martes 20 de julio de 2010

Suicidio; la última frontera, Parte 2.-

Sin duda, uno de los suicidios más controvertidos y envueltos en un espeso velo de misterio de toda la historia, es el del dictador alemán Adolf Hitler y de su esposa Eva Braun, que según la versión oficial se habrían suicidado en abril de 1945 en el búnker asediado por las tropas rusas que entraban en Berlín. Hitler mediante un disparo en su paladar con su pistola automática Walther y la Braun triturando entre sus dientes una ampolla de cianuro.

Luego, siguiendo precisas instrucciones del Führer, sus cuerpos debían ser incinerados completamente por sus ayudantes que estuvieron a su lado hasta el final. A las 10.30 de la noche, el general Rattenhuber y unos soldados de la Guardia Selecta sepultaron en los jardines de la Cancillería lo que aún restaba de los cadáveres, a los que habían prendido fuego varias veces después de empaparlos en gasolina. La artillería rusa estuvo bombardeando ese sector de la ciudad toda la noche por lo que los restos óseos de los cadáveres quedaron dispersados.

Cuesta escribir sobre Eva Anna Paula Braun, mejor conocida como Eva Braun, por su bajo perfil, su anónima entrega al Führer a la temprana edad de 18 años, cuando ya Hitler contaba 41 años de edad y por su pasivo papel de amante sempiterna, leal, discreta y sobre todo muy solitaria, siempre encerrada en los apartamentos del líder en Berlín, Múnich o en el Berghof, la casa privada de Hitler y uno de los 14 cuarteles secretos distribuidos por toda Europa, donde éste sostenía reuniones privadas con los mandos de sus tropas, gobernantes o destacados políticos.
La más conocida de estas sedes oficiales utilizadas por el líder nazi fue el Führerbunker de Berlín, donde se suicidó.
Otros notables cuarteles fueron Wolfsschanze (La Guarida del Lobo) en Prusia Oriental, el lugar donde fracasó la conspiración liderada por Claus von Stauffenberg para asesinarlo el 20 de julio de 1944.

Este era el nombre clave de uno de los mayores cuarteles secretos durante la Segunda Guerra Mundial ya que poseía unos 80 edificios camuflados, 50 de los cuales eran búnkeres, todos rodeados de campos minados e inmerso en un tupido bosque, con una central eléctrica propia y se aprovisionaba con suministros de una base aérea cercana.

Otra instalación importante fue el Kehlsteinhaus (Nido del Aguila), que estaba asociado con el Berghof y que tenía una entrada secreta en la montaña con una entrada disimulada para el elevador que conducía a sus instalaciones.

Cuesta además imaginarse a Eva Braun suicidándose a las pocas horas de haber conseguido su sueño más codiciado, casarse con el jerarca nazi, convertirse oficialmente en su única esposa y no estar siempre alejada, separada de toda participación del mundo que se movía junto a Hitler y generalmente tratada muy mal en público por éste, que evitaba mostrarse en actitudes íntimas con ella ante sus ministros y soldados. Ello, porque este sueño de toda mujer, precisa continuidad, crear el hogar y la familia, infundir ánimo en el compañero para luchar juntos.

Se dice que durante el sitio de Berlín, Hitler intentó convencerla para que escapase de Alemania, pero ella, obstinada, se negó y prefirió quedarse a su lado. Mientras afuera, a pocos cientos de metros las fuerzas rusas demolían todo a su paso, ellos se casaron privadamente ese 29 de abril, un día antes de morir. La recién desposada debió sufrir mucho en esas horas, pues agregado a la tragedia de la derrota, el Führer mandó fusilar a Hermann Fegelin, el cuñado de Eva, por intento de evasión y complicidad con Himmler.
A las tres y media de la tarde ambos entraron al despacho y Eva recibió de manos de su esposo una dosis de cianuro y una pistola. Hitler mascó el contenedor del veneno y se suicidó disparándose en la cabeza. Eva no logró hacerlo porque falleció con el cianuro.

La aceptación de la muerte del Führer, jamás demostrada con pruebas, se basó fundamentalmente en la investigación llevada a cabo por el historiador y agente de la inteligencia británica Hugh Trevor-Roper por encargo del propio Churchill, que vio la luz años después en un libro titulado “Los últimos días de Hitler” y que aún hoy en día se considera la Biblia sobre el asunto. Trevor Roper interrogó personalmente a los dirigentes nazis prisioneros, así como a aquellas personas que se habían movido en el entorno de Hitler en sus últimos momentos, como fueron los casos del militar de Estado Mayor Von Loringhoven —que posteriormente sería general de la OTAN— o de la secretaria del Führer Tradl Junge, cuyas memorias —junto con la investigación de Roper, fueron el armazón histórico de la película “El hundimiento sobre la Agonía del Nazismo”. El propio Roper, que se decanta por la versión del suicidio, admite sin embargo muchas lagunas en su histórico informe y reconoce que no existe ninguna prueba concluyente de la muerte de Hitler.

Gertraudl Humps Junge, fue una de las secretarias personales de Adolf Hitler y una de las pocas y privilegiadas testigos que le acompañó en sus últimos momentos. Fue la encargada de redactar el testamento político del Führer y solo abandonó el búnker, en compañía de Otto Gúnsche, asesor personal de Hitler, Erich Kempka y Martin Bormann, según su versión, hasta que su Jefe y su esposa, así como otros funcionarios del régimen se suicidaron. Su intención era escapar de los rusos, aunque finalmente fue capturada y entregada a los americanos, quienes la liberaron en 1947.
En el 2001, a la edad de 81 años, publicó junto a Melissa Múller, su libro “Hasta la Hora Final”. Estas memorias son el más firme puntal sobre la teoría del suicidio. No obstante, siempre existió la sospecha de que todo fue una maquinación para tapar la huida de Hitler, que los burócratas rusos no desmintieron, para que su fracaso de impedir el escape no quedase en evidencia, evitar la burla internacional o porque creyeron en la versión del suicidio.

Los puntos oscuros reaparecen también en la reciente obra “La caída de Berlín” del historiador británico Antony Beevor —también partidario de la teoría oficial del suicidio— que revela sin embargo que el servicio de inteligencia del Ejército Rojo, el Smersh, prohibió la entrada en la guarida de Hitler al mismísimo mariscal Zhukov, máxima autoridad de las tropas que conquistaron Berlín, que afirmó en una rueda de prensa ante una multitud de corresponsales de guerra en abril de 1945 que el cadáver de Hitler no había sido hallado y que se le daba por fugado.
Beevor recoge también un oscuro episodio que da a entender que en el búnker se encontró el cadáver de un segundo Hitler —también con bigotito y flequillo transversal— que fue descartado por llevar calcetines zurcidos, algo que les pareció impropio del Führer.

Hay varias otras afirmaciones de autoridades militares y civiles de ese tiempo en el mismo sentido. El teniente general Bedell Smith, jefe de personal del general Eisenhower en la invasión europea y después director de la CIA, dijo públicamente el 12 de Octubre de 1945: "Ningun ser humano puede decir conclusivamente que Hitler esté muerto". El Coronel W.J. Heimlich, ex jefe de la inteligencia de EE.UU. en Berlín, que estuvo encargado en la investigación para determinar que había pasado con Hitler, dijo en el reporte final: "No hay más evidencia que las habladurías para sostener la teoría del suicidio de Hitler". -También afirmó que: "En base a la presente evidencia, ninguna empresa de seguros de Vida en Estados Unidos, pagaría la prima por Adolf Hilter". El juez del tribunal de Nuremberg, Michael Mussmann, dijo en su libro "Diez Días Para Morir": "Rusia debe de aceptar toda la culpa, hasta el entendido que todavía existe, de que Hitler no murió en Abril de 1945".

Las fotografías existentes de Hitler muerto constituyen un misterio. Los rusos no pueden haberlas tomado porque solo encontraron cadáveres carbonizados e irreconocibles cuando llegaron al Búnker. Solo pudieron tomarlas sus más íntimos colaboradores alemanes, eventualmente también sus cómplices para simular tal tipo de muerte y favorecer el destino incógnito de su líder. La pregunta es, porqué hicieron desaparecer las evidencias. Todo el mundo sabe que una simple foto, sin el respaldo de un cadáver o de una pericia de reconocimiento científica no sirve para probar una identidad. ¿Era ésto parte del plan o complot de fuga del Führer y la jerarquía nazi? Los rumores comenzaron a circular acerca de un doble de Hitler. The New York Times del 19 de abril de 1945 decía: "Se suponía que debía tener un total parecido, y él fue entrenado para “ser” Hitler y supuestamente iba a morir como un mártir en el campo de batalla y así Hitler podría ser glorificado sin haber muerto". En esos años existía conocimiento que a los dobles se les dio instrucción sobre la voz y el movimiento, y ellos dominaban el suave voz de conversación de Hitler y su caminar particular. Sus caras y piezas dentales fueron modificados, e incluso sus espinas se rompieron en el mismo lugar donde Hitler había sido herido en la Primera Guerra Mundial.

Las autoridades rusas hicieron cuanto estuvo a su alcance por entorpecer la investigación de los aliados occidentales. Testigos muy importantes capturados por los rusos, el general Rattenhuber entre otros, desaparecieron de la noche a la mañana. El Servicio de Información de los Estados Unidos tuvo noticia de que dos técnicos que le hicieron los dientes postizos a Hitler habían identificado positivamente como perteneciente al Führer un hueso maxilar hallado por los investigadores rusos en el lugar donde se prendió fuego a los cadáveres.
Maxilar y técnicos fueron despachados a Moscú y no volvió a saberse de ellos.

El propio Stalin sentó cuál es la actitud de Rusia al manifestar en la Conferencia de Potsdam, con gran asombro del presidente Truman y del secretario de Estado Byrnes, que creía que Hitler estaba vivo y se hallaba oculto en España o en la Argentina. La Prensa rusa siempre se refirió en sus comunicados como “a la misteriosa desaparición” de Hitler.

Así las cosas, en estos 65 años transcurridos de esos luctuosos y determinantes sucesos, la falta de información pública, el permanente hermetismo de los gobiernos rusos, la serie de rumores, algunos de ellos fantásticos, que daban cuenta de que Hitler seguiría con vida, incluso asociado con extraterrestres, o viviendo en un refugio secreto en la Antártida, solo crearon un halo de leyenda y fantasía de mal gusto en torno a este evento.

En 1992, el gobierno ruso permitió el desarchivo de los expedientes secretos del caso. Solo entonces, la publicación de la KGB, (la Agencia de Inteligencia Soviética) y la versión de la FSB rusa (el Servicio de Seguridad Federal, por sus siglas en ruso) confirmó la versión ampliamente aceptada de la muerte de Hitler, como fue descrita por el historiador británico Hugh Trevor-Roper, sin embargo, los archivos rusos seguían no mostrando ni dando pistas sobre lo que sucedió con el cadáver de Hitler.

Este hecho resulta ser de mucha importancia, dado que la apertura de ese secretismo, coincide con los eventos sociales en que la Unión Soviética estalló en mil pedazos en el otoño de 1991 y el caos se apoderó de Rusia, cuando la libertad y la democracia llegaron de manera anárquica y las estructuras del país se derrumbaron como un castillo de naipes.
Sin embargo, todos los analistas coinciden en que en esta mar revuelta sólo una organización sobrevivió a su derrumbe y resurgió como el verdadero poder en Rusia para rescatar al país de sus ruinas: la KGB.

Desde el crash de agosto de 1998, estaba claro que los hombres que estaban sacando al país del caos venían de los servicios secretos. Un ejemplo fueron Yevgeny Primakov, Sergei Stepashin y el mismo Vladimir Putin, tres ex espías que llegaron consecutivamente al cargo de Primer Ministro. Efectivamente Putin, cuando fue nombrado Primer Ministro en agosto de 1999, tenía 46 años y había pasado más de 20 años en los servicios de inteligencia, primero en la KGB y luego en el FSB. Por lo tanto, este destape del secreto tan guardado por años venía de la cúspide misma del poder ruso y se podía contar con que todo lo desclasificado correspondía a documentación oficial existente.

Por ello resulta inexplicable, qué buena parte de los documentos del servicio de inteligencia estadounidense referidos a la muerte de Hitler, no puedan ser desclasificados hasta 2020, no existiendo garantía que en esa fecha ello ocurra así, pués, como ha ocurrido otras veces, han vuelto a ser archivados dándose otra fecha de desarchivo.

Esto afecta los documentos de la llamada operación Ultramar Sur, consistente en la correspondencia oficial y el contenido de los interrogatorios de militares argentinos a la tripulación de dos submarinos nazis —los U-530 y U-977—, que se rindieron en Argentina al término de la guerra y que Estados Unidos obligó a entregar a las autoridades del país austral.

Ahí se cuenta que el 26 de junio de 1945, un submarino no identificado fue visto en las costas argentinas mientras era reabastecido por un velero. Del sumergible, según el dossier, desembarcaron en un bote de goma un hombre y una mujer, que fueron recibidos por un ciudadano alemán. Este dato coincide con un informe que el director del FBI Edgar J. Hoover recibió de un agente de contraespionaje en septiembre de 1944, en el que se mencionaba como posible escondite una residencia del conde de Luxburg en Argentina, de quién se sabía era el encargado de las relaciones públicas del espionaje alemán desde la I Guerra Mundial. También se especula con otra versión, muy popular de aquellos años, que ha ido cayendo en el olvido referida a estos submrinos.
Ella dice que en 1945, varios meses después de terminada la Guerra, llegaron hasta las costas argentinas de Mar del Plata un par de valiosos y modernísimos submarinos alemanes, capaces de permanecer hasta seis meses sumergidos y cargados de más hombres de los que necesitaría cualquier misión usual. Traían una curiosa carga de cigarrillos, a pesar de que ninguno de ellos fumaba (como es tradicional entre los austeros oficiales de este tipo de naves).

Los submarinos llevaban mucho tiempo en el mar, lo que es más extraño aún. La tripulación no tuvo una razón satisfactoria para explicar su presencia en estas aguas australes ni por qué las naves estaban falsamente clasificadas con las series U-530 y U-977, correspondientes en realidad a dos viejos submarinos que en los archivos navales de la Marina Alemana aparecían incluso en reparaciones, de modo que la adulteración era una clara muestra de que se trató de ocultar la desaparición de estas naves.


Los norteamericanos enviaron en tiempo récord una enorme dotación de oficiales que apresaron a los alemanes y se los llevaron a Estados Unidos haciéndolos desaparecer.
Actuaron con tal intriga y rapidez que prácticamente, nadie supo lo que sucedió. Fue instantáneo. Sin embargo, inmediatamente después comenzaron sus expediciones a la Antártida, siendo la mayor de ellas la del Almirante Byrd, quien volvió convencido de que los jerarcas alemanes que no estaban en Nüremberg, yacían en un secreto refugio antártico.

Sus expediciones principales tuvieron lugar entre 1946 y 1947, y en ellas los americanos utilizaron sus más modernos aparatos de sondeo y rastreo, aviones y buques. Tal despliegue jamás habría tenido lugar en base a un mero rumor fantasioso.

La noticia que circuló entonces, incluso entre algunos medios de prensa de la época, era que los dos submarinos habrían sido parte de un enorme convoy que salió de Alemania con Hitler y sus principales asesores hasta algún lugar secreto de las tierras australes, el "paraíso inexpugnable" del Almirante Doenitz.

Argentina entregó los submarinos y sus tripulaciones el 17 de julio de 1945 a USA, el mismo día que comenzaba en Potsdam la cumbre de los vencedores. Allí, el secretario de Estado estadounidense Jimmy Birnes preguntó a Stalin durante el brindis si creía que Hitler estaba muerto. ¡“No, escapó a España o a Argentina”!, le respondió el líder soviético. El investigador y periodista argentino Abel Basti, uno de los mayores expertos en nazis fugados a Latinoamérica y de quien hemos recogido sus importantes investigaciones de diversas entrevistas otorgadas a la prensa internacional, ha publicado ya varios libros sobre el tema como “Bariloche Nazi”, (2004) e “Hitler en la Argentina” (2006), en los que desmenuza las supuestas andanzas del líder del nazismo y su esposa Eva Braun en Argentina en base a documentos oficiales argentinos y estadounidenses y también de entrevistas a gentes que aseguran haber visto e incluso atendido al matrimonio.
"El exilio del Hitler" (2010) es un trabajo de investigación tras los pasos de Adolf Hitler, desde sus últimos días en el búnker de Berlín hasta su llegada a Argentina en 1945.

El libro presenta documentación inédita que demuestra que existió un plan de fuga, preparado por los nazis, así como un acuerdo militar entre los alemanes y los norteamericanos, realizado antes que cayera Berlín en manos de las tropas soviéticas. Mediante ese pacto se posibilitó el escape de jerarcas alemanes incluyendo al Führer y su esposa, Eva Braun. La investigación -que sorprende por su contundencia- incluye testimonios europeos y argentinos. Esta obra es complementaria de "Hitler en Argentina", del mismo autor.

Desde los años 30 Hitler recibía importantes aportes financieros provenientes de Estados Unidos. Sus campañas políticas, para llegar al poder, eran apoyadas por importantes empresarios y políticos de esa y otras naciones del planeta.
Entre otros personajes participaban activamente, para conseguir financiación que beneficiara a las empresas alemanas y al mismo partido nazi, los hermanos norteamericanos John Foster Dulles y Allan Dulles -este último abogado de varias empresas estadounidenses-, quienes se reunieron con Hitler y Martin Bormann, en 1933,en Hamburgo.

La llegada de Hitler al gobierno, como Canciller en 1933, tranquilizó a la derecha internacional, ya que se sabía que a partir de ese momento habría una férrea voluntad dispuesta a controlar el avance del comunismo.
Desde Estados Unidos el Tercer Reich recibió créditos varias veces millonarios que le facilitaría a Alemania salir de una situación de crisis para luego convertirse en una gran potencia. Con esa ayuda se rearmó y se preparó para el mayor conflicto armado de la historia.
Hitler gozaba de popularidad en Europa y en América a tal punto que en 1938 -a menos de un año antes que empezara la guerra- la publicación Time lo calificó como el "hombre del año".

Cuando Estados Unidos entró en guerra contra el Eje, Allan Dulles, fue nombrado embajador de Estados Unidos en Suiza desde donde, además de cumplir con sus funciones diplomáticas, mantuvo negociaciones permanentes para que la guerra no perjudicara a los grupos económicos alemanes.

Respecto a los hermanos Dulles hay que destacar que John sería designado, en 1953, Secretario de Estado del presidente Dwight Eisenhower, mientras que Allan fue el segundo titular de la Central de Inteligencia de ese país (CIA), entre 1950 y 1953 y director de la misma entre ese año y 1961.
Lo cierto es que las ayudas que recibió Hitler de los norteamericanos fueron realmente fabulosas y que desde Wall Street se le preparó el camino que le permitiría convertirse en el hombre más poderoso del mundo.
En 1945, cuando Berlín caía, los principales acuerdos entre la jerarquía nazi y los militares norteamericanos estaban cerrados y los mismos se comenzaban a cumplir. En las negociaciones entre nazis y norteamericanos fue fundamental el papel que cumplió el general Reinhardt Ghelen, jefe de espionaje de Hitler, quien disponía de abundante documentación que demostraba que empresarios y políticos británicos y norteamericanos estaban involucrados con Hitler y su política. La no difusión de esos informes lapidarios, entre otros motivos, formó parte del acuerdo que daría impunidad a los nazis después del conflicto.

La guerra -que enriqueció a un selecto grupo de empresarios- estaba terminando (ya habría tiempo para inventar nuevos conflictos) y comenzaba otro negocio, también millonario, como lo era el de la reconstrucción de las zonas destruidas.

Durante el mes de mayo de 1945, luego que Alemania se había rendido, los criminólogos rusos reconstruyeron los últimos días de Hitler en Berlín, guiados por el Mayor Ivan Nikitine, jefe de la policía de seguridad de Stalin.

En esos días, según un artículo del Time Magazine, “al lado de una biblioteca se encontró una placa removible de concreto en el cuarto personal de Hitler. Detrás, había un conducto del tamaño de un hombre que llevaba a un refugio de cemento super secreto a 500 metros. Otro túnel lo conectaba con el túnel de una línea de subte. Los restos de comida indicaban que allí hubo entre 6 y 12 personas hasta el 9 de mayo”.

Nada dice la historia conocida de este pasaje secreto. No sabemos quienes lo usaron para salvar su pellejo. Solamente el libre acceso a los archivos rusos, que permanecen secretos, permitiría conocer más detalles sobre esa “salida de emergencia” oculta que permitía escapar del refugio subterráneo.
Por otra parte, en los interrogatorios que realizaban los soviéticos a los nazis apresados hubo una coincidencia entre todos los testimonios: nadie había visto morir al Führer.

Toda la prensa española se hizo eco de este tercer libro, al asegurar que tiene “pruebas fehacientes” de la llegada del Führer a España en abril de 1945. Basti, reveló que su investigación apunta a que el dictador nazi fue embarcado en Vigo rumbo a Argentina en un submarino; tiene en marcha una película sobre los nazis con investigadores europeos, así como una expedición para recuperar el supuesto submarino en el que Hitler habría viajado a la Patagonia desde Vigo."Hitler escapó vía aérea a Austria y luego a Barcelona, España, dice Basti. La última etapa fue en submarino, desde Vigo, con rumbo directo al litoral de la Patagonia.
Finalmente en automóvil, Hitler y Eva Braun, en un auto con chofer y guardaespaldas —una caravana de por lo menos tres automóviles—, se trasladaron hasta Bariloche. Allí se refugiaron en la estancia San Ramón, ubicada a unos 15 kilómetros al este de ese pueblo. Se trata de una estancia de 100.000 hectáreas, con costa en el lago Nahuel Huapi, que históricamente estuvo en manos de alemanes, desde principios del siglo XX, época en que pertenecía a un principado alemán, el de Schamburg-Lippe."
Hitler vivió con su esposa y sus guardaespaldas en situación de fugitivo. Los primeros años estuvo en la Patagonia y luego vivió en provincias ubicadas más al norte. Durante los primeros años mantuvo reuniones en diferentes partes de Argentina e inclusive en el exterior —Paraguay— con otros nazis y referentes de la derecha internacional. No tenía el clásico bigotito y estaba rapado, así que no era fácilmente reconocible. Vivió alejado de los grandes centros urbanos, aunque tuvo reuniones en Buenos Aires. Murió en los años 60 en Argentina, siendo en este momento un tema de mi investigación sus últimas horas y el destino final de sus restos.

Pruebas históricas son la posición pública de Stalin, quien hasta su muerte en 1953 sostuvo que Hitler había escapado. Stalin les comunicó esta misma información a los aliados en 1945. Hay tres versiones taquigráficas de Stalin en las cuales se comprueba que sostuvo que el líder alemán había huido. En Argentina he entrevistado a personas que estuvieron con Hitler. En los archivos rusos hay abundante documentación que demuestra que Hitler escapó.

Mi libro ha tenido una importante repercusión, pero la versión de la fuga es rechazada oficialmente en Rusia, donde han descartado sistemáticamente los pedidos de hacer una prueba de ADN a los supuestos restos de Hitler, aunque la reunión que acabo de mantener con el embajador ruso en Buenos Aires (1998) me da esperanzas de que esto cambie. Lo mismo ocurre con las naciones involucradas en la guerra: Estados Unidos acaba de reclasificar a 20 años todo el material oficial relacionado con esta historia, y cuando se cumpla ese plazo seguramente volverá a ser reclasificado; los ingleses han reclasificado a 60 años la documentación que demuestra que Hitler escapó. Los investigadores no podemos tener acceso a esa información por ese lapso.
–¿Quién protegió a Hitler? Al final de la segunda guerra mundial se produjo un impresionante trasvase de tecnología, cuadros de espionaje —la base de la CIA— y capital nazis a los aliados, que fueron empleados en la incipiente guerra fría. La complejidad de la trama es enorme y aunque Hitler aparece en ella como lo más llamativo y fantástico, desde el punto de vista estratégico fue apenas un elemento menor. “Hitler, Eva Braun y 13 jerarcas nazis aterrizaron en Barcelona el 27 de abril de 1945, en un vuelo que partió de Berlín e hizo escala en Linz (Austria)”, sostiene Abel Basti."Viajaron en un avión Junker 290, número de serie 0163, código PIPQ, que tiempo después fue localizado por los aliados en un aeropuerto naval de la localidad de Travemünde, cercana a Hamburgo”, revela el investigador, para quien España “apenas fue un trampolín para la escapada de Hitler en submarino hacia Suramérica”.

Este documento del FBI, fechado en mayo de 1947, cobra valor uniendo todos estos datos históricos, aunque mi teoría es que Hitler estuvo en España no más de un mes y ya había abandonado ese país cuando el Ejército estadounidense lo buscó allí”, afirma el experto en nazis fugados en Latinoamérica.

"He conseguido también encontrar documentación en la que Stalin y otros generales soviéticos hablan de la fuga de Hitler a España. Un capitán argentino me reveló que en 1945 fue enviado con un barco a Hamburgo para embarcar con pasaportes falsos a una gran cantidad de mandos nazis. En agosto de 2003, el gobierno argentino ordenó investigar la destrucción de dossiers que revelaban la identidad de 43 jerarcas nazis llegados tras la guerra, entre ellos Eichmann, Mengele y Priebke”.

Vigo, el puerto de embarque en la supuesta fuga de Hitler a la Argentina, según Abel Basti, fue durante la II Guerra Mundial una importante base de aprovisionamiento para los sumergibles alemanes —como se puede comprobar en la célebre película de Hollywood “El Submarino”, dirigida por Wolfang Petersen.

"Tengo al menos un testimonio español que lo sitúa físicamente en la localidad cántabra de Somo, en una antigua hostería llamada Las Quebrantas. Un jesuita de 94 años conoce la historia. A Hitler lo trajeron en avión desde Berlín a Barcelona. La siguiente pista aparece en Somo y, de acuerdo con los documentos y testimonios que hemos conseguido, fue embarcado en un submarino en la costa gallega, estamos prácticamente seguros de que fue en Vigo". "De acuerdo con documentos norteamericanos desclasificados, sabemos que grandes Junkers volaron directamente a Suramérica, pero Hitler no iba en ellos. En esos momentos, el FBI busca a Hitler en España —estos documentos pueden ser ya consultados públicamente, aunque la gran parte están bajo secreto hasta 2020—, donde lo sitúan Stalin y Zhukov, el mariscal que tomó Berlín, y el gobierno español tiene que salir a desmentirlo."El punto de llegada del submarino que transportó a Hitler a la Patagonia casi lo tenemos acreditado, pero hay que hacerlo tangible. Está en marcha una operación para ello y ya hemos conseguido registros por magnetografía, aunque no surgen todavía por visión directa. Es una zona muy arenosa y supone un trabajo triple: registrarlo, situarlo y sacar la arena. Va a ser costoso”. "El trozo de cráneo que se presume es el de Hitler, que presenta un agujero de bala y que había sido sacada del búnker donde supuestamente este murió y que fuera durante todos estos años preservado y custodiado por la Inteligencia Soviética, sometido a una prueba de ADN, arrojaba ser de una mujer"

La información, correspondiente a un grupo de científicos de la Universidad americana de Connecticut, era concluyente:
"Los resultados de nuestros exámenes fueron obvios desde el primer momento. Las muestras que hemos analizado corresponden al cráneo de una mujer sin lugar a dudas", dijo la profesora de biología molecular y celular de esa universidad estadounidense, Linda Strausbaugh.
La profesora analizó junto a varios científicos forenses unas muestras de ADN que el arqueólogo estadounidense Nick Bellantoni obtuvo en un viaje a Rusia del cráneo que las autoridades de ese país aseguran que corresponde a Hitler y que se descubrió en 1993 en uno de los archivos secretos de la antigua Unión Soviética.

"Sabemos que el cráneo corresponde a una mujer de entre 20 y 40 años" ha declarado la arqueóloga de la Universidad de Connecticut, Nick Bellantoni. «Los huesos parecían muy finos. Los huesos de varón tienden a ser más robustos. Y las suturas donde su juntan las placas del cráneo parecen corresponder a alguien con menos de 40 años

Los resultados de ese análisis han alentado de nuevo las dudas sobre si el Führer realmente llegó a suicidarse en 1945 ante la entrada de las tropas soviéticas a Berlín. Desde luego si este cráneo es de una mujer de menos de 40 años e Hitler tenía 56 cuando se dice que murió, solo queda especular que pueda ser el cráneo de Eva Braun, o sencillamente de cualquier persona que se usó pata fabricar una falsa muerte.

Respecto a la posibilidad de que esos restos que se guardan en Moscú y que fueron expuestos por primera vez en 2000 correspondan a la amante de Hitler, Eva Braun, el informe señala:
"No hay nada de lo que hemos encontrado que pueda ofrecer información del dónde y del cuándo de la muerte de la persona a la que corresponden los restos, ni por supuesto de su identidad", aclaró Strausbaugh, quien dijo que su laboratorio guardará las muestras de ADN que tiene para posibles estudios posteriores.
La profesora, sin embargo, explicó que es "muy dudoso" que puedan investigar acerca de si el cráneo en cuestión corresponde a Braun, quien se cree que se suicidó con Hitler, porque la muestra de ADN corresponde a "un perfil parcial y no completo", debido al mal estado de los restos.

"Sin una muestra de referencia, será muy difícil llegar a conclusiones sobre la identidad. Necesitaríamos muestras de la misma persona o bien de algunos familiares. Ya hemos tenido mucha suerte al poder determinar que se trata de una mujer y no de un hombre como se creía hasta ahora", sostuvo la científica estadounidense.

Cuando las tropas soviéticas tomaron el búnker donde se refugiaba Hitler en 1945, encontraron los restos quemados del dictador nazi y de su amante y un año después los cadáveres fueron trasladados a Moscú para investigar las circunstancias de la muerte del Führer.
Ya en 1970 el entonces líder de la URSS, Leónidas Brezhnev, ordenó incinerar y dispersar los restos de Hitler, así como los de Braun, los del ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels y los de su mujer y seis hijos, de entre 3 y 13 años.

Todos los restos de Hitler trasladados a Moscú al término de la guerra fueron almacenados en secreto durante décadas, hasta que en 1970 el KGB los incineró y arrojó las cenizas a un río.
Unicamente la mandíbula, el fragmento de cráneo y los trozos de sofá impregnados con restos de sangre fueron preservados hasta nuestros días.
Bellantoni estudió los restos tras volar a Moscú para inspeccionar los truculentos restos de Hitler en los archivos del Estado. Sólo se le permitió estudiarlos durante una hora, tiempo durante el que obtuvo muestras de ADN, para su traslado posterior a su laboratorio en Connecticut.

En el centro de genética aplicada, se aplicaron técnicas propias de medicina forense destinadas al esclarecimiento de crímenes. Para su sopresa, una pequeña cantidad de ADN viable fue extraída.
Entonces, lo replicó a través de un proceso conocido como copia molecular para proporcionar suficiente material dedicado al análisis.

Las autoridades rusas también cuentan en su haber con numerosos objetos que pertenecieron a Hitler y que se llevaron tras entrar en el búnker alemán, entre los que destacan también el sofá donde se cree que el Fhürer y Braun se suicidaron y cuyas muestras también han examinado los científicos de la Universidad de Connecticut. "Podemos afirmar que la mancha del sofá sí tiene restos de ADN correspondientes de un hombre, aunque obviamente no podemos decir a quién corresponde y mucho menos si es de Hitler", aseveró Strausbaugh, quien insistió reiteradamente en que sus análisis de ADN poco pueden aportar sobre cuál fue el auténtico devenir del tirano alemán.Los resultados de estos análisis se explican en un nuevo documental del canal por cable History Channel, en el que se expone la hipótesis de que Hitler pudo haber escapado de Berlín y que de el cuerpo recuperado por las tropas soviéticas fuera de otra persona.

"Si se hiciera un juicio histórico sobre el destino de Hitler —replica el investigador Abel Basti— se puede asegurar que ya hay más pruebas que demuestran que escapó que las relacionadas al supuesto suicidio.

Como fundamento de su presunta muerte sólo existe la declaración de un puñado de nazis fanáticos. La farsa contemplaba que ellos contaran la misma historia. Pero no hay pericias del lugar del suicidio, ya que no se encontraron elementos relacionados con su muerte. No se encontró el arma asesina, ni balazos en las paredes o en el techo, ni los cadáveres en el despacho de Hitler. Excepto un pequeño charco de sangre que no se pudo demostrar que perteneciera al canciller alemán. Tampoco hay un solo testimonio que haya dicho que vio a Hitler pegándose un tiro. O una foto de los cadáveres en el lugar del suicidio o ardiendo en la supuesta pira funeraria. Se encontraron en los jardines varios cadáveres, algunos quemados, y un par de ellos fueron atribuidos a Hitler. Pero en las pericias forenses se demostró que ninguno tenía las medidas ni las características físicas del canciller del Tercer Reich.

Esta realidad quedó documentada por los soviéticos. Después de la guerra, Stalin quería juzgar a Hitler en Nüremberg, y en el Senado norteamericano se analizó ofrecer una recompensa de un millón de dólares por su cabeza. Alemania, al no haber certificado de defunción ni cadáver, lo declaró muerto en 1956 en presunción de fallecimiento. Así que, para Alemania, Hitler estuvo vivo desde 1945 hasta esa fecha”.

Efectivamente, la resolución del Acta de Defunción de Hitler (resolución 2/48/52 del 25 de Octubre de 1956, dictada en Berchtesgaden) confirmó oficialmente la muerte de Adolf Hitler el día 30 de Abril de 1945 a las 15.30 horas, mientras que a Eva Braun la declararon muerta el mismo 30 de Abril de 1945, 2 minutos antes de su marido (a las 15.28 horas).

El gobierno alemán, en particular las autoridades de Berchtesgaden, extendió los actas de defunción del dictador de Alemania y de su esposa hasta el año 1956, debido a que nunca se habían encontrado los cadáveres. Conforme al procedimiento que establece el derecho alemán, como el de muchos países del mundo, primeramente se dicta la declaración de ausencia, cuando no se encuentra el cadáver de una persona a la cual se le da por desaparecida.

Diez años después, cuando no exista ninguna prueba física del desaparecido y no se le haya encontrado, se dicta la declaración de muerte para los efectos legales pertinentes, principalmente los testamentarios.

"El episodio mencionado por Beevor de los dos cadáveres de Hitler hallados en el búnker, según Basti, sugiere obviamente el tema de los dobles del Führer, nunca reconocido oficialmente ya que echaría por tierra la aceptación de la tesis oficial al poder tratarse de un doble el cuerpo supuestamente encontrado por los soviéticos cuya identificación jamás se ha verificado fehacientemente.
Basti, revela que una de las pruebas que maneja sobre la activa existencia de dobles de Hitler en los últimos días del nazismo la encontró en un aparentemente inocuo libro publicado en España. Se refiere a las memorias de Joaquín Navarro Cristóbal corresponsal de La Vanguardia en Berlín durante la II Guerra Mundial —que firmaba con el pseudónimo de Cristóbal Tamayo—, reeditadas en 2005 con el título de Los últimos días de Berlín.

Navarro, fallecido en 1970, cuenta en este libro su experiencia a bordo del último servicio aéreo de Lufthansa entre España y Berlín en abril de 1945. Para alguien que no esté muy familiarizado con el tema de la muerte de Hitler, el pasaje es irrelevante, pasa como una historia más de los últimos días de guerra en Berlín. Pero contiene un dato que contradice todas las versiones oficiales. Navarro quería ver cómo caía Berlín, quería llegar antes de que los rusos la tomaran. Cuenta que llegó al aeropuerto de Tempelhof, situado a 20 kilómetros de Berlín, a media mañana del 20 de abril de 1945. No había forma de llegar a la capital, sitiada por el Ejército Rojo, así que se queda en el aeropuerto hasta que de pronto aparecen cazas alemanes. Pregunta que está pasando a oficiales de las SS y le dicen que llega el Führer.

Efectivamente, ve cómo Hitler baja de un Junker 290 y lo trasladan a Berlín. Navarro consigue viajar también en un camión militar y se vuelve a topar con el auto en el que iba Hitler girando por las calles de Berlín. Lo asombroso es que la historia oficial mantiene —y en eso está todo el mundo de acuerdo— que Hitler entró en el búnker el 19 de enero de 1945 y que no salió nunca de allí. El inocente testimonio de Navarro evidencia el tema de los dobles de Hitler, que es lo que se va a emplear en la farsa del suicidio en el búnker. Lo cierto es que nadie sabía a ciencia cierta dónde se hallaba Hitler en esos caóticos días de la caída de Berlín".

En las profundidades de la ría viguesa, frente a las islas Cíes, se encuentran los pecios de cuatro submarinos nazis hundidos por la aviación inglesa.
El periodista Eduardo Rolland cifra en 37 submarinos, con 1.400 tripulantes, los submarinos alemanes hundidos en aguas del sur gallego. Al menos ocho U-boot fueron aprovisionados en Vigo (los U-29, U-43, U-52, U-77, U-96, U-434, U-574 y U-575) donde operó al final de la II Guerra Mundial una importante organización de cobertura para la fuga de nazis conocida como Der Spinner.
La actividad de los submarinos nazis en las costas gallegas llegó a ser tan intensa en los primeros años de la guerra, que Churchill llegó a planear un desembarco aliado en la zona de Doniños.
¿Fue una puesta en escena con dobles el suicidio de Hitler en el búnker del Berlín sitiado?
Resulta difícil de creer que uno de los episodios más importantes de la historia haya sido sencillamente una farsa, pero no deja de ser inquietante la acumulación de indicios aparecidos últimamente que nos dan a entender que la historia real poco tiene que ver con la historia oficial. No hace mucho, la BBC divulgó documentos desclasificados que prueban que los servicios de espionaje británicos conocían desde el principio el verdadero cometido de los campos de exterminio nazis —algo que siempre fue oficialmente negado— pero que no hicieron nada para no comprometer a sus fuentes de información. En la misma línea, un alto cargo del espionaje israelí, el mítico Mosad, desveló recientemente que dejaron escapar a Mengele —el monstruo de Auschwitz— por no arriesgar la captura de Eichmann. Mengele moriría sin que nadie lo molestase en Brasil en 1979. El mundialmente célebre escritor Le Carré aportó también su grano de arena a este alud de revisiones al confesar que cuando era agente de la inteligencia británica estuvo a punto de pasarse a los soviéticos. El motivo se encuentra en uno de sus libros más duros —Una pequeña ciudad de Alemania— en el que relata cómo buena parte del aparato nazi fue protegido por los aliados al final de la guerra.
“Lo único cierto en toda esta historia —afirma Abel Basti— es que a Hitler nadie lo vio morir”.

A diferencia de otros enigmas del pasado que han inquietado a la sociedad mundial, éste de Hitler reviste la particularidad de ir compilando nuevos datos, más antecedentes que arrojan más luz sobre los hechos, por lo que se presume que la verdad de lo que ocurrió aún no está establecida y que por lo tanto esta historia, en el futuro deberá ser reescrita...







jueves 8 de julio de 2010

Suicidio; la última frontera.

“El suicidio, lejos de negar la voluntad de vivir, la afirma enérgicamente. El (suicida) quiere vivir, aceptaría una vida sin sufrimientos y la afirmación de su cuerpo, pero sufre indeciblemente porque las circunstancias no le permiten gozar de la vida. ” Arthur Schopenhauer (1788-1860).

¿Qué puede ser tan terrible, definitivo e imposible de aceptar que motiva a un ser humano a tomar la drástica y enajenante resolución de acabar con su vida? ¿Locura, decepción, miedo, sufrimiento moral o físico, pobreza extrema, invalidez, despecho amoroso?

Sabemos que el suicidio es el resultado de muchos factores socioculturales y que abundan las teorías y respuestas de los expertos, pero ninguna puede satisfacer al hombre común, a la gran mayoría de sujetos medios y normales, que no se han visto en el trance de optar por su autoeliminación.

No obstante la estadística mundial de suicidios, tanto particulares como colectivos es abismante, alcanza a un promedio de un millón de personas al año, un 16 por cada 100.000, lo que equivale a una muerte cada 40 segundos y generalmente se relaciona a una compleja interacción de factores causales, incluidas enfermedades mentales, pobreza, abuso de substancias toxicas, aislamiento social, pérdidas, dificultades para relacionarse y problemas laborales.

Poniendo el dedo en la llaga, para que duela más, ello significa que por cada inexorable minuto que marcan los relojes, alguien encuentra intolerable seguir existiendo, no desea ver más amaneceres, ver crecer a los hijos o mimar a la mujer amada. Para que esto ocurra así, es necesario que al unísono, en diversos puntos del planeta tierra, haya personas que sufren terribles crisis existenciales, que evalúan si vale la pena seguir viviendo y que saben que esa decisión no puede esperar.

Lo más impresionante es concluir que este tipo de muerte autoinfligida, registra una curva ascendente a través de los años, que implica por igual a niños, jóvenes, mujeres u hombres adultos, sin que exista forma de evitar, prevenir o frenar certeramente este fenómeno que constituye una de las tres causas principales de muerte de personas en el planeta y que según la Organización Mundial de la Salud, en los últimos 45 años, ha aumentado en un 60%.
Y lo que resulta más preocupante aún, es que los intentos de suicidio, son 20 veces más frecuentes que los suicidios completos y que, estas desoladoras cifras de muertos, superan en mucho, a todos los fallecidos anualmente en el mismo período a consecuencia de los conflictos bélicos existentes en diferentes áreas el mundo.

No es la intención de esta crónica profundizar en sus causas, sino mostrar algunos suicidios famosos, con personajes históricos o de relevancia social que por tener distintas motivaciones para quitarse la vida voluntariamente, podrían ilustrarnos un poco y quizás hacernos comprender algunas vertientes de donde la mente humana obtiene los recursos reflexivos y desencadenantes que conducen a esta fatal toma de decisión extrema.

El primer suicidio que registra la historia es el de Periandro, (585 a. de C.) uno de los siete sabios griegos, quién siendo rey de Corinto y muy tirano se hizo de numerosos enemigos que deseaban a toda costa eliminar su dinastía.

A pesar de las severas medidas de seguridad que ideó para protegerse él y su familia, que contemplaba una guardia permanente de guardaespaldas, sus enemigos jurados lograron matar a su hijo Licofón. Esto determinó a Periandro a darse muerte por su mano, para no dar gusto a sus asesinos y preservar su cuerpo del descuartizamiento que le vaticinaban.

El historiador griego Diógenes Laercio, nos cuenta que el plan ideado por el monarca para preservar el lugar secreto donde estaba enterrado su cuerpo fue verdaderamente maquiavélico. Escogido un solitario lugar en medio del bosque, juramentó a dos jóvenes soldados para que lo asesinaran y lo enterraran allí mismo. Pero a su vez, otros dos soldados de su confianza habían sido instruidos para dar muerte y enterrar a los dos primeros. Luego otros tuvieron sucesivamente la misma comisión, sin que se sepa exactamente cuántos soldados fueron realmente asesinados para preservar el lugar secreto y despistar a sus enemigos. Un plan brillante desde luego…pero de gran costo en vidas humanas.


El padre de la iglesia, el teólogo Quino Septimio Florente Tertuliano, mejor conocido como Tertuliano (160-220), fue el primero en considerar que la muerte de Cristo fue una suerte de suicidio, dado que él sabía que esto ocurriría, que lo pudo evitar pero no quiso y por el contrario eligió esta vía voluntariamente.
De allí, el comentario de John Donne (1572-1631) el más importante poeta metafísico inglés de la época de la Reina Isabel I, en su obra “Biathanatos”, un ensayo sobre el derecho a escoger la propia muerte, en tiempos en que aún no existían las palabras suicidio o eutanasia, cuando haciendo lo que se considera la primera defensa moral del suicidio escrita, dice: “nuestro bendito Salvador…eligió sacrificar su vida por nuestra Redención, y verter su sangre”. A Donne, se le considera el maestro del concepto, que combina una imagen u objeto con el significado de una idea, lo que conforma una metáfora.

El Antiguo Testamento relata cuatro suicidios: Sansón, Saúl, Abimelech y Achitofel. El Nuevo Testamento, registra el suicidio de Judas Iscariote, el cual es relatado por Mateo (Mateo 27:3-10).
“Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó ».
Según la tradición oral, Judas se ahorcó con una cuerda que amarró a un Olivo.

Sébastien-Roch Nicolas, (1741-1794) firmó sus escritos bajo el nombre de Nicolás de Chamfort, moralista francés, miembro de la Academia, brillante y mundano es nombrado por el príncipe de Conde como su secretario para que le escriba sus discursos y órdenes.
En 1789 fue lector de Mme Elisabeth, hermana del rey. Antes de la Revolución francesa fue uno de los escritores más apreciados en los salones parisinos, brillante y espiritual, escribió varias piezas de teatro. Fue secretario del Club de los Jacobinos. En 1792, Jean-Marie Rolland le nombra Director de la Biblioteca Nacional.
Durante la Revolución Francesa, se opone al Terror de Robespierre y es denunciado por el Comité de Seguridad y encarcelado por un breve tiempo por sus críticas y los fallos del partido revolucionario.

Aterrorizado ante la posibilidad de volver a ser detenido y procesado, se pega un tiro en el paladar, con tan mala suerte que se destroza la nariz y la mandíbula pero no se mata. Toma entonces un abrecartas de su escritorio y se apuñala varias veces en el cuello, sin éxito. Desesperado, lo intenta en el pecho y en la pierna, pero pierde la conciencia antes de conseguir matarse. Lo encuentra su criado en un charco de sangre y Chamfort acabará sus días en un hospital entre blasfemias y alaridos de dolor, hasta que le llega la muerte.
Séneca, el filósofo y gran tribuno romano, cayó en desgracia ante el tirano Nerón, del que antes había sido consejero político y Ministro y su maestro mientras cumplía su mayoría de edad.

El emperador Nerón Claudio César Augusto Germánico (37-68), cuya conducta venal y sanguinaria había quedado al desnudo cuando hizo asesinar a su hermanastro Británico, por temor a que éste le quitara el trono y luego a su madre Agripina al pensar que conspiraba en su contra y al que la historia recuerda de cuando Roma ardía, mientras el componía música con su lira, en el año 65, le acusó de estar implicado en la famosa conjura de Pisón, una conspiración en su contra.
Alertado de esta grave acusación, Séneca decide suicidarse, costumbre habitual de los Patricios de aquella época.

Sobre la muerte de Séneca, el historiador Tácito cuenta que el tribuno Silvano fue encomendado para darle la noticia al filósofo, pero siendo aquél uno de los conjurados, y sintiendo una gran vergüenza por Séneca, le ordenó a otro tribuno que le llevara la notificación del César. Cuando Séneca recibió la misiva, ponderó con calma la situación y pidió permiso para redactar su testamento, lo cual le fue denegado, pues la ley romana preveía en esos caso que todos los bienes del conjurado pasaran al patrimonio imperial. Sabiendo que Nerón actuaría con crueldad sobre él, decidió abrirse las venas en el mismo lugar, cortándose los brazos y las piernas. Su esposa Paulina le imitó para evitar ser humillada por el emperador, pero los guardias y los sirvientes se lo impidieron.

Séneca, viendo que su muerte no llegaba, le pidió a su médico Eustacio Anneo que le suministrase veneno griego (jugo de cicuta), el cual bebió pero sin efecto alguno. Pidió finalmente ser llevado a un baño caliente, dónde el vapor terminó asfixiándolo, víctima de la aguda asma que padecía. Al suicidio de Séneca lo siguieron, además, el de sus dos hermanos y el de su sobrino Lucano, sabedores de que pronto la venganza de Nerón recaería también sobre ellos.

Aníbal Barca, (247-183 a. de C.) el general y estadista cartaginés que llevó a cabo una de las hazañas militares más audaces de la antigüedad, atravesar con su ejército los Pirineos y los Alpes desde Hispania, llevando incluso elefantes de batalla, para conquistar el norte de Italia y destruir el imperio romano, también fue colocado por el destino ante grandes desafíos, incluida la elección de su muerte.
Considerado hasta hoy el padre de la estrategia, ha sido admirado incluso por sus enemigos. Cornelio Nepote, (25 a de C.) biógrafo e historiador romano, quien en su obra Sobre los hombres Ilustres, que constaba de 16 libros de biografías sobre reyes extranjeros y romanos, generales, jurisconsultos etc., le bautizó como “el más grande de todos los generales”. También han opinado lo mismo figuras como Napoleón I, Arthur Wellesley y el Duque de Wellington, habiendo sido llevada al cine su vida y su gesta relatada en innumerables documentales sobre las guerras púnicas.

El historiador romano Tito Livio menciona que cuando era un niño y su padre el general Amilcar iniciaba una campaña guerrera, Aníbal le rogó que le permitiera acompañarle y este aceptó con la condición que jurara que durante toda su existencia nunca sería amigo de Roma.
Su respuesta fue: “Juro que en cuanto la edad me lo permita, emplearé el fuego y el hierro para romper el destino de Roma”.

En el 195 a. de C., Aníbal llegó, huyendo de Cartago, a la corte de Antíoco III, y fue a refugiarse al reino Bitinio. Aníbal buscó refugio junto al rey Prusias I de Bitinia, quien estaba en guerra con un aliado de Roma, el rey Eumenes II de Pérgamo, poniéndose Aníbal a su servicio. Pero, por cuestiones políticas y pactos de naciones, se convirtió en un incómodo invitado y el rey bitinio decidió traicionar a su ilustre huésped.
Amenazado de ser entregado al embajador romano Tito Quincio Flaminino, Aníbal decide suicidarse en el invierno de 183 a. de C. utilizando un veneno que llevaba siempre consigo en un anillo, muriendo según estimaciones históricas a los 63 años de edad.
Sexto Aurelio Víctor ( 320-390), historiador y político del Imperio Romano, escribe que su cuerpo reposa en un ataúd de piedra, sobre el que es visible la inscripción: “AQUÍ SE ESCONDE ANIBAL”, el cual nunca ha sido encontrado.

Virginia Woolf, en realidad Adeline Virginia Stephen, nació en Londres en 1882 y durante su vida fue considerada una prolífica escritora, novelista, crítica y ensayista de gran relieve que abrió con sus escritos caminos no explorados en la expresión literaria, con una percepción privilegiada y descarnada de todo cuanto la rodeaba, cuya técnica del monólogo interior y estilo poético se consideran entre las contribuciones más importantes a la novelística moderna.
Durante toda su vida, Woolf luchó contra un desorden bipolar que eventualmente le costó la vida, pero también por la muerte sucesiva de sus seres queridos: Julia, su madre; Stella, su hermana; Leslie Stephen, su padre; y Julian Thoby, su hermano.
El historial médico de Virginia se resume en varios intentos de suicidio, reclusión en sanatorios, convalecencias en su hogar atendida por su esposo y enfermeras, jaquecas, colapsos, taquicardia, y, muy principalmente, insomnio.

Woolf tuvo una relación lésbica con la escritora Vita Sackville-West, que inspiró la novela semi-biográfica “Orlando” (1928), una historia sobre Sackville-West y su familia. La directora Rally Potter adaptó la novela libremente para una película de 1992.
Vita, casada desde hacía tiempo con un hombre que no le ocultaba sus gustos homosexuales, se disfrazaba de hombre, haciéndose llamar Julian, un nombre epiceno para encontrarse con la mujer que cortejaba. Este halo de intrigas forma parte de su encuentro con Virginia y de su relación amorosa. Si bien fueron amantes sólo durante tres años -desde 1925 hasta 1928-, mantuvieron una profunda amistad que perduró hasta el suicidio de Virginia.

En 1941, Virginia Woolf desapareció. Su marido correctamente adivinó que se había ahogado en el río Ouse, cercano a su casa de campo. Trozos de su vestimenta fueron encontrados a la orilla del río, y su cuerpo fue encontrado unos cuantos días después.
Quizás la personalidad de Virginia Woolf queda nítidamente expuesta en su diálogo con un grupo de mujeres profesionales sobre su experiencia como escritora, cuyo tema era "Cómo matar al Ángel de la Casa".

Según ella, el ideal angélico, era sinónimo de los estereotipos sexuales que seguían siendo dominantes en los años 30. De acuerdo a este mito, las mujeres virtuosas vivían en un estado casi incorpóreo, elevándose etéreas sobre los impulsos animales y dedicando su vida al bienestar de la familia.

A pesar de su aura moral, era un cuerpo útil que hacía las tareas domésticas con gran eficiencia, algo muy conveniente para el Señor de la Casa. El Ángel, sostenía ella, "era intensamente amable. Era inmensamente encantador. Era completamente generoso. Se destacaba en las difíciles artes de la vida familiar. Se sacrificaba a diario. Si había pollo, se quedaba con la pata; si había una corriente de aire, se sentaba en ese lugar; en suma, nunca tenía una opinión o un deseo propio, sino que prefería estar de acuerdo con las opiniones o deseos de los otros. Por sobre todo -¿es necesario que lo aclare?- era puro".

Ese falso ideal la había perseguido durante su juventud, porque era el Ángel de sus padres. Ellos habían adoptado esos valores y habían aceptado la desigualdad de roles que prescribían, porque "en ese entonces era imposible lograr una relación verdadera entre hombres y mujeres".
El Ángel había infectado sus vidas de irrealidad. En ciertos aspectos, esa falsedad empeoró después de la muerte de su madre, el primer año de la adolescencia de Virginia. Tras el mito de la virtud hogareña, acechaba la desagradable realidad de que su hermanastro mayor, George, la visitaba de noche en su cuarto para besarla, toquetearla y poseerla. No había a quién acudir en busca de ayuda o consejo, ninguna escapatoria a la culpa y a la confusión sexual. Su padre, estaba demasiado embargado por su pena para advertir la angustia de Virginia. Cada vez más sordo e irascible, sometía a sus hijas a un chantaje emocional insistiendo en que siempre debía haber un Ángel en la casa, y que una de ellas debía heredar ese puesto.

Virginia estaba azorada por la debilidad que había transformado a ese hombre, capaz de ser tan sensible, en una persona cruel y ciega a los sentimientos de los demás. Después de la muerte de su padre el Ángel se volvió más insidioso, y trataba de asfixiarla con su sabiduría convencional para evitar que ella pensara y escribiera con libertad, un ultraje ante el que se rebelaba con violencia. "Me volví hacia él y lo tomé por la garganta -le dijo a sus oyentes-. Hice todo lo que pude para matarlo. Mi excusa, si me juzgaran en un tribunal, sería que actué en defensa propia."
Pero el Ángel, (ella misma), un ser ectoplasmático, regresaba a la vida, ya que "es mucho más difícil matar a un fantasma que a la realidad".

El 28 de marzo de 1941, a los cincuenta y nueve años de edad Woolf se ahogó voluntariamente en el río Ouse, cerca de su casa de Sussex. Se puso su abrigo, llenó sus bolsillos con piedras y se lanzó al río Ouse y consiguió su fin. Su cuerpo no fue encontrado hasta el 18 de abril. Su esposo enterró sus restos incinerados bajo un árbol en Rodmell, Sussex. Había dejado dos cartas, una para su hermana Vanessa Bell y otra para su marido Leonard Woolf, las dos personas más importantes de su vida.

La dramática carta que escribió para su marido decía: “Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece lo mejor que puedo hacer. Tú me has dado la máxima felicidad posible. Has sido en todos los sentidos todo lo que cualquiera podría ser. Creo que dos personas no pueden ser más felices hasta que vino esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Se que estoy arruinando tu vida, que sin mi tú podrás trabajar. Lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo — todo el mundo lo sabe. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo”.

Emilio Salgari (1862-1911) fue un escritor y periodista italiano. Escribió principalmente novelas de aventuras, ambientadas en los lugares más variados, como Malasia, el Mar Caribe, la selva India, el lejano oeste de Estados Unidos e incluso los mares árticos. Creó personajes que alimentaron la imaginación de millones de lectores y una gran mayoría de sus historias fueron llevadas al cine y recrearon a varias generaciones, a lo menos hasta los años setenta u ochenta.
¡Quién no recuerda a Sandokán, “El Tigre de la Malasia”, un príncipe de Borneo desposeído de su trono por los británicos. A esos piratas variopintos de exóticas razas, luchando junto a este héroe de los mares, en contra de las injusticias colonialistas inglesas, malvados mercaderes y políticos corruptos, que se apoderan de las islas, las riquezas y la libertad del sufrido pueblo Malayo!

¡Quién no se emocionó hasta las lágrimas con la extrema lealtad y valentía de sus amigos y compañeros de lucha, el portugués Yáñez, el bengalí Tremal-Naik, el mahrato Kammammuri, Sanbigliog y Ada Corishant! ¡Y también, el alivio y el júbilo, cuando las diezmadas expediciones lograban llegar con sus barcos destrozados y sus tripulaciones diezmadas hasta la su base de operaciones, el escondite secreto sito en la Isla de Mompracem! ¡O cuando la amada de Sandokán, Lady Mariana Guillonk, de nacionalidad inglesa y por lo tanto en principio poco aceptada en este mundo de corsarios, que luego es idolatrada por el pueblo como la “Perla de Labuán”, tiene un trágico final en defensa de su héroe, el Tigre de la Malasia.

Curiosamente, Emilio Salgari, quien describe paisajes y territorios con absoluta soltura, de países localizados en una geografía lejana y muy accidentada, jamás visitó esos lugares y no hay evidencia o constancia de que en alguna etapa de su vida recorriera otros países. Igualmente, Salgari se daba a si mismo el título de “Capitán” con el que incluso firmó algunas de sus obras, pese a que, no obstante haber realizado algunos estudios en el Instituto Técnico Naval “P.Sarpi” en Venecia, nunca llegó a obtener tal título y que su experiencia como marino

se reduce a unos cuantos viajes de aprendizaje en un navío escuela y a otro viaje más, esta vez como pasajero del barco mercante “Italia Una”, en el que realizó una travesía de tres meses por el mar Adriático.

Esto habla de su prodigiosa imaginación e inventiva, unida a una prolija investigación documental, como de su poderosa memoria para conservar datos y detalles, así como características humanas, que más tarde trasladó a infinidad de personajes de su creación.
Emilio Salgari, escribió ochenta y cuatro novelas y un sinnúmero de relatos cortos y cuentos imposibles de determinar, que en el menor de los casos, suman más de cien, de piratas, de aventureros, de descubrimientos fastuosos, muchos de ellos de ciencia ficción, como la atípica novela "Las Maravillas del 2000", que escribió en el año 1907. Sus historias compilan una titánica obra que comprende ciclos compuestos de varios capítulos, entre los que podemos destacar:
Ciclo Los Piratas de las Antillas; Ciclo Piratas de las Bermudas; Ciclo Aventuras en el Far-West; Ciclo Capitán Tormenta; Ciclo La Flor de Perlas; Ciclo Los hijos del Aire; Ciclo Los dos marineros: y, una infinidad de otras novelas independientes.
Emilio Salgari se casa en 1892, cuando tenía treinta años, con la actriz de teatro Ida Peruzzi, una mujer muy joven y exuberante a la que llamó siempre cariñosamente, "Aída", como la heroína de Verdi, con quien tiene cuatro hijos, a los que bautiza con los nombres de personajes de sus libros: Fátima, Nadir, Romero y Omar, estableciendo dos años después su residencia en la ciudad de Turín.

Algunos de sus biógrafos describen a Ida como ninfómana e impúdica, portadora de sífilis, con brotes esquizofrénicos que derivaron en muchas rencillas matrimoniales. A su vez Salgari, cuyo padre se suicidó cuando él tenía 27 años no resulta favorecido, ya que estos mismos lo califican como un alcohólico hosco, desagradable y agresivo que ahogaba en el alcohol y el sexo todos sus complejos, manías y obsesiones, como los tacones altos que usaba para ocultar su baja estatura y los seudónimos rimbombantes con que se presentaba a si mismo, como Capitán Salgari y a veces Almirante Guido Altieri, así como el trato a su esposa a quien obligaba a disfrazarse de "Perla de Labuán", cuando los estudiantes llegaban de visita a la casa del “padre de Sandokan y del Corsario Negro”.

Pese al éxito de sus libros, muchos de los cuales alcanzaron tiradas de 100.000 ejemplares para dar satisfacción a los pedidos de todo el mundo, Salgari nunca logró ganar dinero para vivir decentemente. Con lo que recibe de los editores apenas tiene para sustentar a su familia. Su progresivo alcoholismo y el creciente deterioro mental de Ida le fueron creando una desestabilización síquica que degeneró en un primer intento de suicidio con una espada, en 1909, cuando tenía 45 años.

Dos años después Aida es internada en el manicomio de Collegno provocando en él la desesperación más completa. Salgari, desconsolado y acechado por problemas económicos se suicida abriéndose el vientre con su navaja de afeitar según el rito japonés del seppuku conocido como hara-kiri, propinándose grandes heridas en el abdomen y garganta. Era el 25 de abril de 1911 y Emilio tenía 47 años. Dejó escritas tres cartas, dirigidas respectivamente a sus hijos, a sus editores y a los directores de los periódicos de Turín. La carta a sus editores fue suficientemente elocuente:

"A mis editores: A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semi-miseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari".

A los Directores de los periódicos de Turín: Vencido por todo tipo de desgracias, reducido a la miseria a pesar del enorme trabajo, con mi mujer loca en el hospital, a la que no puedo pagar sus gastos, me quito la vida.
Tengo muchos admiradores en Europa y América.
Les pido señores directores, que abran una suscripción para sacar de la miseria a mis cuatro hijos y pagar los gastos de mi mujer mientras esté en el hospital.
Debería haber tenido otra situación y suerte, debido a mi nombre.
Estoy seguro que Uds., señores directores, ayudarán a mis desgraciados hijos y a mi mujer.
Con las gracias más sentidas, me despido,
Emilio Salgari”.

“A mis hijos:
Queridos hijos:
Soy un vencido. La locura de vuestra madre me ha partido el corazón y todas mis fuerzas.
Yo espero que los millones de mis admiradores, a los que durante años he distraído e instruido, os saldrán al encuentro. Os dejo sólo 150 liras, más un crédito de 600 liras, que recogeréis de la señora Nusshaumar. Os dejo la dirección.
Que me entierren como pobre, ya que estoy arruinado. Manteneos buenos y honestos y pensad, en cuanto podáis, en ayudar a vuestra madre.
Os besa a todos, con el corazón sangrando, vuestro desgraciado padre.
Emilio Salgari.
Voy a morir al Valle di San Martino, junto al sitio en el que, cuando vivíamos en Via Guastella, íbamos a desayunar. Encontrarán mi cadáver en un barranco que ya conocéis, porque allí íbamos a coger flores”.

El gran periodista y escritor estadounidense Ernest Miller Hemingway (1899-1961), es considerado uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX. Conocido como el último de los autores neohumanistas, impuso un estilo directo, duro y cínico. El principal tema de su obra es la muerte, única certeza inevitable en la incertidumbre de la vida humana.

En esencia fue un aventurero que recorrió medio mundo, dejando profunda huella a su paso, por su arrolladora personalidad y actitud frente a la vida. En su juventud y en un anticipo de lo que sería su vida, fue un apasionado de la caza y la pesca, fue alumno destacado en Lenguas, estudiaba música y tocaba el violonchelo, formaba parte de la orquesta River Forest High School, jugador de waterpolo y de rugby. Se interesaba también por el boxeo y empezó a mostrar sus aptitudes literarias en el diario escolar, donde se firmaba con el seudónimo de Ring Lardner, Jr.

Al acabar sus estudios, en 1917 no quiso ir a la Universidad, como quería su padre, ni quiso perfeccionar sus estudios de violonchelo, como su madre anhelaba. Se trasladó a Kansas y comenzó a trabajar de reportero en el Kansas City Star. Sus comienzos literarios no fueron nada fáciles ganándose la vida como corresponsal y viajando por toda Europa llegando a trabajar como sparring de boxeadores y cazando palomas en las plazas y parques cuando el dinero no le llegaba para cubrir las necesidades de él y de su esposa.

Cuando Estados Unidos entró en lo que sería la Primera Guerra mundial, Ernest intentó seguir los pasos de sus amigos escritores a quienes admiraba, John Dos Passos, quien se alistó como voluntario en las ambulancias militares de Italia, William Faulkner, que lo hizo como piloto de la RAF, la Fuerza Aérea Británica y F. Scott Fitzgerald, quien se alistó en el ejército estadounidense, para lo cual postuló al Cuerpo de Expedición Americano, pero fue excluido como combatiente por un defecto en el ojo izquierdo y solo consiguió ser admitido como conductor de ambulancias de la Cruz Roja.

En tal condición desembarcó en Burdeos en mayo de 1918 para marchar a Italia. Fue tal su comportamiento que fue condecorado por el gobierno italiano por salvar la vida de un soldado de ese país. Luchó en el frente de batalla, sufriendo graves heridas en sus piernas.

Enamorado de Europa, retrató el Paris bohemio de los años veinte en su primera novela “Fiesta” así como la España y sus fiestas taurinas, las cuales le apasionaban, en “Muerte en la tarde”.
Vivió la guerra civil española de la que escribiría en “Por quién doblan las campanas” después de moverse por Africa cuyas vivencias como cazador dejaría plasmadas en su novela “Las verdes colinas de Africa”.
Participó asimismo en la II Guerra Mundial como corresponsal de guerra y como soldado siendo uno de los primeros en entrar en el París liberado después de desembarcar en la Normandía.
Vivió después más de 20 años en Cuba donde escribiría “El viejo y el mar” que le reportaría el Premio Pullitzer en 1953. Un año después recibiría el Premio Nobel de Literatura.
En Cuba, donde fue dilecto amigo de Fidel Castro, se hospedó por años en el Hotel "Ambos Mundos", de la Habana, donde escribió su novela “Por quién doblan las Campanas”. Luego adquirió la finca Vigía en el poblado San Francisco de Paula, a 25 kilómetros de La Habana, viviendo allí entre 1939 y 1960, mansión que hoy es un museo que da cuenta de su vida en la isla.

Hemingway, dejó un profundo recuerdo en las localidades cercanas a su casa, en sus restaurantes, como Cayo Paraíso, en la costa norte de Pinar del Río, “La Bodeguita del Medio” y El Floridita, negocios que frecuentaba y en particular en un poblado de pescadores llamado Cojímar, donde acostumbraba anclar su yate “El Pilar”, que le sirvió para ambientar su famosa novela “El Viejo y el Mar”. En este poblado, como homenaje del cariño de la gente, los pobladores levantaron una glorieta que guarda un busto colocado en su honor por voluntad popular.

Después de una vida de intensas aventuras y de grandes exitos como escritor, el 2 de julio de 1961 Heminway enfermó de Alzheimer y afectado de una gran depresión, fue hallado muerto en su habitación con la cabeza destrozada por una bala de escopeta de matar tigres, tal cual lo hicieran antes su abuelo y su padre. Su viuda, declararía que se trató de un accidente, pero esa versión se contradice con la experiencia en el uso de armas de Hemingway además que el orificio de bala entró por el paladar, herida eminentemente de tipo suicida.

Hemingway además experimentaba en su vejez un temor casi patológico a parecer o ser identificado como homosexual. En una entrevista posterior a su deceso, su hijo Gregory dijo que “su padre cada día se levantaba con la urgencia de probar que era un hombre. Esa necesidad lo llevó a practicar deportes, caza, pesca, tauromaquía. Creo que bebía tanto para no soñar con ese conflicto. Yo no creo que haya sido un homosexual, sentía una gran atracción por las mujeres, pero sí tenía un gran niedo a sentirse homosexual. El estaba muy preocupado con la masculinidad. Un día me dijo que ser hombre era un trabajo muy duro.”

"No tuvo una infancia muy feliz. Su padre se suicidó en 1928 debido a una enfermedad incurable. Queda traumatizado por una madre autoritaria que lo vestía de niña y, posteriormente, a causa de una dolorosa experiencia al verse obligado a acompañar a su padre (ginecólogo), en el difícil parto de una india cuyo marido se suicidó por no poder soportar los gritos de su mujer"...

Margaux Hemingway, la famosa modelo y actriz de cine, nieta de Ernest (nacida en 1955) padecía de depresión autodestructiva y se suicidó el 1 de julio de 1996, un día antes del aniversario de la muerte de su famoso abuelo.
Greg, el hijo menor del escritor, a quien este siempre rechazó y del cual tenía prohibido hablar en su presencia, por el rechazo que Hemingway hacía de su homosexualidad, se casó después de su muerte con la secretaria de su padre, la periodista irlandesa Valerie Danby-Smith con la que tuvo tres hijos. Este matrimonio fue muy infeliz por el desequilibrio síquico de Gigi, como llamaban a Greg, quien en octubre de 2001, seis años después de haberse sometido a una operación de cambio de sexo, murió en una cárcel de mujeres, a la que había sido conducido en total estado de desorientación.

El 23 de Marzo, Ronald Opus se encontraba en la terraza de un edificio, dispuesto a saltar al vacío para acabar con su vida. Mientras caía al vacío, en su recorrido descendente por la 9ª planta, un disparo fortuito que se produjo a través de una ventana, acabó con su vida.

El suicidio no habría tenido éxito, porque pocos metros más abajo, había una red de protección en la 8ª planta que habían instalado unos limpiacristales.

La investigación, determinó que en la ventana desde donde se produjo el disparo, vivía un matrimonio mayor. El hombre amenazaba con disparar a la mujer con una escopeta mientras mantenían una riña. Estaba tan enfadado que, sin darse cuenta, apretó el gatillo, sin apuntar a la mujer. La bala perdida por la ventana sería la que mataría al suicida.

La situación legal es incierta. Por un lado, el hombre quería suicidarse. Pero por otro, su suicidio nunca hubiera tenido éxito, así que podía pensarse en un homicidio accidental.
Sin embargo, la investigación continuaba. El hombre que disparó afirmaba que el arma siempre estaba descargada, que no sabía qué había ocurrido. Su mujer confirmó sus palabras: el hombre acostumbraba a apuntarla con un arma descargada, como rutina dentro de sus habituales discusiones.

Después se supo, por un testigo, que el hijo de este matrimonio había cargado la escopeta, aproximadamente seis semanas antes del fatal accidente. La investigación puso al descubierto que la mujer había dejado de mantener a su hijo económicamente y este, conociendo la propensión de su padre a amenazar con la escopeta, cargó en arma con la esperanza de que su padre disparara a su madre.

La decepción del hijo, al ver día tras día como su padre nunca apretaba el gatillo, llevó al hijo a saltar desde la terraza de este edificio de diez plantas, para acabar muriendo por un disparo de bala, a través de la ventana de un piso en la 9ª planta.

El forense determinó que la causa de la muerte había sido suicidio.

Sin embargo esta historia, que motivó una película (Magnolia) y que circuló por años en internet, como ejemplo clásico de un suicidio impredecible y de gran complejidad legal, es falsa.

En 1987, el forense Don Harper Mills, que teóricamente había presentado la historia como cierta en un Congreso de la Academia Americana de Ciencias Forenses, nos cuenta la verdad de la misma:
"Se me ocurrió la historia en 1987, para presentarla en la reunión, como forma de entretenimiento y para ilustrar cómo cambiando unos pequeños detalles las consecuencias legales se ven completamente alteradas. En los últimos dos años he recibido unas 400 llamadas telefónicas sobre el tema de escritores, periodistas, estudiantes de leyes, incluso profesores de derecho que quieren incluir la historia en sus libros de texto..."


jueves 17 de junio de 2010

LA FANTASTICA HISTORIA DEL PRESBITERO CHARLES DODGSON

Alicia en el país de las maravillas es uno de los pocos cuentos que las abuelitas nunca pudieron contar a sus nietos. Y con razón, ya que para ser una historia clásica, su lenguaje de doble lectura y disparatado, enrevesado a lo menos, con diálogos que a cada instante amenazaban caer en lo absurdo y con personajes fantásticos que razonaban en otra dimensión, no era fácil no solo entender la trama, sino explicarla oralmente a los pequeños sin desconcertarlos.

Muy distinto era recordar a Rapunzel, el cuento de Hadas de Jakob y Wilhelm Grimm, o El Gato con Botas de Charles Perrault, que lidiar con las decenas de personajes que interactuaban con Alicia en su aventura.

Además, Alicia en el país de las maravillas, se diferenciaba de otros cuentos de época porque carecía de intención moralizante, es decir, con conclusiones, parábolas o ejemplos para que los niños recogiesen alguna enseñanza moral.
Tampoco era del estilo de las fábulas, tan socorridas en estos relatos, donde animales con características humanas, representaban una historia que culminaba en una moraleja de carácter instructivo, los cuales eran bien recibidos en la pacata sociedad inglesa de aquellos años victorianos, bajo el equivocado concepto, que constituían valiosos elementos docentes para la juventud, prejuicio que posteriormente se juzgó erróneo.

Platón fue el primer filósofo que atacó todo tipo de enseñanza educativa mediante fábulas por la preponderancia que le daba a la lógica sobre la estética.
Jean-Jacques Rousseau, 1712-1778, autor de El Contrato Social, las tildó como deformadoras del carácter inocente de los niños y como escritos cargados de mensajes de moral equívoca porque muestran que es el más fuerte y astuto quien vence y posee ventajas sobre quienes adolecen de falta de sagacidad.
Karl Vossler, (1872-1949) creador de la escuela del Idealismo lingüístico y de la Estilística, terminó demoliendo esta costumbre, al sostener que una fábula puede servir como elemento de ayuda en el aprendizaje, pero no para los niños, puesto que un correcto entendimiento de las mismas necesita al menos la experiencia de quien tenga al menos 40 años.

Y finalmente, esta obra de Dodgson, a pesar de constituir una historia mágica, fantasiosa y tierna, esconde un trasfondo de crítica agria e irónica a la alta sociedad inglesa del siglo XIX, a la misma reina, a sus ministros, a la educación y a la política en general, sin mencionar, que la mayoría de sus personajes están basados en los amigos del autor, en sus características físicas y caracteres, aderezados con una alta dosis de sarcasmo cuyo trasfondo por supuesto no siempre un niño es capaz de entender en su totalidad.


Como casi todos sabemos Alicia, la protagonista del relato original, es una inquieta chiquilla de diez años que, en medio de una soporífera mañana, descubre en el jardín de su casa a un conejo blanco, de grandes ojos rosados ataviado con chaqueta y un vistoso chaleco, que consulta reiteradamente un reloj de bolsillo quejándose de lo tarde que es. Curiosa aunque sin sorprenderse demasiado del sobrenatural suceso, Alicia lo sigue hasta un seto, donde descubre la entrada a una madriguera en la que entra, cayendo al vacío, por un hueco vertical interminable donde baja en caída libre por horas hasta el centro de la tierra.

A partir de entonces y hasta el final del libro, Alicia vivirá maravillosas y absurdas aventuras, que incluyen encogimientos, agrandamientos, metamorfosis y encuentros con animales parlantes, soldados baraja, la oruga azul, El Gato de Cheshire, que tiene la capacidad de aparecer y desaparecer gradualmente a voluntad, hasta que no queda nada más que su amplia sonrisa, un sombrerero loco con su infaltable sombrero hongo con la leyenda: “In this style 10/6”, que significa este modelo, diez chelines y seis peniques, y una cruel reina de corazones, de endemoniado genio, presta a ordenar la decapitación de cualquiera (“¡que le corten la cabeza!”), la liebre de marzo, la quejumbrosa falsa tortuga, el lagarto Bill, entre otros excéntricos personajes.

El principal mérito de Alicia en el país de las maravillas quizá sea su propia singularidad. El autor, a falta de las condiciones que precisa para dar vida a sus personajes, inventa otro mundo, donde estos puedan expresarse con su propia lógica.
Proveniente del mundo real, Alicia se enfrenta a un país inédito que se rige por reglas propias, incomprensibles para quienes no forman parte de él. El encanto de este espacio radica precisamente en que allí no predomina la razón tal cual la entendemos los seres humanos. Los distintos episodios que se narran en el libro no son propensos a interpretarse de forma unívoca; más bien responde a mundos equívocos, quizás incluso no sea posible interpretarlos satisfactoriamente.

Ellos más bien son el testimonio de una imaginación en ebullición, de un sitio cuya existencia necesita el concurso del indomeñable condado de los sueños y sus caprichosas manifestaciones. El mundo subterráneo de Dodgson es una receta maestra de un viaje hacia lo inimaginable, donde sus juegos matemáticos poseen existencia propia, como fue después el surrealista espacio sudamericano Macondo, el país de Gabriel García Márquez, donde moran sus geniales personajes.

Esta técnica narrativa de Dodgson, con juegos de palabras, parodias ocultas y paradojas lingüísticas, fueron en verdad mejor recibidas por los adultos de cierta ilustración que por los niños; y mayormente, fue a través de ellos que este cuento creo fama y cruzó fronteras. Tanto fue así, que a poco andar el autor debió publicar un texto más adecuado para los pequeños, más simple, bajo el título de Alicia para niños (1890).
Es decir, técnicamente el cuento de Dodgson no es propiamente un cuento infantil dirigido a los pequeños, sino que su pretensión fue recuperar desde lo más profundo de los sentimientos humanos, aquella sensibilidad e ingenua transparencia de los infantes, el candor y esa capacidad ilimitada de sentir asombro por los nuevos aprendizajes, que necesariamente, si existieron en la niñez, si fueron parte importante de nuestra naturaleza, no podrían haberse extinguido en la vida adulta.

Walter de la Mare, poeta, cuentista, ensayista, dramaturgo y novelista inglés (1873-1956), quien fuera considerado uno de los mejores prosistas del siglo XX, respecto del libro dice así: “Es uno de los raros libros del mundo que puede ser leído con placer por viejos y jóvenes…Es el único libro de “nonsense” escrito para los niños, sin que sea infantil…Aún más, nos permite acceder a una región del espíritu que, hasta este autor, no solamente era inexplorada, sino también perfectamente desconocida. Y, sin embargo, como algunos otros excepcionales aciertos, fue fruto de un feliz accidente".

Dodgson apostó, que a través de su obra, aquellas incursiones que alguna vez todos los niños del mundo realizaron en la tierra de la fantasía, avivaría en cada persona que leyera sus historias, esos recuerdos queridos y celosamente guardados en algún compartimento secreto de su espíritu, que los convertiría otra vez en los niños felices que algún día fueron.

Y no solo eso, sino que con rara habilidad intercaló en los diálogos de sus personajes, para capturar a su público, para fascinar a estos niños grandes, conceptos aritméticos y de álgebra, propiedades de una circunferencia, lógica, análisis y razonamiento deductivo, elementos incorporados a la cultura general de la gente, que colocadas en la lectura y en los diálogos de los personajes, aparentando que son fruto del azar, despiertan el recuerdo nemotécnico y disparan su curiosidad investigativa para ir descubriendo en los trucos de la lectura, la lógica de este mundo ilógico de la traviesa Alicia.

Por ejemplo, la misteriosa característica que posee el Gato de Cheshire, de desaparecer casi totalmente, dejando únicamente su sonrisa, hace ver a Alicia que muchas veces ha visto un gato sin sonrisa, pero ninguna ha visto una sonrisa sin gato.

En el capítulo 5: Consejos de una oruga, la paloma afirma que las niñas pequeñas son un cierto tipo de serpiente, ya que las dos comen huevo. Esta deducción recuerda al cambio de variables que se utiliza en multitud de ocasiones en matemáticas.

En el capítulo 7: Una merienda de locos, Alicia toma como iguales las acciones “digo lo que pienso” y “pienso lo que digo”, a lo que el sombrerero responde que eso sería lo mismo que decir que “veo cuanto como” es igual a “como cuanto veo”. Esto recuerda en cierta medida a una función y su inversa.

En verdad en ninguna parte del libro se menciona que el sombrerero es loco. La confusión se da por que el Gato de Cheshire advierte a Alicia que el Sombrerero está loco, lo cual es confirmado por la conducta excéntrica del Sombrerero y también porque en una escena donde es personaje principal se titula "Una merienda de locos".
En el programa televisivo Aunque usted no lo crea de Ripley, de la década de 1980, se hace referencia al personaje del Sombrerero, explicando que en la época en que el libro fue escrito, los sombrereros trabajaban frecuentemente con mercurio que era utilizado para procesar el fieltro de los sombreros, y al hacerlo en espacios cerrados. Con frecuencia inhalaban los vapores de este metal, lo que provocaba trastornos a la salud (hidrargismo),) que fácilmente podría describirse como locura.

Pero, para explicar como se gestó este famoso cuento, -que hoy-, aparte de la Biblia y el Quijote, es el mayormente traducido a más lenguas en el mundo como también uno de los libros más llevados a la gran pantalla, junto a Peter Pan, es necesario conocer algunos entretelones de la vida de su autor y la forma en que nació su inspiración; adentrarnos en la vida y pensamientos de este extraordinario escritor, adelantado en cien años a los narradores de su tipo, que fijó las bases de lo que luego se daría en llamar “la literatura del nonsense” (del sin sentido), un nuevo universo que su genio incorporó a la literatura, veta inagotable que han explotado hasta la saciedad todos los escritores de ciencia ficción y anticipación del siglo veinte y lo que va corrido del veintiuno, para cimentar sus fantasiosas creaciones.

Dodgson, escribió todas sus obras bajo el seudónimo de Lewis Carroll y bajo este nombre pasó a la posteridad. De intelecto multifacético, fue matemático, poeta, pastor anglicano, escritor, fotógrafo y dibujante en la Inglaterra del siglo XIX.

Nacido en una familia inglesa en los tiempos en que aún regentaba la nación la temible reina Victoria, Charles Lutwidge Dodgson continuó la tradición familiar. Su bisabuelo, llamado también Charles Dodgson llegó a ser obispo. Su padre, llamado del mismo modo, fue párroco rural la High Church Anglicana convirtiéndose con el tiempo en archidiácono de la catedral de Ripón y el mismo Charles Dodgson, ahora Lewis Carroll, que servía como profesor de matemáticas en la Universidad de Oxford, fue nombrado Diácono en 1861, aunque nunca se decidió a ejercer oficialmente este cargo eclesiástico.

En el ámbito de la fotografía, mostró una marcada tendencia a buscar modelos entre niñas de corta edad y fueron miles las fotos que hizo con esta temática. Una de sus modelos preferidas fue Alexandra Kitchin («Xie»), hija del deán de la catedral de Winchester, a la que fotografió unas cincuenta veces desde que tenía 4 años hasta que cumplió 16. En 1880 intentó fotografiarla en traje de baño, pero no se le permitió. Esta afición le trajo varios problemas ya que mucha gente lo consideraba un pedófilo en potencia, por lo que debió devolver o destruir muchas tomas de niñas semidesnudas, para evitar ser denunciado o mantener encendida la llama del escándalo.

De su obra retratista que se conserva, más de la mitad son de niñas de corta edad, no obstante, se considera que todo lo que ha logrado recopilarse no es sino un tercio de su trabajo fotográfico total. Se creía que todas las fotos comprometedoras se habían perdido, pero se han encontrado seis desnudos, de los cuales cuatro han sido publicados.

Su obra fue reconocida póstumamente y en la actualidad, es considerado uno de los fotógrafos victorianos más importantes e influyentes en la fotografía artística contemporánea.
Alicia en el país de las Maravillas, se gestó en uno de los frecuentes paseos en barco en el río Támesis, que Dodgson provocaba para estar en compañía de sus modelos y amigas, las hermanas Edith, Alice y Lorina Charlotte Lidell. Esta vez iba acompañado del reverendo Robinson Duckworth y como era habitual “el tío Charles”, entretenía a las niñas con actos de magia, anécdotas y cuentos.
Ese día Charles estaba especialmente inspirado e improvisó una historia que bautizó como Las aventuras subterráneas de Alicia, que fue muy celebrado por las menores, que no le permitían ponerle punto final, obligándolo a crear más y más episodios. Tanto les gustó este cuento a las hermanas Lidell, en especial a Alicia, que ésta lo comprometió a que lo pusiera por escrito y se los regalara, dado que todas querían volver a escucharlo o leerlo muchas veces.Puesto a esta tarea nada fácil, Dodgson empezó la redacción del cuento esa misma noche y solo pudo regalárselo y cumplir con su compromiso a Alice Liddell en las Navidades siguientes. El manuscrito se titulaba Las Aventuras Subterráneas de Alicia y las ilustraciones fueron hechas por él mismo.

Es claro que Alicia, con sus diez años frente a los treinta que ostentaba Dodgson, producía en este una gran fascinación y existe constancia que esta perduró hasta su muerte. Varios autores achacan este sentimiento a una tendencia muy marcada en Charles, a buscar en la candidez infantil los mejores valores humanos, la sinceridad, espontaneidad y buenos sentimientos. Otros, más maliciosos, creen interpretar en su conducta una desviación sexual que tenía por blanco a las niñas, a las que buscaba fotografiar en diferentes posturas, atendía solícitamente, daba presentes y buscaba su compañía, a varias de las cuales, incluso en el caso de Alicia Liddell, habría propuesto a sus padres, que se las entregara en matrimonio a su mayoría de edad.

Sea cual sea la verdad y el papel que la pequeña Alicia jugó como inspiradora del personaje de su cuento, el hecho es que los libros están dedicados a Alice Pleasance Liddell. Incluso al final de el segundo Libro Alicia a través del Espejo, hay un poema acróstico que tomando la primera letra de cada verso permite leer el nombre completo de la niña. Ese poema no tiene título en Alicia a través del Espejo, pero suele tomarse como título el primer verso, "A Boat Beneath a Sunny Sky" ("Bajo un soleado cielo, una barca") y lo colocamos aquí a manera de curiosidad.


A boat beneath a sunny sky,
Lingering onward dreamily
In an evening of July--

Children three that nestle near,
Eager eye and willing ear,
Pleased a simple tale to hear--

Long has paled that sunny sky:
Echoes fade and memories die.
Autumn frosts have slain July.

Still she haunts me, phantomwise,
Alice moving under skies
Never seen by waking eyes.

Children yet, the tale to hear,
Eager eye and willing ear,
Lovingly shall nestle near.

In a Wonderland they lie,
Dreaming as the days go by,
Dreaming as the summers die:

Ever drifting down the stream--
Lingering in the golden gleam--
Life, what is it but a dream?

Tres años más tarde, motivado por el éxito que el librito había tenido entre los que lo conocieron, realizó una revisión del texto y se lo presentó al editor Macmillan, a quien le gustó de inmediato. Tras barajar los títulos de Alicia entre las Hadas y La hora Dorada de Alicia, la obra se publicó finalmente en 1865 como Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in Wonderland), bajo la firma de Lewis Carroll, seudónimo que había entrenado en 1856 cuando publicó su primera obra, un poemilla romántico, «Solitude», que apareció en The Train.

Nadie habría sospechado en ese momento, que aquel modesto libro, estaba destinado a convertirse en la obra literaria inglesa más leída después de la de Shakespeare ni la poderosa influencia que llegaría a ejercer en la literatura universal posterior.
Por tanto, de inmediato Carroll acometió la tarea de escribir y publicar una segunda parte llamada Alicia a través del Espejo, extraordinario trabajo, con nuevas historias y personajes, que complementó a su primera Alicia y que al momento de ser llevada al cine fueron reeditadas por quienes escribieron los guiones de las películas, amalgamando ambos libros y en cierta forma, desvirtuando el valor individual que estas poseen indistintamente.

Vale la pena mencionar que las ilustraciones de esta primera edición fueron obra de Sir John Tenniel, considerado entonces como uno de los mejores caricaturistas ingleses, quien hizo 34 viñetas para ilustrar la obra a cambio de un pago de 138 libras esterlinas, negándose a basar estos dibujos en una fotografía que Carroll le entregó de la niña Hilton Badcock, una de sus modelos fotográficas.
De todas maneras, Carroll no quedó muy conforme con estas ilustraciones y al respecto declaró: “El Sr. Tenniel es el único artista que ha dibujado para mí, que ha decididamente rechazado el uso de un modelo, y me ha dicho que no necesita de uno, más que lo que yo necesito de una tabla de multiplicar para resolver un problema matemático. Me arriesgo a pensar que él estaba equivocado, pues dibujó varios retratos de una "Alicia" completamente desproporcionada, con la cabeza demasiado grande, y los pies definitivamente demasiado pequeños”.

En Alicia a través del Espejo, no podemos dejar de mencionar otra genialidad de Lewis Carroll, el poema Jabberwocky, considerado como uno de los mejores poemas sin sentido escritos en idioma inglés. Muchas de las palabras usadas allí fueron creaciones de Carroll, inventadas o fruto de fusiones de palabras.
Uno de sus personajes, con fama propia en Gran Bretaña es Humpty Dumpty (Tentetieso), muy conocido por una famosa y antigua rima infantil de Mamá Ganso o Mamá Oca.

Según Wikipedia, “En general, se reconoce al famoso escritor francés Charles Perrault como el principal difusor del personaje de Mamá Oca. En 1697 publicó su libro de relatos más conocidos como Historias y Cuentos de Tiempos Pasados, que subtituló como Los Cuentos de mi Madre la Oca, nombre con el que fueron conocidos y traducidos a numerosos idiomas. Perrault recopiló y reelaboró numerosos relatos de la tradición oral, como El gato con botas o Caperucita Roja; el personaje de mamá Oca es empleado en su libro como el de un falso autor de los cuentos, instrumento que permite a Perrault entroncar directamente con la tradición oral francesa, que reconocía a mamá Oca como autora de los relatos infantiles, y acercarse así al lector”.

Carroll, recoge a este personaje y lo incluye en Alicia a través del Espejo, pero le da la caracterización de un huevo. En la rima original de 1810 no se menciona esta caracterización. Más bien, el vocablo en jerga inglesa de la época, se refería a una persona torpe y pequeña. Humpty Dumpty, en la obra, discute semántica y pragmatismo con la heroína Alicia, y le explica, a su manera, el significado de las palabras extrañas del poema Jabberwocky. Algunas de las palabras inventadas en este poema (como chortled, galumphing y frabjous) se incorporaron al idioma inglés. La misma palabra Jabberwocky es utilizada en inglés para referirse al lenguaje sin sentido.

Aquí mostramos, para los interesados un trozo e esta prosa tan especial y característica del poemario absurdo de Carroll, que dicho sea de paso, tiene cientos de miles de seguidores a través del planeta, que disfrutan con estos giros originales lingüísticos.

Jerigóndor:
Cocillaba el día y las tovas agilimosas
giroscopaban y barrenaban en el larde.
Todos debirables estaban los burgovos,
y silbramaban las alecas rastas.
“Cuídate, hijo mío, del Jerigóndor,
que sus dientes muerden y sus garras agarran!
!Cuídate del pájaro Jubjub, y huye
del frumioso zumbabadanas!”
Echó mano a su espada vorpal;
buscó largo tiempo al manxomo enemigo,
descansó junto al árbol Tumtum,
y permaneció tiempo y tiempo meditando.
Y, estando sumido en irribumdos pensamientos,
surgió, con ojos de fuego,
bafeando, el Jerigóndor del túlgido bosque,
y burbulló al llegar!
!Zis, zas! !Zis, zas! !Una y otra vez
tajó y hendió la hoja vorpal!
Cayó sin vida, y con su cabeza,
emprendió galofante su regreso.
“!Has matado al Jerigóndor?
Ven a mis brazos, sonrillante chiquillo,
!Ah, frazoso día! !Calós! !Calay!”
mientras él resorreía de gozo.
• Cocillaba el día y las tovas agilimosas
giroscopaban y barrenaban en el larde.
Todos debirables estaban los burgovos,
y silbramaban las alecas rastas.


Estos no fueron los únicos trabajos de Dodgson. Como Lewis Carroll publicó también su gran poema épico La Caza del Snark en 1876 y los dos volúmenes de su última obra Silvia y Bruno en 1889. Ya antes y bajo su propio nombre había publicado varios artículos y libros de temas matemáticos, entre los que destacan El Juego de la Lógica y Euclides y sus Rivales Modernos. Además de An Elementary Theory of Determinants, escrito en 1867.

Del original de Alicia en el País de las Maravillas, sólo se conservan 23 copias de la primera edición de 1865, de las cuales 17 pertenecen a distintas bibliotecas, estando las restantes en manos privadas. La obra ha sido traducida a la mayoría de los idiomas existentes, incluido el esperanto. En 1998, un ejemplar de la primera edición del libro fue vendido en subasta por la suma de 1,5 millones de dólares convirtiéndose así en el libro para niños más caro hasta ese momento.
Especial mención merece su también fantástico y peculiar obra La Caza del Snark o Agonía en Ocho Cantos como también se la conoce.
El relato de La caza del Snark es un texto singular y apasionante; narra en verso, la enigmática hazaña de la caza de un animal desconcertante y único, un monstruo mitológico que nadie nunca ha visto, cuya existencia es recogida como cierta por un grupo de aventureros que emprende su búsqueda por el mar. En este poema épico, pieza maestra del "sinsentido" (nonsense), Lewis Carroll nos presenta la extravagante expedición conducida por el "Hombre de la Campana” (el Capitán) para cazar a un Snark, criatura híbrida, mitad serpiente (snake) y mitad tiburón (shark).
Esta aventura ha sido catalogada como "el viaje imposible de una tripulación improbable, para hallar a una criatura inconcebible".


La Caza del Snark, ocasionalmente toma elementos del poema Jabberwocky, de Alicia a través del Espejo, especialmente algunos nombres de criaturas como el Jubjub o el Bandersnatch; y algunos portmanteaus (que consiste en fusionar dos o más palabras para formar una sola, ej: "entrambos" ("entre ambos"). Sin embargo, se trata de un poema independiente.
El Capitán de la nave desprecia los mapas y los instrumentos de navegación y solo tiene para guiarse y encontrar la ruta verdadera un mapa en blanco y una campana. Algunas de sus órdenes eran difíciles de comprender y menos de seguir, como aquella de “¡Rumbo a estribor, pero mantengan la proa a babor!”.
Cuando describe las características de la bestia y en particular aquello que caracteriza a las diferentes especies a su aterrorizada tripulación, les adelanta que hay que distinguir entre las que tienen plumas y muerden de aquellos otros que tienen bigotes y arañan.
De esta obra, al igual que de Alicia en el País de las Maravillas, Martin Gardner ha publicado sus brillantes anotaciones, que resultan imprescindibles para quienes somos novatos en las lides del vuelo literario, para comprender todos los alcances y triquiñuelas escondidas en el relato.
Del Snark Anotado, sacamos la siguiente anécdota:

En cierta ocasión, el Presidente Roosevelt expresó a un comensal de la Casa Blanca su satisfacción por poder citarle el Snark sin necesidad de mayores explicaciones. Y añadió:

¿Creería usted que nadie de la Administración ha oído hablar de Alicia, y mucho menos del Snark? Y, cuando el otro día dije al ministro de Marina: “Señor ministro, Lo que digo tres veces es verdad”, no entendió la alusión y contestó en tono ofendido: “¡Señor Presidente, nunca se me habría ocurrido poner en duda su veracidad!”

Esta historia, es en referencia a la primera estrofa del Canto primero de la Obra, que acotamos para mejor comprensión:

Canto primero
EL DESEMBARCO

“¡Excelente lugar para el Snark!”, exclamó el capitán,
a la vez que desembarcaba con sumo cuidado a su tripulación:
ensortijando los cabellos de cada marinero en su dedo,
les ponía fuera del alcance de la olas.

“¡Excelente lugar para el Snark!”, repitió,
como si esta sola frase debiera estimular a la tripulación.
“¡Excelente lugar para el Snark!, y lo digo por tercera vez.
Recordad, todo lo que os diga tres veces es siempre verdad.”

Aficionado como era a los acertijos y los juegos de palabras, Dodgson no podía incurrir en al vulgaridad de una caprichosa elección de su nombre literario. El sobrenombre lo creó a partir de la latinización de su nombre y el apellido de su madre, Charles Lutwidge. Lutwidge fue latinizado como Ludovicus, y Charles como Carolus. El resultante, Ludovicus Carolus, regresó otra vez al idioma inglés como Lewis Carroll.

En su vida privada, Charles Dodgson era un hombre tranquilo e introvertido, tal vez por la tartamudez que le aquejaba y que según algunos fue el motivo que inhibió que se dedicara al sacerdocio. En su vida pública fue algo vulgar: profesor aburrido y acérrimo conservador, su rasgo más peculiar fue su gran amor por las niñas (sentía aversión por los niños), amor que fue definido de “enfermizo” por algunos autores. Además le gustaban los títeres, la criptografía y el ajedrez. A través de la fotografía, Carroll trató de combinar los ideales de libertad y belleza con la inocencia edénica, donde el cuerpo humano y el contacto humano podían ser disfrutados sin sentimiento de culpa.
A los doce años fue enviado a una escuela privada en las afueras de Richmond donde al parecer algo ocurrió con él, que marcó su existencia. Años después escribió: “Creo ... que por nada en este mundo volvería de nuevo a vivir los tres años que pasé allí ... Puedo decir, honestamente, que si hubiese estado ... a salvo de la molestia nocturna, la dureza de la vida diurna se me hubiera hecho, en comparación, muchísimo más soportable”…

La naturaleza de esta «molestia nocturna» nunca será, quizá, correctamente interpretada. Puede ser una forma delicada de hacer referencia a algún tipo de abuso sexual, quizás por ello rechazaba a los jóvenes.
Una vez escribió: “Confieso que no me gustan los niños desnudos en fotografías, siempre parecen necesitar ropa, mientras que uno difícilmente comprende por qué las adorables formas de las niñas tendrían que ser cubiertas.”
“Me encantan los niños (excepto los varones)”
.

El hombre que soñó Alicia y nos legó el nonsense y una de las obras consideradas canónicas de la literatura universal, como es Alicia en el País de las Maravillas, falleció el 14 de enero de 1898, soltero, a los 66 años de edad en Guildford, Surrey, es decir, hace 112 años.