de 1047 a 1048 en un tercer período. De la disnastía de los Teofilactos que le dio seis papas a la cristiandad, fue sobrino de los papas Juan XIX y Benedicto VIII y descendiente de Juan XII, Juan XI y Juan XIII. Elegido sumo pontífice históricamente a los 14 años de edad, se le conoce como el Mozart o el Rimbaud de los papas.
Finalmente, la compra y venta del cargo papal se hizo tan común y la corrupción tan pronunciada que los gobernantes seculares de los reinos existente, tuvieron que intervenir en el nombramiento de los Papas, ideando un sistema rotativo para escogerlos.

Enrique III, emperador de Alemania, eligió a Clemente II, (1046- l047), que era un clérigo alejado de la corte papal porque ningún sacerdote romano pudo ser hallado limpio de corrupción, de simonía y de fornicación, declaró un historiador (Italia Medieval p.349).

Muchos de los papas fueron asesinos, pero sin duda alguna Inocencio III, (1194-1216) sobrepasó a todos sus predecesores en homicidios. Durante su reinado, Inocencio hizo asesinar a más de un millón de supuestos “herejes”, de diferentes credos y razas. (Cruzadas contra los Valdenses, Albigenses y Cátaros). El promovió la más cruel y diabólica acción en la historia de la humanidad: La Inquisición.

Durante el cuarto Concilio Laterano en 1215, Inocente decretó la mas infame legislación contra los judíos, forzándolos a vivir en guetos, prohibiendo casamientos fuera de él, expulsando a los judíos de ciertas profesiones y también forzándolos a usar un símbolo amarillo en su ropa marcándolos como tales, la raíz histórica de la correspondiente ley Nazi durante la Segunda Guerra Mundial.
Quizás una de las mas escandalosas de sus acciones fue su ambición personal de aniquilar totalmente a los herejes Albigenses, quienes ya para esta época constituían casi la mitad de la población del Languedoc, hoy Francia. Los herejes, quienes se consideraban buenos cristianos, eran un pueblo pacifico y respetuoso que estaba en contra de la pena de muerte, ellos simplemente se oponían al dominio Católico, a la escandaloa y disipada vida eclesiástica y sus autoridades.

Hasta el rey de Francia se rehusó a hacerles la guerra a los Albigenses, a pesar de la declaración Papal que le otorgaba los territorios si los hacía desaparecer. Inocente finalmente organizó una Cruzada contra esta inofensiva gente.
Todas las Cruzadas organizadas en su mandato, no le costaron dinero al Papado, por el contrario, la iglesia se quedó con grandes comarcas, Castillos, títulos de nobleza y tierras.

Inocencio III, hábil negociador de la fe, les ofreció indulgencias y salvación del alma a todos los combatientes que se sumaran a esta Guerra Santa. Los reyes y caballeros feudales, interesados en salvar su alma, financiaban de su peculio a las tropas y de toda europa venían pecadores y delincuentes que veían en estas guerras, la oportunidad de librarse de sus numerosos pecados y de paso conseguir fortuna. Además, estaba la promesa papal que toda tierra o bienes conquistados, pasaba legítimamente a poder del vencedor y que bastaba un solo enemigo muerto, para que las puertas del cielo estuvieran abiertas para ese soldado de Dios.

En el baño de sangre subsiguiente que llegó a atormentar al país por veinte años, murieron más de un millón de hombres, mujeres y niños lacerados, apuñalados, ahogados y descuartizados. Inmediatamente después que la primera carnicería desbastó la ciudad de Beziérs y aniquiló su población, el Abad de Amaury de Citeaux, emisario Papal y líder de la soldadesca católica, volvió y le informó al Papa triunfalmente la "muerte en ese día de 20.000 personas sin respeto hacia la edad o género.", siendo gratificado por la bendición del vicario.

El Papa Bonifacio VIII, (1294-1303) otro corrompido de tan negra lista de sucesores de Pedro, practicó la brujería (Durant vol. 6, p.232). Llamó mentiroso e hipócrita a Cristo, profesó ser ateo, negó la vida futura y fue un homicida y un pervertido sexual. Oficialmente dijo lo siguiente: “EI darse placer a uno mismo, con mujeres o con niños, es tanto pecado como
frotarse las manos”
(Historia de los Concilio de la Iglesia, Libro 40, art. 697).
Y, aunque parezca imposible concebirlo de semejante personaje, él fue quien escribió la BulaUnam Sanctam, en la cual declaró oficialmente que “La iglesia Católica es la única y verdadera iglesia; fuera de la cual nadie puede salvarse”.
Fue este Papa tan inmoral que declaró oficialmente: “Nosotros afirmamos y declaramos definitivamente que es necesario para la salvación, que todo ser humano sea sujeto al pontífice de Roma”. Es decir, pontificó que ninguna otra religión servía para este efecto. Que todo aquel que quisiera ser salvo, tenía que sujetarse al papado.

Fue durante el reinado de este Papa, cuando Dante Aligheri visitó Roma. Describió el Vaticano como el “alcantarillado de la corrupción”, y para ratificar su opinión, puso a Bonifacio (junto con los papas Nicolás III y Clemente V, en las profundidades de uno de los infiernos de la Divina Comedia.
Durante el período de 1305 a 1377, el palacio papal estuvo situado en Avignon. (Cuando le tocó el turno a Francia). Durante esta época, Petrarca que estaba en el apogeo de su fama, declaró que dicho establecimiento papal "era un lugar de violación, adulterio y toda clase de fornicación. Y debido a que Los papas eran tan inmorales, no debemos sorprendernos de que los sacerdotes no fueran mejor que ellos. Como consecuencia, en muchas parroquias Los feligreses insistían en que los sacerdotes tuvieran concubinas como protección parasus propias familias".

En el Concilio de Constanza, tres Papas y algunas veces cuatro, todos ellos elegidos por grupos de cardenales o impuestos por reyes, se autoproclamaban Papas legítimos y se insultaban todas las mañanas en las reuniones del evento, acusándose los unos a los otros de anticristos, demonios, adúlteros, sodomitas, enemigos de Dios y del hombre.

Uno de estos papas, Juan XXII, (1410- 1415), compareció ante
el Concilio para dar cuenta de su conducta. Fue acusado por 37 testigos
obispos y sacerdotes, en su mayoría, de fornicación, adulterio,
incesto, sodomía, hurto y homicidio. Y se probó con una legión de
testigos que había seducido y violado a 300 monjas.
Su propia secretaria, Niem dijo que en Bolonia mantenía un harén donde no menos de doscientas muchachas habían sido víctimas de su lujuria. Por todo ello el Concilio lo halló culpable de 54 crímenes de la peor categoría; le depuso del papado. Para no verse condenado a lo que se merecía, el indigno Papa optó por huir.

El Registro oficial del Vaticano ofrece de ese hombre esta información sobre su inmoral reinado: “Su señoría, Papa Juan, cometió perversidad con la esposa de su hermano, incesto con santas monjas, tuvo relaciones sexuales con vírgenes, adulterio con casadas y toda clase de crímenes sexuales... entregado completamente a dormir y a otros deseos carnales,
totalmente adverso a la vida y enseñanzas de Cristo... Fue llamado públicamente el Diablo encarnado”.

Para aumentar su fortuna, el Papa Juan puso impuestos a todo, incluyendo la prostitución, el juego y la usura. Se le ha llamado con frecuencia “el más depravado criminal que se haya sentado en el trono papal”. Y vaya que han sido varios…

Del Papa Pío II, (1458-1464) se dice que fue el padre de muchos hijos ilegítimos. Hablaba en público sobre los métodos que usaba para seducir a las mujeres, aconsejaba a los jóvenes y hasta ofrecía instruirlos en métodos de auto indulgencia.

Pío fue seguido de Pablo II, (1464-1471), quien mantenía la casa llena de concubinas. Su tiara papal estaba tan cuajada de joyas, que sobrepasaba el valor de un palacio.

Vino después el Papa Sixto IV, (1471-1484), éste tuvo dos hijos ilegítimos de su manceba Teresa a Los cuales hizo cardenales. Financió sus guerras vendiendo posiciones eclesiásticas al más alto postor y usó el papado para enriquecerse él y sus familiares. Hizo cardenales a ocho
de sus sobrinos, aunque algunos de ellos eran aún niños. En cuanto al lujo y extravagancias, rivalizó con los césares. El y sus familiares sobrepasaron a las antiguas familias romanas tanto en riquezas como en pompa.

El Papa Inocencio VIII, (1484-1492) tuvo dieciséis hijos de varias
mujeres. No negó que fueran sus hijos engendrados en el Vaticano. Como
muchos otros papas, multiplicó los oficios clericales y los vendió por
vastas sumas de dinero, incluso permitió corridas de toros en la plaza de
San Pedro.

Vino más tarde Rodrigo Borgia, quien tomó el nombre de Alejandro VI, (1492-1503) y ganó su elección al papado mediante chantajes con los cardenales, práctica común en aquellos días. Antes de ser Papa, cuando aún era cardenal y arzobispo, vivió en pecado con una mujer llamada Vanozza dei Catanei y después con la hija de esta, Rosa, con la cual tuvo cinco hijos. En el día de su coronación nombró a su hijo -joven de temperamento y hábitos viles- como arzobispo de Valencia. Vivió en incesto público con sus dos hermanas y con su propia hija y era el padre y amante de su hija Lucrecia Borgia, de quien se dice tuvo hijos. El 31 de octubre de 1501 realizó una orgía sexual en el Vaticano, que no ha tenido parangón alguno en los anales históricos de la humanidad (Diarium, Vol.3, pag.167).
Entre sus crímenes se encuentra la muerte de cuatro Cardenales, a quienes el mismo vendió el cargo. Luego los hizo envenenar con cantarela, para poder seguir vendiendo cargos cardenalicios. Fue un intrigante y un asesino, teniendo por secuaces a su numerosa familia.

En cuanto al Papa Pablo III, (1534-1549), incluso la revista de signo católico Life dijo que siendo cardenal había tenido 4 hijos y en el día de su coronación celebró el bautismo de sus dos bisnietos; que eligió a dos de sus sobrinos adolescentes como Cardenales, realizó festivales con cantantes, bailarinas, bufones y buscó ayuda de astrólogos.

El Papa León X, (1513-1521) fue entrnado por las "familias" que se disputaban la obtención del papado, que era utilizado como fuente de financiamiento y poder político, para desempeñarse en 27 oficios diferentes clericales antes de tener 13 años de edad. Fue enseñado a considerar los cargos eclesiásticos sólo como un medio de ganancia. Con su producto compró el cargo y fue el Papa que declaró que el quemar a herejes era “una orden divina”.

Fue durante esos días que Martín Lutero, siendo aún sacerdote de la iglesia Romana, viajó a Roma. Al ver por primera vez la Ciudad de las Siete Colinas, cayó al suelo diciendo: “Santa Roma, te saludo”. No había pasado mucho tiempo en dicha ciudad, cuando pudo darse cuenta de que Roma era todo menos una ciudad santa. Pudo ver que la iniquidad existía en todas las clases del clero. Los sacerdotes contaban chistes indecentes y usaban palabras profanas, incluso en la misa. Lutero describió a los papas de la época como peores en su conducta que los emperadores paganos y explica que los banquetes de la corte papal eran servidos por doce mujeres desnudas. “Nadie puede imaginarse los pecados tan infames y los actos que son cometidos en Roma -dijo después- tienen que ser vistos y escuchados para ser creídos”. Tanto es así, que se acostumbra a decir. “Si hay un infierno, Roma está construida sobre él'.
Otra cosa que llamó su atención fue ver una estatua en la vía pública camino a la Iglesia de San Pedro de una mujer vestida de Papa, una Papisa, la que junto con el cetro y la mitra papal tenía un niño en sus brazos. Era la estatua de la Papisa Juana. Cuarenta años después de la muerte de Lutero, dicha estatua fue quitada por orden del papa Sixto V.
Hoy, la iglesia como ha sido su inveterada costumbre, niega este hecho ya que desea evitar el ridículo que significa. Y también por que reconocer tal bochorno, rompe la doctrina católica de la sucesión apostólica que tanto les ha costado estructurar durante siglos, sacando y poniendo papas, tratando de explicar lo inexplicable y excusando esos largos períodos en que la Iglesia tenía al unísono, dos, tres y hasta cuatro papas que se disputaban el trono de Pedro.

Más aún, ha tratado de ocultarlo con diversas interpretaciones y supuestas leyendas que ha ido fabricando en complicidad con personeros católicos de alguna credibilidad. No obstante, antes de la época de la reforma, tanto la historia como el monumento era conocida por obispos e historiadores. Incluso el Papa Anastasio, la menciona en su “Historia de los Pontífices Romanos.”

Por espacio de más de 500 años, los Papas usaron la Inquisición para poder mantener el poder. Nadie sabe exactamente cuánto millones de personas, en su mayoría cristianos y sobre todo judíos, musulmanes y hasta católicos, fueron aniquilados al no estar de acuerdo con la doctrina de la Iglesia Católica Romana Inquisicional, sea, principalmente por disentir o criticar los postulados o dignatarios católicos; escribir, pensar o conversar de las ideas creacionistas, y en segundo término, por ser acusados de brujería, herejía y practicar la actividad de comadronas, el uso de yerbas consideradas medicinales o creer en supercherías populares, todo lo cual era considerado grave delito por la Inquisición.

Nunca nadie sabrá exactamente las cifras oficiales de estos muertos. Ello no es posible, porque todas las actas y procedimientos eran mantenidos bajo absoluto secreto por los inquisidores. El solo hecho que alguien tuviese acceso a ellas, constituía una herejía y podía costarle la hoguera. Luego, todo registro de estos interrogatorios, de los elementos probatorios del delito que se quería castigar, los nombres de los jueces, inquisidores y del verdugo a cargo de la ejecución, fue requisado por la Iglesia, que durante cientos de años ha mantenido en su poder esta documentación.

Lo mismo ocurrió con los decomisos de los bienes de las víctimas que pasaron a manos de la Iglesia. No hay un solo documento que pruebe que ello ocurrió. Fueron falsificados, tergiversados, cambiados sus datos, de predios, de palacios, de casas, de herencias y nunca el Papado ha dado cuenta de estos robos y despojos. De no ser, por algunos datos dispersos, encontrados en bibliotecas privadas, algunos municipios, descendientes de los despojados y actas de iglesias, especialmente en España, todo atisbo de esta masacre odiosa, habría quedado soterrada en el silencio del terror impuesto por cinco siglos de dominación del Vaticano.
Todas las investigaciones documentales, todas las estadísticas que se conocen, así como las versiones más populares y difundidas acerca de este período aciago, han sido trascendidos o documentos desarchivados de la Biblioteca Vaticana o bien, de instituciones bajo su control y dependencia y por ende emanan de fuentes directas o indirectas del Papado y es a partir de esta información sesgada, recortada, antojadiza y falsa de falsedad absoluta, donde se afirman muchos periodistas, sociólogos e historiadores católicos para asegurar irresponsablemente y yo agregaría que además, sin un ápice de vergüenza profesional ni misericordia cristiana hacia estos millones de seres humanos inocentes inmolados, que prácticamente la Inquisición nunca ha existido.

Estas barbaridades son inverosímiles, ingenuas y retorcidas y en la imposibilidad de negar el hecho de fondo, despreciablemente se buscan subterfugios subalternos y de forma, con dichos respaldados por escritos, donde se defiende que: “la Inquisición no fue tan mala como dicen”, que “la gente estaba feliz con el advenimiento de la Inquisición”. “Qué se ha tejido una leyenda negra por parte de los enemigos de la Iglesia”. “Qué son invenciones de los masones y protestantes que quieren desprestigiar a la Iglesia” “Qué es parte de una campaña de difamación del comunismo internacional”. “Qué estos juicios seguían pasos y normas estrictas, a fin de evitar injusticias”. “Qué solo fueron a la hoguera, según las estadísticas, solo un 2% de los que fueron encontrados culpables.” “Qué el papado, tuvo especial cuidado en que los inquisidores fueran mayores de cuarenta años y de sólida vocación y méritos académicos.”

Esta última aseveración es realmente inconsistente. Es como cuando dicen que los millones de botellas de whisky que se consumen en el mundo a diario, salen de destilerías ubicadas en Escocia. Si la afirmación fuese verdad, sería interesante que el Vaticano confesara entonces, documentalmente, cuántos miles de inquisidores de solo 40 años tenía en las ciudades, villorrio y pueblos de toda europa, de latinoamérica y también de aquellos que acompañaron a los conquistadores en sus campañas de ultramar, donde, historia aparte, provocaron la muerte de más de cien millones de naturales de esos países conquistados a sangre y fuego, para sacarlos del "error" y llevar "el santo evangelio".

Y lo más ridículo de todo, es que los Papas de la época, cuyas historias ya comentamos, era muy improbable, dados sus bajos instintos, su desprecio por el ser humano, su odio supremo a los judíos y a cualquiera que practicase otra religión, que hayan estado preocupados siquiera de lo que pudiera ocurrir con la comodidad o injusticias cometidas por los inquisidores con los llamados herejes.
Antes bien, ahí están como pruebas inconmovibles sus bulas, que no son otra cosa que las órdenes oficiales que deben cumplirse por el cuerpo completo de la iglesia, para matarlos sin misericordia, para hacerlos desaparecer de la faz de la tierra.

Y más risible resulta todavía, imaginarse a estos dignatarios corruptos, depravados sexuales, de rebajados instintos y propensos a las más viles actitudes criminales, dictar normas de equidad o transparencia a sus subalternos, los crueles inquisores, cuando era "vox populi" su carencia de autoridad moral para hacerlo.
Y cuando ya todos saben, que esta persecución pretendía justamente acallar las voces de la nobleza y el bajo pueblo, relativa a los escándalos de la jerarquía eclesiástica, que amenazaba con que otras religiones los desplazaran de su sitial de amos del mundo.

Es difícil resumir tanto escándalo, homicidios, violaciones, torturas, estafas, violencia y corrupción de gran parte de los Papas católicos de esos quinientos años, lo que no puede significar que todos ellos sean criminales. Sin duda, los hay honorables y normales, pero aún así, por el peso de tan terrible herencia de sus antecesores, por su juramento de lealtad a sus santos y padres espirituales, que resultan ser estos mismo asesinos. Por el hecho de ser representantes de una institución veleidosa, cruel y falsaria, no son confiables.

Cómo pensar que las personas civilizadas de esta u otras sociedades, a la vista de sus antecedentes personales, de las tropelías cometidas por estos papas que creían tener origen divino, que tuvieron la chifladura de sentirse representantes de dios en la tierra, que estaban convencidos que tenían libertad "para hacer y deshacer" sobre toda la humanidad viviente; que estas bestias homicidas, mercenarios y necesariamente locos, fueran capaces de tener elevados pensamientos, creer que dedicaron sus vidas a crear las condiciones para un mundo mejor y que puedan ser creíbles y depositarios de la confianza de la humanidad.
Tampoco merecen respeto ni menos confianza aquellos papas de hoy, que sabiendo de antiguo y mejor que nadie la corruptela vaticana, se han prestado como cómplices acomodaticios, para sostener en el tiempo, el engaño a quienes ingenuamente han depositado su fe sincera en esta creencia, a sus fieles y feligreses, de que estos sujetos, que bien podrían figurar en el listado de los más grandes criminales de la humanidad, son por sus bondades, por su espíritu manso, hombres respetables y santos.

sábado, 27 de marzo de 2010

Malleus Maleficarum y la Inquisición Pontificia.


Tras tolerar todo lo que debe tolerar el historiador y lo que se le permite al cristiano, tenemos que clasificar la Inquisición, junto con las guerras y persecuciones de nuestro tiempo, entre las manchas más negras en la historia de la humanidad, la manifestación de una ferocidad desconocida hasta en las bestias. Will Durant, escritor, filósofo e historiador.

El fenómeno de la Inquisición Pontificia, que sumió al mundo en una pesadilla dantesca, nunca dejará de ser un tema vigente, de plena actualidad y sobre todo inolvidable, por más que los interesados en borrar toda huella de los luctuosos sucesos que recién están siendo de conocimiento general, se afanen en minimizar su trascendencia, hacer desaparecer las pruebas del bestialismo irracional de sus protagonistas y en sumergir en aguas profundas, sus mezquinos intereses y la falsedad de sus predicados.

No ocurrirá, porque es imposible desvirtuar los hechos históricos por mucho tiempo, ni tampoco borrar de un plumazo casi cinco siglos de ocurantismo, atraso cultural, persecución enfermiza de supuestos herejes de la fe cristiana, prohibición y destrucción de bibliotecas, apresamiento y ostracismo de científicos e intelectuales y requisamientos y quema de obras literarias, de arte, estatuas, monumentos y piezas musicales.

El proceso inquisitorial, también destruyó la herencia científica de la época clásica, al negar la causa de la ocurrencia de todos los fenómenos naturales y de las enfermedades, en especial las mentales, que se atribuyeron a la acción del demonio, siendo en consecuencia eliminados los cultores de estas disciplinas y condenados por herejes y satanismo estos enfermos.
El Santo Oficio no sólo quería controlar la religión de las personas o eliminar otras religiones. Se persiguió con igual dureza todo intento del pensamiento libre y crítico sin respetar la natural libertad de culto, asociación ni credo, ni menos los derechos inalienables de toda persona humana ni su dignidad personal

La pregunta es ¿por qué el Papado se tomó la atribución de juzgar a la gente, de inventar brujas, de sumir al mundo en el terror, de asesinar burdamente en base a supersticiones propias o colectivas a millones de seres humanos?

¿Quién le entregó el derecho de disponer a su amaño de la vida de la gente, de arrestarlos, matar a sus hijos, martirizar a su familia o quitarles la vida mediante atroces torturas?

¿De apropiarse de sus pertenencias, de sus tierras y heredades? ¿De condenarlos a galera o a esperar su juicio por años en los sótanos de viejos castillos, condición en que murieron cientos de miles de ellos?

¡Y no solo eso. Ya muertos, declararlos herejes y quemar sus huesos y restos mortales en la hoguera santa!
¿Por qué destrozar sus cuerpos, dejarlos insepultos o a merced de las alimañas? ¿De quemarlos vivos en la hoguera, de violar el recato de las mujeres denudándolas y exponer su cuerpo a la multitud, de destrozar sus partes íntimas con instrumentos desgarradores para castigar supuestas herejías?

¿Por qué rajar, mutilar, desmembrar, sumergir en el agua hasta su muerte a tantas mujeres, a las bonitas, a las parteras, a las pelirojas, a las ancianas solitarias, a las dementes?, ¿aplicarles la pena de horca, del garrote, del suplicio de descoyuntar lentamente todos sus huesos, hacerles beber plomo hirviente..

¿Qué tipo de odio fué necesario para eso. Qué talla de moral humana hubo en esas sociedades que fueron capaces de crear estos monstruos? ¿Y finalmente, que temía la Iglesia Católica, qué trataba de ocultar, qué pretendía con este baño de sangre...?

Para mejor ilustración de los lectores, he aquí un breve desarrollo de los tiempos en que históricamente se desarrollan las principales actividades criminales de la Inquisición.

Aunque el procedimiento inquisitorial como medio para combatir la herejía es una práctica antigua de la Iglesia Católica, la Inquisición Medieval fue establecida en 1184 mediante la Bula del Papa Lucio III Ad Abolendam, como un instrumento para acabar con la herejía cátara. Fue el embrión del cual nacería el Tribunal de la Santa Inquisición y del Santo Oficio. Se entregaba potestad a los Obispos para extirpar la herejía en su diócesis.

En 1231, ante el fracaso de la Inquisición Episcopal, Gregorio IX, mediante la Bula Excommunicamus, creó la "Inquisición Pontificia", dirigida directamente por el Papa y dominada por órdenes mendicantes, especialmente los Domínicos.

En 1252, el Papa Inocencio IV en la Bula Ad Extirpanda autorizó el uso de la tortura para obtener la confesión de los reos, medidas posteriormente confirmadas por Alejandro IV el 30 de noviembre de 1259 y por Clemente IV el 3 de noviembre de 1265. En ella se decretaba que la herejía era una razón de Estado y autorizaba a la Inquisición el uso de la tortura como medio legítimo para obtener la confesión de los herejes. Esta bula concedió al Estado una parte de los bienes confiscados a los herejes hallados culpables. Los que se negaban a abjurar, "herejes relapsos", eran entregados al brazo secular para la ejecución de la pena de muerte.
La Inquisición Española fue creada en 1478 por una Bula papal con la finalidad de combatir las prácticas judaizantes de los judeo conversos españoles. A diferencia de la Inquisición Medieval, dependía directamente de la corona española. Se implantó en todos los reinos de España donde antes no existía, en Sicilia y Cerdeña y en los territorios de América (hubo tribunales de la Inquisición en México, Lima y Cartagena de Indias).

La Inquisición romana, también llamada Congregación del Santo Oficio, fue creada en 1542, ante la amenaza del Protestantismo, por el Papa Pablo III. Se trataba de un organismo bastante diferente de la Inquisición Medieval, ya que era una congregación permanente de cardenales y otros prelados que no dependía del control episcopal. Su ámbito de acción se extendía a toda la Iglesia Católica. Su principal tarea fue desmantelar y atacar la integridad de la fe, y examinar y proscribir los aciertos y verdaderas doctrinas.

Inquisición portuguesa. Todos los judíos españoles expulsados por la inquisición española se refugiaron en Portugal. El Rey Manuel I presionado por sus suegros, los Reyes Católicos, decretó en 1497 la expulsión de los judíos que no se convirtieran al cristianismo. Por supuesto miles de judíos se convirtieron para evitar ser expulsados nuevamente de un país, pero en privado siguieron practicando sus creencias. En un principio, la Inquisición portuguesa estaba bajo la autoridad del Papa, solo en 1547 este aceptó que la inquisición dependiese de la corona portuguesa.

LA PERA ORAL, ANAL, VAGINAL:-
Eran forzados en la boca, recto o vagina de la víctima y allí expandidos a fuerza por el tornillo a su máxima apertura. El interior de la cavidad en cuestion era irremediablemente mutilada, y casi siempre fatalmente. Las puntas al final de los segmentos servian para cortar mejor la garganta, los intestinos y el cervix. El uso de la pera originalmente fue ideado para aquellas mujeres que habían sido encontradas culpables de la unión sexual con el diablo o sus familiares.
En 1555 el Papa Pablo IV, comenzó a perseguir a numerosos sospechosos de heterodoxia, entre los que se encontraban varios miembros de la jerarquía eclesiástica, como el cardenal inglés Reginald Pole.
En 1600, entre otros, fue juzgado, condenado y ejecutado el filósofo Giordano Bruno, sacerdote domínico, Doctor en Teología, filósofo, astrónomo y poeta. Se le adjudicaban cargos por blasfemia, herejía e inmoralidad principalmente por sus enseñanzas sobre los múltiples sistemas solares y sobre la infinitud del universo.

Fue expulsado de la iglesia y sus trabajos quemados en la plaza pública. El Papa Clemente VIII ordenó que fuera llevado ante las autoridades seculares. La sentencia lo declaraba herético impenitente, pertinaz y obstinado. Fue quemado el 17 de febrero de 1600 en Campo dei Fiori, Roma.
En 1965 el papa Pablo VI reorganizó el Santo Oficio, denominándolo Congregación para la Doctrina de la Fe que sigue funcionando sin tregua.

Este resumen, indica que el uso de esta herramienta vaticana llamada Inquisición fue y sigue siendo una política de Estado de la Iglesia Católica y no hechos ocasionales y fortuitos, como algunos teorizantes católicos aseguran.

DESGARRADOR DE SENOS:-
También llamadas "arañas de la bruja", garras con cuatro puntas unidas en forma de tenazas constituían herramientas fundamentales del verdugo. Servían tanto frías como calientes, para alzar las víctimas por las nalgas, los senos, el vientre y la cabeza, a menudo con dos puntas en los ojos o en las orejas.

El Malleus Maleficarum, es sin duda el texto aprobado por la Iglesia Católica mas trascendente del medioevo, referido a la persecución de brujas en el ámbito europeo y también en otros continentes, donde el brazo del Papado tenía potestad sobre reyes y territorios.

El Martillo de las Brujas se publicó por primera vez en 1486 por los inquisidores alemanes Henry Kramer y James Sprenger. Dos años antes de su publicación, ámbos teólogos, hombres de la exclusiva confianza de Inocencio VIII, fueron comisionados e investidos por él de poderes especiales para "investigar" los delitos de brujería que se cometían en las provincias del norte de Alemania.

De los alarmantes informes y testimonios entregados por estos clérigos, se desprende tanto la Bula Papal, como la publicación del Malleus. En efecto, en su Bula "Summis Desiderantes Affectibus", Inocencio VIII ensalzaba a "nuestros queridos hijos Henry Kramer y James Sprenger" que, "mediante Cartas Apostólicas han sido delegados como Inquisidores de esas depravaciones heréticas". Refiriéndose a lo relatado por ellos la Bula decía: "Si las abominaciones y atrocidades en cuestión se mantienen sin castigo", las almas de las multitudes se enfrentan a la condena eterna".

LA SILLA DE INTERROGATORIO:-Las víctimas eran atadas a esta silla, que tenía afiladas puntas aceradas adosadas a su estructura, que hacían sufrir dolores espantosos al interrogado, quien debía responder en esa terrible posición a las preguntas de sus verdugos.

En base a este encargo Papal y al relato de lo que sucedía en Alemania, relativas a las "conspiraciones demoníacas" de brujas y herejes, a quienes por supuesto estos piadosos inquisidores quemaron en la Hoguera Santa, el Papa les solicitó que pusieran estas experiencias por escrito. Pero quizás ni ellos mismos pudieron prever el enorme impacto que la publicación produjo en la sociedad de la época, en un período de más de doscientos años, donde se desató una verdadera histeria colectiva por la caza de brujas.

Técnicamente, el tema del libro está dividido en tres secciones, cada una de las cuales plantea exhaustivas preguntas específicas que se contestan seguidamente. La sección 1, trata de probar que la hechicería o brujería existe. Explica cómo el demonio y sus seguidores, las brujas y hechiceros, realizan su acción maligna en la humanidad. Se hace hincapié, que esta actividad del diablo y sus secuaces "obran con el permiso de Dios", quien permite estos actos, con tal que el demonio no gane poder ilimitado y destruya el mundo.

El diablo, sabedor que la naturaleza de las mujeres es más debil y su intelecto inferior, las utiliza para su servicio, dado que estas, son además más propensas a la tentación que los hombres. Los autores explican que el propio título del libro contiene la palabra maleficarum, la forma femenina del sustantivo. Se declara (incorrectamente) que la palabra fémina (mujer) es una derivación de fe+minus, sin fe (o infiel, o desleal).

Las brujas vuelan. Lo logran gracias a un unguento satánico con que se untan el cuerpo. Este unguento se obtiene a partir de sapos que las brujas tienen en cautiverio y que alimentan exclusivamente con ostias consagradas.
Luego estos sapos son quemados y sus cenizas se mezclan con los huesos pulverizados de un hombre ahorcado y la sangre de un niño recién nacido. Desde luego nadie podía cuestionar esta creencia, pues era suficiente motivo para ser investigado por herejía.

En la Parte II se describen las formas de brujería. Los autores sostenían que las brujas son el "harén de Satán" y que ellas son nada más ni nada menos que las mujeres comunes en estado natural, muchas de las cuales abrazan el credo del demonio. "Toda brujería proviene de la lujuria carnal, que en las mujeres es insaciable". Se enfatiza "que las mujeres siempre quedaban más hambrientas después de la gratificación intensa y eran posteriormente visitadas por el diablo y embrujadas."
Se asegura que "esos seres de aspecto bello, contacto fétido y mortal compañía", como las serpientes, encantaban a los hombres y los atraían. Se advertía a los incautos, citando a la Biblia: Cuidado: "La mujer es más amarga que la muerte. Es una trampa. Su corazón, una red, y cadenas sus brazos."

En esta sección se detalla como las brujas lanzan hechizos y cómo sus acciones pueden ser prevenidas o remediadas. Un fuerte énfasis se le da al Pacto con el Diablo y la existencia de brujas y brujos es presentada como un hecho. Se interrogaba con esmerada atención la cantidad y calidad de los orgasmos de las supuestas cupulaciones sostenidas con Satán. Los inquisidores recogían estas declaraciones cuidadosamente. Muchas de las informaciones del libro, sobre hechizos, pactos, sacrificios y cópula con el Diablo fueron obtenidos (supuestamente) de juicios inquisitoriales llevados a cabo personalmente por Sprenger y Kramer en su comisión en Alemania por encargo del propio Papa.

La Parte III detalla los métodos para detectar, enjuiciar y sentenciar o destruir brujas. Si el brujo o bruja no confesaba voluntariamente su culpa, la tortura era aplicada como un incentivo para hacerlo, pasándose a la práctica de métodos de interrogatorio de extrema crueldad y sadismo.
Los inquisidores eran instruidos para engañar al acusado, para confundirlo y sumirlo en un estado de caos mental. De ser necesario se les prometía misericordia si confesaban, la libertad personal y la de su familia, lo que luego era negado. Esta sección también habla de la confianza que se puede poner en los testimonios de los testigos. Sostiene que el rumor público es suficiente para llevar a la persona a juicio y que una defensa demasiado vigorosa de un inculpado es evidencia de que el defensor está embrujado.
Hay reglas acerca de cómo prevenir que las autoridades sean embrujadas y el consuelo y la seguridad avalada por el Papa mismo, que como representantes de Dios, los investigadores están protegidos de todos los poderes de las brujas.

Estas mujeres debían confesar su brujería tanto en la cámara de tortura como en un lugar alejado de ésta. La doble confesión constituía la prueba final de la culpabilidad y dado que a la brujería no se le podía vencer por ningún poder natural, las acusadas eran de todas formas ahogadas, ahorcadas o quemadas.


EL TABURETE DE SUMERSION:-
Las mujeres eran amarradas a esta peculiar silla y sumergidas bajo el agua repetidas veces, operación que podía durar horas y hasta días. Si no contestaba lo que el inquisidor quería, era vuelta a sumergir por mayor tiempo. Generalmente todas las víctimas morían durante este interrogatorio o poco después.


El sexismo del Malleus es innegable; la creencia de los autores de que las mujeres eran criaturas inferiores, más débiles y fácilmente corruptibles está enfatizada a lo largo de toda la obra.

El libro señala que algunas cosas confesadas por las brujas, tales como transformaciones en animales suelen ser meras ilusiones inducidas por el Demonio para atraparlas. (Si reconocían ésto, significaba que el diablo era más poderoso que Dios). No así otros actos, como por ejemplo volar, causar tormentas y destruir plantaciones, los cuales no cabe duda alguna que son absolutamente reales. El libro habla detalladamente sobre los actos licenciosos cometidos por las brujas, su habilidad de crear impotencia en los hombres e incluso da espacio a la pregunta sobre si los demonios podrían ser los padres de los hijos de las brujas...
Para cualquiera que lea en detalle este verdadero tratado de brujería, queda claro que el estilo narrativo es serio, extremadamente grave y completamente falto de humor, siendo incluso los hechos más dudosos, especulativos y ridículos, presentados como información real y confiable.

A pesar del horror de saber que este escrito fue el libro de cabecera de los Inquisidores, de la curia y de los jueces de los reinos y estados donde operó con mayor furia y crueldad el Santo Oficio, no se puede sino sentir pena, lástima y desprecio por el estado de profunda superstición, ignorancia e insanía, referida a todo lo relacionado con lo oculto y el demonio, que dominaba tanto al vulgo como al clero y que concitó un desenlace tan sanguinario para millones de seres inocentes, significando un auténtico infierno en la Tierra.

La familia de los condenados por el Santo Oficio a cualquiera de estas penas también sufría lo suyo. Había normas y regulaciones para ellos como descendientes o parientes. No podían vestir de color carmesí, utilizar seda, oro ni plata, viajar a las Indias, trabajar en actividades públicas o montar a caballo.
EL HOMBRE DE MIMBRE:-


Este antiguo sistema de tortura, fue otro de los aberrantes artefactos para causar la muerte por el fuego a los condenados de la Inquisición. Se usaba cuando las víctimas a quemar eran muchas. La estructura era forrada con ramas inflamables y usaban árboles como soporte. Luego procedían a prender fuego y así los acusados, 20 o más personas, morían quemados en medio de espantosos sufrimientos, ante la espectación y a veces júbilo de los presentes.

“Que los hijos y nietos de los tales condenados, no tengan ni usen oficios públicos, ni oficios ni horas, ni sean promovidos a Sacras Ordenes, ni sean Jueces, Alcaldes, Alguaciles, Regidores, Jurados, Mayordomos, Maestresala, Pesadores Públicos, Mercaderes, ni Notarios, Escribanos Públicos, ni Abogados, Procuradores, Secretarios, Contadores, Chancilleres, Tesoreros, Médicos, Cirujanos, Sangradores, Boticarios, ni Corredores, ni Arrendadores de rentas algunas ni otros semejantes oficios que público sean. No traigan sobre sí ni en sus ropas cosas de alguna Dignidad, o Milicia, tienen prohibido vestir de color carmesí, viajar a Indias, llevar oro ni plata...”

En los juicios de brujas no se admitían pruebas atenuantes o testigos de la defensa. En todo caso, era casi imposible para las brujas acusadas presentar buenas coartadas; las normas de las pruebas tenían un carácter especial. Por ejemplo, en más de un caso el marido atestiguó que su esposa estaba durmiendo en sus brazos en el preciso instante en que la acusaban de estar retozando con el diablo en un aquelarre de brujas; pero el arzobispo, pacientemente, explicaba que un demonio había ocupado el lugar de la esposa. Los maridos no debían pensar que sus poderes de percepción podían exceder los poderes de engaño de Satanás.

Como lo señala Carl Sagán en su libro El Mundo y sus Demonios "Lo que el Maellus venía a decir, prácticamente, era que si a una mujer la acusan de brujería, es que es bruja. La tortura es un medio infalible para demostrar la validez de la acusación. El acusado no tiene derechos. No tiene oportunidad de enfrentarse a los acusadores. Se presta poca atención a la posibilidad de que las acusaciones puedan hacerse con propósitos impíos: celos, por ejemplo, o venganza, o la avaricia de los inquisidores que rutinariamente confiscaban las propiedades de los acusados para su propio uso y disfrute. Su manual técnico para torturadores también incluye métodos de castigo diseñados para liberar los demonios del cuerpo de la víctima antes de que el proceso la mate.


EL TORO DE FALAIS:-
En esta tortura, los ajusticiados se introducían en el interior de una efigie de bronce hueca con forma de toro. La efigie se colocaba encima de una hoguera, con lo que la temperatura del interior aumentaba como en un horno. Tanto el hump, como los alaridos y los gritos de las víctimas salían por la nariz y boca del toro, haciendo parecer que la figura bufaba y mugía.

Rápidamente se convirtió en un provechoso fraude. Todos los costes de la investigación, juicio y ejecución recaían sobre los acusados o sus familias; hasta las dietas de los detectives privados contratados para espiar a la bruja potencial, el vino para los centinelas, los banquetes para los jueces, los gastos de viaje de un mensajero enviado a buscar a un torturador más experimentado a otra ciudad, y los haces de leña, el alquitrán y la cuerda del verdugo. Además, cada miembro del tribunal tenía una gratificación por bruja quemada.

El resto de las propiedades de la bruja condenada, si las había, se dividian entre la Iglesia y el Estado. A medida que se institucionalizaban estos asesinatos y robos masivos y se sancionaban legal y moralmente, iba surgiendo una inmensa burocracia para servirla y la atención se fue ampliando desde las brujas y viejas pobres hasta la clase media y acaudalada de ambos sexos.
Cuantas más confesiones de brujería se conseguían bajo tortura, más difícil era sostener que todo el asunto era pura fantasía. Como a cada "bruja" se la obligaba a implicitar a algunas más, los números crecían exponencialmente. Constituían "pruebas temibles de que el diablo sigue vivo", como se dijo más tarde en América en los juicios de brujas de Salem.

En una era de credulidad, se aceptaba tranquilamente el testimonio más fantástico: que decenas de miles de brujas se habían reunido para celebrar un aquelarre en las plazas públicas de Francia, y que el cielo se había oscurecido cuando doce mil de ellas se echaron a volar hacia Terranova".

lunes, 22 de marzo de 2010

EL MARTILLO DE LAS BRUJAS

El Martillo de las Brujas, más conocido por Malleus Maleficarum, es una publicación realizada por dos monjes domínicos, los teólogos Heinrich Krämer, pseudónimo de Enrique Institoris y Jacob Sprenger, libro cuya fama ha cruzado varias generaciones en los últimos siglos, no por su profundidad literaria, virtudes u otros valores destacables como se pudiera esperar, sino justamente, por constituir el escrito más infame, cruel, inhumano y despreciable realizado nunca en toda la historia humana.

Tal publicación, avalada por sucesivos Papas de la iglesia Católica, Romana y Apostólica y también por los dignatarios de la Iglesia Protestante de la época, sirvió como Manual de Instrucción de los verdugos e Inquisidores y dio pábulo a la mayor caza de brujas de la historia por parte de la siniestra institución del Santo Oficio, autores materiales e intelectuales de los peores crímenes, las torturas más escalofriantes y los métodos más diabólicos de interrogatorio nunca antes vistos.

Capítulo aparte merece la inhumana práctica de quemar vivos en la “hoguera purificadora” y otros sistemas que detallaremos, a cientos de miles de seres humanos inocentes o quizás varios millones de ellos. La estimación de los estudiosos del tema, referida solo a las mujeres muertas en estos eventos después de la publicación del Martillo de las Brujas, oscila entre 9 millones y ciento cuarenta mil mujeres sacrificadas por la Santa Inquisición durante los quinientos años de este triste y sanguinario período.



¿Por qué mujeres?; pués porque la Inquisición Vaticana fue expresamente pensada en la eliminación femenina, que en el concepto medieval, era para la curia, libertina y endemoniada, "La hembra, es más amarga que la muerte", decían...

“Tienen el hábito de comer y devorar a los niños de su misma especie”, “causan el granizo y tempestades y rayos, y esterilidad en los hombres”, “echan al agua a los niños que caminan junto a las orillas”, “encabritan a los caballos”, “se transportan por el aire”, “despiertan horror en las mentes”, “practican la lujuria carnal con los demonios”… cada uno de los capítulos es un descarnado proceso descriptivo de lo que son capaces de hacer y de las más diversas formas de torturar para finalmente arrancar a las brujas la verdad.

De acuerdo a los autores del libro, las maldades cometidas por las brujas estan divididas en siete metodos mediante los cuales "infectan con brujería el acto venéreo y la concepción en el vientre obstruyendo la procreación": "Por inclinar a las mentes de los hombres a pasiones irregulares; mediante la extirpación de los miembros acomodados para esos actos; transformando a hombres en bestias mediante sus artes mágicas; mediante la destrucción de la fuerza generativa en las mujeres; mediante la ofrenda de niños al demonio."...

Hoy en día, cualquier turista puede visitar en los museos europeos y latinoamericanos y en castillos feudales abiertos al turismo, exposiciones públicas con los instrumentos de tortura usados por los inquisidores para interrogar y extraer una declaración de culpabilidad de sus víctimas.
La SIERRA:
A la víctima se la colgaba boca abajo de los tobillos, con las piernas separadas y se procedía a cortar lentamente con una sierra normalmente no muy afilada.
El corte comenzaba en la parte genital y no terminaba hasta no dividir el cuerpo en dos mitades.
Debido a la posición invertida del reo, se evitaba la pérdida general de sangre por el corte y se aseguraba suficiente oxigenenación del cerebro, con lo que la víctima no pierde el conocimiento hasta que la sierra alcanza el ombligo o el pecho.
Era una tortura muy utilizada por la inquisición sobre todo para ajusticiar a homosexuales (de hecho en la ilustración son tres homosexuales los representados).
Luego sus restos eran quemados en la hoguera purificadora.

Ya antes, la historia registraba otras barbaries de la Iglesia Católica avalada directamente por su Sumo Pontífice y el brazo ejecutor de esa rama de la iglesia encargada del “trabajo sucio”, conocida como Santa Inquisición.
Solo basta recordar la Bula del Papa Nicolás II en 1280, donde en un lenguaje procaz y amenazador y para nada piadoso o cristiano, se fijan las pautas de acción que terminaron en innumerables matanzas y crímenes contra poblaciones enteras de cataros y gentes que cometieron el grave delito de pensar diferente al catolicismo y denunciar públicamente los excesos de la curia, su lujo y ostentación así como las depravaciones y la vida disipada de sus dignatarios.

Esta dice: "Por este medio excomulgamos y anatematizamos a todos los herejes, Cataros, Patarios, Hombres Pobres de Lyon... y a todos los otros, cualquiera sea el nombre que tengan. Una vez condenados por la iglesia, ... Si alguno, después de ser apresado, se arrepiente y desea hacer penitencia, será encarcelado de por vida... Todos los que reciban, defiendan o ayuden a los herejes, serán excomulgados...," y si permanecen excomulgados por un año, serán finalmente "proscriptos" o "condenados como herejes. No tendrán derecho de apelación... Cualquiera que les de un entierro cristiano será excomulgado hasta que haga satisfacción propia. No será absuelto hasta que haya desenterrado sus cuerpos con sus propias manos y los haya arrojado de nuevo...
"Prohibimos a todos los laicos discutir asuntos de fe católica; si alguien lo hace será excomulgado. Cualquiera que conozca herejes, o a aquellos que sostienen reuniones secretas, o a los que no se conforman en todo respecto a la fe ortodoxa, harán conocer esto a su confesor, o a algún otro que traerá la información al obispo o al representante de la inquisición. Si no lo hace, será excomulgado. Los herejes y los que los reciben, apoyan, o ayudan, y todos sus niños hasta la segunda generación, no serán admitidos para un oficio eclesiástico... Los privamos ahora de todos los beneficios mencionados para siempre. "


Es fácil observar la prepotencia del lenguaje, la soberbia vaticana y la autoridad que ostentaba el Papado sobre Reyes y Estados, donde estas Bulas eran prácticamente Decretos Oficiales de cumplimiento obligado, que debían realizarse a rajatabla, sin importar fronteras ni leyes propias de esos estados, so pena a ser excomulgados por la Iglesia Católica, gravísima sanción que dejaba al trasgresor automáticamente en la condición de hereje, es decir al margen de la iglesia y en condición de ser juzgado y condenado a la hoguera sin mas trámite.... En aquel entonces, la herejía era la negación de un auto de fe, que además se reafirmaba en la persistencia a seguir cometiendo tal “error”. Dentro del orden social que perseguía una Iglesia Católica absolutista y vengativa, los herejes eran considerados como vulgares traidores a la convivencia cristiana y enemigos sociales peligrosos que era necesario eliminar..

Ya la excomunión en si, era un elemento de presión y de chantaje muy usado por la jerarquía eclesiástica en esos tiempos de exacerbada religiosidad. Significaba que el castigado no sería salvo y que su destino era morar para siempre en el infierno, terrible destino que nadie quería experimentar.

Obsérvese, que desde tempranos tiempos, la iglesia, por intermedio del Santo Oficio no condenaba a nadie a muerte. Por una sutileza del derecho inquisitorial, entregaba a los condenados a la justicia civil, "los relajaba al brazo secular”, es decir, la iglesia arrestaba, interrogaba y dictaba sentencia y el Tribunal ajusticiaba, una figura muy conveniente, que ha sido usada en el presente por la Iglesia y por aquellos historiadores y sociólogos católicos empeñados en minimizar las responsabilidades históricas del Vaticano, sea porque estaban convencidos de ello, o porque luego de su declaración les esperaba un decanato, una rectoría o un empleo en alguna universidad de las miles de propiedad del Vaticano en todo el mundo.
EL EMPALAMIENTO.

Esta tortura consistía en colocar a la víctima sentada en un palo aguzado anclado firmemente en tierra, en una plaza o lugar público. Se ensartaba este soporte, usualmente por el ano y se dejaba que lentamente por su propio peso, la punta fuera rompiendo tejidos y subiendo hasta que la víctima moría. Usualmente ello ocurría en dos o tres días de horribles dolores.

Los acusados que confesaban voluntariamente, y sus faltas eran menores, eran sentenciados inmediatamente con penas religiosas que consistían en oraciones diarias, peregrinaciones, ayunos y multas.
En el caso de existir "pruebas" suficientes contra el reo y éste no confesaba la verdad, se aplicaba el tormento.
Si el acusado confesaba, era condenado según el caso, a varios años de prisión o de galeras, la pena era confiscación de todos sus bienes, que pasaban a la iglesia. Prohibición de ejercer ciertos oficios para él y sus herederos, y a llevar vestimentas especiales que denotaran su condición de arrepentido.
En caso de persistir en su error, (léase no confesar y afirmarse en ser inocente), era relajado al brazo secular para que se le aplicara la pena de muerte en la forma, estilo e instrumentos que determinaban los inquisidores.
Entonces venía el show de la Iglesia. Se organizaba en un lugar público con invitación de autoridades, una misa solemne. Se exhibía a los reos desnudos, con carteles distintivos de sus "delitos" en su cuerpo y se anunciaba a viva voz sus herejías, instando a los presentes a compadecerse del hermano en desgracia y pedir a Dios la salvación de su alma. Es decir, se pedía clemencia para el reo y por otro lado se impulsaba su salvaje ejecución a manos del verdugo.
Este es otro argumento de estos impúdicos defensores de la iglesia y de la Inquisición, cuando dicen que contrariamente a la leyenda negra que "se le ha inventado a la iglesia", los inquisidores siempre pedían clemencia al rey y a la autoridad civil para estos reos.

LA CUNA DE JUDAS.


Dentro de los métodos de tortura más eficaces para sacar una confesión, se encontraba la Cuna de Judas. Este método, consistía en atar a la víctima de las muñecas y elevarla, para luego dejarla caer sobre una pirámide muy puntiaguda para que con su propio peso se le clavara en el ano, escroto o vagina. Ni que decir tiene, que la confesión se conseguía en las primeras veces, ya que esta operación se repetía sucesivamente hasta que el condenado hablara o muriera, caso este último, que confirmaba su culpabilidad.

Hoy les dicen a los ingenuos que no se han preocupado de investigar, que la Iglesia nunca mató a nadie y que si ello ocurrió, fue obra de los Tribunales de cada país. También, que tanto los juicios como la cantidad de víctimas fueron mínimas según las estadísticas. Lo que no dicen es que las estadisticas las fabricaron ellos y que han tenido varios siglos para "acomodar" su version de estos luctuosos hechos.

En la Edad Media, como en la Antigüedad Clásica, casi todo el mundo creía en brujos y demonios. A pesar de las olas sucesivas de puntos de vista racionalistas, persa, judío, cristiano, musulmán y del posterior fermento revolucionario social, político y filosófico, la existencia, gran parte del carácter e incluso el nombre de los demonios, se mantuvo inalterable desde Hesíodo hasta las Cruzadas.
No es de extrañar entonces que de antiguo, un sector de la iglesia tenía la obsesión de erradicar los cultos “paganos de los brujos y hechiceras”, enemigos naturales de Dios y los creyentes católicos, quienes además, como aún suele suceder hasta nuestros días, eran sumamente supersticiosos y creían a pies juntillas, tanto en los encantamientos como en los milagros.
Y por supuesto había habido muchos intentos de sacerdotes fundamentalistas que buscaban la forma de eliminar esta “competencia desleal” de los llamados brujos populares, compuestos por comadronas, yerbateros, adivinadores, echadores de suerte, parteras, gitanos……

LA DONCELLA DE HIERRO
La Doncella de Hierro era una especie de sarcófago provista de estacas metálicas muy afiladas en su interior. De este modo, a medida que se iba cerrando se clavaban en la carne del cuerpo de la víctima que se encontraba dentro, provocándole una muerte lenta y agónica. Las más sofisticadas disponían de estacas móviles, siendo regulables en altura y número, para acomodar la tortura a las medidas del "delito" del torturado. Además, en los museos se han encontrado desde el modelo más básico, que es un sarcófago de hierro puro y tosco; hasta las más refinadas obras de arte, ricamente decoradas con relieves.

El monje carmelita francés Jean Bodin, había escrito con relativo exitoso su “Démonomanie des Sorciers”, (Demonomanía de los Brujos), quién llegó a recomendar que para infundir a las brujas el temor de Dios se utilizaran cauterios y hierros al rojo vivo con el fin de “arrancarles la carne
putrefacta”.
Ideas parecidas era expuestas en textos anteriores tales como el Formicarius en 1435 y el Praeceptorium, de Johannes Nider, prior domínico. El más conocido de los “martillos” reformistas fue escrito por Benedict Carpzov, principal perseguidor de la brujería en Sajonia, que tenía por título Practica Rerum Criminalum.
Años después de su muerte, su contemporáneo Philipp Andrea Oldenburger, renombrado abogado del siglo 17, crítico de la Inquisición, dijo que Carpzov firmó más de 20.000 sentencias de muerte de herejes y brujas. Uno de sus escritos causó la ira de la autoridad eclesiástica y llevado bajo arresto fue condenado a comerse íntegramente el texto. Además, en el intertanto era azotado y flagelado, con órdenes de no detener el castigo hasta que se comiese la última migaja de papel.

Pero fue a raíz de que el Papa Inocencio VIII publicase en Estrasburgo su Bula "Summis Desiderantes Affectibus", conocida también como “Bula Bruja” y mayormente como “Canto de Guerra del Infierno”, el 9 de diciembre de 1484, dirigida según el Pontífice, a subsanar los errores que el Tribunal del Santo Oficio había cometido en torno a los procesos de brujería, cuando se dieron las condiciones para iniciar el horror del medioevo..
Para tal efecto el Papa, a porfía de la opinión contraria de varios de sus consejeros, decidió derogar el Canon Episcopi del año 906, donde la Iglesia sostuvo por siglos que creer en brujas era una herejía.

EL POTRO.
Instrumento de tortura en el que la víctima, atada de pies y manos con unas cuerdas o cintas de cuero, a los dos extremos de este aparato, era estirada lentamente produciéndole la luxación de todas las articulaciones, muñecas, tobillos, codos, rodillas, hombros y caderas. Este método, se tiene constancia que se aplicó durante todo el período que duró la Inquisición en los países de Francia y Alemania, si bien ya se conocía desde mucho antes y por supuesto se utilizaba frecuentemente en las lúgubres mazmorras de castillos, prisiones y palacios de justicia.

En esta Bula el pontífice decía: "Ha llegado a nuestros oídos, que miembros de ambos sexos no evitan la relación con ángeles malos, íncubos y súcubos, y que, mediante sus brujerías, conjuros y hechizos sofocan, extinguen y echan a perder los alumbramientos de las mujeres. Además de generar otras muchas calamidades”...

En dicho documento, Inocencio VIII se refería a un amplio catálogo de prácticas “brujeriles” que debían ser erradicadas y otorgaba un permiso especial a los “queridos hijos” Heinrich Krämer y Jacob Sprenger para proceder con absoluta libertad y contundencia a multar, detener, torturar y castigar, incluso con la pena máxima, a aquellas personas –generalmente mujeres– cuyas prácticas fueran sospechosas de demoníacas.

En este contexto apareció el Malleus Maleficarum, “el libro más funesto de la historia literaria”, conocido popularmente como “Martillo de los Brujos” o “Hexenhammer”, en inglés.
La bula Summis Desiderantes fue el “vamos” que necesitaban los ejecutores de la Inquisición para dar forma a estas recomendaciones y técnicas propias de mentes enfermas, incoherentes, retóricas y pedantes que fueron tenidas en cuenta durante siglos como códigos para torturar y asesinar a personas inocentes, mayormente creyentes pero también supersticiosos, pero no más que sus verdugos.


Con la autorización de la máxima instancia político-religiosa de su tiempo, los inquisidores tenían vía libre para provocar una de las mayores masacres de la historia humana.

Publicado en 1486 y teniendo como prólogo la mencionada Bula Papal, el éxito del Malleus Maleficarum fue instantáneo, erigiéndose como fuente de inspiración de todos los tratados posteriores sobre el tema, tanto del sector religioso, como de la banda de aduladores, intelectuales católicos y conservadores, filósofos e historiadores, insensatos de gran ignorancia, que aceptaban este tenebroso ajuste de cuentas del vaticano con sus enemigos seculares.

Llegó a ser tan popular, que vendió más copias que ningún libro en la historia aparte de la Biblia, hasta 1678 en que se publicó El progreso del Peregrino de John Bunyan.
Incluso humanistas como Desiderio, Erasmo, y Tomás Moro, creían en brujas. «Abandonar la brujería -decía John Wesley, el fundador del metodismo-- es como abandonar la Biblia
William Blackstone, el célebre jurista, en sus Comentarios sobre las Leyes de Inglaterra (1765), afirmó: "Negar la existencia real de la brujería y la Hechicería, equivale a contradecir llanamente el mundo revelado por Dios, en varios pasajes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento”.


LA RUEDA.



En una rueda común de carretela, montada para girar horizontalmente, se amarraba a las víctimas y el verdugo procedía a golpear sus brazos y piernas rompiendo meticulosamente todas las articulaciones, ante la espectación pública que aplaudía cada dislocamiento, o pérdida de un miembro del torturado. Antes de la ceremonia, un sacerdote bendecía la barra de fierro o el mazo que utilizaba el verdugo.

En doscientos años hubo 29 ediciones del libro que se agotaban rápidamente, convirtiéndose el Malleus en el libro de cabecera de jueces y gobernantes, de autoridades civiles y religiosas, así como de todos aquellos que entre los siglos XV y XVIII, vivían obsesionados con el demonio, las brujas, los nigromantes y los espíritus del mal que moraban entre ellos , a quienes los curas y los monjes, convertidos en oráculos y poseedores de la verdad divina, exigían desde todos los púlpitos e iglesias de Europa y sus colonias, que estos herejes fueran denunciados por el aterrado pueblo, separados de sus familias para ser purgados de sus pecados y herejías, so pena de ser excomulgados si no atendían esta necesidad divina.

Krämer y Sprenger explicaban que la intención del libro era poner en práctica la orden que emanaba directamente de las Sagradas Escrituras de perseguir la magia, en concreto los versículos 22,17 del Exodo que sentenciaba: “A la hechicera no dejarás con vida”.

EL ATAUD AEREO O LA JAULA DE LA MUERTE.
Las víctimas, desnudas o casi desnudas, eran encerradas dentro y colgadas. Sucumbían de hambre y sed, por el mal tiempo y el frío en invierno, por el calor y las quemaduras solares en verano; a menudo habían sido torturadas y mutiladas para mayor escarmiento. Las aves de rapiña hacían festines con estas víctimas, por lo que se dejaban colgando por meses. Los cadáveres en putrefacción generalmente se dejaban in situ hasta el desprendimiento de los huesos.
Alguno de sus párrafos: “Las brujas conjuran y suscitan el granizo, las tormentas y las tempestades, ofrecen a Satanás el sacrificio de los niños que ellas mismas no devoran, y, cuando no, les quitan la vida de cualquier manera. Claro está que en esos casos se trata casi siempre de niños aún no bautizados. Pueden también trasladarse por los aires de un lugar a otro; son capaces de embrujar a los jueces y presidentes de los tribunales, como lo son de conseguir mediante hechizos un inviolable silencio propio y de otros acusados en la cámara del tormento; saben infundir en el corazón de quienes se disponen a descubrirlas una angustia paralizante, y tienen, por último, poder para penetrar las cosas secretas y aún para predecir muchas cosas futuras con la ayuda del diablo”.
“Los ojos de estas mujeres tienen la virtud de ver lo ausente; entre sus artes está la de inspirar amor desatinado, según su conveniencia; cuando ellas quieren, pueden al saludarlas dirigir contra una persona descargas eléctricas y hacer que las chispas le quiten la vida, así como también pueden matar animales por otros varios procedimientos. Saben concitar los poderes infernales para provocar la impotencia en los matrimonios y llegan a herir o matar con una simple mirada. En una palabra: pueden estas brujas originar un cúmulo de daños y perdición. Todas tienen en común, así las de superior categoría, como las inferiores y corrientes, la facultad de llegar en su trato carnal con el diablo a las más abyectas y disolutas bacanales”

Algunas de las recetas del libro para conseguir la confesión de las brujas: “Escríbanse las siete palabras que Cristo pronunció en la cruz en unas cuantas tarjetas, cosiéndolas unas a otras, para que juntas den la medida de la estatura de Cristo. Una vez hecho esta, como cosa fácil que es, enróllense estas cadenas de tarjetas al cuerpo desnudo de las brujas. La experiencia ha demostrado que esos seres nefastos se sienten entonces extrañamente inquietos y abrumados, y propicios, por tanto, a la confesión. Pero si con todo esto, se obstinasen en guardar silencio o en negar su culpabilidad, puede recurrirse a la intimidación de un largo y duro encarcelamiento, hasta quebrantar su contumacia. Y todavía queda el recurso extremo” (…)


Estas peligrosas chifladuras del Martillo de las Brujas, deja meridianamente clara la condición misógina de los autores, la enfermiza visión del cristianismo sobre la sexualidad humana, el fanatismo supersticioso imperante y lo brutal que iba a resultar la persecución a las mujeres.
Las "marcas del diablo" se encontraban "generalmente en los pechos o partes íntimas", según el libro de 1700 de Ludovico Sinistrani. Como resultado, los inquisidores, exclusivamente varones, afeitaban el vello púbico de las acusadas y les inspeccionaban cuidadosamente los genitales.


Además, se aseguraba en este Maleficarum, que los Inquisidores actuaban desinteresadamente y solo buscando la verdad para salvar un alma endemoniada para el cielo. No podían equivocarse. Las confesiones de brujería que se conseguían, no podían basarse en alucinaciones o en intentos desesperados de satisfacer a los inquisidores para detener la tortura.


En este caso, explicaba el juez de brujas Pierre de Lancre (en su libro de 1612, en su Descripción de la Inconstancia de los Angeles Malos), la Iglesia Católica estaría cometiendo un gran crimen por quemar brujas. En consecuencia, los que plantean estas posibilidades y sospechan procedimientos incorrectos atacan a la Iglesia y cometen ipso facto un pecado mortal. Por lo tanto, se castigaba a los críticos de las quemas de brujas y en algunos casos, también ellos morían en la hoguera. Los inquisidores y torturadores realizaban el trabajo de Dios. Estaban salvando almas, aniquilando a los demonios.


EL PENDULO.



Una tortura fundamental, que a veces constituía únicamente una preparación de la víctima para posteriores tormentos, era la dislocación de los hombros mediante la rotación violenta de los brazos hacia atrás y arriba. El suplicio del péndulo es (como tantas otras torturas) barato y eficiente. No necesita equipos complicados. Las muñecas de la víctima se ataban por detrás de la espalda, y en esa ligadura se añade una cuerda y se iza. Inmediatamente, los húmeros se desarticulan junto con la escápula y la clavícula. Tal dislocación producía horribles deformaciones, a menudo permanentes. La agonía se podía estimular mediante pesas agregadas progresivamente a los pies, hasta que al fin el esqueleto se desmembraba. Al final, la víctima, paralizada, moría bajo dolores espantosos, mientras repondían preguntas de los Inquisidores.


El término Caza de Brujas es muy usado en la actualidad. Significa buscar algo que no existe.
Una sospecha infundada de alguien que tiene la porfía de afirmar que el hecho es verdadero, a pesar que todo su entorno comprueba que ello es falso.


Quizás este vocablo, junto a la versatilidad de los monjes domínicos y franciscanos, para inventar sofisticados instrumentos de tortura y de muerte, sean los únicos legados que persisten de la actividad de la Iglesia Católica, Romana y Apostólica durante el oscurantismo medieval, en que recrearon su infierno en la tierra.

En la última ejecución judicial de brujas en el siglo XVI en Inglaterra, se colgó a una mujer y a su hija de nueve años. Su crimen, debidamente calificado y sancionado por un Inquisidor, fue provocar una tormenta por haberse quitado las medias.