jueves, 23 de septiembre de 2010

DESCUBRIENDO A CRISTOBAL COLON.


“La historia es un manojo de mentiras llena de fábulas y fantasía; nos enseña los infortunios y errores de la América; pero es elocuente para los que saben leerla”… Simón Bolívar.

Hay temas que resulta obligatorio investigar a cabalidad antes de opinar, porque conducen a la médula misma de lo que muchos llaman pomposamente historia oficial, o al menos a la leyenda que la originó, que no por serlo, es siempre verdadera.

Las historias relevantes que deben necesariamente hacerse públicas, sea por su trascendencia internacional o porque cambian un concepto tenido hasta entonces por cierto, generalmente van perdiendo su sustancia en el tecnicismo de la composición del mensaje, en lo apretado de la síntesis que se desea entregar, o bien, por ocultamiento premeditado por parte de bellacos que tienen órdenes de tergiversarla, disimular algunos hechos y falsificar si cabe los testimonios, sin detenerse ante escrúpulos de ninguna especie.

Cuando la versión oficial llamada historia, va perdiendo credibilidad, sea porque fue construida sobre andamios falsos o por que se develan nuevos antecedentes que minan su solidez, es casi imposible reconstruirla y no solo eso, resulta improbable que la gente crea en la nueva versión, aunque ésta sea la original.

La primera versión es como un secreto visto a través de una puerta entornada. Los primeros en llegar se hacen dueños de la historia. Nadie acepta que era imposible desde esa abertura de unos pocos centímetros observar con detalles hacia el interior del cuarto y formarse una idea acabada y exacta del secreto guardado allí.
Esto conduce al equívoco que todos repiten solo lo visto o lo escuchado, asegurando que corresponde a una realidad palmaria. Esa es la única verdad aceptada y se constituye en una especie de altar que todos veneran.

Además, toda versión que se precie de seria, debe tener un aval creíble, instituciones solventes y gente que tenga a lo menos un título universitario: un par de historiadores, egiptólogos, algún Obispo, un aventurero famoso que se topó con el hallazgo, un antropólogo, un forense, tal vez un monarca… y hasta un general. El axioma aceptado por la credulidad popular es que si ellos lo dicen hay que creerles. A nadie se le ocurre que la versión de estos validadores pueda esconder segundas intenciones

Así hemos llegado al siglo veintiuno con estas “verdades” que hoy son insostenibles en el tiempo y en el espacio: Qué Colón descubrió América. Qué la Esfinge debe su deterioro al roce de la arena del desierto. Qué las pirámides son tumbas mortuorias.
Ayer se decía que la tierra era plana, que un mar de fuego dividía los océanos, que el centro del universo era nuestro planeta, que Dios hizo el mundo en seis días.
Las hipótesis sobre las brujas y el éter resultaron ser falsas. La infalibilidad papal y hasta las recetas de las abuelitas, se quedaron rezagadas en el tiempo desacreditadas por el sentido común y la tecnología.

Nada importa que a Colón jamás se le pasó por la mente un “Nuevo Mundo” y que nunca supo que descubrió América. Qué no se necesita ser egiptólogo para asegurar,- eso que a cualquiera le parece obvio-, que esa erosión que presenta ese gigantesco trozo de roca del porte de un estadio de fútbol, que es la Esfinge enterrada en el desierto, es producto del roce continuo de la arena.
No obstante esa antigua y poco imaginativa teoría de la egiptología oficial, hoy se tambalea ante la evidencia arqueológica que señala que tal erosión es efecto de aguas de lluvias, tal vez de la Última Era Glacial, lo que sitúa su construcción en una edad mucho más lejana que la dicha, siglos quizás, cuando el desierto de Sáhara era tropical. Apoyan esta teoría, las antiguas pinturas de cuevas que indican que esa región del Sáhara fue húmeda y permitió la vida animal y vegetal.

Las Grandes Pirámides no son tumbas. Nunca se ha encontrado un cadáver en ellas, ni siquiera rastros. Y aunque pataleen los egiptólogos que así lo afirman, -que lo hacen en resguardo de su prestigio, que con esta interpretación queda por los suelos-, lo más probable es que fueron templos iniciáticos, ceremoniales, o quizás estaciones geodésicas, destinadas a recoger la energía del Universo. Tampoco en el interior de las pirámides de Giza se ha encontrado ninguna pintura ni representación del faraón que supuestamente estaba enterrado en ellas.

Hoy vivimos una etapa en que todo debe revisarse y volver a probarse a la luz del conocimiento. Son tantos los errores del pasado, las mentiras históricas, las estafas universales que los poderosos hicieron creer a la humanidad; las ruedas de carreta que las religiones hicieron comulgar a los ilusos, que la única verdad absoluta es que no existen las verdades absolutas.

La información existente pone en duda incluso, uno de los hitos más relevantes de la aventura humana conocido como el descubrimiento de América.

¿QUIÉN DESCUBRIÓ REALMENTE AMÉRICA?
La antigua controversia de si América fue realmente descubierta por Cristóbal Colón, Hernando de Magallanes o Américo Vespucio, entre otros, sigue muy viva en los círculos de los historiadores, a pesar que hay otros muy buenos candidatos, con meritorios antecedentes que han ido apareciendo en la misma medida que se profundiza en el conocimiento de las reales causas políticas, comerciales y especialmente religiosas de la época.
Había muchas potencias emergentes envueltas en el afán de expandir sus fronteras, que se disputaban el destino de la humanidad de los siglos venideros y todavía hay mucha tela que cortar referente a las intrigas y ambiciones personales de estos navegantes y sus elites de financistas y mercaderes, casi todos ellos con un nutrido historial de piratas o bucaneros, ex convictos por crímenes de sangre, mercenarios y aventureros sin patria ni ley.

La historia oficial sindica al navegante genovés Cristóbal Colón el mérito de haber descubierto ese continente desconocido para los europeos, que muchos suponían debía existir, pero que ninguna nación había encontrado y tomado posesión, pese a que existe conciencia en la comunidad científica que el continente fue visitado mucho antes por diversas exploraciones de los pueblos antiguos, como los fenicios, los chinos o los vikingos. La misma versión reconoce que en la reconstitución tanto de la vida de Colón, como de su ascendencia y hasta su verdadero nombre, presentan muchas lagunas y muy pocos antecedentes que confirmen su línea familiar. Igualmente se tiene la convicción, que nunca Colón se percató que había descubierto un continente.

Sus biógrafos escriben que fue cartógrafo, Almirante, Virrey y Gobernador General de la Indias, famoso por haber realizado “el denominado” descubrimiento de América.
Pero a renglón seguido, no pueden obviar decir, que Colón en verdad creía haber llegado “al continente asiático” llamado en esa época Indias y que murió sin saber que había llegado a una tierra desconocida por los europeos. Es decir ni Colón, ni los reyes de Castilla ni nadie nunca en esa época supo que se había descubierto América.

Años más tarde, merced a la expedición del marino portugués al servicio de España Fernando de Magallanes, que fué el primer europeo en pasar del Océano Atlántico al Pacífico al descubrir el Estrecho que lleva su nombre el 1 de noviembre de 1520, quién también logró la primera circunnavegación de la Tierra en 1522, se pudo confirmar que las tierras a las que arribó Colón, pertenecían a otro continente y no a Asia, como se pensaba y principalmente establecer definitivamente la esfericidad de la Tierra.

¿Pero quién era en realidad este hombre que según lo expresado por diversas personas que convivieron con él se hacía llamar por nueve o diez diferentes nombres? Muchos le llamaban Colombo, otros Colomo, Colonne, algunos Colom, Columbos y los más Colón.
Se indica que habría nacido en Génova, Italia hacia 1450 siendo sus padres Doménico Colombo y Susana Fontanarosa.

El historiador Salvador de Madariaga defiende que era judío converso, de ahí el intento de ocultar su origen; García de la Riega le atribuye origen gallego. Para Luis de Ulloa era un noble catalán cuyo nombre real sería Joan Colom. Varios investigadores dicen que hacia 1473, siendo un jovenzuelo, abandonó la ciudad de Savona y fue grumete. Algunos estudiosos indican que participó en campañas navales al servicio de Renato de Anjou y por su intermedio bajo las órdenes del corsario Colombo o Coulon el Viejo, con el que aparentemente no guardaba ninguna relación familiar, pues era un corsario gascón llamado en realidad Guillermo de Casenove, pero de donde quizás tomó prestado tal nombre. No obstante, hay serios antecedentes que establecen su relación y parentesco con Guillaume de Casenove Coullon y Cristóbal Colón, hermanos de su madre Margarita, famosos y sanguinarios corsarios al servicio del rey Renato de Anjou, con los cuales navegó entre 1470 y 1476.

Otras versiones menos creíbles lo señalan como el mítico marino alemán Juan Scolvus, quien habría estado entre los primeros europeos en alcanzar las costas de América, previo al primer viaje oficial conocido de Cristóbal Colón. Se señala que habría llegado a la zona de Norteamérica donde está Boston y ofrecido el proyecto de descubrimiento a Fernando El Católico en beneficio de Cataluña. El tal Scolvus o Scolnus es nombrado también como descubridor del Labrador, por Francisco López de Gómara, en su Historia General de Las Indias y Conquista de México (1552).
¿Cómo es posible que el misterio de su verdadero nombre, nacionalidad y familia, lugar de nacimiento, colegios dónde estudió, dónde pasó su juventud y quienes fueron sus amigos nunca hallan podido determinarse? Pase con un hombre común y corriente, pero no con alguien tan famoso que fue el descubridor de un Nuevo Mundo.

Baste recordar que la historia es capaz de narrar con lujo de detalles la vida de hombres legendarios como Alejandro Magno hacia el año 256 antes de Cristo; la de célebres faraones desde el período Dinástico de 5.000 a 13.000 a. de C; la de los griegos, persas, asirios, sumerios y hasta de Nabucodonosor rey de Babilonia hacia el II milenio antes de Cristo..., pero no de Colón.

Como veremos, toda la supuesta vida de este enigmático personaje, sus hazañas y actuaciones, están rodeadas en un halo de misterios y preguntas sin explicación coherentes, como también ocurre con sus facciones físicas, pues extrañamente Colón nunca posó para ningún pintor, resultando altamente incomprensible que a nadie se le hubiera ocurrido retratar al aventurero más importante de la historia, ya que se ha establecido, que las pinturas que muestran su rostro, fueron realizadas a través de interpretaciones de relatos, por gente que no lo conoció.

Tampoco nadie ha podido hallar el “Diario de ”A bordo” donde Colón, como era costumbre de todos los capitanes, anotaba los acontecimientos y sus impresiones personales de sus cuatro viajes al Nuevo Mundo, el cual supuestamente desapareció, para convertirse en un misterio más de todos los que se relacionan con su persona.

EL investigador histórico, Carlos Brant en su libro: "EL MISTERIOSO ALMIRANTE Y SU ENIGMÁTICO DESCUBRIMIENTO", página 23 nos dice lo siguiente:
"A CUALQUIER QUISTE, SIN NECESIDAD DE QUE DESCUBRA LA AMÉRICA, SE LE CONOCE LA FECHA Y LUGAR EN QUE NACIÓ, EN TANTO QUE NOSOTROS DESCONOCEMOS LAS DEl GRAN ALMIRANTE DE LA MAR OCÉANO, VIRREY DE LA INDIA, DESCUBRIDOR DEL NUEVO MUNDO, HOMBRE QUE FIRMO CON EL REY VARIOS CONTRATOS, SIN CONTAR SUS FAMOSOS TESTAMENTOS, MAYORAZGOS Y OTROS DOCUMENTOS.
¡Y QUE VENGAN A DECIRNOS QUE ESA FECHA SE PERDIÓ POR INDOLENCIA O POR DESCUIDO! NO HAY TAL COSA; ESTA FECHA SE PERDIÓ ASÍ COMO TAMBIÉN DESAPARECIERON LA NACIONALIDAD ORIGINAL DEL ALMIRANTE , SU VERDADERO NOMBRE, Y EL REAL MOTIVO DE SU FAMOSA EXPEDICIÓN, PORQUE TANTO AL REY, COMO A COLÓN Y A LOS SUYOS, LES CONVENÍA HACER DESAPARECER ESOS DATOS".


Se dice de él, que su profesión fue cartógrafo y que tenía por ende un profundo conocimiento de geografía y que dominaba la técnica de confeccionar mapas con detalles, fijando los puntos y las referencias adecuadas para ser comprendidas por los navegantes. Sin embargo, a pesar de su profesión y cuando fue necesario registrar esos supuestos territorios donde arribó para dar cuenta al rey, Colón, en el único mapa que se le conoce y que hay fe que lo hizo de su propia mano, solo dibujó un escuálido mapa, no mejor que cualquier aficionado, carente de detalles técnicos del oficio.

La Historia Oficial indica que nació en Génova en 1451 donde vivió hasta los 21 años. Demás está decir entonces que si nació y vivió allí debía hablar italiano. Pero existe un solo DOCUMENTO HISTÓRICO donde Colón manifiesta por escrito ser Genovés. Ese documento se llama MAYORAZGO; y ahí escribió lo siguiente: "SIENDO YO NACIDO EN GÉNOVA...". Ahora bien, si Colón nació y vivió en Génova hasta los 21 años como se asegura, si no hablaba italiano lo probable es que dominara algún dialecto Genovés.

El conocido historiador Español Nectario María, en su reportaje aparecido en el diario "Ultimas Noticias", PRUEBA por medio de una carta enviada por Colón a un Italiano llamado Micer Juan Luis, en Génova, en el año de 1504, que Colón NO HABLABA ITALIANO; pues, la carta la escribió en Castellano, cuando sabía que su corresponsal no hablaba esa lengua.
Menéndez Pidal, en su libro "LA LENGUA DE CRISTÓBAL COLON", página 25, observa que a Colón se le encontró un libro de la "Historia Natural de Plinio", publicada en Italiano. A dicho ejemplar Colón le escribió ciertos comentarios en forma de notas en Castellano. Es curioso que a una obra escrita en Italiano no se le haga sus comentarios sino en Castellano. Esto prueba que Colón posiblemente leía el Italiano, pero no lo hablaba ni escribía.

Carlos Brant nos dice en su libro: "EL MISTERIOSO ALMIRANTE Y SU ENIGMÁTICO DESCUBRIMIENTO", pagina 35 :
"EL CASTELLANO ERA EL IDIOMA MADRE DE COLON, ESTO ES, EL IDIOMA EN QUE SE EXPRESABA CORRIENTEMENTE Y CON EL QUE SE ENTENDÍA CON SUS PADRES, HERMANOS E HIJOS. FUERA DEL CASTELLANO, EL ALMIRANTE HABLABA FRECUENTEMENTE EL PORTUGUÉS, HABLABA TAMBIÉN FRANCÉS Y SABIA BASTANTE LATÍN Y ALGO DE GRIEGO Y HEBREO. DE MODO QUE SU DESCONOCIMIENTO DEL ITALIANO NO SE LE PUEDE ACHACAR A FALTA DE TALENTO PARA APRENDER IDIOMAS...SIN EMBARGO ESE DESCONOCIMIENTO ERA TAL, QUE PARA ENTENDERSE CON LOS ITALIANOS, NECESITABA INTERPRETES: SE CARTEABA EN CASTELLANO CON EL SACERDOTE ITALIANO GORRICA, Y EN PORTUGUÉS, CON EL COSMOGRAFO ITALIANO TOSCANELLI, QUIEN CREÍA QUE ERA LUSITANO. TRATO UNA VEZ DE ESCRIBIR ALGUNAS LÍNEAS EN DIALECTO GENOVÉS, Y COMETIÓ EN POCAS LÍNEAS MAS ERRORES QUE UN NIÑO DE PRIMERAS LETRAS".

Existen otros datos sumamente importantes que prueban que Colón NO ERA GENOVÉS. Uno de estos es que la Corona Española, exigía a todos los navegantes extranjeros que debían NATURALIZARSE ESPAÑOLES para poder obtener el codiciado titulo de PILOTO MAYOR ESPAÑOL.
A este respecto, la reina Isabel en su testamento que otorgó en la villa de Medina del Campo el 12 de octubre de 1504 ante el notario y escribano de la Corte Gaspar de Gricio dejó constancia explícita de la prohibición de conferir cargos a extranjeros en Castilla. Este hecho, juntamente con otros muchos, se convierte en sólida prueba que de manera fehaciente desaprueba el supuesto origen genovés del Descubridor.
Navegantes de la talla de Magallanes, Bocanera, Américo Vespucio y otros cumplieron con este requisito . Sin embargo, el Rey don Fernando NO EXIGIÓ a Colón este importante documento para nombrarlo nada menos que Virrey y Almirante Mayor de la Mar Océano...Debemos advertir, que todos esos nombramientos se los dieron a Colón antes del descubrimiento, o sea, que no fueron recompensas sino títulos exigidos por Colón.
Este requisito de nacionalización existía desde antes que a Colón se le ocurriese irse a la mar y no se conocen excepciones. Este dato nos muestra que el rey Fernando sabía que Colon era Español y ahí el por qué no le exigió el naturalizarse.
Otro dato que aporta Salvador de Madariaga en su libro, es cuando relata la batalla del cabo de San Vicente: En dicha batalla se encuentra Colón combatiendo al lado de los Franceses Y EN CONTRA DE LOS GENOVESES, lo que hace exclamar al mismo Madariaga: " ¿Qué Genovés es este que en vez de servir a Génova combate contra ella?".
Por último consultamos el más antiguo de los biógrafos de Colón, y el más fidedigno, su hijo don Fernando Colón, quien en su libro: "HISTORIA DEL ALMIRANTE", declara haber ido a Génova para averiguar el origen y conocer la familia de su padre, “sin lograr encontrar allí el más mínimo rastro de ella”. El hecho quedó comprobado posteriormente ya que después de la muerte de Colón, ningún Genovés ni Italiano se presentó a reclamar su parte de herencia y los que lo hicieron… resultaron ser impostores.

Con justa razón Salvador de Madariaga, en su ya mencionado libro: "VIDA DEL MUY MAGNIFICO SEÑOR DON CRISTÓBAL COLÓN", llega a la siguente conclusión:
"TODO HA CONSPIRADO PARA RODEAR LA VIDA DE COLON DE TANTO MISTERIO, COMO EL PARECE HABER QUERIDO. ES DIFÍCIL RESOLVER EL ROMPECABEZAS QUE OFRECEN LAS HISTORIOGRAFÍA DE COLON...SUBSISTEN DIFICULTADES SIN RESOLVER Y FOSOS SIN FRANQUEAR, ENTRE EL COLON QUE NOS PINTAN LOS PAPELES GENOVESES, Y EL QUE NOS REVELAN LAS DECLARACIONES DEL PROPIO ALMIRANTE.

También la versión oficial asegura que originalmente Colón se llamaba Colombo. Pero si analizamos lo que este dejó escrito en la declaración de su Mayorazgo, allí dice taxativamente que sus antecesores habían de llamarse los "DE COLON". Y exigió en dicho documento lo siguiente: "QUE NO LO HEREDE NADIE, NI AQUÍ NI EN EL OTRO CABO DEL MUNDO SALVO, QUE SE HALLASE HOMBRE DE MI LINAJE VERDADERO Y SE LLAMASE EL Y SUS ANTECESORES, DE COLON". Con esta categórica declaración, de que sus antepasados debían llamarse DE COLON queda muy mal parada la afirmación Italiana de que se llamaba originalmente Colombo.

Muchos defensores de la idea del apellido Colombo, aseguran que el MAYORAZGO es un documento apócrifo, y que por lo tanto no tiene validez lo del apellido DE COLON. Ahora bien, declarar falso el Mayorazgo es aún más estúpido, es condenar el único documento importante que existe en que Colón manifestó ser Genovés.
Cuando mencionamos que Fernando Colón dijo haber ido a Génova y no encontró rastro alguno de la familia de su padre, fue porque Fernando iba en busca de una familia de apellido DE COLON, tal como lo señaló su padre en el MAYORAZGO; sin embargo, no encontró a nadie con ese apellido en Génova ni en toda Italia.
Y otra cuestión muy extraña, como todo lo atingente a Colón. Este nunca firmó ningún documento como Colombo, ni ninguno de los otros nombres que se le conocían. Inexplicablemente todos los contratos, empleos y documentos que se conocen se encuentran firmados con un logogrifo, una especie de código secreto o esotérico, consistente en un triángulo formado con letras. Esto no solo es misterioso, sino que hasta la fecha nadie ha podido descifrar su significado.

La versión que recoge que Colón era genovés y que su nombre era Colombo, arranca de los archivos del Monasterio de San Esteban, en la vía Mulcento, que mencionan a una familia con los nombres de Doménico Colombo, Susana Fontanerosa y sus hijos Bartolomé, Diego y Christoforo Colombo, que vivieron en Génova en el período que comprende entre los años 1456 y 1460, pero el Diego de esta familia Colombo aparece nacido antes del Diego de la familia De Colón.

De allí se agarraron los que compusieron la versión oficial, para decir que esos eran los padres y hermanos de Colón. Desde el día de ese hallazgo documental ya nadie más dudó que Colón era de esa familia de Génova.
Esto se contrapone de lo escrito por el mismo Colón en su Mayorazgo que declara en varias oportunidades que sus antepasados se llamaban DE COLON. Y sin dudar de que la tal familia existió en Génova, como quizás haya otras en Italia, eso no significa que Cristóbal Colón fuese uno de sus miembros, pues el mismo aclaró, como vimos, que su real apellido era DE COLON y no Colombo, ni Colón a secas.

Su hijo don Fernando Colón asevero que su padre había estudiado en la Universidad de Pavia, que el Almirante lo había mencionado muchas veces. Pero las investigaciones llevadas a cabo en los archivos de esa Universidad demostraron que no hubo tal estudiante allí. Pero, si incluso éste hubiese estudiado en esa Universidad o en otra, cabe preguntarse, ¿cómo es que no aprendió entonces el italiano, que es la única lengua usada en esos centros de estudio del país?.
Poderosas razones debió haber tenido Colón para vivir OCULTANDO su nombre constantemente. En una ocasión, la Ama del príncipe don Juan le preguntó en un salón repletos de altos dignatarios y cortesanos el porqué firmaba con un logogrifo y prefería ser llamado Almirante en vez de su propio nombre, respondiéndole éste en tono brusco y cortante y sobre todo descortés: “PONGANME EL NOMBRE QUE QUIERAN”, lo que evidencia su propósito de no dilucidar estos puntos y enredar más a quienes pretendían esclarecer su verdadera personalidad.

Muchos autores coinciden en que el enigmático Colón, sin quererlo, aportó una pista importante en los datos que dejó escritos en su Mayorazgo que pueden ser claves para descubrir su lugar de nacimiento, contenidos en la frase “AUNQUE HAYA DE IR A BUSCARLOS AL OTRO CABO DEL MUNDO”.
Descartado que hubiera nacido en Génova como se encargó de establecerlo su hijo Fernando, que no encontró “rastros” de su apellido De Colón, muchos investigadores, inquiriendo en actas de nacimiento y en registros de defunciones de familias de la época, encontraron en un cementerio judío en Galicia, España, frecuentes tumbas con el apellido DE COLON.
A este respecto, el filósofo español Joaquín Trincado, asevera que Colón, de acuerdo a sus investigaciones era oriundo de Galicia, específicamente de la localidad de Pontevedra. Otro historiador, Nectáreo María, también aseguró que Colón era efectivamente de origen judío, el que llegó a ser : "UN PIRATA NEGRERO LLENO DE CRUELDAD, AVARICIA, EGOÍSMO Y SOBERBIA".

Estos epítetos sobre la egregia figura a la que se rinden tantos honores oficiales, que preside las fiestas de la hispanidad y cuya hazaña conocemos tempranamente en todos los textos de estudio básicos del mundo occidental, no debe extrañarnos. Son muchísimos los autores y especialistas del tema del descubrimiento, que opinan que Colón solo fue un aventurero inescrupuloso que en su avaricia y audacia por conseguir fama y fortuna no trepidó en cometer los más atroces delitos.

Sobre la personalidad de Cristóbal Colón, calza muy bien la descripción que hace Jacob Wassermann, el que en 1929 escribió su libro “Biografía de Colón”. Este autor en otro de sus libros expresa: "COLON, EL QUIJOTE DEL OCÉANO", escribe lo siguiente:
"COLON ERA PRACTICO, ARTERO Y MAÑOSO, ERA SOMBRÍO COMO UN MONJE; NI UNA CHISPA DE ALEGRÍA BRILLABA EN SUS OJOS; NO POSEÍA NINGUNA HUELLA DE HUMORISMO; TODO EN EL ERAN SUSPIROS, LAMENTOS, CONGOJAS, APAGAMIENTOS; INCAPAZ DE GANAR Y GUARDAR. JAMAS SUPO HACER POR SI MISMO UN COMPUTO, YA QUE CARECÍA DE ADECUADOS CONOCIMIENTOS CIENTÍFICOS. SU ERUDICIÓN SE REDUCÍA ÚNICAMENTE A LA HISTORIA DEL VIEJO TESTAMENTO"
“un enigma extraño, un verdadero equívoco flota de antaño en torno a la figura de Colón. Todo está puesto en tela de juicio el carácter, la obra, el desarrollo, el curso de su vida y la patria... Su vida tiene muchas semejanzas con una leyenda medieval. Durante veinte años, cada vez que he vuelto a ocuparme en el estudio de Colón, han surgido irremediablemente las mismas preguntas Este suceso, ¿quién lo abona?, ¿no es mera conseja? Este o aquel lance, ¿no son apócrifos y hasta inverosímiles)” (Páginas 12-13).
“El misterio constituye la densa niebla de su vida.
“La fecha de su nacimiento es insegura... Las aventuras de su juventud están cubiertas por una niebla impenetrable. Guarda (el propio Colón) sobre ellas un silencio tan obstinado, que por fuerza venimos a pensar que tenía poderosas razones para callarlas. Siempre que habla de su propio pasado lo hace con la intención de crear un mito heroico. Nunca supo quién era; sólo supo quién quería ser”.

“Sus noticias (de sus viajes y exploraciones, especialmente de la tan falta de pruebas expedición a Islandia y a la zona polar) merecen escaso crédito; las observaciones geográficas y climatéricas son falsas, cuando no absurdas, como la de que la marea en aquellas latitudes sube veintiséis brazas. No es que mienta; no miente; lo ve o cree haberlo visto así; cada sucedido, cada aventura de su vida, se convierte en novela; ningún acontecimiento se mantiene dentro de sus límites y medidas; todo se abulta monstruosamente, transformándose en catástrofes y lances extraordinarios. Adivinamos un hombre que se consume, por decirlo así, con el sentimiento de su misión, sin conocer todavía su rumbo ni ver ningún camino. Por eso carece de plan fijo”. (Págs. 22-24).
“Su estructura íntima es la de un hombre misterioso, alma sombría”.
(Wassermann (Jakob), en Cristóbal Colón el Quijote del Océano (trad. de Asensio). Madrid, 1930, págs. 12-13 y 22-24 y 56 y 140).



Ximénez de Sandoval, uno de los más modernos y perspicaces escrutadores de la historia y del alma de Colón, no puede por menos de admitir y reconocer, mal que le pese, que “Cristóbal Colón es un hombre enigmático como pocos en la historia del mundo. Sus virtudes y sus defectos son universales. Su biografía es difícil, si se quiere conservar el rigor científico del dato escasísimo o contradictorio; sumamente fácil, si sobre los aéreos cimientos del rumor o la leyenda se trata de edificar una leyenda más. Todas las tesis sobre él son verosímiles e ingeniosas. Ninguna totalmente aceptable, ni en absoluto merecedora de repulsa. Por lo demás, si siete o setenta ciudades se disputan la cuna del Almirante, él, como dice el gran poeta Paul Claudel, “no tenía más país que la tierra de Dios”.

“Convencido de que la mentira y la farsa le han de ser necesarias en la vida, ha tomado la firme decisión de utilizarlas en beneficio propio, aunque -caballerescamente- nunca en perjuicio de otros”. (Ximénez de Sandoval (F. ), en Cristóbal Colón, págs. 7 y 12, respectivamente).

Oigamos ahora a Fernando Soldevila, uno de los más recientes autores que de Colón han tratado: “Pero es el caso que no se trata de los períodos indocumentados que existen en la vida de Colón como en tantas otras vidas de hombres ilustres. No es eso lo que crea el misterio, sino precisamente los documentos, las fuentes diplomáticas y narrativas, que proporcionan datos real o aparentemente contradictorios y dejan perplejo el ánimo, y han impulsado en todos los tiempos a eruditos y a aficionados a buscar y rebuscar en todos sentidos explicaciones y soluciones a las contradicciones y paradojas, tan abundantes en la biografía del Descubridor".

El mismo nos lo dice cuando escribe a los Reyes: “ ... en la marinería me fizo Dios abondoso; de astrología me dió lo que bastaba, y ansí de geometría y aritmética; engenio en ánima y manos para debujar esfera, y en ella las ciudades, ríos, y montañas, yslas y puertos, todo en su propio sitio... yo he visto y puesto estudio en ver de todas escrituras, cosmografía, historia, crónicas y filosofía, y de otras ansí que me abrió Nuestro Señor el entendimiento.”

Claramente se ve que, excepto en lo náutico, Colón se confiesa autodidacta, lo que alguno de sus contemporáneos, como Andrés Bernáldez, notó claramente cuando dijo que era “hombre de muy alto ingenio, sin saber muchas letras”, lo que el mismo Colón corrobora cuando dice a los Reyes que lo “reprendieron de represión de diversas maneras, de non doto en letras, de lego marinero, de hombre mundanal...”; todo lo cual proclama que en lo que él hacía hincapié era en su calidad de marino, que viene demostrado en varias de las cartas publicadas por el Ministerio Español de Fomento (Cartas de Indias), en las que da cuenta a los Reyes de las corrientes, vientos, tiempos mejores para navegar, etc., del Mediterráneo. Podemos concluir que su bagaje científico era pobre y que su sabiduría era de carácter empírico.

Esto implica entrometernos en las visiones respecto “al descubridor”, ya que es fácilmente distinguible que al menos tanto su personalidad como la gesta, han sido enfocadas desde dos ángulos precisos. Existe una leyenda rosa de Colón, donde sus aduladores ponderan su enorme talento, su impresionante sapiencia y su don de gentes y elevan loas encomiásticas al minuto mismo del heroico viaje de ese puñado de audaces, que desafiaban la idea generalizada de un mar surcado de monstruos horrendos, próximos al gran precipicio donde los océanos caían a la zona inferior de la tierra.
De otra manera, eruditos, historiadores y analistas sociales, observan con desconcierto que nada de eso ocurrió. No hay hombre culto ni de personalidad arrebatadora, solo un avezado marino, un aventurero sin escrúpulos, cuyas hazañas marinas están ligadas a la piratería, al robo y al despojo, que hace lo imposible por ocultar su aberrante pasado. Cambia su nombre, tergiversa su quehacer y su origen y pone coto a la curiosidad sobre su real personalidad, buscando pasar desapercibido y conseguir un solo objetivo, la fama, el poder y la fortuna.


Tanto enreda los hilos de su pasado, la historia de su familia, su real instrucción, la agenda que contó en secreto a los reyes católicos respecto de la aventura propuesta para descubrir la “ruta de las especies” y hasta el país que lo vio nacer, que resulta casi explicable, además de divertido, que se diga de él, que su nacionalidad era italiana, española, francesa, judío converso, portugués, corso, extremeño, catalán, mallorquí, lusitano, gallego, inglés o suizo, además de genovés, y que otros, en su despiste inquisidor ora fantasioso, ora descabellado, señalen diversas y distintas hipótesis sobre su real origen, algunas de las cuales, las más pintorescas, acotamos:

A finales del siglo XIX, el historiador Celso García de la Riega presentó documentos, que se denominaron la Tesis Gallega de Colón, los cuales llegaban a la conclusión que Cristóbal y Bartolomé Colón habían nacido en Pontevedra, hijos de Doménico y María Fonterosa, pero después se llegó a saber que dichos documentos habían sido falsificados, lo que comprobaron los paleógrafos Manuel Serrano y Sanz y Eladio Oviedo y Arce.

El investigador Vicente Paredes, después de haber realizado una serie de estudios, señalaba que el Descubridor era un judío de Extremadura, de famosa familia de conversos de Santa María, tesis bastante aceptable, teniendo en cuenta que los Reyes Católicos llamados así justamente por el Papa Alejandro VI , por su fervoroso fanatismo religioso e irrestricto apoyo al proceso inquisitorial del catolicismo, al que financió permanentemente con fondos de la monarquía, merced a lo cual, después el Papa Sixto IV, dejó en sus manos el control absoluto de la feroz Inquisición Española, fundada en 1478 y cuya finalidad encubierta era destruir la presencia de los musulmanes y particularmente de los judíos conversos en España, declarados herejes por el solo hecho de serlo. Por tanto si Colón era de origen judío, era explicable que lo ocultara para tener el favor de los reyes.

Otra de las hipótesis es la de un estudioso portugués, que llegó a considerar que Colón sería un tal González Zarco, noble, quien había huido a Génova y regresado a Portugal bajo el nuevo nombre de Cristóbal Colón.
Un libro londinense editado en 1682, afirma que el Almirante era “born in England, but resident at Genua” ("nacido en Inglaterra, pero residente en Génova").

El italiano Agostino Ruffini, que por motivos políticos se escondió en Suiza, en casa de un tal Colomb, cuenta que éste no solamente hacía alarde de ser descendiente de Cristóbal Colón, sino que agregaba que su pretendido antepasado había nacido en Ginebra.

Harrisse, habla de la desatinada pretensión heráldica del abogado francés Jean Colomb, quien, en 1697, se autoproclamó descendiente del Descubridor apropiándose del escudo de armas de Castilla y León.

Algunos investigadores de fines del siglo XIX pretendieron demostrar que el Almirante había nacido en la pequeña ciudad de Calvi, en Córcega.

El italiano Bernando Colombo, en una información hecha en Génova ante el Senado en abril y mayo de 1586, pretendió probar que era el heredero del Almirante, el cual había nacido en Cogoletto y no en Génova.

El investigador ibicenco Nito Verdera asevera que Colón nació en Ibiza en 1436. Pero la idea de que el Descubridor naciera en 1436 no se ciñe a la realidad.

Según el historiador Gabriel Verd Martorell, fue hijo de don Carlos, Príncipe de Viana , hermano del rey Fernando el Católico y de la mallorquina Margarita Colom y por tanto cuando Fernando supo que era de sangre real y por añadidura su sobrino, aceptó su plan y consintió en financiar su expedición, convirtiéndose este hecho en secreto de estado, mediante un gran pacto de silencio en honor al suelo patrio y la sangre, por lo que se le otorgan honores, títulos y riquezas.

La tesis defendida por los historiadores Lioniero Boccianti y Renato Biagioli , defiende que la madre de Colón fue la noble romana Anna Colonna, quien se casó con un príncipe de Taranto, Antonio Del Balzo Orsini, sin que el matrimonio tuviera hijos.
Mientras se hallaba en Nápoles, la mujer habría tenido hacia 1446 una relación extraconyugal con un adolescente de catorce años, el genovés Giovanbattista Cibo, futuro cardenal de Génova y que luego se convertiría en el Papa Inocencio VIII.

Años más tarde, Inocencio VIII consiguió que el niño fuese dado en adopción al comerciante de lanas genovés Domenico Colombo y a su esposa, Susanna Fontanarossa, que se convirtieron en sus padres "oficiales", según aparece hoy en día en los libros de historia.

La fecha 12 de octubre de de 1492, que celebra el descubrimiento de un Nuevo Mundo o el Día de la Raza, enmascara tres hechos históricos muy significativos, pero también de gran salvajismo y barbarie, como son el saqueo, la dominación y el esclavismo a las culturas originarias que poblaban Latinoamérica por parte del Papado y la monarquía española; relegando al olvido la llamada “Caída de Granada” del 2 de Enero, que selló la derrota árabe..

Granada fue el único reino musulmán que sobrevivió el empuje de los reinos cristianos del norte en el siglo XIII. Pero finalmente cayó ante el asedio militar montado por los Reyes Católicos y las intrigas político-diplomáticas del Rey Fernando. Con la caída de Granada se completó la Reconquista y se alcanzó la unidad religiosa, cultural y política que deseaba la Monarquía, sin extranjeros, sin otras religiones que no fuera la Católica.

El tercer hecho es el decreto de expulsión de los judíos del territorio el 31 de marzo del mismo año 1492, llamado el Decreto de Alhambra o Edicto de Granada, que mandaba la expulsión o conversión de los judíos y musulmanesno, no sólo de los reinos peninsulares, sino de todos aquellos territorios que se encontraran bajo el poder de los Reyes Católicos. Se calcula en 200.000 personas las que se fueron de España. El plazo era de 4 meses a partir de la firma del edicto, es decir, que el 31 de julio no debía quedar en el reino ni un solo judío.

El Edicto decía: "Hemos decidido ordenar que todos los judíos, hombres y mujeres, de abandonar nuestro reino, y de nunca más volver. Con la excepción de aquellos que acepten ser bautizados, todos los demás deberán salir de nuestros territorios el 31 de julio de 1492 para no ya retornar bajo pena de muerte y confiscación de sus bienes."
El resto de estos judíos debió jurar que se cambiaban a la religión cristiana. Como era obvio, en privado estos judíos conversos seguían practicando su religión, pero eran celosamente vigilados por los espías de la Inquisición y eran quemados en la hoguera sin derecho a ninguna apelación junto a sus familias y perseguidos hasta la tercera generación por estas prácticas paganas y herejes.

Para muchos estudiosos, el llamado Día de la Hispanidad y el colorido despliegue de actividades conmemorativas es solo una cortina de humo distractivo. Es más bien un intento de borrar de la memoria de árabes, judíos y latinos la violencia del proceso conquistador y deslucir esas fechas aciagas para estos pueblos, que solo pueden conmemorar el más grande Magnicidio de la Historia.


Y el Nuevo Mundo descubierto que se celebra, no era tan Nuevo, ya que alojaba culturas de gran bagaje y complejidad, cuyas raíces aventajaban crecidamente la antigüedad del mundo hispano y que, esencialmente sus ochenta millones de habitantes del momento, no tenían ninguna necesidad de “ser descubiertos” ni ello nada aportó a su desarrollo y civilización, sino por el contrario, su forma de vida fue trastocada, sus valores pisoteados; esclavizadas y vendidas vilmente sus familias; saqueadas sus riquezas básicas y destruidas sus creencias religiosas.

Esta conquista que nadie pidió y que no se sujeta a ningún derecho, salvo la innoble urgencia de la Iglesia Católica de conseguir prosélitos a toda costa, riquezas y tierras, más el diezmo de todo lo conquistado y de cada impuesto obligado a los nuevos súbditos, bajo la mentira de su representación de Poder Temporal en nombre de Dios sobre la tierra y utilizando como peones de ajedréz a las Monarquías bajo su dominio, dio como resultado las masacres más cruentas y sostenidas de la historia Universal.

Fueron eliminados cerca de cien millones de seres humanos de este continente conquistado y con ello la extinción de la mayoría de sus etnias primigenias, que nunca más, hasta este mismo instante, volvieron a recobrar sus libertades inalienables, la pureza de su cultura natural, la capacidad de gobernar sus territorios ancestrales, relegados como están, al papel de minorías a las que no alcanzan a llegar los beneficios de la salud, la educación, del empleo pleno ni del respeto a su dignidad, por quienes usurparon sus derechos, conquistadores y sus mestizos, propietarios hoy de la nueva identidad de estos pueblos, que siguen manteniendo a estas razas orgullosas, como sujetos molestos, de tercera categoría, inmerecedores de recibir, como el resto de los nacionales, el derrame del bienestar y el progreso.

Fue el Papa Alejandro VI, el siniestro Alejandro Borja, este español tan conocido por sus crímenes e inmoralidades, el que mediante sus cuatro Bulas despachadas entre mayo y septiembre de 1493, esas especies de Decretos Imperiales, que debían obedecerse sin chistar por reyes y Estados, (dos “Inter Caetera”, la “Eximiae Devotionis” y la “Dudum Siquidem”), quien graciosamente donó a los Reyes Católicos, “todas las tierras descubiertas y por descubrir”, situadas hacia el occidente o el mediodía, en dirección a la Indias, siempre que ellas no perteneciesen a un príncipe cristiano.

Hoy cabe preguntarse ¿quién autorizó a los papas a regalar tierras y vidas humanas que nunca le pertenecieron? ¿Repartir posesiones que ya tenían dueño? ¿A disponer de los territorios y de sus habitantes como si fuesen borregos? ¿A considerar bárbaros, incivilizados y paganos a todos quienes no tienen la concepción politeísta del credo católico con sus tres dioses, el padre, el hijo y el espíritu santo y la cuasi diosa María? ¿A obligarles aceptar tal credo o en su defecto, como lo hicieron, quemarles, ahorcarles o venderles como esclavos?

¿Bárbaros los Incas, Los Mayas, los Aztecas? ¿Pueblos primitivos?
Los mayas conocían la bóveda celeste y crearon un calendario más exacto que el europeo, incluso que el gregoriano de 1582; poseían un sistema numérico que incluía el cero y una escritura parcialmente fonética. En las artes fueron creativos y lograron una técnica depurada en escultura, pintura y cerámica, las fachadas de sus templos y palacios rivalizan con las de la antigua Grecia y Roma, la máxima expresión arquitectónica conocida. Su civilización data de más de tres mil años de existencia, desde 2.000 a de C., hasta 1521 d. C. cuando los bárbaros europeos los exterminaron.

Bien vale recordar el pensamiento católico de entonces en el ejemplo de fray Bartolomé de las Casas, piadoso fraile que en su ida a “las islas” descubiertas por Colón entre 1502 y 1516, quedó escandalizado de los crímenes de los soldados españoles y la crueldad sin límite y hasta por capricho para con los nativos. Tanto le exasperó la situación, que en 1517 presentó al gobierno del joven rey Carlos I, sus “Memoriales”, donde se quejaba argumentando que estos indios isleños tenían alma y por lo tanto humanidad; ¿cómo entonces esclavizarlos? Eso era pecado.

Proponía entonces abandonar esa costumbre y aconsejaba que “mejor sería importar negros de África, que aparte que rendían más, carecían del soplo divino y, en consecuencia, estaban a medio camino entre lo humano y lo animal..”.



Los reyes le hicieron caso, puesto que ya casi no quedaban indios que comercializar. En su mayoría habían muerto en las faenas de explotación minera y de productos agrícolas de los "empresarios españoles" y el resto había sido deportado a europa como esclavos.
Los negreros efectuaron el llamado "comercio triangular". Cargaron ron, tabaco y armas en Europa, lo cambiaron por esclavos y marfil en Africa y vendieron los esclavos con lucro en América, de donde regresaron con materias primas y minerales a Europa.

No hay cifras exactas sobre las víctimas de las atrocidades cometidas. Expertos estiman que entre el siglo XVI y XIX un total de cien millones de personas fueron deportadas o murieron en condiciones miserables por maltrato humano, hambre o ejecutados. Esta cifra se refiere al tráfico total (occidental y oriental), contando también los muertos de las guerras de esclavización. Estimaciones del número de esclavos africanos que fueron transportados a las Américas alcanzan casi los catorce millones (13.750.000).

Colón, llegó a ser uno de los hombres más poderosos, influyentes y ricos de la época. Fue también el primero en llevar esclavos a España, para mostrarlos en la Corte y para negociar su venta, constituyendo este "negocio" uno de sus ingresos principales por muchos años.

Fin de la Parte 1.-





2 comentarios:

Fidel Castro Ruz dijo...

excelente reportaje

Anónimo dijo...

MUY BUENO EL REPORTAJE, PERO SI BIEN HAY MUCHAS COSAS CIERTAS, SE TE OLVIDA QUE LOS INDIGENAS DE AMERICA, NO ERAN ANGELITOS IDEALIZADOS, LOS AZTECAS, MAYAS E INCAS, SACRIFICABAN VIDAS HUMANAS Y ECLAVIZABAN A OTROS PUEBLOS, LO QUE PASO ES QUE LOS ESPAÑOLES, LOS ESCLAVIZARON A ELLOS, NO ES ALGO BUENO PERO TUVIERON ALGO DE SU PROPIA SOPA POR OTROS QUE ERAN MAS FUERTES QUE ELLOS. ESTO SIEMPRE SE REPITE EN LA HISTORIA.