domingo, 23 de septiembre de 2007

¿Quién es el El Roto Chileno?


Podrías ser tú o yo mismo……… En verdad más que personificar a un sujeto determinado el roto chileno viene a ser la suma de lo que se ha dado en llamar el alma nacional, es decir ese conjunto de capacidades, de modismos, actitudes y comportamientos que son propios del pueblo chileno. Y cuando señalamos pueblo chileno nos estamos refiriendo a lo que antiguamente se denominaba el bajo pueblo que era un extracto social ostensiblemente mayoritario en aquella época. Al patipelado, al gañán, al patiperro, al pata rajá, en suma al personaje popular que ha sido tantas veces graficado en revistas, telenovelas, obras de teatro y radiofonía tales como el inolvidable Verdejo con la eterna picardía de su sonrisa sin dientes, el archifamoso Condorito internacional de Pepo y sus entrañables amigos Pepe Cortisona, garganta de lata, huevoduro, comegatos y su compadre don Chuma.

Y que decir de los recordados programas radiales Residencial La Pichanga, Hogar Dulce Hogar y la misma Pérgola de las Flores, todas ellas en el baúl del olvido pero vivas en la memoria de muchos coterráneos de hace una o dos generaciones.

En las incursiones que los estudiosos han hecho en búsqueda de nuestra identidad nacional o lo que algunos denominan el rostro de nuestra chilenidad, se ha concluído que en el quehacer de la formación de la sociedad chilena, más o menos al final del período colonial y principios del siglo XIX, primero estaba el huaso y su compañera la maiga -más conocida después como china-, como la pareja típica de Chile. En ellos encontramos las primeras cualidades distintivas de la raza como son el orgullo, la picardía y el afán libertario.

El huaso era el único prototipo de aquel entonces sea como gañán rural o inquilino de los campos. Gran trabajador y ya incursionando en diferentes faenas de los incipientes asentamientos urbanos lo encontramos enraizado al terruño, creyente, muy conservador, enemigo de las reformas y aferrado al patrón con quien compartía el mismo vestuario y competía de igual a igual en las maestrías de la trilla, la siembra y la cosecha, el rodeo y marcación de las reses.
Al mismo tiempo que proliferaban las faenas y centros de trabajo y nacían nuevos oficios en los pueblos y ciudades del país, la figura del roto empezó a perfilarse con mayor nitidéz como antítesis del huaso, sumándosele además de las virtudes y defectos señalados otros aspectos costumbristas
provenientes del trabajador minero, del marino, del arriero cordillerano, del pescador y del habitante de las pampas y desiertos, que le aportaron una nueva faceta aventurera, osada, anárquica y guerrera.

Pero fué sin duda por el ámbito bélico suscitado en el país con ocasión del conflicto entre Chile y la Confederación Perú-Boliviana, donde el pueblo-pueblo se volcó a enrolarse para defender la patria, donde aparecieron aquellas otras cualidades distintivas que hasta hoy adornar la figura del roto chileno, como son su arrojo, valentía y aguante en las peores condiciones climáticas y su desprecio a la propia vida para enfrentar con escasas armas al enemigo, vencerlo y perseguirlo a través de su propio territorio.

Así ocurre en la batalla de Yungay acaecida el 20 de Enero de l839, fecha a partir de la cual el roto chileno obtiene su fé bautismal como arquetipo del hombre modesto pero decidido, que en la instancia del deber sagrado de defender la patria, sin preparación militar, vistiendo muchos sus ropas de trabajo, se alza como símbolo viviente de nuestro pueblo, de la idiosincracia y de los valores constitutivos de nuestra nacionalidad, trasunto del mestizaje biológico y cultural entre la soldadesca española y las mapuches que poblaban el territorio de aquel entonces. De esta gesta, aún se recuerdan los nombres de la sargento Candelaria Pérez y del oficial araucano Juan Lorenzo Colipí, quienes junto a su Comandante el General Manuel Bulnes escribieron una de las páginas más brillantes de la historia patria.

Alberto Cabero, escritor de nota, abogado y parlamentario radical, Senador y Ministro de Estado, escribía por los años 20 en su libro Chile y los Chilenos que el Roto era la base étnica de la nación chilena y que por lo consiguiente su carácter encerraba una mezcla de virtudes y defectos, que el definía de la siguiente manera:

“patriota y egoísta – hospitalario y duro, hostil – fraternal y pendenciero, agresivo - religioso y fatalista, supersticioso que cree en ánimas – prudente y aventurero, despilfarrador, - sufrido, porfiado e inconstante…resignado con su suerte, violento con los hombres – triste, pesimista, callado, socarrón, rapiñador, marrullero y ebrio.”
Por todo ésto la fecha 20 de Enero, que rememora la gesta de Yungay, quedó institucionalizada como reconocimiento nacional para aquel pueblo convertido en ejército, en homenaje a esos rotos transformados en soldados que revistiendo sus cuerpos con valor a falta de un uniforme y armados de heroicidad a falta de armas, representan al hombre anónimo dispuesto a ofrendar su vida por la patria.

Bien rezaba el homenaje del compositor José Zapiola, cuando compuso su Himno a la Victoria de Yungay, que después de la Canción Nacional ha sido el más tocado:

“Cantemos la gloria
del triunfo marcial
que el pueblo chileno
obtuvo en Yungay”

Chile, en memoria de este hito guerrero, construyó la Plaza de Yungay en la capital del país y más tarde se eriguió allí, el que primero se llamó Monumento a la Victoria y que hoy se ha legitimizado como Monumento al Roto Chileno, que viene a ser el Juan Pueblo que nos representa a todos.

No obstante a 168 años de la batalla de Yungay, Chile como país ha vuelto a reinventarse varias veces y siempre con características nuevas y todavía los sociólogos y los historiadores siguen escarbando en la fenomenología social para determinar quién y cómo se representa el roto chileno actual.

Desde que Alonso de Ercilla escribiera la epopeya La Araucana, han quedado abiertas numerosas puertas y cauces que han dado origen a diversas facetas de la siempre cambiante identidad nacional que no ha cesado de amoldarse y metamorfosearse en la búsqueda de su identidad.

Todos los cambios de la modernidad, el internet, la expansión del tráfico aéreo, la comunicación celular y digital, las autopistas internacionales, han transformado la fisonomía de Chile y por ende de sus habitantes. Ahora el país ya no tiene como antaño ese carácter insular que nos encerraba en el cono sur del hemisferio. El advenimiento de nuevas tecnologías y el gigantesco paso de las ciencias entrometiéndose en la vida cotidiana ha creado interconexiones entre las gentes de todos los países que antes nunca existieron, atravesando tangencialmente la cultura chilena, trayendo nuevas modalidades y costumbres que hacen que el chileno de hoy necesariamente sea un hombre nuevo, más universal y abierto a las tendencias en boga, con un afán y predisposición muy distintas al pasado. Desde luego todo ha cambiado y tanto el huaso como el roto chileno hoy tienen probablemente distinta connotación.

Ya te digo, el roto chileno de ayer y de hoy, podrías ser tú o yo mismo.


“Monumento al Roto Chileno realizado por el escultor Virginio Arias, que se encuentra en la Plaza de Yungay en Santiago de Chile y erigido el 7 de Octubre de 1888, durante el gobierno de José Manuel Balmaceda Fernández”

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muchas gracias por descibir tan bien al "Roto chileno". Estoy en Perú, lejos de la Patria mi Chile fuerte querido. También soy un descamizado campesino que llegó desde el campo a Santiago para enrrolarse en las filas al servicio de la Patria. Acá en Perú se nos odia y se nos respeta porque el peso de la historia es uno solo. Viva Chile Mierrrr....